gatoconejo

El proceso

3 de Julio de 2008

La verdad es que siempre he tenido muy buena memoria. Las cosas que he visto y los lugares por los que he pasado han quedado impresos en mí con una claridad que me impresiona, como si tuviera un secretario mental anotando todo a mi lado. Aún más claras que las vivencias mismas, ha sido lo que ellas han ido significando para mí. No sé por qué. Supongo que realmente he estado escuchando a las cosas, que he tenido la intención de estar realmente aquí. Yo creo que es eso. Siempre he sospechado que quienes no recuerdan cosas, es porque no quieren realmente recordarlas.

Esto tiene su lado divertido, porque es como si llevara un catálogo Blockbuster entero sobre mí, un catálogo que además es interactivo porque va constantemente creciendo en complejidad e interpretación. Entonces, no me aburro nunca. En medio de las experiencias que me han ido marcando, no le he hecho el quite al lado doloroso: es parte del proceso. Nunca he sido de quienes le tienen miedo a la vida: pasará por mí la mire o no la mire, por lo que me conviene disfrutarla, con todo lo que me traiga. Bienvenida, vida, trato de decirle, aunque a veces se divierte haciendo que me salga el tiro por la culata… Peor me trata cuando no quiero mirarla, porque entonces me repite los mismos obstáculos una y otra vez.

Como todo esto va en permanente evolución, los significados se van reinterpretando a lo largo del camino, y a veces recuerdo muchos años después algo que en un momento lo entendí de modo completamente distinto. El ejemplo más clásico para mí fueron las innumerables veces en que, cuando chica, alguien me decía “más grande lo entenderás”, y ahora opino – al menos por ahora – que muchas veces ese argumento era una simple excusa para disfrazar algo, como una flojera de realmente explicarlo, o bien una especie de inmunidad ilusoria… como si el mundo estuviera descifrado para ellos, cuando no lo está para nadie ni debería estarlo: porque el mundo no se ha acabado todavía, y actuar como si fuese así viene a ser incluso una irresponsabilidad, ya que inevitablemente tendrá consecuencias.

Yo recuerdo muchas cosas, y muchas van más allá de esos primeros desencuentros infantiles. En especial recuerdo las muchas ocasiones en donde hice o dije algo que hoy no repetiría: situaciones en las que hoy actuaría totalmente distinto, porque ahora resulta que soy mejor que antes y que sé más. En tales situaciones, a veces conscientemente me fui en mala, pero en otras no me di cuenta o incluso me pareció chistoso, actuar como lo hice, lo que hoy, cuando no soy capaz de mirarme con amor, me atormenta en demasía.

Sin embargo, trato de pensar que, gran parte de lo bueno que hoy hay en mí, fue gracias a lo negativo que demostré antes y que luego me hizo cambiar, como supiera o como pudiera. Más fácil que saber quién soy, me resultó saber quién no era, mediante vivir esas experiencias y luego trabajar desde allí (o como dicen los místicos, experimentar quién uno no es, para saber quién sí). Esto a veces ha sido sabiduría, pero a veces también ha sido miedo o algo medio obligatorio, y así es cómo hoy en día podría decir que, aunque muchas veces saco lo mejor de mí por mero sentido cívico y buena onda y hasta cierto placer, otras es cierto que lo hago sólo para luego poder vivir conmigo misma.

Es que ya sé que, si hiero a alguien, o no actúo a la altura de las circunstancias a propósito, yo también saldré herida. Sé que, aunque en el momento se pueda sentir bien, luego el recuerdo me perseguirá (además de las consecuencias), y eso no sólo es desagradable sino que también absurdo, cuando tengo (y todos tenemos) herramientas para hacerla mejor… Herramientas que no siempre me fue fácil conseguir, pero que tuve que encontrar cuando aprendí a conectarme con los otros (y conmigo misma), y a ser una persona empática, ¡cuando decidí estar realmente en el mundo! años atrás, ya.

