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La diferencia entre sexos, ¿hasta dónde un estatuto, hasta dónde una circunstancia?

24 de Agosto de 2013

Diciembre 2010.

 

La diferencia entre sexos, ¿hasta dónde un estatuto, hasta dónde una circunstancia?

 

El tema que trataré a lo largo de este ensayo trabaja con las diferencias entre los hombres y las mujeres. Sin embargo, mi intención en éste no es la de meramente un enumerar cuáles hemos encontrado (o creído encontrar) entre ambos sexos, sino que la de discutir cómo tales diferencias se formaron, cómo las percibimos y cuán responsables somos de cómo ellas continuarán, en el modo en que las promulgamos (o no promulgamos). En otras palabras, mi intención a lo largo de estas páginas es abrir una discusión al respecto del tema.

Tal propósito nace del hecho de que, si bien es cierto que hay una base biológica que predetermina ciertas conductas y que nos permite ser quienes somos… la base biológica se va formando de modo evolutivo, por lo cual los cambios sutiles de hoy luego pueden ser el molde del mañana, y ello inevitablemente nos sitúa en una posición de responsabilidad, que entonces conviene mirar con cierto conocimiento de causa.

El dilema con el que trabajaremos se asemeja mucho al del huevo y la gallina, y lo podemos ejemplificar con un pequeño análisis como: ¿Es un hombre territorial porque está programado para serlo? En tal caso ¿cómo empezó esa programación, siendo territorial y así enclavándolo en la genética? ¿Y por qué el hombre debió ser de esa manera, en primer lugar? Por supuesto, son preguntas muy grandes y difíciles de contestar… pero que nos permiten entender al menos el funcionamiento del proceso y luego cómo podemos ir cambiando. Cabe, como información complementaria, mencionar el interesante hecho de que el dilema del huevo y de la gallina sí ha sido contestado por algunos científicos, que aluden que la gallina es lo que viene primero… dado que es en la generación viva de individuos en la que se provocan los cambios, que luego darán otro tipo de huevos según cómo vaya cambiando su modo de adaptación y su raza. Sin embargo, esto nos excusa de contestar a la pregunta de cuándo y cómo apareció el huevo en primer lugar (los científicos tienen ciertas respuestas a esto en todo caso, suficientes para escribir todo un ensayo nuevo).

Así que eso es lo que haremos a lo largo de estas páginas: comentar y analizar las diferencias entre los hombres y las mujeres, y ver qué podemos concluir de ello. Hemos de acotar, eso sí, antes de empezar, que ninguna de las cosas dichas podrá ser totalmente comprobada, ya que aunque la ciencia intenta trabajar con lo objetivo… es hecha por seres humanos, que inevitablemente tendrán su subjetividad, y por ende sus pequeños errores. Sin embargo, utilizaremos lo mejor posible las herramientas con las que sí contamos, en la discusión.

Ya una vez hecha la introducción, conviene comenzar con discutir sobre el ser humano mismo, antes de hacerlo sobre las diferencias entre sus sexos. Aquí es cuando podemos recordar a Darwin, quien en su Teoría de las especies habla de cómo los seres vivos evolucionan según lo que les es más conveniente, para subsistir. La vida, en todas sus formas, constantemente va adaptándose a sus circunstancias, las que cambian también por causa del modo de vida de cada especie específico, en un bio-equilibrio, y el ser humano no es una excepción dentro de la regla. Ha tenido su propio camino evolutivo, que revela trazos de su propia historia y, por supuesto, el modo en que se equilibra como especie, tiene que ver también con el modo en que diferencia sus sexos.

La más interesante en el ser humano quizá, tenga que ver con lo que Asimov en Vida y tiempo ha llamado “La explosión del cerebro”, la cual cuenta cómo éste es el mamífero con el cerebro más grande en proporción a su cuerpo, con la excepción del mono tití, que de todos modos es tan pequeño que físicamente no podría albergar a tantas neuronas como para lograr un pensamiento abstracto. Es esa explosión la que permite el gran desarrollo de la especie como la conocemos, ya que fue ella la que permitió su extraordinaria adaptabilidad y progresos.

