gatoconejo

Mi ahijada es una bailarina

15 de Mayo de 2005

Una de ballet. De día ordinario es una pulcra princesa, metódica y serena, hasta que se sube al escenario y toda la emoción, el remolino y el éxtasis existen sólo para personificarlo ella. Ni todo el celeste de sus ojos infantiles es entonces suficiente para expresarlo todo y así, Javiera se mueve, se concentra, se inclina y cuenta. Baila. Se compenetra en esa masa danzante en donde su pequeño cuerpo, el vestido, y la música son una sola cosa. Estalla en arte. Luego pasa el momento, el saludo, y baja.

Su papá le regala flores que recibe muy contenta: hoy es tan famosa, tan destacada e importante. Comenta, abraza, ríe, y luego se distrae. El momento sublime se ha vuelto a guardar, es un pliegue del tiempo, una verdad que sólo sale a luz a ratos aunque exista siempre. El momento estelar pasa, pero Javiera sigue siendo una princesa. Una de seis años y de mirada casi fosforescente. Con vida chorreando por todas partes, sonrisa enorme, y casa adonde llegar llena de papás, hermanos, lápices de colores, cuadernos a medio rayar, juegos compartidos, y programas de monitos que se prohíben cuando se ven por demasiado rato.




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