gatoconejo

Dos momentos inolvidables

30 de Mayo de 2008

1994. Mi hermano Pablo tiene 5 años, y pasa por una etapa de fanatismo desmedido por películas gringas de acción. Un buen día se aparece en solemne comida familiar, y anuncia, con un tono aún más solemne: “A partir de hoy, quiero que me llamen Johnny“.

¡¡Oh, Dios!!

En el mismo año, Pablo apestado por alguna imposición y anunciando, esta vez, que se iba de la casa: risas de todos, y su indignado desalojamiento del living. Un rato después, al acordarnos de él y no verlo en ninguna parte, mis papás salen a la calle a buscarlo. Entonces, lo encuentran caminando, ya un par de cuadras más allá, llevando en una mochila: una polera, un calzoncillo limpio y ¡su mono de peluche!

De las cosas más determinadas y exquisitas que he visto jamás.

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7 comentarios en “Dos momentos inolvidables

  • galgata dice:

    Jajaja… parece que eso de escaparse de la casa (o imaginarlo) es algo bastante común.. qué bien me parece que los niños sean capaces de apostar por tanta libertad. ¡También me parecen bien sus comentarios! Y, Curro, yo tengo un palo ideal para la imagen arquetípica, uno que me rapté de algún paseo en alguna parte… eso sí, el nudo del pañuelo jamás en la vida lo logro y eso que fui scout jaja.

  • Flegolas dice:

    Lo más complicado de irse de la casa debe ser 1. cómo cresta amarrar el nudo del “pañuelo” en donde metes tu ropa (y hacerlo caber) para que no se deslice con 2. el palo que debes encontrar de alrededor de un metro de largo(no valen escobas). Uno no puede irse de la casa sin esa estereotipada imagen.

  • kotto dice:

    Hola María Paz … cariños para ti que tengas una buena semana eeehhh …bye

  • kotto dice:

    jejeje que lindo recuerdo…

  • Renata dice:

    Cuando yo tenía como seis años, me enojé con mi mamá y le dije que me iba de la casa. Tampoco me creyó. Como a las dos horas, se dieron cuenta de que no sólo faltaba yo, sino también mi hermana de cuatro años. Había pescado mi ropa, la metí en una bolsa y la invité a seguirme, lo que hizo agarrada de su “tuto”. Con la plata que teníamos entre las dos, compramos revistas de monitos y chicles, todas las cosas que estaban prohibidas en ese hogar en el que tanto nos oprimían. Nos encontraron más de diez cuadras lejos de la casa, en un paradero de micros, cuando mi mamá salía de la comisaría, donde había intentado dejar una denuncia por presunta desgracia (y donde le dijeron, amablemente, que debían pasar 48 horas antes de que la pérdida de dos niñas, de cuatro y seis años, se considerara una desgracia…)

  • galgata dice:

    JAJAJAJA… ¡así es nomás la cuestión!

  • Pablo dice:

    Asi que el que tenga un problema con Johnny ya saben ya.

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