Las asquerosidades del marketing

snobHoy fui a un seminario de marketing y salí completamente horrorizada. Sí, sé que el marketing está hecho para vender, a veces cosas útiles y a veces cosas que uno no necesita, pero el modo… ¡oh, Dios! Ni siquiera pude quedarme hasta el final.

El culpable fue un vicepresidente o algo así de una multitienda. Yo ya venía un poco chata, de las exposiciones previas, a causa del exceso de anglicismos, esto de decir “merchandising”, “insight”, “sale” y demases, en vez de sus nobles analogías castellanas… pero a este hasta se le escapaba el “whatever”, cual gringo por su casa (y nada en contra de los gringos), así que me empecé a directamente sulfurar porque ¿qué onda con eso, cómo no cachan los efectos que tiene para nuestro propio lenguaje? Implícitamente dicen que no es suficientemente “bueno” para hacer negocios. Que es menos rentable. ¿Somos nosotros menos rentables, también? Qué tontera, habiendo tantas palabras lindas en castellano, más encima.

Pero eso fue solo el comienzo, porque después al gallo no se le ocurrió nada mejor que analizar, larga y contundentemente, un estudio de sostenes. Feliz de la vida, expuso un gráfico del porte de las pechugas de las mujeres chilenas y de qué sostenes comprábamos y luego de cuáles debíamos comprar. La idea era comentar cómo la gran mayoría no sabemos nuestra talla exacta de sostén, pero ¿qué le importaba a él – o a su multitienda? ¡Hasta le conviene que “no nos conozcamos” porque así vende más sostenes!… Ya, sí, acá estoy siendo inmadura, pero… fue casi como si nos retara, y además ¿pueden creer que hasta tuvo la OSADÍA de preguntar a la audencia “quién de acá no sabe su talla?”, así como para mostrar su punto? Por supuesto que NADIE levantó la mano. Es que al gallo le faltaba poco para medir a la voluntaria, equivocada en su propia percepción como el 83% de las chilenas (según encuestas) y decir triunfalmente “¿viste?”.

No poh, nada que ver. No es que yo sea delicada, pero ¿se imaginan en un seminario serio a alguien exponiendo sobre las dimensiones del miembro masculino? ¿Se imaginan al expositor mostrando UN GRÁFICO de los tamaños chilenos, y luego preguntar “¿qué hombre de acá no sabe de qué porte es su VIRILIDAD”? ¡O sea, jamás en la vida! En un escenario realista, dudo ni siquiera nos acerquemos a eso. Lo de los hombres es sagrado, mientras el cuerpo de las mujeres es público y se discute a destajo, o al menos así fue hoy. Una vergüenza.

breast

Dramatización.

Quizá ande sensible, o sea tarde, o qué se yo, pero verdaderamente lo encontré EL COLMO… esa noción de que las mujeres somos cuantificables… esto de que se pueda MOSTRAR un gráfico del “censo” de los atributos femeninos y más encima luego PREGUNTAR a las damas en cuestión sobre sus sostenes (= pechugas). Mencionaré que hubo risillas generales. Unas para quitar tensión y otras porque lo encontraron divertido, indistintamente del sexo de los rientes… pero, aunque en general no soy una persona violenta, yo fantaseaba con subir al estrado y preguntar: “¿Usted señor, se ha medido, está seguro de que esos calzoncillos le quedan bien? ¿Sabía usted que el tamaño promedio del miembro chileno masculino es tanto, y que, al parecer, el suyo (HORROR) va bajo la media? ¡Ah, pero no se preocupe, que el 83% de los hombres no están al tanto de su porte!”… Jaja, sí, otra vez estoy exagerando, pero es que fue TAN ofensivo. No solo por esto de llegar y cercenar nuestros cuerpos y analizarlos como objetos, sino que también porque fue como si nos dijeran “ustedes, mujeres, no se conocen… dejen que un hombre venga a EXPLICARLES cómo son las pechugas y cómo usar sostenes”. “¿Sabían ustedes que el tamaño cambia seis veces en la vida?”. “Nooo, nunca se nos había ocurrido que con los cambios de peso, y los embarazos, y más adelante la vejez, habría un cambio allí, cuando lo hay EN TODO EL RESTO DEL CUERPO” (= somos tontas).

