gatoconejo

Nadie sabe para quién trabaja

16 de Febrero de 2008

Para el año nuevo decidí trabajar de barwoman en la fiesta masiva del Club Ecuestre de Cachagua. Sola (mis amigos llegarían después) y sin cachar a nadie. Es que me había caído de las escaleras un par de días antes y como andaba con yeso me pareció mucho más inteligente trabajar tras bambalinas. En vez de perder 20 lucas, ganaba 40 y además tenía la oportunidad de codearme y de coquetear con toda la gama de acosadores que aparecen cuando una está de barwoman, en especial cuando es año nuevo. Además, tampoco es como que podría haber bailado.

Tuve que llegar bastante temprano, tipo 10:30 de la noche y con un frío congelador de huesos. La fiesta, al aire libre, y al lado de la playa. Mis amigas me fueron a dejar y se despidieron no sin antes pasarme un pic-nic y decirme todos los lados en los que iban a estar antes, como si fueran mis mamás. “¡Nos vemos el próximo año!”, dijeron riéndose, y luego me quedé sola, sintiéndome como si estuviera en el primer día de colegio. Tengo que admitir que estaba muy inhibida.Luego de un par de intentos frustrados por socializar con gente no muy interesada, me senté en unas cajas de madera. Aunque estaba nerviosa, estaba también receptiva a ver lo que la noche me traería. Todo me parecía una aventura. Poco rato después llegó un grupo de gente a la que no veía literalmente desde el milenio pasado: compañeros de trabajos de verano del ’99. Nos reconocimos con risa y ellos decidieron adoptarme, y sentí una oleada de felicidad y de agradecimiento (o mejor dicho, alivio). Las 12 de la noche las pasé con ellos viendo la mayor cantidad de fuegos artificiales que he visto nunca en mi vida, parados frente al mar, con el mayor ánimo partuzero: también era año nuevo para nosotros.

Luego, cuando la fiesta ya empezó, todo fue supersónico. Nos reímos y conversamos e interactuamos también con toda la fauna circucindante, pero había tanto trabajo que las horas simplemente pasaron volando. Es impresionante cómo un trabajo así puede limpiar la mente: uno se absorbe en él y no piensa en nada. Es casi como hacer deporte: el cuerpo se mueve, mientras uno vuela. Entremedio nos tocó ver todo tipo de situaciones pintorescas, y en especial ver el aumento de la temperatura a medida que pasaba la noche. Al final habían parejas que en su pasión romántica amenazaban con botarnos el bar. Era divertido, igual. Al principio intentábamos ordenar algo la situación, para hacer más eficiente el trabajo, pero al final ya no teníamos ojos, y nada nos importaba. Podría haber pasado cualquier cosa, si de nosotros dependía evitarlo.DSC01824_resize_resize

Entre que se acabara la fiesta, y que ordenáramos, pude irme de vuelta a eso de las 10 de la mañana. Mi cuerpo ya no existía, y pensé que podría morirme, pero mi prima, que no estaba trabajando pero que sí fue a la fiesta, me esperó hasta el final, sentada en el paso seco, junto a todos mis colegas. A esas alturas ya éramos bastante amigos, una mezcla entre Woodstock y paseo scout y mi yeso incluso entonaba. Algunos hasta querían ir a tomar desayuno, pero mi prima y yo pasamos. Es que en cualquier momento se me apagaba la tele del puro cansancio (no hay que olvidar que yo además andaba accidentada).

Llegué a mi cama en estado de feliz surrealidad. Entremedio pensé, ¡éste es el primer año nuevo que paso sin darle a nadie conocido un abrazo! (al menos durante las primeras horas). Quise creer que eso haría que éste fuera el mejor año de mi vida hasta ahora, porque muchas veces me ha pasado hacer todo como se supone que hay que hacer, y que el universo haga caso omiso de mí. Si de algo sirven los rituales y cosas, este año hice todo distinto, entonces algo distinto me debiera pasar… y quiero pensar que es algo distinto ¡espectacular! ¡avasallador! ¡cinematográfico! excelso…

Eso es todo lo que podría decir. No hay un punto en esta historia. No hay una moraleja, sino mi sólo compartir de lo maravilloso que es estar abierta a la vida y ser libre. Cuando, aunque uno esté con yeso y trabajando… todo puede pasar, y no es que haya sido así entonces, porque la verdad es que a mí no me pasó mucho este año nuevo… excepto sentir en el aire que uno siempre es joven y que siempre es libre, y que si es capaz de abrirse a la vida… la vida te sorprenderá.Tarde o temprano, te sorprenderá, y este 2008 estoy esperando a que lo haga. Sin mirar, eso sí, porque si uno mira, puede estropear la sorpresa.




0 comentarios en “Nadie sabe para quién trabaja

  • galgata dice:

    Julius, ¡Sí, ya me sacaron el yeso! Qué bueno porque en verano no es menor el calor :)

  • Flegolas dice:

    buena! yo tb ando chochete (hace ya un par de años) recibiendo constantemente la infinidad de cosas positivas y bárbaras que la vida va ofreciendo.

  • Julius dice:

    Me imagino que ya estás sin yeso, cierto?

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