En general, uno sabe exactamente qué hacer en cada situación, si se conecta (la que viene a ser la herramienta principal), y cuando uno se conecta está tan claro lo que hay que hacer, que hasta los desafíos dejan de ser amenazantes. Uno simplemente se tira, porque si toca hacerlo, es la única opción válida. Hay cierta libertad, cierta incluso fanfarronería en ello, pero una fanfarronería brillante y con base. Uno es responsable de lo que ve y de lo que sabe, y está protegido, y compelido a actuar en pos de eso. Más que el decir o especular, se es y se hace, y es que cuando se mira a la vida, conectado, todo es claro como el agua y es muy agradable… pero como estar conectado significa también encontrarse con todo, incluyendo el dolor de los propios desastres que uno a veces deja.. es necesario evitar tales desastres y convertirse en una mejor persona. El aumento de la sensibilidad otorga poder, en su lado positivo, pero en su lado negativo puede desenergetizar completamente. Es un arma de doble filo, como se ve.

La verdad es que yo disfruto todo este proceso, aunque a veces es dificultoso. Es que me gusta tener cierta consciencia de las cosas, y tener buena memoria, pero lo malo de eso son, repito, aquellos recuerdos que a veces son medio majaderos, y que no la dejan a una en paz. Puedo haber hecho algo horrible años atrás y aún censurarme por ello. Me cuesta perdonarme a mí misma. Me cuesta soltar los asuntos. Una cosa es recordar, es cierto, y tener conciencia, pero otra es recordar culpándose.

Yo nunca he creído que sea necesario olvidar para perdonar (aunque sí que es importante no hacerlo culpándose). Pienso que es necesario perdonar, simplemente, y no tachar de un plumazo la experiencia entera, porque se pierde también la riqueza entregada, que a veces costó más dolor y más trabajo del que queremos saber: la perla de la ostra. Olvidar, puede impedir realmente aprender algo de eso (o tomar tal perla)… pero igual a veces recuerdo esas cosas que simplemente me torturan, sin importar con cuánto amor y comprensión quiera mirarlas, y entonces preferiría nunca haber estado allí. Entonces es cuando entiendo a quienes también se evaden de sí mismos: porque requiere mucho coraje, hacerse cargo (aunque somos más que capaces de ese coraje). Siempre he pensado que es mucho más fácil morir por algo, que vivir por algo. Lo difícil es quedarse.

En fin, hoy pienso que todo este (a veces) incómodo auge de conciencia me ha hecho ser una mejor persona: porque me ha incitado a buscar toda esa tolerancia, para poder vivir. Aunque tal vez empecé por mí, he llegado así a los demás, y viceversa… Muchas veces he sido buena y amable y respetuosa con los demás, como un modo de aliviarme a mí, y de amarme a mí. He aprendido a perdonar a los demás , como un modo de también perdonarme a mí, y de valorarlos, para valorarme a mí, y así ha sido cómo, aprendiendo a dibujar caminos para mí misma, he aprendido a hacerlo también para los demás, y a entender a los demás, y al final a hacerlo por todos juntos, como tal vez sea el único modo real…

Así que pienso que, por todo esto y más, pese al dolor implicado estuvo bien que eligiera saber, y no dejar escurrir el conocimiento: No olvidar las cosas, sino que intentar entenderlas y hacerme más fuerte, y ayudar a hacer más fuerte también al resto. Además, también tengo manos que devolver: en este mundo interconectado, he seguido recibiendo cuidados aún cuando en algunas etapas parezco haber salido de alguna escena de El Exorcista (bueno, tal vez exagero, pero sí tengo mis días)… aunque, considerando que los otros son también parte de mí, y yo de ellos, no hay real mano que devolver sino que tan sólo continuar el proceso. Con alegría.

Aunque, visto de cierta perspectiva, convertirme en alguien más sensible y más respetuoso haya sido un acto de egoísmo antes que de generosidad, porque esto empezó por mi felicidad: yo creo que está bien. Como al final estamos todos conectados, y lo que hago por mí, lo hago por otro y viceversa, dado que estoy dentro de mí, la primera persona a quien debo honrar y con quien debo trabajar… soy yo misma. Además, es conmigo con quién me es más fácil trabajar, y el mismo Mahatma Gandhi dijo algo parecido: “Sé el cambio que quieres hacer en el mundo”.