Pero NI SIQUIERA fue eso lo que me molestó más porque, ya, quizá el tipo quiso ser ingenioso y pensó simplemente que era un tema “divertido”, y quizá a la otra gente le gustó (después de todo, oí risillas) y fui yo la grave: Lo que más me molestó de esa charla, lejos, fue… la publicidad. La publicidad en particular de esa multitienda, que no es ajena a otras publicidades comunes, y todo lo que eso significa.

topitopY es que el señor, siempre campante y lleno de satisfacción, después de su gloriosa intro, se puso a mostrar videos de distintas campañas… TODAS en inglés, con apelativos tipo “fun algo”, “sale no sé qué”, “day otra cosa”, blablablá, pero aparte de eso, que ya lo mencionamos… todas habitadas de mujeres prácticamente quinceañeras. Todas y TODAS. Cada una de ellas. Ni rastro de ninguna otra situación distinta en el mundo. Hasta para el día del madre o del padre, las mujeres hacían el papel, siempre jóvenes, o siendo mamás a edades bastante precoces, o hablando de sus papás, todavía desde los años mozos. Del terror. No porque esté mal eso, sino que porque ¡no es real! O ¡porque no solo eso es real! ¡Hay toda una etapa de la vida que no sale reflejada y que es muy importante! Y bueno, agregaré que las mujeres de las campañas no solo eran jóvenes, sino que también altas, rubias y flacas… muy flacas. También todas.

Que no se me malinterprete: No tengo nada contra las altas, ni contra las rubias, ni contra las flacas. También me da rabia cuando se les hace bullying por ser “cuicas” o “desabridas” o tonteras por el estilo, que TAMBIÉN ES DISCRIMINACIÓN y QUÉ LES IMPORTA, e incluso les puedo contar una anécdota… de una amiga que es preciosa y además muy generosamente dotada (jaja),  y que. sorpresa, lo pasó pésimo en la adolescencia, porque las otras mujeres decían que “a los hombres les daba asco, por el porte de sus pechugas”. Envidiosas, nomás. A mí el rumor me hacía hasta reír, porque cómo tan mentira, pero mi amiga estuvo a punto de operarse para dejar de llamar la atención. Qué rabia. Qué manera de generar sufrimiento el tema. Vivan y dejen vivir.

Ya, pero acá me fui por las ramas. Lo que quería decir, más allá del hecho que el aspecto físico no tiene nada que ver con el valor personal, es que la belleza no es exclusiva a un tipo físico. Es cierto que hay niñas altas, rubias y flacas que son preciosas, pero… ¡no es ésa la única belleza! Y, más importante, ¡no es necesario ser rubio y alto y flaco y joven para ser hermoso! Me parece tan poco sano que se nos tapice con una publicidad donde solo tal tipo sea bienvenido, porque ¿cuánta gente es realmente así, un 0,5% quizás? O menos. De hecho, me fijé cuidadosamente en el seminario y vi que no había NADIE, en todo el público, que pudiera realmente calificar para hacer ninguna de esas campañas, más encima supuestamente dirigidas a la “girl next door” (inglés para “chica común y corriente”). Ni su servidora – y créanme que lo digo con cierto dolor en mi orgullo. ¿Se imaginan lo desagradable que fue ver, implícitamente, cómo una multitienda le decía a toda su audencia que no era hermosa? Fue como organizar una fiesta a la que no estábamos invitados.

Así que me fui indignada, pero no solo con el señor importante y lo que representaba, sino que con la sociedad en general… porque si eso vende, es porque lo compramos. La culpa es mutua, ya que es una retroalimentación entre el comprador y el vendedor, o un feedback entre costumers y merchandising, si les gusta más (jaja). Las multitiendas tapizan de anuncios de belleza sobre tipos físicos que casi no existen, pero porque los compramos, y así se propaga la noción de exigencia de un tipo imposible para la mayoría. De ahí que no sea sorprendente que luego a tantos les de anorexia o se operen excesivamente, PARA NO PARECERSE A ELLOS MISMOS. Al chileno medio. Porque el chileno medio es invisibilizado. No aparece en los comerciales. No es rentable. Es – uy, Dios no lo quiera – “feo”. Y nadie quiere ser feo. O sea, OBVIO QUE NADIE QUIERE SER FEO, POH.