Ojo con que Asimov también agrega una comparación interesante entre los sexos humanos:

“El cerebro de una mujer adulta alcanza, por término medio, el 90% del peso del cerebro de un hombre adulto. El cuerpo de la mujer suele alcanzar menos del 90% del cuerpo del hombre, de modo que la proporción entre su cerebro y su cuerpo es algo superior a la del hombre. Que cada cual extraiga las conclusiones que quiera”.

¿Es acaso aquello una señal de que las mujeres pudieran ser más inteligentes? No realmente. Asimov también comenta sobre cómo los delfines y las marsopas tienen un cerebro en proporción más grande que el ser humano, y luego analiza:

“¿Les confiere ello una inteligencia humana? No podemos decirlo. Experimentadores que han trabajado con delfines han sido incapaces de cruzar la frontera de las especies y penetrar en el funcionamiento de la mente del delfín. Pero esto no resulta sorprendente. Ni siquiera podemos comprender nuestro propio cerebro. Así pues, ¿cómo podemos comprender el de los delfines?”

Siguiendo este pensamiento, podemos concluir que tal dato es simplemente eso: un dato. Además, la diferencia entre el cerebro femenino y el masculino es muy pequeña, y en especial considerando cómo la mujer debe ocupar parte del suyo en orquestar los ciclos menstruales y dar a luz a las nuevas generaciones, cosa de la que se eximen los varones, muy posiblemente necesite esa pequeña dosis extra.

Desmond Morris en El mono desnudo agrega más características interesantes sobre el ser humano. Comenta, por ejemplo, cómo éste nace con labios, los que en los chimpancés y otros tipos de primates, solo existen durante un breve período fetal. Pero esta no es única “anomalía” que sufre el hombre: también conserva ciertas características que en las especies simiescas son solo existentes hasta la adolescencia, como la capacidad de asombro, la curiosidad y el gusto por el juego, que en los seres humanos pueden continuar a lo largo de toda su vida.

Algunas de estas particularidades son (o parecen ser) meramente estéticas, pero otras tienen que ver con el desarrollo propio de nuestra subespecie, cuyo fuerte es la inteligencia. Sin embargo, todas conforman lo que es el homo sapiens, y hay algunas características en él, como lo es la copulación frente a frente, solo existente en nuestra especie y en los bonobos, que algunos interpretan como un modo de hacer más íntimo el contacto en pareja, pero que otros interpretan como meras consecuencias naturales anatómicas. Es comprensible que pensemos que ésta guíe a una relación más cercana, dado que el rostro es una parte muy íntima de los seres vivos, pero si luego recordamos que hay primates más fieles que no cuentan con esa facilidad, no podemos realmente saber, ni atribuirle un sentido último.

Sin embargo, lo que sí está claro es que en el ser humano hay un conflicto en cuanto al modo en que se vive la relación entre sexos, en lo que Morris ha discutido como “una evolución aún no terminada hacia una forma de vida monógama”. Esto, porque venimos de primates que vivían en poligamia, y que dejaron de hacerlo una vez que se irguieron… solo que no de un modo completo. Fue en aquel momento crucial, cuando la abertura femenina por la que salen las nuevas generaciones se hizo más pequeña, y las crías debieron nacer menos desarrolladas. Por ello, en aquel instante evolutivo, debimos arriesgarnos a dar a luz a criaturas menos preparadas en orden de mantener la erguida postura, lo que se compensó modificando la sociedad, de modo que hubiese padres más cercanos, y familias más cohesionadas que ayudaran a cuidar a los retoños, y con ello más monogamia. Sin embargo, el hecho de que el varón sea más alto que la mujer, y de que sus testículos sean relativamente grandes, en proporción (los gorilas, por ejemplo, son más grandes y los tienen más pequeños), son factores que indican que los seres humanos no estamos fisiológicamente hechos para una pareja única, debido a que sus varones cuentan con el tamaño y los atributos para e inseminar a varias. Sin embargo, esto podría ir cambiando a lo largo de la evolución, dado que el proceso vital no ha concluido, y estamos en permanente desarrollo.

