Otros

Los méritos de Galileo

7 de agosto de 2013

Enero 2012.

 

Los méritos de Galileo.

 

Cuando hablamos de astronomía, una de las primeras figuras que nos viene a la mente es la de Galileo Galilei. Este italiano del siglo XVI es conocido como “el padre de la astronomía moderna”, y como estaba interesado en casi todos los ámbitos del saber disponibles, y tuvo éxito en la mayoría de ellos, además del título ya dicho, es conocido por el de “padre de la física moderna” e incluso “padre de la ciencia”. Sin embargo, estos títulos pueden entrar en discusión, en especial cuando uno investiga a Galilei y descubre que el asunto no es como uno lo pensaría a primera vista.

Me explico: al italiano se le atribuye, en el saber popular, la gran hazaña de haber construido el primer telescopio, haber descubierto las manchas del sol y de la luna, y de haber descubierto los satélites de Júpiter, entre otras cosas relacionadas a la astronomía… porque también se le atribuyen descubrimientos en el área de la física, específicamente aquel que desmiente las ideas de Aristóteles cuando dice que un cuerpo pesado debe caer más rápido que un cuerpo liviano, al caer ambos libremente.

Sin embargo, más que ser un verdadero iluminado, sucede que Galileo escuchó lo que estaban trabajando otros, entró también en el tema y, al tener éxito en él, muchas veces se atribuyó el proceso completo: Galileo no es en verdad el descubridor de ninguna de las ideas recién nombradas, sino más bien quien las hizo públicas, aunque sí trabajó mucho en ellas.

Esto de tomar ideas de otros, pasa bastante a menudo en la ciencia, puesto que ningún científico comienza su labor desde un lugar totalmente inexplorado, sino que continúa, prueba y/yo desmiente lo que otros ya han ido investigando. Sin embargo, la atribución de famas y prestigios queda especialmente desajustada en el caso de Galileo, porque era tan elocuente, que a veces terminaba por opacar conscientemente a sus compañeros astrónomos. Así sucedió, por ejemplo, cuando se le acusó de no ser el primer inventor del telescopio, a lo que contestó con sagacidad que “cualquier tonto podría haberlo descubierto por accidente, pero solo él lo había podido descubrir mediante el razonamiento”, tachando implícitamente de tonto al verdadero creador.

Y eso no fue todo, porque luego agregó que “para haberlo descubierto mediante el razonamiento hacía falta un mayor ingenio, y en ello radica el verdadero mérito”. O sea, que según Galileo, al final a él le correspondía el título de verdadero inventor del telescopio, solo por haberlo descubierto, supuestamente, de esta otra manera… esta vez diciendo implícitamente que los otros lo habían descubierto como por casualidad.

Sin embargo, aunque a nivel moral estas actitudes dejen un resabio amargo, a nivel científico este acaparamiento del italiano tal vez podría calificarse como positivo, puesto que sus dotes de comunicador y liderazgo lograron que estos temas fuesen sacados a la luz pública, que interesaran a la gente, y que así la ciencia avanzara más rápido (aunque no contamos con un mundo paralelo para probar esta teoría): Es un hecho que Galileo causó un impacto en la sociedad de su época, y cuando no fue por los descubrimientos que al final no eran realmente suyos, lo fue por saber divulgarlos y darles cierta forma, lo que posiblemente fue más fácil una vez que el pueblo le fue tomando confianza, y entonces su credibilidad permitía que sus ideas (prestadas o no) fuese más tomadas en cuenta. Así que por esto, en cierto modo, esta credibilidad fue conveniente.

Aún así, no todos los textos se ocupan de explicar los detalles al respecto. En el libro enciclopédico de Historia de la cultura, se comienza con una línea de tiempo en donde aparece que Galileo en 1609 construye un telescopio para observar la luna. Por supuesto, no mienten al decir que aquello fue lo que aconteció, pero omiten el hecho de que alguien más construyó un telescopio antes y que, siendo la luna el cuerpo más brillante y atractivo en las horas nocturnas, posiblemente también la observó con éste. Sin embargo, cuando uno se adentra a leer con detenimiento el desarrollo de la historia misma, más allá de la pura e introductoria línea de tiempo, sí se menciona que un holandés, Lilipershey, lo inventó antes en 1600, aunque no aparece en ese texto en particular – pero sí en otro – que existió alguien más, della Porta, otro italiano, quien lo hizo antes, en 1589.

Esta forma de ordenar la información, confirmaría el hecho de que al final, más que quien llegó a la idea misma, cobrará fama y prestigio quien la divulgue mejor o más rápidamente, aunque no siempre sea justo.

Galilei vivió en Pisa y luego en Venecia, enseñando matemática como catedrático, hasta sus 46 años, cuando empieza su trabajo con el telescopio y entonces se convierte en su nuevo punto de foco. Entonces “descubre” las manchas de la luna (que en realidad descubrió el inglés Thomas Harriot), las manchas solares (el alemán Christoph Scheiner), las fases de Venus (predichas por Castelli), la galaxia de Andrómeda (Von Greenhausen) y los cuatro satélites de Júpiter (Simon Mayr). Como dato al margen podemos mencionar cómo nombró a estas lunas los “planetas mediceos”, en honor al duque Cosme de Médicis, muy influyente en la época… que luego en agradecimiento podemos suponer le ofreció más de algún beneficio.