Para mí, personalmente, no es tan grave, porque me pasa que siempre he tenido la suerte de ser una persona segura. No me interesa lucir la ropa, sino más que ella me luzca a mí. Tampoco me interesa ser flaca, sino que simplemente normal, porque me gusta ser una mujer y tener curvas, aunque admito que a veces se me pasa la mano con las cazuelas y allí es fome, pero aun así siempre me ha gustado ser yo misma. No me cambiaría por nadie más en el mundo, porque ésa soy yo, única e irrepetible y yo estimo a ese ser sobremanera.

Sin embargo, no todo el mundo tiene esa suerte. Conozco a muchos que no se contentan con su propia persona, siendo también ya perfectos tal cuales son, sin necesidad de cambiar nada… como no lo sienten así, o bien se repudian con triste desesperanza, o bien entran en una incansable – y algo admirable – persecución por la belleza, que es increíblemente violenta y que jamás se puede ganar. O sea, sí, uno se puede arreglar un poco algunas cosillas, cuidarse más, etcétera… pero cuando el cambio va hacia el parecerse a ALGUIEN MÁS… el pronóstico es terrible. Porque es una empresa imposible y no, NO se logrará. Nunca.

jane fonda

Jane Fonda tiene hasta su local de carrete aquí en Chile, la Yein Fonda (no fotografiada en esta ocasión).

Por supuesto, también cabe la posibilidad de que uno efectivamente SEA como las mujeres de las revistas y eso está bien también y qué suerte, que vendan pura ropa que a una le quede bien y etcétera, pero… hay que tener en cuenta que eso tampoco es para siempre. Que igual no es buena idea aferrarse a la juventud, porque es inevitablemente temporal, más que la altura, o el estilo, o el peso, o incluso la salud. Todos envejeceremos, irremediablemente, lo que es difícil de recordar a veces, en especial considerando que las personas mayores apenas existen en la publicidad. Eso no significa, claro está, que uno esté eliminado de la moda solo por ganar años, porque igual hay excepciones como la Jane Fonda. Sin embargo, admitamos que, si la Jane Fonda se mantiene vigente, es porque lo que vende es su propia esencia, su propia persona, antes que su aspecto físico (lindo y cuidado, en todo caso) y la verdad es que son casos contados los de personas mayores en la publicidad… meramente a causa de nosotros mismos, los esquemas baratos que hemos mantenido y las nociones de belleza que hemos permitido existir “legalmente”.

Pero en fin, por último uno podría decir “ya, está bien, que los jóvenes se preocupen de la moda y los mayores se olviden y se vistan de acuerdo a su edad” (jajaja). En cierta forma, consolaría pensar que es algo justo, porque a todos les toca la juventud durante un tiempo determinado y ya está, PERO NO ES REALMENTE ASÍ. Porque la moda actual, además de la juventud, exige varios patrones más, que algunos igual no “lograrán” jamás. No todos son rubios. No todos son altos. Todos pueden ser flacos, eso sí, con el metabolismo, la suerte, o la ayuda suficiente, pero flaco no significa necesariamente tener las pechugas o el poto, o la forma deseada para “entrar”. En conclusión, no todos pueden ser como las modelos de las revistas… de ESAS revistas, y ése es mi punto: que la solución no es esforzarse (a veces en vano) por encajar allí, sino que… diversificar el tipo que elegimos ser visible y, con eso, deseado. Porque hay belleza en todos los tipos y la solución es simplemente dar cuenta de ello. Se supone que nosotros mandamos la publicidad y no viceversa, así que deberíamos incluirnos a todos, y darnos así cierto respiro y cierta noción elevada de importancia. Noción que merecemos, por lo demás.

hijos¡Y la presión! La presión puede volver a la gente loca. ¿Alguien leyó sobre el hombre asiático que demandó a su mujer por “darle los hijos más feos del mundo”? (papá del año). Resulta que ella estaba totalmente operada y él nunca supo cómo era en realidad, antes de conocerla. Sin embargo, la genética sí lo hacía, y así la descendencia apareció sin preservantes ni aditivos, y el galancete horrorizado. Se puede juzgar a ella por mentir, claro, y a él por la falta total de compasión, al menos con la prole, pero a la vez… es un problema de nuestros tiempos. Exigirse cierta forma prefija que ¿quién eligió, los modistas? No sentir que se es suficiente, o no sentir que el otro es suficiente y estar tan indignado como para llegar a juicio y de paso insultar públicamente a los inocentes retoños.

