gatoconejo

Leo libros “curiosos”, y qué

15 de Mayo de 2008

Hace algunos meses, me tocó presenciar (y defender) algo muy desagradable. Estaba en la biblioteca, una en donde si uno es socio (que lo soy), puede arrendar hasta 8 libros (de 3 diferentes secciones) cuando empiezan las vacaciones de verano, y luego desaparecer con ellos hasta marzo. Un lugar, debo decir, barato, surtido, lindo y muy conveniente.

En eso estaba yo, en el sector de niños, que es donde están también los libros de literatura fantástica, como los de Tolkien o C.S. Lewis con sus Crónicas de Narnia. Había sacado ya de las otras secciones y me faltaba de esa para completar mi préstamo. Ya tenía los libros elegidos y adelante de mí, en la cola, había una loca con aspecto de ser muy tímida. Probablemente universitaria, figuraba totalmente escondida tras una colección de piercings, pelo teñido negro y muy pegado a la cara. Se veía incómoda consigo misma y parecía querer empujar a la gente de la fila, para arrendar luego y desaparecer luego también. Miraba al suelo y se mordía la boca, como manchando el espacio por su vergüenza de estar allí. Llevaba unos libros de Tolkien y de otro tipo que escribe cosas parecidas, que tenía apretadísimos entre sus manos.

Cuando llegó su turno con la bibliotecaria, ella la miró de arriba abajo. Ultra escueta, muy ordenada, y hecha el ejemplo de la pulcritud, al ver los libros de la loca (y al verla a ella), le preguntó, casi retóricamente, que cuántos años tenía. Al escuchar que 19, con cierta felicidad sentenció, en tono total y completamente despectivo: “¿No eres un poco grande tú para leer libros como estos?”. Medio tiritándole la voz (humillación pública), la chica gótica contestó: “Es que a mí me gustan estos libros, porque…” ¡empezando a darle explicaciones!

Como si esto le hubiera dado más pie para opinar, la bibliotecaria, hecha un estandarte de lo correcto (correcto según sus cánones), la interrumpió para dictaminar con sequedad: “Deberías leer lo de las otras secciones, porque esto es para niños”. Punto. Terminante. Yo pude sentir el miedo en la arrendataria, que casi se pone a llorar y se va sin sacar nada. Más que lo que le dijeron, fue cómo se lo dijeron: fue horrible. Yo sentí cómo la loca quiso desaparecer, y yo también quise desaparecer. Fue como enfrentarse con Dios, y con un Dios aterrador, nada de simpático.

Entonces, yo tuve que arremeter. Me acerqué y dije, “yo tengo 26 años y me encantan, ¡me encantan! esos libros”. Me sentí tan mal que admito que hasta exageré en mi ímpetu de defensa. Vi los títulos que llevaba la chica gótica, y le comenté, exclamando hasta con amor, “estos me encantan” (algunos jamás los había visto en la vida): “¡los he leído todos!”. Luego agregué, a la bibliotecaria, intentando sonreír pero aún indignada: “Sabe, los que escriben los libros para niños no son inmaduros, ni inmaduros quienes los leen. ¡Hay unos muy inteligentes! No tienen porqué estar limitados sólo a los niños. Sus autores, muchas veces, además de ser adultos, son personas brillantes.” Se me olvidó agregar que, aunque no lo fueran, la gente igual tendría derecho a leerlos: a leer sobre lo que quieran. ¡Es su libertad! ¡Es su tiempo! ¡Es su elección!

¿Quiénes se creen que son las personas para elegir por otros lo que deberían leer? ¿Quiénes se creen que son para pretender administrar la libertad de otros, y para más encima juzgarlos si no les gustan sus decisiones? Qué patudez más grande. Por último, si van a andar pidiéndole (patudamente) explicaciones a las personas, ¡que no sea a la loca que llegó queriendo desaparecer! ¡que sea a alguien que pueda realmente contestarle! Alguien de su tamaño, como dicen por ahí.

Lo peor de todo es que ni siquiera creo que la bibliotecaria lo haya hecho realmente para herir, sino que fue simplemente un descuido, como el que tantas veces ocurre, en tantas situaciones y sin notarse realmente. Una falta de respeto general por la libertad, validez y credibilidad de cada quien. Por la identidad personal. Esto, por una falta de interés previa por mirar y entender realmente, ¡que ni siquiera es por maldad, sino que por enseñanza! Porque se nos ha enseñado que hay “libros para adultos” y “libros para niños”, y toda una serie de situaciones muy discutibles, disfrazadas tras la – cómoda – máscara de lo indiscutible… como si el mundo pudiera realmente dividirse de esa forma, ¡cuando más encima al intentarlo se pierde tanta riqueza!

Es por cosas como estas que luego simplemente se ataca al que es un poco diferente, ¡pretendiendo igualarlo! y haciéndole creer que le hacen un favor (y muchos lo creen así realmente)… al ayudarlo a “encajar con lo establecido”, ¡lo que al final no es más que automutilación! Le quitamos “lo diferente” a alguien, y en eso también nos lo quitamos a nosotros mismos… porque luego somos todos nosotros, como sociedad y como humanidad, quienes perdemos esa diversidad, esa belleza y sobretodo ¡esa alegría de poder vivir realmente la vida de uno! y no la que otros – con mala o buena intención – pretenden construir para nosotros: esa alegría que hace que la vida realmente valga la pena.

Ah, a mí me indignan situaciones como éstas. Me indignan, pero hasta prefiero que lo hagan: Así estoy lo suficientemente despierta como para ayudar a cambiarlas.




0 comentarios en “Leo libros “curiosos”, y qué

  • galgata dice:

    Jajaja… qué buena onda ver que se indignan tanto como yo, es que hay gente muy insólita y lo peor de todo es que, con un poco de distracción, podría pasarle a cualquiera.

  • Mexxe dice:

    Yo creo que tu bibliotecaria lo hizo de pesá nomás, y no por intentar educar a tu chica gótica.

  • Opinóloga dice:

    uhhhhhhh a mi me encantan los libros de niños y de hecho los releo bastante. No hay nada más fascinante que los papelucho. Son rápidos de leer, muy entretenidos y uno va entiendo el porqué del actuar de los niños. Hagan el ejercicio.

  • Flegolas dice:

    brbrbrbrbrbrbrbrbrbrbrbrbrbrbrbrbárbaro..

  • brian dice:

    Existe un menosprecio por parte de quienes se sienten “intelectuales” por la ciencia ficción, la fantasía y cualquier cosa que les huela a “menos densa” de lo que ellos consideran contenido de calidad.

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