Todas estas nuevas nociones, fueron no solo interesantes y estimulantes para la gente de la época, sino que reveladoras a la hora de apoyar la teoría heliocéntrica, en donde los planetas giran alrededor del sol y no de la Tierra. El mismo Galileo lo explica así en 1610, en su trabajo Sidereus Nuncius, a raíz de las lunas de Júpiter.

“ Lo que supera sin embargo todo asombro (…) es el hecho de que he encontrado cuatro estrellas errantes que no conocía ninguno de nuestros antepasados y que nadie había observado. Giran alrededor de una estrella espectacular (…). Ahora disponemos de un argumento excelente e irrefutable para convencer a aquellos que, aun aceptando sin reparos la órbita de los planetas alrededor del Sol en el sistema copernicano, con la única excepción de que la Luna, que gira alrededor de la Tierra al tiempo que ambas completan su trayectoria circular anual alrededor del Sol, se dejan confundir de tal manera que acaban creyendo que este concepto del mundo es imposible (…)”.

En otras palabras, Galileo comenta la existencia de esos cuatro satélites girando alrededor de Júpiter como una evidencia de que ese tipo de mundos, donde cuerpos celestes giren alrededor de otros que no son ni el Sol ni la Tierra, existen. Esto, junto a la existencia de las fases de Venus, que evidencia que ésta gira alrededor del Sol y no de nosotros, confirmar el sistema copernicano, el cual cobra fuerza y comienza a ir realmente por sobre el viejo sistema de Ptolomeo, en el cual la Tierra (y nosotros mismos), era el centro del universo. Por esto, se sienten nuevos aires aunque a varios no les agrada esto de “haber perdido” el pedestal privilegiado en el cual Dios suponía habernos puesto al crear este universo.

Al ciudadano común tampoco le gustan las manchas solares, ni los cráteres de la luna que Galileo dibuja con sus propias acuarelas en sus mapas, porque les hace pensar que, ni siquiera es que dejamos de ser los privilegiados en el universo, sino que además tal universo es imperfecto. Y no ayuda mucho que el italiano describa a la luna en El mensajero celeste de esta manera, aunque lo haga con tanto cariño:

“ Muy hermoso y encantador espectáculo es el contemplar el cuerpo de la Luna… Ciertamente no posee una superficie lisa y pulida, sino más bien accidentada e irregular y, al igual que la faz de la Tierra, se encuentra colmada de grandes protuberancias, abismos profundos y sinuosidades. ”

Como bien describe Bronowski en El ascenso del hombre, Galileo pensaba que todo lo que tenía que hacer era demostrar que Copérnico tenía razón, y que así lo escucharían… pero fue ingenuo con respecto a los motivos de la gente, como muchos científicos, porque resulta que no todos aman el conocimiento. Además, Galileo pensaba que su gran fama lo defendería de las consecuencias amargas que pudieran surgir de sus estudios, cosa que al final no hizo, puesto que la sociedad aún era muy religiosa y no estaba preparada para lidiar con toda esta información.

Así que el italiano fue advertido por la Iglesia, quien en 1621 le prohibió defender el sistema copernicano, a no ser que pudiera demostrarlo, y éste a su vez desafió a la iglesia a probar lo contrario.

Como podemos imaginar, esto metió al viejo Galileo en un montón de problemas, pero sus influencias eran tan grandes que podría haber salido incólume de todas formas de ellos. Un admirador suyo, Barberini, fue nombrado Papa en 1623, y le instó a que escribiera sobre Copérnico y que defendiera sus ideas, cosa que el astrónomo hizo, aunque incluyendo un montón de elementos polémicos y controversias políticas en el proceso. Pese a esto, se le permitió seguir escribiendo, siempre que se tratara a ambos bandos de modo imparcial, pero luego en sus escritos llega a ridiculizar a las autoridades usando a personajes que hablan en nombre de ellos de un modo muy simplón, caricaturizándolos… lo que hace que el Papa se sienta traicionado, y al fin decida juzgarlo.

Ya en los debates, Galileo se da cuenta de que no va bien encaminado, así que se arrepiente y hasta ofrece cambiar el libro por completo, pero es condenado de todas formas, excomulgado y sentenciado a vivir en arresto domiciliario perpetuo, aunque se le ofrecen ciertas rarezas como permitir que sus hijas fuesen a verlo, que escribiera y que estuvieran cerca sus discípulos. Y así el viejo italiano termina sus días en la ruina, y además ciego, en sus muy últimos años. Las autoridades de la época podían ser muy duras, y no todos eran capaces de enfrentarla de esa forma. Llama la atención una carta que escribió Descartes en abril de 1634 al respecto de esto, que sale expuesta en el libro Cosmos.

