gatoconejo

Las asquerosidades del marketing

8 de Noviembre de 2014

snobHoy fui a un seminario de marketing y salí completamente horrorizada. Sí, sé que el marketing está hecho para vender, a veces cosas útiles y a veces cosas que uno no necesita, pero el modo… ¡oh, Dios! Ni siquiera pude quedarme hasta el final.

El culpable fue un vicepresidente o algo así de una multitienda. Yo ya venía un poco chata, de las exposiciones previas, a causa del exceso de anglicismos, esto de decir “merchandising”, “insight”, “sale” y demases, en vez de sus nobles analogías castellanas… pero a este hasta se le escapaba el “whatever”, cual gringo por su casa (y nada en contra de los gringos), así que me empecé a directamente sulfurar porque ¿qué onda con eso, cómo no cachan los efectos que tiene para nuestro propio lenguaje? Implícitamente dicen que no es suficientemente “bueno” para hacer negocios. Que es menos rentable. ¿Somos nosotros menos rentables, también? Qué tontera, habiendo tantas palabras lindas en castellano, más encima.

Pero eso fue solo el comienzo, porque después al gallo no se le ocurrió nada mejor que analizar, larga y contundentemente, un estudio de sostenes. Feliz de la vida, expuso un gráfico del porte de las pechugas de las mujeres chilenas y de qué sostenes comprábamos y luego de cuáles debíamos comprar. La idea era comentar cómo la gran mayoría no sabemos nuestra talla exacta de sostén, pero ¿qué le importaba a él – o a su multitienda? ¡Hasta le conviene que “no nos conozcamos” porque así vende más sostenes!… Ya, sí, acá estoy siendo inmadura, pero… fue casi como si nos retara, y además ¿pueden creer que hasta tuvo la OSADÍA de preguntar a la audencia “quién de acá no sabe su talla?”, así como para mostrar su punto? Por supuesto que NADIE levantó la mano. Es que al gallo le faltaba poco para medir a la voluntaria, equivocada en su propia percepción como el 83% de las chilenas (según encuestas) y decir triunfalmente “¿viste?”.

No poh, nada que ver. No es que yo sea delicada, pero ¿se imaginan en un seminario serio a alguien exponiendo sobre las dimensiones del miembro masculino? ¿Se imaginan al expositor mostrando UN GRÁFICO de los tamaños chilenos, y luego preguntar “¿qué hombre de acá no sabe de qué porte es su VIRILIDAD”? ¡O sea, jamás en la vida! En un escenario realista, dudo ni siquiera nos acerquemos a eso. Lo de los hombres es sagrado, mientras el cuerpo de las mujeres es público y se discute a destajo, o al menos así fue hoy. Una vergüenza.

breast

Dramatización.

Quizá ande sensible, o sea tarde, o qué se yo, pero verdaderamente lo encontré EL COLMO… esa noción de que las mujeres somos cuantificables… esto de que se pueda MOSTRAR un gráfico del “censo” de los atributos femeninos y más encima luego PREGUNTAR a las damas en cuestión sobre sus sostenes (= pechugas). Mencionaré que hubo risillas generales. Unas para quitar tensión y otras porque lo encontraron divertido, indistintamente del sexo de los rientes… pero, aunque en general no soy una persona violenta, yo fantaseaba con subir al estrado y preguntar: “¿Usted señor, se ha medido, está seguro de que esos calzoncillos le quedan bien? ¿Sabía usted que el tamaño promedio del miembro chileno masculino es tanto, y que, al parecer, el suyo (HORROR) va bajo la media? ¡Ah, pero no se preocupe, que el 83% de los hombres no están al tanto de su porte!”… Jaja, sí, otra vez estoy exagerando, pero es que fue TAN ofensivo. No solo por esto de llegar y cercenar nuestros cuerpos y analizarlos como objetos, sino que también porque fue como si nos dijeran “ustedes, mujeres, no se conocen… dejen que un hombre venga a EXPLICARLES cómo son las pechugas y cómo usar sostenes”. “¿Sabían ustedes que el tamaño cambia seis veces en la vida?”. “Nooo, nunca se nos había ocurrido que con los cambios de peso, y los embarazos, y más adelante la vejez, habría un cambio allí, cuando lo hay EN TODO EL RESTO DEL CUERPO” (= somos tontas).