Y es que, conectado, uno ve que es lo mismo hacerlo por sí mismo que por alguien más, y que la felicidad de uno está donde está la de los demás, así que es muy bueno que se elija ser feliz. De hecho, podría decirse que hasta es un deber, antes que un derecho… decidirse a ser feliz, y pleno, con todo lo que esto significa: decidirse a ocupar el propio y radiante lugar en el mundo… a vivir la propia pasión y el sueño más alto, que ha de estar diseñado de modo perfecto… ¡que está llamado a hacerse realidad! ¡Es un deber! Porque vivir en disonancia no es vivir realmente. Porque quitarle a alguien la posibilidad de ser él mismo, es algo que jamás le haríamos a alguien a quien queremos, si sabemos cómo quererlo… ¿Entonces porqué hacérsenoslo a nosotros mismos? Ningún tipo de amor pediría eso, y basta conectarse para recordarlo (si no, a veces puede ser confuso).

Por eso yo he decidido amarme todo, todo, todo lo que humanamente pueda… así me capacito, también, para amar a los demás. Así, de hecho, estoy ya amando a los demás. Así convierto, en todo lo que toco, en mi hogar y no paso carencias en ninguna parte. Porque cuando uno está bien, uno lleva a la fiesta consigo.




13 comentarios en “El proceso

  • lEk dice:

    no dejes nunca de escribir!! es un don muy especial. es impresionante cuando encontras personas q pueden escribir lo q tantos sentimos y no sabemos expresar.. admiro tu capacidad de transmitir y espero q puedas continuar haciendolo.. espero q la vida te sonria!!!

  • Oscar dice:

    Excelentes reflexiones. Las comparto, casi todas. Tienes una buena captación de la vida. Amarse a sí mismo…como lo dice el grupo musical La Ley…¿no?…justo de tu país. Cuando puedas o quieras, entra a mi blog. Soy escritor-humorista,ecologista, y pensador. Y sigue adelante. Un saludo desde Argentina.

  • Tarso dice:

    Hola. A raíz de un comentario que dejaste en mi blog molleja.blogia, entré ( un poco tarde) al tuyo a leer un post y quiero felicitarte por ello. Has explicado de una manera clara y contundente en que consiste eso tan vapuleado de amar al projimo COMO a ti mismo. Ojala muchos lectores puedan leerlo…!!!! Muchas gracias! saludos

  • P dice:

    La vida es esto. Prestémosle atención a los

  • Edge dice:

    Te doy animo para que vuelvas…

  • Marge© dice:

    Galgata… si supieras como tus palabras llegan…

  • pabloprensa dice:

    Que consideres siquiera dejarnos sin la luminosidad de tu sonrisa es algo que debería estar prohibido por siempre. Un abrazo hasta que vuelvas, amiga galgata.

  • anonymous dice:

    Hola, soy el profesor Carlos Puig, del CSB. Me animé a visitar tu blog y me gustó tu escrito. Yo estoy medio senil, pero es indudable que recordar es saludable. Nos vemos.

  • hola, tanto tiempo. paso a saludar.

  • Renata dice:

    Qué bueno que decidiste no borrar el blog, no te arrepentirás. Yo lo hice hace un par de años, con la original Renata, y todavía no me lo perdono, la nueva nunca volvió a tener su chispa y encanto.

  • Yo me he encantado con tu blog y este post en especial, lo leí justamente en un momento vital… así es que te lo agradezco de corazón y sé que tienes mucho por decir, quizás hoy no es el momento, pero estás llena de vistas inusuales para compartir!

  • victor dice:

    …in proceso intersante, por el cual todos debieramos pasar, en su caso provechoso -segun lo leo – y que ha de conducirla alli donde todos quieren tambien llegar, a la felicidad, sea cual fuere la deter-

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