gatoconejo

De mis sueños y desvelos.

30 de Agosto de 2014

Aunque sé que algunos buscan la experiencia de tener sueños lúcidos, para mí siempre ha sido algo más o menos terrorífico. Siempre supe que soñaba, incluso cuando era una niñita, era como si pudiera mirar lo que pasaba desde fuera y pensar “no tiene sentido” y simplemente saberlo.

Por supuesto, cada vez que me daba cuenta, intentaba despertarme. Pensaba que la casa se podía estar incendiando, que podía estar pasando algo, que tenía que “volver” y proteger a mi cuerpo, porque estaba “solo”, pero entonces una fuerza me tiraba y caía y caía y yo tenía que atravesarla. A veces podía y a veces no, aunque por supuesto siempre pude, eventualmente. Volver. Pero no siempre cuando quería.

 ¿Cómo era que sabía cuándo soñaba y cuándo no? ¿Por qué era esto lo real y lo otro el sueño? Al sospechar del sueño, pasé a sospechar de la vigilia y luego prácticamente de todo. Yo simplemente lo sabía, cuando estaba despierta, pero ¿por qué? En los sueños pasan cosas ilógicas y todo es más rápido… como si fuera un estado líquido de las cosas, era una respuesta sensata, ¿pero acaso eso los convertía en algo menos real? ¿Qué tal si en verdad ellos eran lo real? Es fácil contestar a eso que no cuando uno ya está “despierta”, porque ¿qué tal si en el sueño sentía lo mismo, pero al revés y no podía sentirlo porque ya no estaba “allí”? ¿Y qué tal si en verdad uno tiene muchas vidas paralelas y mientras transita por cada una de ellas, una siente que está en la “importante”, y que en verdad todas son igual de importantes, y en todas una siente eso, y se pasa la eternidad traspasando sueños, viviendo cada uno como si fuera real? ¿Qué sería lo real entonces? ¿Existe? ¿Qué existe?

Me hacía esas preguntas tan chica y era tan angustiante. Conservo un recuerdo en particular, fijando la vista en una de esas motos infantiles de plástico, mientras le luchaba al sueño. Era de mi hermano, que es siete años y medio menor que yo, así que yo debo haber tenido 9 ó 10. Entonces compartíamos la pieza, y dormir es como morir, pensaba. No quería morir y, por ende, no quería dormir. No quería entrar a la mátrix y luego quizá jamás poder volver a ser yo misma… sea quien fuera que sea. Me aferraba a mí propia persona con la fuerza de una ventosa.

rinoSin embargo, sentir a mi hermano al lado me calmó… sentir otra presencia viva, otra presencia capaz de entregarse, que se había ido pero al mismo tiempo, no. Observarlo presente pero no presente, me ayudó a ceder antes, y así sido cada vez que me ha tocado dormir junto a otra gente. Mis mejores noches de sueño han sido acompañadas, como en Australia cuando debía compartir la pieza con ocho personas y yo dichosa, oyendo el rítmico sonido de sus respiraciones y regodeándome en ello antes de seguirlos, o en los veranos cuando me toca dormir con mis sobrinos chicos y ellos caen temprano y los contemplo… entonces puedo bajar las defensas y compartir la delicia de simplemente meterme entre las sábanas sin segundos pensamientos, y dejarme ir tras la aventura onírica, y es algo tan estremecedor y natural y dulce, que me dan ganas de llorar.

Pero no siempre cuento con alguien durmiendo a mi lado, y no siempre puedo encontrar un camino a la cama o a la cercanía de otras personas de confianza. Por eso creo que siempre me ha sido más fácil dormir poco en las noches y recuperar después en las siestas. Porque entonces todos los otros están despiertos y pueden “guardarme”, aunque no estén a mi lado. También me ayuda tener animales a mi alrededor o cualquier otra cosa viva que diga “tranqui, entra, duerme tú también, volverás”, pero el hecho es que algún día NO VOLVERÉ. Algún día no lo haré, y tampoco ustedes. No de esta forma. No a este cuerpo. No con esta conciencia.

Hoy me angustia menos que antes, aunque en general intento obviarlo, como cuando uno en el fondo sabe que está pasado de copas, pero hace como que no lo sabe, porque entonces tendrá que tomar medidas… Cuando me doy cuenta de que estoy soñando, me angustio y entonces tengo que despertarme, así que trato de no hacerlo y esconder mi propia conciencia al respecto, porque sé que necesito dormir. Casi siempre necesito dormir, porque casi siempre soy una persona errante del sueño, una loca de manicomio huyendo de su propia medicina.

wizardSin embargo… hay veces en que me pongo heroica y que en vez de horrorizarme, logro tranquilizarme y construir. Porque en ellos puedo crear mundos, ser Dios. Puedo ser cualquiera y hacer cualquier cosa, y es entretenido, hasta que me doy cuenta de dónde en realidad estoy o “estoy”, y cómo todas las partes de esa conciencia soy yo. Soy todos y todo, dividida en infinitos pedazos que se observan a sí mismos y que se mueven por mi voluntad, y es demasiada magnificencia, y me causa soledad y también horror.