Pero NI SIQUIERA fue eso lo que me molestó más porque, ya, quizá el tipo quiso ser ingenioso y pensó simplemente que era un tema “divertido”, y quizá a la otra gente le gustó (después de todo, oí risillas) y fui yo la grave: Lo que más me molestó de esa charla, lejos, fue… la publicidad. La publicidad en particular de esa multitienda, que no es ajena a otras publicidades comunes, y todo lo que eso significa.

topitopY es que el señor, siempre campante y lleno de satisfacción, después de su gloriosa intro, se puso a mostrar videos de distintas campañas… TODAS en inglés, con apelativos tipo “fun algo”, “sale no sé qué”, “day otra cosa”, blablablá, pero aparte de eso, que ya lo mencionamos… todas habitadas de mujeres prácticamente quinceañeras. Todas y TODAS. Cada una de ellas. Ni rastro de ninguna otra situación distinta en el mundo. Hasta para el día del madre o del padre, las mujeres hacían el papel, siempre jóvenes, o siendo mamás a edades bastante precoces, o hablando de sus papás, todavía desde los años mozos. Del terror. No porque esté mal eso, sino que porque ¡no es real! O ¡porque no solo eso es real! ¡Hay toda una etapa de la vida que no sale reflejada y que es muy importante! Y bueno, agregaré que las mujeres de las campañas no solo eran jóvenes, sino que también altas, rubias y flacas… muy flacas. También todas.

Que no se me malinterprete: No tengo nada contra las altas, ni contra las rubias, ni contra las flacas. También me da rabia cuando se les hace bullying por ser “cuicas” o “desabridas” o tonteras por el estilo, que TAMBIÉN ES DISCRIMINACIÓN y QUÉ LES IMPORTA, e incluso les puedo contar una anécdota… de una amiga que es preciosa y además muy generosamente dotada (jaja),  y que. sorpresa, lo pasó pésimo en la adolescencia, porque las otras mujeres decían que “a los hombres les daba asco, por el porte de sus pechugas”. Envidiosas, nomás. A mí el rumor me hacía hasta reír, porque cómo tan mentira, pero mi amiga estuvo a punto de operarse para dejar de llamar la atención. Qué rabia. Qué manera de generar sufrimiento el tema. Vivan y dejen vivir.

Ya, pero acá me fui por las ramas. Lo que quería decir, más allá del hecho que el aspecto físico no tiene nada que ver con el valor personal, es que la belleza no es exclusiva a un tipo físico. Es cierto que hay niñas altas, rubias y flacas que son preciosas, pero… ¡no es ésa la única belleza! Y, más importante, ¡no es necesario ser rubio y alto y flaco y joven para ser hermoso! Me parece tan poco sano que se nos tapice con una publicidad donde solo tal tipo sea bienvenido, porque ¿cuánta gente es realmente así, un 0,5% quizás? O menos. De hecho, me fijé cuidadosamente en el seminario y vi que no había NADIE, en todo el público, que pudiera realmente calificar para hacer ninguna de esas campañas, más encima supuestamente dirigidas a la “girl next door” (inglés para “chica común y corriente”). Ni su servidora – y créanme que lo digo con cierto dolor en mi orgullo. ¿Se imaginan lo desagradable que fue ver, implícitamente, cómo una multitienda le decía a toda su audencia que no era hermosa? Fue como organizar una fiesta a la que no estábamos invitados.

Así que me fui indignada, pero no solo con el señor importante y lo que representaba, sino que con la sociedad en general… porque si eso vende, es porque lo compramos. La culpa es mutua, ya que es una retroalimentación entre el comprador y el vendedor, o un feedback entre costumers y merchandising, si les gusta más (jaja). Las multitiendas tapizan de anuncios de belleza sobre tipos físicos que casi no existen, pero porque los compramos, y así se propaga la noción de exigencia de un tipo imposible para la mayoría. De ahí que no sea sorprendente que luego a tantos les de anorexia o se operen excesivamente, PARA NO PARECERSE A ELLOS MISMOS. Al chileno medio. Porque el chileno medio es invisibilizado. No aparece en los comerciales. No es rentable. Es – uy, Dios no lo quiera – “feo”. Y nadie quiere ser feo. O sea, OBVIO QUE NADIE QUIERE SER FEO, POH.

Para mí, personalmente, no es tan grave, porque me pasa que siempre he tenido la suerte de ser una persona segura. No me interesa lucir la ropa, sino más que ella me luzca a mí. Tampoco me interesa ser flaca, sino que simplemente normal, porque me gusta ser una mujer y tener curvas, aunque admito que a veces se me pasa la mano con las cazuelas y allí es fome, pero aun así siempre me ha gustado ser yo misma. No me cambiaría por nadie más en el mundo, porque ésa soy yo, única e irrepetible y yo estimo a ese ser sobremanera.

Sin embargo, no todo el mundo tiene esa suerte. Conozco a muchos que no se contentan con su propia persona, siendo también ya perfectos tal cuales son, sin necesidad de cambiar nada… como no lo sienten así, o bien se repudian con triste desesperanza, o bien entran en una incansable – y algo admirable – persecución por la belleza, que es increíblemente violenta y que jamás se puede ganar. O sea, sí, uno se puede arreglar un poco algunas cosillas, cuidarse más, etcétera… pero cuando el cambio va hacia el parecerse a ALGUIEN MÁS… el pronóstico es terrible. Porque es una empresa imposible y no, NO se logrará. Nunca.

jane fonda

Jane Fonda tiene hasta su local de carrete aquí en Chile, la Yein Fonda (no fotografiada en esta ocasión).