Creo que son experiencias con las que uno vive, y a las que está tan acostumbrado que ni siquiera nota. Por ejemplo, cuando yo era chica, mi mamá tenía una tienda de cerámica, donde pintaba santitos y monitos de bautizos y otras cosas. Los niños que ilustraba en ellos eran muy lindos, gorditos y tiernos, pero siempre rubios o, a lo más, de pelo castaño muy claro.

Yo nunca me di cuenta de eso, hasta que quise uno que se pareciera a mí y como no había, muy enojada y llena de desolación, la increpé: “¿Por qué no pintas niños que se parezcan a mí?”. “Es que no pinto niños morenos”, contestó muy tranquila. Obviamente ardió Troya dentro de mi corazón y también de los alrededores… ni siquiera me había dado cuenta de que era morena, y/o de que eso pudiera ser algo “malo”. “¿Y por qué?”, pregunté  llorosa, y ella pacientemente, “yo los hacía, pero nunca los compraron y los tuve que botar”. No lo podía creer, así que dale y dale preguntando, cada vez más fuera de mí.

Como yo era porfiada y obsesiva, y no parecía poder dejar el tema, mi mamá astutamente fue a buscar uno que todavía tenía en la bodega para que le creyera, y aunque lo hizo para ayudarme y para mostrarme, en cierta forma, que ella quería a los niños como yo y que los encontraba suficientemente hermosos como para ser retratados, no hizo más que aumentar mi inquietud… porque el angelito moreno estaba todo sucio y venido a menos, y entonces yo me sentí tan increíblemente excluida y defectuosa, como mi abandonado alter ego. Así que insistí aún más, ya casi gritando (qué atroz tener a una hija como yo): “¡Pero cómo! ¡Cómo no los compran! ¡Si no todas las señoras tienen hijos rubios!…. ¿¿O sí?? (TERROR)”. “No, pero igual compran esos”. Jajaja (tragicómico).

la foto

<3

Ahí ya fue divertido y nos reímos, porque no tenía sentido alguno y hasta a mi corta edad yo podía entenderlo y así en cierto sentido mi mamá y yo nos hicimos cómplices de la tontera de otros. Además sentí, infantilmente, que ella me quería más que las otras mamás a sus hijos, porque habría comprado (¡había hecho!) un angelito que fuese de mi color, aunque no fuera el “adecuado”… pero aun así, admito que cuando ofreció limpiarme el moreno para que me lo llevara, yo en vez quise uno rubio porque era “mejor”.

Y eso es lo que hace la publicidad. Si uno es inmaduro o inseguro, hace sentir que se es “peor”, si no se encaja con lo que los otros compran. Mi angelito rubio lo tengo desde entonces, y ahora que vivo sola está colgadito cuidándome, lo que está bien porque me recuerda a mi mamá, a mí mamá que no me juzgó cuando yo preferí ser “cool” y elegí la opinión de otras señoras tontas sobre la de ella… pero lo cierto es que el ángel debiera ser moreno, como yo, y como más del 95% de su clientela real. Aunque en ese caso particular ya no me importa porque, sí, todos tenemos derecho a convertir algo en personal.

Y en fin, eso es básicamente lo que quería decir: Que la publicidad general es un asco y nosotros también a veces, por creerle y propagarla. Y que no hay un solo tipo de belleza. No hay un solo tipo de estilo. No hay un solo tipo de cuerpo. No hay un solo tipo de edad. NO ES CIERTO TODO LO QUE DICEN EN LAS REVISTAS. Sí es cierto que hay formas físicas que son más fáciles de vestir, pero… eso no significa necesariamente que sean más o menos bellas. Y es una vergüenza que enseñemos lo contrario a las futuras generaciones. Y a nosotros mismos. Es una vergüenza que escuchemos más a una publicidad obvia o a un señor snob que habla en inglés, que a nuestra propia piel. Eso no significa que no crea que haya que cuidarse un poco, porque sí lo hago, aunque no siempre lo logre tanto como quisiera… sino que todo lo otro que dije y que ya no quiero volver a repetir majaderamente, porque fome.

