gatoconejo

La astucia de los periodistas

10 de Mayo de 2008

Nunca entendí porqué El Mercurio tiene (y siempre ha tenido) un formato tan, pero tan incómodo. Para leerlo, lo más eficiente (si no se quiere perder la circulación de los brazos) es extenderlo en la cama o el suelo y leerlo desde allí. Ni siquiera ponerlo en la mesa es realmente cómodo, porque si se hace así, hay que estar de pie para poder leer adecuadamente los alejados extremos, o estirar el cuello hasta tener tortícolis.

No entendía porque era así, hasta que tomé, en la universidad, unos ramos de Periodismo. En él nos contaron cómo su poder creciente en los tiempos de los revoluciones y grandes cambios sociológicos puso a las autoridades en problemas. Este poder empezó a ser realmente notable desde, más o menos, el siglo XVIII y los estragos que provocó llegaron a afectar hasta al papel en que la información iba. Veamos:

Como la prensa escrita solía ser, en sus inicios, la mera voz del gobierno, la información estaba bastante regulada, y era capaz hasta de apoyar – en ocasiones – causas realmente sospechosas. No había divergencias en ella, ya que solía ser la voz única (si habían otras, no tenían mucha fuerza ni mucha presencia). Así que no hubo reales problemas en cuanto a “manejar la información” y a regular procesos, hasta que con el progreso los costos se fueron abaratando, y con esto apareció la oportunidad de emitir periódicos nuevos, y de haber más voces informativas en vigencia. Voces libres, fuera de los deberes y haceres estatalizados, que se fueron haciendo inmanejables para los gobiernos, por lo que apareció la censura, entonces mucho más fuerte que ahora, porque sí, ha habido una conquista hacia la libertad.

Por todo esto y no en vano, el Periodismo empezó a conocerse como el cuarto poder (del estado), ya que podía realmente cambiar las cosas. Uno de los casos más conocidos e impactantes, fue, ya en el siglo XX, el de Watergate, en donde la corrupción de ciertos gobernantes fue descubierta a la luz pública. La prensa fue la voz de todo el pueblo reunido, la defensora, y nada podía hacerse para callarla. Y las cosas tuvieron que cambiar. Esto, visto a largo plazo, ha sido un proceso positivo, ya que nos ha permitido autorregularnos más unos a los otros e ir paulatinamente aminorando la corrupción (pese a que la prensa a veces también complique más las cosas, dando información inexacta o fomentando actitudes indeseables), pero para los gobiernos de entonces supongo que era una verdadera amenaza.

Lo interesante es que tales gobiernos vieron esto venir antes de que realmente sucediera, y es así cómo se puede explicar que El Mercurio tenga ese formato tan pero tan incómodo, llamado formato sábana por su tamaño impresionante. Y es que, al ver el poder creciente del periodismo empezaron a ponerles impuestos carísimos al papel (cobrando por cantidad de páginas), para que publicaran menos cosas. Entonces, muy astutamente, los periodistas (que entonces no eran periodistas, sino más bien personas con otros trabajos o profesiones, que escribían) decidieron que tales páginas fueran realmente enormes para que así cupiera lo mismo. Si eran menos cantidad de hojas debían ser, por compensación, mucho, mucho, más grandes. Y así fue. Hasta hoy en día, en lugares recónditos como éste.

Si no me equivoco (porque puede que lo haga, y en ese caso porfa periodistas corríjanme), el primer diario en hacer esto fue The Times. Y como era tan serio y con tanto prestigio, luego fue copiado en su formato, por otros diarios que, a través de copiar su forma, pretendían también contagiarse de su estatus (cosa que al parecer lograron). Y el Mercurio, ya hemos visto, es uno de esos diarios.

¿No es curioso pensar que uno lleva años leyendo con total incomodidad, ni siquiera por algo que pasó en el gobierno inglés siglos atrás, sino que por la imagen que tal diario logró vender? Pero el Times hace algunos pocos años al fin decidió cambiarse al tamaño tabloide, ese tan confortable que tienen diarios como La Tercera, y ni hace falta decir que su acto ha afectado a otros diarios también. Más divertido aún de ver es que el mismo Times cambió su formato inspirado en otro diario importante, The Independent, un diario mucho más nuevo, pero agudo y refrescante. Así que, que nadie diga que el contagio no existe y que la venta de la imagen puede ser tan o más importante que la de la información (aunque, si nos movemos a un ámbito más filosófico, la imagen sigue siendo una forma de información).
Así que, ¡esperemos que pronto El Mercurio también se una! Mal que mal, se llama igual al planeta Mercurio, el que según la astrología supone regir las comunicaciones, y el modo en que se emite, al menos para mí, es claramente más confuso que simplificador. Sin embargo, El Mercurio tiene su propio estatus ganado con sus años y tal vez se mantenga con ese formato, aún pese a su incomodidad, por ser simplemente el que ha enclavado y persistido con el tiempo y el que a estas alturas conforma, sin copias ni publicidad derivada, su ganada identidad propia.




7 comentarios en “La astucia de los periodistas

  • Renata dice:

    Me interesó también la historia del ancho de los rieles de la Mexxe ¡la cantidad de cosas que sabe la señora interesante!

  • Renata dice:

    Ahh! No puedo corregirte sobre si fue el Times el primero que usó esta argucia del formato sábana, pero sí te cuento que nuestro “decano”, hace relativamente poco tiempo, modificó casi imperceptiblemente su tamaño: ahora es más angosto.

  • galgata dice:

    Parece que por el poto del caballo romano… jajajja… el que a final de cuentas dictamina el porte de la carreta y etcétera.

  • Mexxe dice:

    Bueno, entiendo también que las líneas de trenes tienen una separación que está determinada por el espacio que ocupan dos caballos en una carreta, o algo así…

  • galgata dice:

    Jajajaja… bueno saber que no soy la única incómodada.

  • anonymous dice:

    Qué incómodo es leer el Mercurio!! Qué bueno saber que hay un motivo para eso y que no es algo que hicieron para molestarnos, ajjaja…

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