Por supuesto, también cabe la posibilidad de que uno efectivamente SEA como las mujeres de las revistas y eso está bien también y qué suerte, que vendan pura ropa que a una le quede bien y etcétera, pero… hay que tener en cuenta que eso tampoco es para siempre. Que igual no es buena idea aferrarse a la juventud, porque es inevitablemente temporal, más que la altura, o el estilo, o el peso, o incluso la salud. Todos envejeceremos, irremediablemente, lo que es difícil de recordar a veces, en especial considerando que las personas mayores apenas existen en la publicidad. Eso no significa, claro está, que uno esté eliminado de la moda solo por ganar años, porque igual hay excepciones como la Jane Fonda. Sin embargo, admitamos que, si la Jane Fonda se mantiene vigente, es porque lo que vende es su propia esencia, su propia persona, antes que su aspecto físico (lindo y cuidado, en todo caso) y la verdad es que son casos contados los de personas mayores en la publicidad… meramente a causa de nosotros mismos, los esquemas baratos que hemos mantenido y las nociones de belleza que hemos permitido existir “legalmente”.

Pero en fin, por último uno podría decir “ya, está bien, que los jóvenes se preocupen de la moda y los mayores se olviden y se vistan de acuerdo a su edad” (jajaja). En cierta forma, consolaría pensar que es algo justo, porque a todos les toca la juventud durante un tiempo determinado y ya está, PERO NO ES REALMENTE ASÍ. Porque la moda actual, además de la juventud, exige varios patrones más, que algunos igual no “lograrán” jamás. No todos son rubios. No todos son altos. Todos pueden ser flacos, eso sí, con el metabolismo, la suerte, o la ayuda suficiente, pero flaco no significa necesariamente tener las pechugas o el poto, o la forma deseada para “entrar”. En conclusión, no todos pueden ser como las modelos de las revistas… de ESAS revistas, y ése es mi punto: que la solución no es esforzarse (a veces en vano) por encajar allí, sino que… diversificar el tipo que elegimos ser visible y, con eso, deseado. Porque hay belleza en todos los tipos y la solución es simplemente dar cuenta de ello. Se supone que nosotros mandamos la publicidad y no viceversa, así que deberíamos incluirnos a todos, y darnos así cierto respiro y cierta noción elevada de importancia. Noción que merecemos, por lo demás.

hijos¡Y la presión! La presión puede volver a la gente loca. ¿Alguien leyó sobre el hombre asiático que demandó a su mujer por “darle los hijos más feos del mundo”? (papá del año). Resulta que ella estaba totalmente operada y él nunca supo cómo era en realidad, antes de conocerla. Sin embargo, la genética sí lo hacía, y así la descendencia apareció sin preservantes ni aditivos, y el galancete horrorizado. Se puede juzgar a ella por mentir, claro, y a él por la falta total de compasión, al menos con la prole, pero a la vez… es un problema de nuestros tiempos. Exigirse cierta forma prefija que ¿quién eligió, los modistas? No sentir que se es suficiente, o no sentir que el otro es suficiente y estar tan indignado como para llegar a juicio y de paso insultar públicamente a los inocentes retoños.

Creo que son experiencias con las que uno vive, y a las que está tan acostumbrado que ni siquiera nota. Por ejemplo, cuando yo era chica, mi mamá tenía una tienda de cerámica, donde pintaba santitos y monitos de bautizos y otras cosas. Los niños que ilustraba en ellos eran muy lindos, gorditos y tiernos, pero siempre rubios o, a lo más, de pelo castaño muy claro.

Yo nunca me di cuenta de eso, hasta que quise uno que se pareciera a mí y como no había, muy enojada y llena de desolación, la increpé: “¿Por qué no pintas niños que se parezcan a mí?”. “Es que no pinto niños morenos”, contestó muy tranquila. Obviamente ardió Troya dentro de mi corazón y también de los alrededores… ni siquiera me había dado cuenta de que era morena, y/o de que eso pudiera ser algo “malo”. “¿Y por qué?”, pregunté  llorosa, y ella pacientemente, “yo los hacía, pero nunca los compraron y los tuve que botar”. No lo podía creer, así que dale y dale preguntando, cada vez más fuera de mí.

