gatoconejo

La perfecta guinda de la torta

29 de Marzo de 2006

El primer mochileo más o menos largo que tuve en mi vida lo hice a los 17 años, por Chiloé. Empezamos el viaje siendo dos amigas y yo, y lo terminamos siendo más de diez personas, felices inclusiones que se fueron haciendo a lo largo de los días… días que trajeron todo lo que un viaje puede traer y que por eso nos dejaron tanto felices y llenos, como agotados.

Por eso a la hora de separarnos yo sentía que ya casi no daba más… pero también, y más fuerte, sentía la emoción de estar frente a lo más intrigante que me faltaba: un día entero sola, porque mientras todos se irían en la mañana desde Puerto Montt, yo, por motivos que no recuerdo, lo haría en la noche, y no estaba dispuesta a dejar ese día ir, menos siendo la primera vez que estaba tan sola y tan lejos de mi casa, manejándome más encima con sólo un par de chauchas. Me sentía borracha de poder y excitación. Suave y expectante. Feliz y dispuesta a coronar de una forma perfecta ese viaje perfecto, aprovechando hasta la última gota posible y aprovechándola graciosamente.

Así fue cómo, cuando me despedí de mis amigos, eché a correr lo que consideré que sería mi propia personal aventura. Moviendo mis piernas molidas, arrastrando mi cuerpo despellejado, y llevando mi enorme mochila gracias a mi no menor (y necesario) entusiasmo, lo primero que hice fue ir al Museo de Puerto Montt. Lo recorrí con toda la tranquilidad y serenidad del mundo, sintiendo cómo la lluvia torrencial golpeaba con fuerza de titán el techo y sintiendo como si flotara… algo que entonces encontré místico pero que ahora sospecho que era cansancio puro, pero cansancio de esos que se sienten drogadictos y que la hacen a una reírse y caerse.

Más tarde, me tomé un bus a Puerto Varas, para conocerlo. Almorcé allá en una plaza un modesto sándwich que compré en un mercado, y luego recorrí todo lo que alcancé a recorrer de la ciudad, mientras seguía lloviendo, conversando con extranjeros y luego mirándolo todo en silencio… El atardecer me encontró empapada, sentada en el muelle, comiéndome y compartiendo con dos perros callejeros, tan empapados como yo, un dulce artesanal que nunca supe lo que era… mirando el lago que parece mar, y sintiéndome poderosa y libre, como si el tiempo entero se desplegara frente a mí y como si yo, sola, tuviera todo el poder de entenderlo… tan dueña de mí, tan libre y también tan deliciosa y merecidamente cansada…

Creo que en ese momento me fui un poco, porque no me di ni cuenta cuando se hizo de noche y, abruptamente viendo que podría perder mi bus, tomé una especie de micro que me hizo llegar justo a tiempo a la estación que me devolvería a la capital. Recuerdo haber llegado risueña, en un estado completamente barroso y luego haberme quedado dormida instantáneamente al sentarme, tan cansada que ni siquiera alcancé a sentir vergüenza por mi obvio estado carreteado.

Desperté en Santiago al llegar, luego de haber pasado la noche entera durmiendo de corrido y sin moverme, refrescada como si hubiera alojado en una suite presidencial, y riéndome por dentro al ver la cara de espanto de mi casual compañera de asiento por yo haberme quedado dormida mojada y sin chaleco (aunque por suerte me tapó el señor del bus). Mi compañera de asiento quien ni me conocía, y quien no pudo resistirse a decirme, en broma y riéndose: “pensé que te habías muerto”.

Creo que pocas veces he sido tan feliz.




19 comentarios en “La perfecta guinda de la torta

  • Anonymous dice:

    Hola que lindo lo que viviste a esa edad , me hubiese gustado haber hecho lo mismo ,pero por razones economicas no podia siquiera ir a mochiliar ni al cajon del maipo , te felicito !!todos necesiamos vivir esa sensacion de libertad en algun momento, abrir nuestros brazos cual velero abre sus velas al viento y dejar el timon por un tiempo dejandose llevar cual hoja seca en otoño arrastrada contra su propia voluntad.
    Cariños …
    Rossana.

  • Siempre quise mochilear a una ruta específica…la idea era irme en tren hasta Puerto Montt y, de ahí, hacer un recorrido por la Carretera Austral (en lo posible, hasta Coyhaique). A ver si alguna vez sale.

    En todo caso, para compensar, siempre camino largos trechos por las ciudades que paso…la última vez, hice habitual la caminata entre Puerto Montt y Angelmó.

    Angel: Bien raro que se desborde el Río Mapocho ahora…aunque con una lluvia intensa, puede pasar en sectores puntuales.

  • la otra dice:

    Yo me fui a chiloe a mis 16 y 17. No he vuelto desde entonces. creo que hacerlo ahora, en plena crisis de los 30, no es una buena idea.

  • Gustavors dice:

    Yo tb me fui, a los 18. Me quedé en una casa que resultó ser la de los narcotraficantes más brígidos de Chiloé. La vimos peluda, pero hubo muchos más recuerdos gratos.

  • Me encantaría vivir un mochileo, un tiempito en que además de recorrer y divertirme, estaría libre de la férula de mis papás.