Por supuesto, esta tendencia a la poligamia no significa que la naturaleza no haya trabajado para hacer a cada mujer más atractiva a su par varón. El mismo Morris en La mujer desnuda habla de ciertos trucos evolutivos que las ayudan a ser elegidas para el apareamiento. La mayoría son bastante obvios: buenas caderas, cinturas pequeñas, pelo brillante, entre otras cosas… todos indicadores de salud y de juventud, la cual aumenta las posibilidades de que haya descendencia y de que la cohesión social tenga frutos. Sin embargo, hay elementos llamativos como la existencia de los abundantes senos femeninos, cuyo crecimiento (a las otras primates solo les crecen al estar amamantando) solo podría responder a lo que Morris llama una sexualización del torso. En otras palabras, al erguirnos, la parte que llama al deseo sexual deja de estar a la vista, por lo que la naturaleza armó a las mujeres de un buen par de nalgas… frontales, o al menos así lo sugiere el buen científico.

Estos son puntos interesantes a considerar, puesto que justifican gran parte de los esfuerzos que hacen las mujeres hoy en día para transmitir justamente la imagen adecuada, la cual puede entenderse mejor si efectivamente tiene cierta base biológica. Solo es una lástima que Morris haya olvidado explicar paso a paso – como hizo en La mujer desnuda – los propios atributos masculinos, a ver si eso podía ayudar a descifrar el baile. Solo podemos agregar la observación cotidiana de que hoy en día a los hombres se les exige mucha más belleza y cuidado personal que décadas atrás, ya que cada vez es más lejano el pasado de las cavernas y cómo el mayor atributo del varón entonces era el de poder proteger a su o sus mujeres. Hoy los peligros son más intelectuales o emocionales que físicos. Sin embargo, esto es solo una tendencia… aunque a través de las tendencias, como hemos visto, se modifica el molde, y hoy es más posible que un hombre buenmozo traspase sus genes a que lo haga uno tosco pero fornido, por lo que las nuevas generaciones posiblemente irán exaltando la belleza.

Esta profundización de los atributos del género femenino en el trabajo de Morris podría hacernos creer que el tema sí ha sido tratado, pero el hecho es que éste viene más bien a ser una excepción a la regla la que, de todos modos, alude a características más bien superficiales y meramente físicas. Si vamos más hondo e intentamos aprehender las diferencias estructurales en genética y hormonas, que hacen a las mujeres ser como son (y a desarrollar tales atributos), hay menos información, en especial porque el ser humano en general ha sido analizado principalmente investigando a sus ejemplares masculinos, por lo cual a veces se suponen características a toda la humanidad que solo podemos realmente aplicar a nuestros varones, haciéndonos creer erróneamente que conocemos el funcionamiento del sexo femenino mejor de lo que lo hacemos.

La científica Marianne Legato trata el tema en su libro Por qué los hombres nunca recuerdan y las mujeres nunca olvidan. En él analiza las diferencias a nivel fisiológico y hormonal que hay entre ambos sexos con bastante profundidad, y cómo van cambiando a lo largo de su ciclo vital. Hay dos ideas especialmente interesantes y afines a este ensayo que podemos compartir de su trabajo. La primera es la observación de que efectivamente se ha tardado en estudiar las diferencias entre hombres y mujeres, anomalía que Legato explica con el simple hecho de que es más fácil observar a los varones. Esto es así debido a que ellos no tienen las fluctuaciones hormonales que las mujeres viven con la menstruación, que incluyen hasta cambios de temperatura, y también debido a que no son ellos los que se embarazan… por lo cual no se corre riesgo de dañar a un niño no nacido experimentando con ellos, por el cual se prefieren. Tales razones que dificultan el investigar a las mujeres pueden parecer muy insignificativas, pero no lo son realmente, dado que provoca que estudiarlas requiera más dinero, y el dinero suele escasear en los estudios científicos.