Para terminar, quiero agregar una sola cosa más y así dulcificar este mal trago que ya me saqué del pecho: Hubo otro exponente en el seminario hoy, que me pareció mucho más honesto (y menos lleno de sí mismo) que el señor del terror. Tal exponente mostró un comercial de otra empresa, de un supermercado cuyos protagonistas se miraban en todos los pasillos y al final terminaban encontrándose en la caja. Entonces, éstos se sonreían, de una manera obvia que sugería (gritaba) enamoramiento, cerrando así la escena triunfalmente.Lo dejaba a uno muy contento, porque estaba muy bien hecho y al final en realidad era ése el golpe de gracia. No el producto mismo.

La cosa es que el señor observó el desenlace del comercial con cierta preocupación, porque también se dio cuenta de que el romance no tenía nada que ver con el supermercado, así que luego de un breve silencio comentó “bueno, el local está tan bueno que hasta trae polola”. Y entonces se rió, atrapado en falta, porque en realidad no había cómo disfrazar eso. Y yo también me reí, porque fue un alivio ver que no era la única loca en el seminario, y porque igual fue un poco divertido.

Bueno, en realidad creo que somos muchos más los que pensamos así, pero aun así tuve unas ganas locas de escribir esto.

PD: La imagen principal es de “La muerte le sienta bien”, ¡una película buenísima! Que juega con la idea de hasta dónde podemos llegar buscando LA BELLEZA.

Los libros que leí el 2013

Hace un tiempo vi en un blog a alguien que subía listas de los libros que había leído cada año, y me pareció tan buena idea que desde entonces empecé a anotarlos yo también, como para dejar un registro de mí misma. Pretendo continuar haciéndolo cada año y luego, cuando mire atrás, entender mejor porqué sentí lo que sentía entonces, si afectó a lo leído alguna experiencia personal de momento, o si en verdad el libro era tan bueno – o tan malo – como me pareció entonces. Es como dibujar un mapa muy interno, una especie de bitácora personal, aunque esté basado en lo que escribió otro.

Hoy quiero compartir con ustedes mi lista de este 2013 que se acaba, porque siempre es choro leer lo que otro opinó de lo mismo que leyó uno, o si no sacar alguna recomendación (o anti-recomendación) interesante de algo todavía no visto. Ojo con que estos son, en general, libros nuevos, no de esos que uno gusta de releer, como en mi caso las poesías de Neruda, el Altazor de Huidobro, los ensayos científicos de Asimov y alguno que otro libro esotérico como Conversaciones con Dios de Neale Donald Walsh, o los de Brian Weiss (jeje). Además, incluí los de noviembre y diciembre del 2012, porque perdí el resto de la lista del 2012 y quedaron huachos.

Así que aquí voy:

 

 erizo

La elegancia del erizo, de Muriel Barbery. Este libro tiene la particularidad de que es narrado a dos voces, una de una niñita muy rica y bastante solitaria, y otra la de la conserje – o algo parecido – del edificio donde habita, una mujer mayor que se presenta a las primeras como mediocre, pero que a lo largo de las páginas va quedando claro que no lo es (de ahí el título). Cada una va narrando de su vida en particular, y también de lo que van viviendo juntas. Aunque está lleno de referencias culturales y uno puede quedar colgado (a mí me pasó con varias y eso que me considero una persona relativamente culta), es una delicia de libro y tiene partes bastante sorpresivas,  y un final OH DIOS. La escritora es francesa y, luego de leer su obra, supe que se convirtió en película (de ahí tal vez el hecho de que estuviera de nuevo de moda – es del 2006). Yo la recomiendo mucho, pero hay que tener paciencia, y además un corazón resistente. Al leerlo uno siente como si subiera una montaña, una montaña con caída libre (spoiler).

 

 

delicadeza

La delicadeza, de David Foenkinos. Éste también lo escribió un francés, y uno todavía bastante joven (del ’74), y también me gustó mucho. Sin querer parecer nacionalista – o, mejor dicho, españolista/latinoamericanoalista – creo que el mero hecho de que el libro sea francés y esté disponible en Chile le da cierto plus, porque a mi parecer, para que llegue a nuestra cultura, tiene que ser tan bueno como para atravesar la propia (lo mismo me pasa con los libros más viejitos, que atraviesan el tiempo para llegar a nosotros).