“ Sin duda sabréis que Galileo fue recientemente censurado por los Inquisidores de la Fe, y que sus opiniones sobre el movimiento de la Tierra fueron condenadas por heréticas. Debo deciros que todas las cosas que expliqué en mi tratado, y que incluían la doctrina del movimiento de la Tierra son tan interdependientes que basta descubrir que una de ellas es falsa para saber que todos los argumentos que utilizo carecen de fundamento. Aunque yo pensé que se basaban en pruebas muy ciertas y evidentes, no desearía por nada del mundo mantenerlas contra la autoridad de la Iglesia… Quiero vivir en paz y continuar la vida que inicié con la divisa: para vivir bien has de vivir sin que te vean”.

Como podemos ver, Descartes tenía miedo de ser también acusado, y de perder sus comodidades en pos de defender sus ideas. Como dato al margen, es interesante leer cartas como éstas, porque nos recuerdan que los científicos son seres humanos y que, por ende, están sujetas a los pequeños asuntos terrestres, sin importar cuán abstracta sea la naturaleza de los pensamientos con los que lidien, o cuán profundamente estén mirando el cielo en busca de estrellas.

Para concluir este pequeño ensayo, quisiera hacer dos reflexiones finales a raíz de todo esto que hemos discutido, que expondré a continuación.

La primera es en relación a Galileo y es que, si bien éste obtuvo fama atribuyéndose ideas de otros… también es cierto que trabajó muy duro, y que parte de su ingenio fue plasmado en la continuación de esas ideas, que fue elaborando a lo largo de toda su vida.

Luego vimos que la fama que lo levantó… fue la misma que después lo hundió, cuando todos estos descubrimientos ya llevaban su nombre, por lo cual se convirtió en símbolo de todo lo que la sociedad de entonces quería negar y tuvo que ser eliminado. Aunque, si queremos ser realmente justos, podemos imaginar que quizá Galileo se podría haber zafado de haber sido algo más prudente.

De un modo u otro y a final de cuentas, Galileo terminó pagando el precio de esta fama que, en parte fue prestada, en parte suya, y eso en cierto modo me parece que lo redime ya que terminó arruinado por esas ideas, respirándolas toda su vida y siendo excomulgado por ellas… trabajando hasta el final en perfeccionarlas y perfeccionarlas. Eso, a mi parecer, al final lo convierte en algo bastante suyo.

Lo segundo es en relación al prestigio y la fama, y es que la historia al final suele compensar. Hay muchos que han sido premiados injustamente, y muchos que jamás lo fueron, como el químico Mendeleiev, el escritor Proust, o el físico Poincaré, quien estableció los fundamentos de la teoría del caos, y que aún así nunca recibió el nobel… y el mismo Kepler quien abrió el camino para mucho de lo que después sería Einstein, y quien no consiguió ni la mitad de su fama… pero una vez que ha pasado el tiempo y que se ve con perspectiva, salen a la luz quiénes fueron los verdaderos innovadores, quiénes realmente trabajaron, quiénes complementaron, y quiénes solamente se colgaron del trabajo de otro.

Galileo Galilei fue “perdonado” por la Iglesia en 1992, 359 años después de haber sido excomulgado, y aunque es una cantidad impresionante de tiempo… también revela cómo fue un tema para ellos, porque luego de tantos siglos seguía vigente, y eso al final denota mucho más prestigio que el que, en sus primeros años y para decir de modo delicado, pidió prestado de otros.

Y es que al final la historia suele compensar y hace un balance. Pero aún cuando quienes fueron malinterpretados o hundidos injustamente ya han muerto a la hora en que la sociedad descubrió lo que antes no podía ver… o aún cuando al final jamás fueron merecidamente celebrados… lo que hicieron, encontraron y analizaron, sigue vigente por generaciones y generaciones, y es que el trabajo de cada hombre brillante… es el trabajo de muchos otros que vinieron antes, y todo lo que se hizo cuenta.

Ésa es la inmortalidad, y no puede comprarse a ningún precio, y debiera ser el verdadero sueño de cualquier científico.

O ser humano.

galileo2


Bibliografía.

Libros:

Bronowski, Jacob (1979). El ascenso del hombre. Fondo Educativo Interamericano, S.A: D.F, México.

Ganten, Detlev (2004). Vida, naturaleza y ciencia. Todo lo que hay que saber. Santillana Ediciones Generales. Madrid, España.

Lauwerys, J.A. Historia de la cultura: Las ciencias, el secreto de las ciencias naturales. Editorial Timun Mas. Barcelona, España.

Powell, Michael (2007). Forbidden Knowledge. Editorial Adams Media: Santiago, Chile.

Rankin, William (1995). Newton para principiantes. Talleres de Errepar. Buenos Aires, Argentina.

Sagan, Carl (1989). Cosmos. Editorial Planeta: Barcelona, España.

Internet:

Autor no nombrado (2011). Biografía de Galileo Galilei. Departamento de Estructura y Constituyentes de la Materia. Barcelona: España. http://www.ecm.ub.es/team/Historia/galileo/biografia.html

Pérez, Carolina (2010). Diferencia entre hombres y mujeres. Universidad de Granada: http://www.taringa.net/posts/info/974794/7-genios-que-nunca-ganaron-el-Nobel.html

Wikipedia (2012). Páginas varias.




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.