Una segunda observación interesante a extraer del trabajo de la doctora Legato, y que también atañe a este ensayo, tiene que ver con el hecho de que sí tratamos a los niños y a las niñas de diferente manera. Tal actitud no tendría demasiada repercusión, si no fuera porque Legato secunda las ideas expuestas a la hora de hablar de la gallina y del huevo, que dicen que esto definitivamente importa a la hora de hacernos a nosotros mismos, y que incluso puede convertirse en un círculo vicioso, a través de la retroalimentación de un modo determinado de vivir los papeles sexuales. En su texto, analiza:

“¿Son las regiones innatas del cerebro específicas de cada sexo las que hacen que los hombres actúen de distinta forma que las mujeres? ¿O es así a causa de la conducta masculina y femenina, fomentada por los papeles sociales que les pedimos a cada sexo que desempeñen? Si la estructura de nuestro cerebro está en juego, este distinto trato es más importante de lo que habíamos imaginado.”

Siguiendo esta idea, y otras expuestas a lo largo de estas páginas, podemos ver cómo nuestras ideas sobre los hombres y sobre las mujeres pueden convertirse en una profecía autocumplida. Por supuesto, la biología demora y tal vez necesitaríamos generaciones para terminar de provocar en nuestros hombres y mujeres una actitud afín con lo que esperábamos de ello, por lo que es un proyecto a largo plazo…pero si recordamos que las razas humanas empezaron a diferenciarse hace apenas 12.000 años, podemos ver que, de modo ampliado (olvidando que como individuos con suerte superaremos los 100 años), el proceso de constante readecuación es bastante rápido, y jamás termina.

La pregunta, entonces, responsable a hacer sería ¿qué es lo que queremos de nuestros hombres y de nuestras mujeres? Como hemos sabido, antiguamente, se esperaba que los varones cazaran el alimento y protegieran a sus familias, mientras las mujeres cuidaban la casa. Esto, debido al auge de la modernidad, ha ido cambiando, paulatinamente, e ido provocando un emparejamiento de roles, lo que ha parecido bien a las nuevas generaciones, aunque no tanto a las antiguas. Hay quienes incluso creen que la transformación de los papeles fijos en ambos sexos ha perjudicado a la sociedad. Por supuesto, no podemos realmente saber. Sin embargo, la autobiografía de la polémica Taylor Caldwell, nacida a principios del siglo XX, nos abre cierta ventana a aquel modo de pensar. Ella dice así:

Hubo un tiempo, que incluso yo recuerdo, en que los hombres norteamericanos eran varoniles, cabezas de su familia y respetados por su mujer e hijos. Eran toscos, y tercos, y no criados entre algodones. Un ladrón era un ladrón para ellos, y no una criatura “subprivilegiada, menoscabada y privada de cultura”. He visto a hombres que golpeaban al que intentaba robarle el bolso a una mujer en la calle, o al que daba una patada al perro, o pegaba a un niño. Naturalmente, los hombres exigían ser respetados, y no “amados”, en aquellos días nostálgicamente recordados (…).

Los norteamericanos en aquellos tiempos eran adultos, y los hombres eran masculinos, y las mujeres femeninas, y no había confusión de sexos. La palabra de un hombre era ley en su casa, por muy lista que fuera su mujer, y que Dios ayudara al crío que discutiera una orden de su padre. Naturalmente, en aquella bendita era de la masculinidad norteamericana, los críos no se convertían en “delincuentes juveniles” ni fumaban marihuana, ni tomaban L.S.D., ni llevaban los bolsillos llenos de dinero, ni iban por ahí en coche. El coche era propiedad del padre, usado solo por la madre en una emergencia. Y papá tenía los cordones de la bolsa, así que no había despilfarros, ni estúpidas compras de electrodomésticos o adornos sin valor. Y lo mejor de todo: la mujer no llevaba los pantalones, ni literal, ni figurativamente.