¿Será así la muerte, esa comunión con todo, esa conexión con todo, de un universo en lo que todo vive y nada en él no es uno mismo? Aunque suene lindo, tengo sentimientos ambivalentes al respecto, y por eso prefiero pensar que no, porque es mucha responsabilidad ser Dios, aun cuando sea en un sueño, aun cuando sea de a pedazos. Y mucha soledad. Quiero un universo más amplio del que pueda imaginar, aunque mi capacidad de imaginar sea alta, porque no es suficiente. No es suficiente para mí.

Además, el Dios de mi sueño no es muy compasivo, o tal vez yo misma no lo soy, a través de él. O no lo era. Por ejemplo, cuando tenía unos 9 años estaba soñando y otra vez me di cuenta. Entonces, para distraerme a mí misma decidí hacer algo constructivo. Nunca había dado un beso, así que me dije “bien, vamos a probarlo”, y estuve largamente buscando algún hombre a quien besar, porque por algún motivo no encontraba ninguno. Hasta que llegué a una especie de convención al aire libre de señores buenosmozos y elegantes. Deben haber tenido 30 años, así que para mí eran ancianos, pero… un beso era un beso y yo quería saber cómo era. Así que observé la oferta y decidí tomar lo mejor que hubiera disponible.

El más buenmozo era justo el que estaba hablando, al frente de todos los demás. Era el más juvenil, tenía una camisa celeste, estaba levemente bronceado y olía a colonia. Dudé antes de lanzarme, más encima interrumpiendo su discurso, que parecía importante… hasta que me acordé de que era un sueño y de que en verdad NO era importante y así me lo repetí, para animarme. “No hay nadie aquí más que tú misma, y todo lo que habita allí es reflejo de algún pliegue de tu conciencia”. O como sea. Algo así me dije, posiblemente menos elaborado.

Así que partí y lo besé. Y fue salado. Y él respetuosamente siguió el beso, pero luego me miró a los ojos, y con mucha parsimonia y seriedad dijo algo como “así será cuando beses por mera diversión”. Lo salado. Muy salado. Más encima me lo transmitió telepáticamente, así que MIEDO.

En ese momento lo tomé como una señal, de tener que ser “buena” y crecer “por el lado correcto”, pero ahora encuentro que era una tontera y una manera nada simpática de torturar a una niñita, porque ¿qué le importaba a Dios, o a mi subconsciente, o a mi subconsciente/Dios ofrecerme a un galán de mi edad, que fuera dulce conmigo e hiciera un preludio amable a las bondades del amor? Pero no, y lo más curioso es que la sensación del beso fue real. Es decir, yo nunca había dado un beso entonces y luego, cuando los di, mucho tiempo después, en parte por culpa de ese quisquilloso snob, eran exactamente así (excepto lo salado) y eso es lindo pero perturbador… porque resulta que sí hay una parte de mi conciencia que sabe por adelantado cosas de la vida que no tengo cómo ni por qué saber.

Mis sueños son muy raros, pero tal vez los sean los de todo el mundo, y repito que no me asustan ellos mismos, sino que cómo existo dentro de ellos y la inmensidad absoluta de su reino… la falta de fronteras y el poder que tengo allí, el todo y la nada en que me envuelven o en los que yo los envuelvo. Realmente espero que el día en que muera y no tenga un cuerpo al cual regresar… sea más que eso. Espero que el Dios que haya allí, de haberlo, sea mucho más grande que yo misma y mucho más benevolente que el de ese sueño, porque no puedo ni quiero lidiar yo sola con esa inmensidad y con esa suerte de leyes terroríficas, por así decirlo. Tampoco puedo ni quiero soñar para siempre. Ni estar sola. Quiero habitar en un plano en que no solo estén todos y todo lo demás, sino que uno en que pueda sentirlo, porque si no, de qué sirve. Yo no querría estar allí, sola, pero tampoco sé si querría dejar de existir. Es una pregunta muy angustiante y muy difícil.infinito

Mis dotes de creadora onírica han mejorado con los años, y cuando no caigo en pánico me divierto inventando cualquier tipo de cosas que toman la forma que les digo y a veces realmente paso un buen rato, y experimento toda clase de situaciones curiosas que llenan un poco la excesiva sed de aventuras que a veces tengo en vigilia… pero en general igual estoy sola en ese mundo y las personas o seres que llamo son solo réplicas inexactas de las verdaderas y, aunque haya aprendido a decorarla de todos los colores, mi conciencia sigue siendo un laberinto cerrado y así solamente una prisión hermosa. Hermosa, pero prisión al fin y al cabo.

Solo algunas veces… no lo estoy. Sola. Solo algunas veces… siento que logro conectarme con una conciencia mayor que la mía y eso me da más esperanzas que cualquier universo que por mis propios medios pueda imaginar… pero el hecho es que no lo sabré hasta que sepa, qué es y qué hay, hasta que entre a ese sueño que no tiene fin conocido. Conocido por nosotros. No hay certeza alguna a la que aferrarse mientras, solo al hecho de que amo a la vida, y el sueño, en cierto modo, se le asemeja. Pero eso, ya lo dije, no es suficiente.

Por eso – y otras cosas – me cuesta tanto dormir en la noche.




3 comentarios en “De mis sueños y desvelos.

  • eduardo graça dice:

    Lindo.

  • JM dice:

    Qué corto y bien narrado está esto. Me gustó mucho leerlo, pese a no compartir la misma experiencia… ahora se me abrió la curiosidad =)

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