gatoconejo

La naturaleza siempre es maravillosa

10 de junio de 2005

No importa cómo me sienta, o si es la peor época de mi vida, la naturaleza siempre es maravillosa, siempre refresca, sana y posee, siempre es un antídoto.

Cuando ha pasado mucho tiempo sin que yo me haya sumergido en ella, mi mamá me mira y me dice: “te hace falta la naturaleza”, y me incita a hacer paseos o me suelta algunas lucas para que yo me vaya al mar o a algún lugar fuera de lo seco y del cemento. Entonces yo le digo, mamá, ¿cómo puedes darte cuenta de eso? si tengo todo lo que necesito (cuando tengo tiempo, plata y posibilidades), pero ella me contesta, se te nota en la cara, y aunque yo quedo nerviosa pensando en qué cosas tan claramente dicen mis gestos faciales, también sé que tiene razón y estoy agradecida de ello, de que mi propio cuerpo se incline a esas majestuosidades y lo extrañe… porque así no me mantendré lejos por mucho tiempo.

Aunque mi mamá tiene esa sensibilidad, creo que es mi papá quien ha sido, para mí, el mayor incitador de mirar esa belleza. Desde muy chica hacemos paseos juntos, sobretodo en las vacaciones, aunque más que los paseos, lo importante ha sido el sincero aprecio, LA EMOCIÓN que transmite, que se nota que le recorre el cuerpo entero desde el primero hasta el último átomo… como también me pasa a mí, hasta no tener palabras. Mi papá siempre ha sido así , de la primera a la última vez, que fue en la carretera, el año pasado, volviendo de Cachagua. De pronto noté un asomo maravillado de lágrimas en sus ojos y cuando le pregunté qué le pasaba, él solamente dijo “Mira”, mientras señalaba a una enorme nube rosada flotando por encima de un cerro, llena de colores. Era una nube preciosa y ella lo dijo todo porque la naturaleza siempre lo dice todo, porque la naturaleza siempre es pura presencia, y por eso en ella uno siempre es bienvenido para ser desbordado de descanso, colores y pura poesía.

… Es una lástima que la ciudad tantas veces violente esos espacios y que se convierta en todo un trabajo encontrar lugares verdes accesibles y cercanos… también es una pena que, por toda la luz que se emite, a la noche no puedan verse las estrellas, ni escucharse los relajantes rumores nocturnos por el constante ruido de los autos. Quizá por eso muchas veces nos sentimos enojados y perdidos y por eso creo que el mantener a la naturaleza latente, no debería ser una opción, sino que un deber, porque si uno se pierde de ella, pierde la noción de pertenencia, lo que no sólo es vacío y triste, sino directamente peligroso, para uno mismo y para todos los demás.

Esta idea no es nada de nueva; los indios norteamericanos también escribieron de esto; el Gran jefe de Seattle al presidente de USA cuando, hace algunos cientos de años, le escribieron para comprarle las tierras. El Gran Jefe, luego de preguntarle asombrado al presidente cómo se podía comprar la tierra, cuando pertenecía todos los seres vivos y no era posesión de nadie, habla de cómo el hombre blanco deambula por el mundo sin raíces y eso lo tiene vacío y triste. Incluso dice que, si sigue viviendo así, terminará por destruirse a sí mismo.

Esa carta tiene muchos años, pero aún así habla de cosas que todavía corren. Como esa forma de vivir que tenemos, de mirar al universo como sólo lo que es nuestro, lo que es cercano. Vivimos ni siquiera como seres independientes, sino que como seres separados y ajenos a los demás, y eso es además de irreal, es dañino, porque a la hora de la verdad todos habitamos el mismo planeta y todos estamos inevitablemente conectados. Así es como a veces uno se olvida de que, al hacerle daño a alguien o a algo, uno se hace daño también a sí mismo… pero también es comprensible que pase así si tantas veces nos enseñan a aislarnos, a guardarnos las cosas, a pararse sólo por uno mismo, y todo en un contexto escondido de la maravillosa, maravillosa naturaleza, postergada tantas veces por la fábrica o el cemento, aunque cada vez menos eso sí (por suerte). Por eso, si se quiere lograr un cambio verdadero, habría que empezar de ahí, y en especial con la naturaleza.