Este libro pareciera que habla solo de las cosas típicas de la vida, los enredos de oficina, el amor y el desamor, pero a diferencia del género hollywoodense (tanto en cine como en libros), no es predecible y explora de una manera tan realista como jocosa la diversidad entre las personas. Está lleno de encanto, sorpresa, creatividad y dulzura, y es una delicia. A mí llegó a sacarme carcajadas, y también alguna que otra lagrimita. Incluye un jefe califa, una mujer interesante-y-bonita-que-no-sabe-que-lo-es y un gallo rarísimo que genera toda clase de emociones. Además, es corto así que se lee en un suspiro. Recomendado.

 

 

sangre

El ardor de la sangre de Irene Nemirovsky. Nemirovsky fue una polaca/francesa que por sus orígenes judíos, fue perseguida y asesinada en la segunda guerra mundial. El año 2004, sus hijas que le sobrevivieron se atrevieron por fin a leer unos papeles que había dejado en una maleta, que ellas pensaban que sería un horrible diario de vida de los últimos días de su persecusión y que al final resulta que era un libro… uno absolutamente terrible y maravilloso llamado Suite francesa, que ni siquiera alcanzó a ser terminado y que aún así recomiendo, recomiendo y recomiendo. Es… uf, léanlo y ya lo verán ustedes.

Tal libro causó la fama suficiente como para poner a la autora de moda de nuevo, tanto que hasta se va a convertir en película, y va a actuar en ella la Michelle Williams (buena suerte con eso – no es de los que puedan convertirse en película), y así, siguiendo los rastros de ella como una fan cualquiera, me puse a leer otras cosas que escribió. Los perros y los lobos, El baile, y El ardor de la sangre. Los primeros dos me parecieron allí nomás. Nemirovsky era de clase social alta y tuvo muchos problemas con su mamá, que al parecer era una asquerosa exitista, y tales libros no hacen más que explorar este asunto con una crueldad extrema, en todos sus personajes, tanto los que sufren como los que hacen sufrir, y al final todos sufren. Me pareció que en su dicotomía no cabía, en realidad, diálogo alguno, entre nadie, en especial en El baile. Eso sí, aunque son libros bastante crudos, hay una gran dulzura al caracterizar a todas las institutrices y amas de casa, quizá porque fueron al final las que la criaron a Nemirovksy, pero esto no hace más que aumentar la agonía del lector, ya que ellas se llevan la peor parte y uno ya se quiere morir con eso.

El ardor de la sangre, por otro lado, sí me gustó bastante. Tiene que ver con cómo en la juventud tenemos sangre caliente, la que nos impulsa a hacer un millón de cosas, y cómo en la adultez esa sangre se va templando, y se vive ya con más aceptación. Narra una historia bastante increíble pero a la vez bastante humana – cualquiera que oiga programas de corazón en la radio local sabe que la realidad supera a la ficción – y realmente lo hace a uno pensar. Pese a que yo todavía soy bastante joven (32), llegué a sentir nostalgia por la parte de la juventud que ya no tengo, y eso que en el libro queda muy claro el dolor que puede causar toda esa pasión, tan maravillosa como temible.

Bien, la conclusión que la saquen ustedes mismos, aunque igual recomiendo el libro, pero solo a los que no tienen problemas con leer cosas más bien oscuras. Los otros dos (Los perros y los lobos y El baile) no, en especial el segundo, aunque no son tan malos considerando que igual los leí enteros (más que malos, son muy crudos). Suite francesa, sí, totalmente recomendado, pero dejaré el análisis hasta aquí porque ese lo leí el 2011.

 

estepa

La estepa infinita, Esther Hauzig. Este libro es una autobiografía, y yo siempre he tenido una predilección por las autobiografías, en especial si tienen que ver con temas límite, así que de ahí fuimos. Esther Hauzig, polaca y ricachona, era una niña cuando, por la guerra mundial, tuvo que ser deportada a Siberia con su mamá y su abuela y aquí cuenta la historia de esos años fuera. Ella está llena de recovecos, porque por ejemplo cuando llegan a Siberia resulta que por el frío se acaban los trabajos forzados, y tienen que hacer su vida como cualquier hijo de vecino. Esther, narrando desde sus ojos de niña, cuenta no solo del frío, de la pobreza y de las cartas que su papá sigue mandando, deportado a otro lugar, sino que también sobre la esperanza, los peinados, las peleas entre su mamá y su abuela, y todas esas cosas chicas que al final hacen la vida. Es entretenido, rápido, interesante e incluso sugiere cierta alegría (con decir que, cuando se acaba la guerra, Esther quería quedarse en Siberia). Vale la pena leerlo, aunque sea una más entre tantas historias de esa época.