    Me encanta el sur =D

  • Que hermosas fotos del sur de nuestro pais. Me llevaste a recorrer tiempos de mochila y viajes junto a amigos y amigas uuuuuuuuuuuffffffffffff que hermosos tiempos.
    Te invito a que conoscas mi blogs espero te guste

  • Daniel dice:

    Esos viajes en que puedes hacer lo que quieras, son los mejores, sobre todo sin el control de los padres. Aunque yo soy un turista màs comodo, no me gusta mochilear

  • Que buenos recuerdos me trae Chiloé. La primera vez fue en trabajos voluntarios y fueron noches de locura bajo las estrellas, luego con una mujer muy especial que me enseñó a amar las letras de Paul Eluard.

  • ¿quién dice que estar solo es malo? ¿Y quién dice que dejarse llevar sin rumbo es malo? Me recuerda a lo que repetíamos constántemente durante una época prolongada de mi vida: “You’re not lost if you don’t care where you’re going”. ¿De donde me salieron tantas responsabilidades?

  • Ángel dice:

    Soy español, me siento español, viví en Santiago de Chile hace 20 años, fui en bicileta al colegio San Benito, compré ranas al terminar las clases y bolsas de naranjas en los semáforos. Las ranas se las comieron os pájaros, los del post anterior.

    Llegué a este blog por pura casualidad después de cambiar la comida por unas cuantas cervezas y me ha hecho gracia recordar ciertos giros lingüísticos y expresiones, cuando todo era tan distinto, yo el primero.

    Recuerdos de televisión como Pipiripao, El Chavo del Ocho, Happening con Ja, el Sr, Espinilla (?), Thundercats, Don Francisco y el gol anulado a Míchel contra Brasil en el Mundial de Méjico. Jugué al fútbol, por primera vez, y al rugby, por última. Desayuné con Milo. Luego el baloncesto lo fue todo.

    Nunca concocí el sur ni el norte del desierto de Atacama, era un crío. Dos viajes pendientes más. Suma y sigue. Con Australia me saqué una espina. Volveré. Seguro. Segurísimo. Algunos sitios se hacen tuyos y tú de ellos, sin darte cuenta. Me pasa con frecuencia, independientemente del tiempo que pase en ellos. Nunca me ha pasado con París, a pesar de la perseverancia. Budapest es otra cosa.

    Viví dos temblores ridículos, pero me impresionó como suena la tierra bajo los pies. Siempre había imaginado el movimiento de las cosas, pero no el ruido del subsuelo.

    Me llamaba la atención el ‘cuatro’ pronunciado ‘cuatcho’, la palta y la frutillita. Y las minas, que ya me gustaban. Me dijeron “párese” y ni me moví. Ya estaba parado y me lo volvieron a decir. Poco a poco comprendí, ya digo que ra un crío. Ahora soy un malhablado.

    Llamaban la atención mis ‘j’, mis ‘c’ y mis ‘z’. Después de 20 años las sigo pronunciando igual. Se sigue desbordando el Mapocho? No os aburro más. Sí lo he hecho lo siento, pero me apetecía contarlo a gente que a lo mejor un día fueron vecinos o simplemente conciudadanos.

    Saludos desde mi primavera. Me voy a por más cervezas, que ya toca. Hoy es viernes y esta noche celebro 29 abriles.

  • Te entiendo .. es que el primer viaje sin los papás controlando.. es de ensueño.. aunque se pase hambre, frio y uno no pueda comprar todos los souvenirs que quisiera.. No importa.. ese sensación de poder, de libertad.. de dueño de las situaciones y tiempos..
    me sentí muy reflejada..

    Gracias por tus saludos!!!

  • Nefer dice:

    Son bonitos esos viajes y en especial cuando uno tiene un espacio de soledad que compartir con uno mismo, que en realidad no es soledad, sino plenitud… me gusto mucho tu post, recibe un saludo afectuoso!

  • numb dice:

    chiloé es precioso, fuí hace como tres años y me enamoré del lugar…volvería encantada, pero con presupuesto de estudiante y en una práctica donde no te pagan, es bien difícil…
    cilla

  • Julius dice:

    Una vez más me trasnporté a tu historia totalmente. Tengo que reconocer que tengo una deuda con el sur, no conozco mucho y me muero de ganas.
    Me dieron unas ganas enormes de agarrar la mochila ahora mismo y partir. Y partir solo. Nunca he viajado solo, me acabo de percatar…

    Un placer, como siempre

    Besos

    JUL

  • Pinot Noir dice:

    Debo reconocer que partí mis carretes aventureros más bien vieja y ni tan aperrada, pero el sur de Chile definitivamente es un lugar para la aventura. La lluvia, esa bendita lluvia, ahhhhhhh… cuántas historias bajo ella.

    Saludos,

    PN

  • jorge dice:

    Que hubiera dado yo por hacer lo que tu hicistes en ese viaje, en donde todo es bello, emocionante, insuperable. No me cabe la menor duda que ahi estuvo la mano de Dios.

    El secuas

  • Nelson B. dice:

    El sur. Para mi, un sueño. Tierra mágica la Patagonia chilena. Puerto Varas, un lugar ideal para vivir y sobre todo por ser la capiltal del kuchen. Creo que comenzare a preparame como juez para el próximo Kuchen Fest.
    Chiloé muy presente estos días por un blog que hice para unas amigas que venden un fundo allá. Mochilear llevando los sueños de los 17…abrir los brazos y dejarce llevar por el viento.

    Un abrazo María Paz, cuidate harto.

  • Don Chere® dice:

    Yo me fui al sur como a los 19…lindos recuerdos…de ese viaje a punta de mochila.

    Saludos.-

  • [Matilda...] dice:

    Yo salí a una edad similar.
    Miles de recuerdos lindos se me vienen a la cabeza

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