Como yo era porfiada y obsesiva, y no parecía poder dejar el tema, mi mamá astutamente fue a buscar uno que todavía tenía en la bodega para que le creyera, y aunque lo hizo para ayudarme y para mostrarme, en cierta forma, que ella quería a los niños como yo y que los encontraba suficientemente hermosos como para ser retratados, no hizo más que aumentar mi inquietud… porque el angelito moreno estaba todo sucio y venido a menos, y entonces yo me sentí tan increíblemente excluida y defectuosa, como mi abandonado alter ego. Así que insistí aún más, ya casi gritando (qué atroz tener a una hija como yo): “¡Pero cómo! ¡Cómo no los compran! ¡Si no todas las señoras tienen hijos rubios!…. ¿¿O sí?? (TERROR)”. “No, pero igual compran esos”. Jajaja (tragicómico).

la foto

<3

Ahí ya fue divertido y nos reímos, porque no tenía sentido alguno y hasta a mi corta edad yo podía entenderlo y así en cierto sentido mi mamá y yo nos hicimos cómplices de la tontera de otros. Además sentí, infantilmente, que ella me quería más que las otras mamás a sus hijos, porque habría comprado (¡había hecho!) un angelito que fuese de mi color, aunque no fuera el “adecuado”… pero aun así, admito que cuando ofreció limpiarme el moreno para que me lo llevara, yo en vez quise uno rubio porque era “mejor”.

Y eso es lo que hace la publicidad. Si uno es inmaduro o inseguro, hace sentir que se es “peor”, si no se encaja con lo que los otros compran. Mi angelito rubio lo tengo desde entonces, y ahora que vivo sola está colgadito cuidándome, lo que está bien porque me recuerda a mi mamá, a mí mamá que no me juzgó cuando yo preferí ser “cool” y elegí la opinión de otras señoras tontas sobre la de ella… pero lo cierto es que el ángel debiera ser moreno, como yo, y como más del 95% de su clientela real. Aunque en ese caso particular ya no me importa porque, sí, todos tenemos derecho a convertir algo en personal.

Y en fin, eso es básicamente lo que quería decir: Que la publicidad general es un asco y nosotros también a veces, por creerle y propagarla. Y que no hay un solo tipo de belleza. No hay un solo tipo de estilo. No hay un solo tipo de cuerpo. No hay un solo tipo de edad. NO ES CIERTO TODO LO QUE DICEN EN LAS REVISTAS. Sí es cierto que hay formas físicas que son más fáciles de vestir, pero… eso no significa necesariamente que sean más o menos bellas. Y es una vergüenza que enseñemos lo contrario a las futuras generaciones. Y a nosotros mismos. Es una vergüenza que escuchemos más a una publicidad obvia o a un señor snob que habla en inglés, que a nuestra propia piel. Eso no significa que no crea que haya que cuidarse un poco, porque sí lo hago, aunque no siempre lo logre tanto como quisiera… sino que todo lo otro que dije y que ya no quiero volver a repetir majaderamente, porque fome.

Para terminar, quiero agregar una sola cosa más y así dulcificar este mal trago que ya me saqué del pecho: Hubo otro exponente en el seminario hoy, que me pareció mucho más honesto (y menos lleno de sí mismo) que el señor del terror. Tal exponente mostró un comercial de otra empresa, de un supermercado cuyos protagonistas se miraban en todos los pasillos y al final terminaban encontrándose en la caja. Entonces, éstos se sonreían, de una manera obvia que sugería (gritaba) enamoramiento, cerrando así la escena triunfalmente.Lo dejaba a uno muy contento, porque estaba muy bien hecho y al final en realidad era ése el golpe de gracia. No el producto mismo.

La cosa es que el señor observó el desenlace del comercial con cierta preocupación, porque también se dio cuenta de que el romance no tenía nada que ver con el supermercado, así que luego de un breve silencio comentó “bueno, el local está tan bueno que hasta trae polola”. Y entonces se rió, atrapado en falta, porque en realidad no había cómo disfrazar eso. Y yo también me reí, porque fue un alivio ver que no era la única loca en el seminario, y porque igual fue un poco divertido.

Bueno, en realidad creo que somos muchos más los que pensamos así, pero aun así tuve unas ganas locas de escribir esto.

PD: La imagen principal es de “La muerte le sienta bien”, ¡una película buenísima! Que juega con la idea de hasta dónde podemos llegar buscando LA BELLEZA.




2 comentarios en “Las asquerosidades del marketing

  • Genaro L dice:

    Uff… Tanto inglés que le ponen, es verdad! Es como si viviéramos en Gringolandia!!

    Me entretuve mucho leyendo este post. Hay de seguro material para discutir. Un cordial saludo.

  • Lucy Guzmán dice:

    Hola!! Han visto las campañas Dove? Ellas hablan de muchos tipos de mujeres bonitas y, bueno, son muy famosas. Además hablan de los problemas de autoestima en nuestro género.

    Te dejo este enlace para que le echen un vistazo

    http://www.adinspirator.com/inspirator/dove-real-beauty-sketches

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