En resumen, las mujeres eran entonces más felices, y los críos también.

¿Es ése el tipo de sociedad que nos acomoda hoy en día? ¿Es lo que queremos ahora? No necesariamente. Como hemos visto, cada vez se exige más comprensión y dulzura de parte de los hombres, y más fortaleza de parte de las mujeres. Eso no significa que sea conveniente llegar a un nivel en donde hubieran de abolirse las diferencias, ya que en el complementarse está la riqueza, pero sí que tanto hombres como mujeres han debido cambiar porque la sociedad lo ha hecho, y son otras características las que nos convienen en el hoy. El modo arcaico de ver las cosas de Caldwell olvida el aspecto en donde los hombres sufren llevándose todo el peso, lo que podemos apreciar en la misma frase final de su enunciado cuando dice “las mujeres eran más felices, y los críos también”, porque ¿qué pasa con los hombres? ¿Era realmente justo para ellos? No en vano suelen vivir menos que las mujeres, aunque en su momento tuvo su razón de ser. Funcionó hasta que las cosas cambiaron, ya que la vida es un constante proceso de ensayo y error.

Para terminar, vamos a citar algunas diferencias entre hombres y mujeres que Carolina Pérez reunió en un informe para la universidad de Granada. Una rápida última exploración podría ayudarnos a practicar esto de intentar discernir hasta dónde una característica viene programada y hasta dónde la estamos incentivando, en el caso en donde una discusión pueda aplicarse.

En cuanto a la genética, vemos que el hombre es más débil que la mujer, ya que es propenso a más enfermedades hereditarias. De los 46 cromosomas humanos, ellos tienen uno XY, mientras las mujeres solo XX. Se cree que el gen X conlleva cierta protección pues, en los extraños casos donde alguien nace con una mutación XXY, tales enfermedades hereditarias también vienen reducidas. Podríamos interpretar esta mayor protección que la naturaleza le da las mujeres como un modo de cuidar la descendencia, ya que los hombres solo inseminan, mientras las mujeres deben cuidar y desarrollar la cría durante un considerable período de tiempo en sus cuerpos, sin embargo, solo podemos especular al respecto. Por supuesto, acá no queremos menospreciar la labor del hombre, es solo que si tal hombre muere o desparece, otros miembros del clan humano pueden cumplir con su papel de proveedor, mientras que ninguna otra mujer que la embarazada puede seguir desarrollando su feto, hasta llevar el embarazo a término.

Luego, en cuanto a la fisiología, obviando las diferencias más evidentes (como que unos tienen pene y otros vagina), podemos decir que los hombres son de mayor tamaño, mayor capacidad muscular y pulmonar que las mujeres. Esto encuentra justificación en el aspecto en donde han de ser más fuertes para protegerlas físicamente, al menos en los tiempos previos… aunque como dijimos al principio del ensayo, la talla podría tener que ver con protegerlas de otros hombres y no de animales salvajes.

Además, las mujeres tienen mayor sensibilidad al tacto, pero porque su piel es más delgada. Podríamos especular que en los hombres se ha desarrollado menos esa sensibilidad porque no les es conveniente, a la hora de luchar y de sentir dolor.

Así es como podemos elucubrar que en el futuro los hombres podrían ser más bajos, en proporción, de lo que han sido, si la especie se hace más monógama, tanto como es posible que desarrollen una sensibilidad parecida a la de las mujeres, si es que efectivamente el motivo por el que esto no ocurrió antes era para protegerse del potencial dolor.

En cuanto a lo neurológico, el cerebro de los hombres es más pesado y voluminoso, aunque el de las mujeres tiene mayor conexión interna. Algo interesante es que hay más hombres zurdos que mujeres, condición complicada de explicar. Además, la mujer soporta mejor el dolor, y la razón que se ha dado es que ella ha de soportar situaciones como la menstruación y el parto. Sin embargo, no podemos realmente provocar en un hombre tales circunstancias, de modo que no sabemos realmente si podrían soportarlo o no.