… Si yo pudiera construir la ciudad de mis sueños, la haría en un lugar exuberante, estallante de vida, como el sur de Chile (aunque haya belleza también en lugares limpios como el desierto). En él las casas nunca serían más altas que los árboles. No echaría de menos a las grandes arquitecturas pues, a mi parecer, nunca serán más reparadoras y perfectas que la naturaleza, a excepción de cuando se basan en ella o se combinan con ella. Tampoco intentaría construir grandes edificios y grandes placas de cemento gris que nos separan unos a los otros… Pero, es sólo por esa misma calidad de ciudad de los sueños que podría hacerse, ya que sería prácticamente gratis y fácil albergar a la gente, hacer el trabajo y darse toda esa importancia a la estética.

Sé que hiero sensibilidades cuando hablo así, aparentemente en contra del progreso, porque hay razones fuertes por las cuales éste es práctico y útil, y porque no creo que nadie haya querido realmente alejarse de tanta belleza, sino que ha sido un sacrificio, más fuerte para algunos que para otros, aunque sacrificio al fin… pero no dejo de pensar en que, si todos hubiéramos nacido inmersos en la naturaleza, o en que si todos hubiéramos aprendido a sentirla, jamás nos habríamos resignado a vivirla tan venida a menos, o a estar tan lejos de ella… Todos juntos buscaríamos protegerla, o alimentarla, y meterla en todos los lugares posibles… porque en ella la sincronización y el sentido siempre son perfectos. Y porque al sólo mirarla uno aprende tantas cosas, como esa misma conexión inevitable entre todo lo que existe. Y juntos es más fácil…

Sin embargo, creo que todavía estamos muy a tiempo, porque basta un solo momento de presencia para entrar en ella y enamorarse de ella. Hacerlo solo/a, luego de eso, tampoco es muy útil, pero todos sabemos que hay movimientos que ya existen en muchas partes, aunque la idea sería que no fuera solo un movimiento, sino una realidad colectiva, una forma de ser… pero algo ya es algo. Lo más importante es LA CONCIENCIA PERSONAL, que es lo que despierta, otra vez, la naturaleza, y es así porque sólo del propio corazón salen las determinaciones (positivas y negativas, como el mismo Vico C expresa en una canción: “es en el corazón donde empiezan las guerras”).

Para terminar quiero adjuntar una cartita cuya copia compré una vez en una feria, hace varios años ya. Ella fue encontrada en el bolsillo muerto de un soldado durante la segunda guerra mundial. En ella la naturaleza se presenta de esa forma superior y alucinante, incluso divina. Es bastante trágica y obviamente algunos dudarán de su origen (yo, a veces, incluida), pero es remecedora e interesante y, por ello, la pondré entera aunque no todo sirva para lo que quiero decir. Dice así:

Escucha Dios:

Yo nunca hablé contigo, hoy quiero saludarte. Cómo estás. Sabes, me decían que no existías y yo tonto creí que era verdad… Anoche vi tu cielo oculto en un hoyo de granada. Quién iría a creer para verte, bastaba con tenderse de espaldas.

No sé si aún querrás darme la mano. Al menos creo que me entiendes. Es raro que no te haya encontrado antes, sino en un infierno como este.

Pues bien… ya todo te lo he dicho, la ofensiva nos espera para muy pronto. Dios, no tengo miedo, desde que descubrí que estaba cerca. La señal ¡Dios ya debo irme! Olvidaba decirte que te quiero. El choque será horrible esta noche, quién sabe… tal vez llame a tu cielo. Comprendo que no he dicho ser amigo tuyo, pero ¿me esperarás si hasta ti llego?

Como miras Dios estoy llorando. Tarde te descubrí, cuanto lo siento. Dispensa, debo irme, buena suerte… (qué raro, sin temor voy a la muerte)




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