Luego, en cuanto al aprendizaje, los niños dominan mejor lo espacial y se interesan más en los objetos, mientras las niñas manejan mejor lo verbal y se interesan más en los rostros. Esto puede estar condicionado, pero a la vez se ha alimentado de esa forma durante generaciones, ya que de los hombres suelen exigirse precisión, y de las mujeres empatía.

En cuanto a lo sensorial, los hombres tienen más agudeza visual, mientras que las mujeres pueden oír sonidos más débiles. Esto encuentra explicación en que los hombres estaban orientados a cazar, y las mujeres a mantener vivas a las crías, teniendo que ser capaces, por ejemplo, de escucharlas llorar en la noche. Ellas, además, tienen el olfato y el gusto más desarrollado, lo que puede entenderse debido a que fueron quienes prepararon los alimentos durante gran parte de la historia humana, por lo cual debían poder saber si estaban en buen estado.

Si vamos al tema de la salud general, podemos decir que los hombres tienen enfermedades más graves que las mujeres, y que en promedio mueren antes. Además, les afecta más el stress. Ya hablamos antes del gen X que viene a proteger a las mujeres, sin embargo, también es posible que el mayor stress y las enfermedades más graves en el sexo masculino tengan que ver con mayores exigencias que se les ponen.

Por otro lado, hay más mujeres deprimidas y con angustia, pero otra vez son los hombres quienes cometen mayor suicidio. Esto también puede tener que ver con el modo de vida, ya que, en las sociedades en donde el hombre trabaja y la mujer no, ésta tiene más tiempo para pensar, mientras el hombre no, por lo que si se ve embargado en algo, a veces tiene menos paciencia al respecto (o recursos o tiempo para resolverlo).

También está el factor en donde ellos son más reacios a hablar de sus sentimientos, debido a que no les es conveniente mostrar debilidad. Sin embargo, hoy en día, con el decaer de los arquetipos y el auge de la psicología, esto puede ir cambiando, y de hecho son muchos más los hombres que piden ayuda.

En cuanto al tema del sexo, la parte que supuestamente determina el comportamiento sexual en el hipotálamo es el doble en tamaño en los hombres que en las mujeres, sin embargo esto aún no puede decirse con seguridad. Esto suponía justificar un mayor apetito sexual masculino, pero cuando se ve que en las sociedades más liberales las mujeres van a la par que los hombres, podemos notar que parte de esto puede ser un mito, o bien una adecuación social. Faltaría estudiarlo mejor.

Algo más al respecto es que los hombres se fijan en mujeres más jóvenes, y las mujeres en hombres más pudientes, lo que puede volver a explicarse con el tema de la descendencia que el hombre quiere tener, y que la mujer quiere criar adecuadamente. Si a esto agregamos que la mujer tiende a sentir estabilidad y cariño por su compañero, mientras el hombre no lo siente necesariamente de esa manera, podemos recordar el aspecto en donde el homo sapiens aún es un monógamo a medio hacer. Sin embargo, todas estas tendencias pueden ir cambiando a lo largo de la evolución, hacia un lado u otro, según cómo vayamos adecuándonos.

Los hombres también son más violentos que las mujeres, aunque cuando ellas han de ocupar puestos directivos de importancia son capaces de ponerse a la par. Luego, los malentendidos entre ambos suelen ser porque interpretan las cosas diferentemente, en especial porque la mujer cree que el hombre no se comunica lo suficiente con ella, ni habla lo suficiente de sus sentimientos, pero el tema es que el hombre, en el pasado, debió encapsular mucho de esos sentimientos para hacerse lo suficientemente fuerte como para emprender viajes, cacerías y búsquedas. Como vemos, todas estas tendencias son un reflejo de la historia del ser humano, que ha vivido del modo en que ya describimos, y todas ellas también pueden cambiar según vaya cambiando nuestra historia.

Los últimos dos aspectos a comparar son la educación y el trabajo, ambos especialmente interesantes para este ensayo, pues tienen mayor relación con las oportunidades de la sociedad, que con la tendencia genética misma, por lo cual hay más espacio para la discusión de lo que queremos de nosotros mismos.

Primero, en cuanto a la educación, vemos que los niños sufren más castigos que las niñas, y que además se les informa menos al respecto de sus porqués. Esto, porque las niñas son tratadas con mayor cuidado y porque se espera mayor dureza de los varones. Los niños tienen peores notas y mayores trastornos de aprendizaje en sus primeros años, aunque luego logran nivelarse. Sin embargo, hace poco tiempo, son menos hombres que mujeres los que llegan a la universidad. Esto es muy reciente, por lo que podemos ver que tiene que ver con, primero, una mayor apertura hacia las mujeres y, segundo, con la posibilidad de que los hombres trabajen antes que ellas, para mantener a sus familias. Otro dato interesante es que, pese a eso, dos tercios de los analfabetos del mundo son mujeres. Esto puede explicarse en la necesidad de educar a los hombres antes que a las mujeres en las familias poco pudientes, o muy conservadoras.

Segundo, en cuanto al trabajo, los hombres suelen trabajar más que las mujeres, aunque también recibir mejores sueldos. Esto puede explicarse tanto con una mayor apreciación del hombre, como por una reticencia a contratar mujeres, porque pueden interrumpir sus carreras laborales con sucesivos embarazos. No es vano que, entre los 30 y 50 años, ellos están llegando a su cima laboral, mientras ellas están abandonando el trabajo, al menos en general. De todos modos, trabajando o no trabajando, las mujeres dedican al menos 5 veces más tiempo en las labores renumerados, aún si cuentan con parejas que estén cesantes.

Bien, ya hemos terminado con nuestra panorámica y con nuestra exhibición de diferencias entre hombres y mujeres, ¿y que podemos extraer de ello? Que, pese a que hay una tendencia genética que conforma ciertas distinciones, y la mayoría por razones válidas, no todas ellas son útiles ni tampoco ciertas. Por ejemplo, ya no es útil que los hombres no puedan detectar tan bien los olores y sabores, si ahora también cocinan, y por ejemplo, no es cierto que haya motivos que deban alejar a las mujeres del trabajo y de los estudios, ni de los espacios de autoridad (como sugiere Caldwell). Si a lo largo de la historia no han salido a la luz tantas científicas ni escritoras como sus pares masculinos, no ha sido por falta de capacidades (argumento que suelen utilizar los machistas), sino que por falta de oportunidades o de tiempo, ya que no hay motivo alguno en su fisiología que diga algo distinto al respecto.

Con esta conclusión no pretendo feminizar a los hombres, ni masculinizar a las mujeres, ya que ambos sexos son indispensables para la sobrevivencia, y no solo a nivel físico, sino que también psicológico. Lo que intento hacer es abrir un espacio de tolerancia, de responsabilidad compartida, y de autoconocimiento, en donde nos conozcamos mejor a nosotros mismos, y sepamos en quiénes nos vamos convirtiendo.

 

 

Bibliografía.

Libros:

Asimov, Isaac (1978). Vida y tiempo. Editorial Plaza & Janes: Barcelona, España.

Caldwell, Taylor (1971). Una juventud difícil. Ediciones Grijalbo: Barcelona, España.

Ganten, Detlev (2004). Vida, naturaleza y ciencia, todo lo que hay que saber. Ediciones Santillana: Madrid, España.

Legato, Marianne (2005). Por qué los hombres nunca recuerdan, y las mujeres nunca olvidan. Ediciones Urano: Barcelona, España.

Morris, Desmond (1992). El mono desnudo. Editorial Plaza & Janes: Barcelona, España.

Morris, Desmond (2004). La mujer desnuda. Editorial Planeta: Barcelona, España.

Internet:

Pérez, Carolina (2010). Diferencia entre hombres y mujeres. Universidad de Granada: http://www.ugr.es/~setchift/docs/t21-diferenciashombresmujeres_carolinaperez.doc




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