 

dulces

Los dulces de mi infancia, Dominika Dery. Siguiendo con las autobiografías, el relato de la infancia de la misma Dominika, aún joven al escribirla (es del ’75). Checa, sus abuelos eran de la elite comunista, y sus papás no estaban de acuerdo con el sistema, entonces vivieron toda clase de problemas y discriminaciones, y también ella misma. Aunque tiene partes muy dramáticas, también es divertido, porque son una familia unidísima, y les pasan muchas cosas tragicómicas. Por dar un ejemplo (spoiler), el papá era tan soñador que una vez los lleva de vacaciones a uno de los países más pobres y peligrosos del momento, solo porque era barato, y entonces los estafan hasta con lo que tienen. Me hizo llorar y reír, porque resulta que, como dice Chaplin,  “Mirada desde adentro, la vida es una tragedia, pero desde afuera, una comedia”.

 

jesus

Jesus me quiere, David Safier. Alemán, joven (o “joven”, del ’66), gocé su libro Maldito karma, en donde una persona “malvada” debía encarnar en distintos animales para pagar su deuda, y presenciar cómo el hombre a quien había tratado mal rehacía su vida con otra mujer, sufriendo a lo Scarlett O’ Hara en la segunda parte (la que no alcanza a salir en la película). Pero, aunque no es malo y conserva la rapidez de su pluma, Jesús me quiere, no es tan divertido ni creativo como el otro. En él, el verdadero Jesús, se enamora de la protagonista y acontecen, como es previsible, toda clase de situaciones curiosas. Lo recomiendo para pasar el rato, si no se tiene problemas con los cliché, y con esa creatividad que se esfuerza tanto en ser creativa, que al final ni es realmente creatividad (por supuesto, es solo mi opinión).

 

shanghai

Dos chicas de Shanghai, Lisa Lee. Este libro trata de la guerra en China en el siglo XX (no me acuerdo cuál) y de cómo dos jóvenes chinas vienen a hacer su vida a Estados Unidos, escapando en un barco. Yo pensaba que era una autobiografía, pero resulta que Lee, de ascendencia china, nació en París, creció en Estados Unidos, y su mamá también fue novelista. El libro aún así es muy bueno, tiene esa meticulosidad asiática y siempre es entretenido leer de culturas distintas a las nuestras, que al final son bastante iguales. El libro tiene una continuación que quiero leer en algún momento, aunque me da miedo que me pase como con La buena tierra de Pearl S. Buck, cuyas secuelas no eran tan buenas. Lo recomiendo, aunque es un poquito lento para mi gusto.

 

ballena

El susurro de la mujer ballena, Alonso Cueto.  De autor peruano, este libro trata de una mujer muy exitosa y estupendosa, que cuando era chica era amiga de la gordita del curso (de ahí el título), pero a escondidas porque le daba vergüenza que la relacionaran con ella. De grande se reencuentran y se aclaran muchas cosas, y aunque algunas conclusiones son bastantes obvias, y algunas de ellas muy generalizadoras, es un libro que se pasa volando. Lo recomiendo, aunque dejando claro que no estoy de acuerdo con alguna de sus ideas, como la discriminación positiva que a veces se le hace a la gente con sobrepeso (no en la época del colegio, claro), y la discriminación que muchas veces se le hace a los que son exitosos y esbeltos, que tampoco es justo. O sea, obvio que la mujer exitosa en el fondo se sentía insegura y vacía,y admiraba a la gordita, lo que no siempre es así (aunque puntos al autor que es hombre, y aún así se sumergió en la sensibilidad de esta temática). Obvio, además (spoiler) que en el fondo se gustan y quieren hacerse cosas (pero esto va más con un sueño masculino que con la realidad, jeje, sorry, chiquillos).

 

cometas

Cometas en el cielo, Khaled Hosseini. Este libro estuvo de moda mucho antes, tipo 2003 que fue cuando se publicó, pero yo me resistí a leerlo porque se notaba a todas luces que sería una historia lacrimógena. Está escrita por un estadounidense de origen afgano, y lo hizo a raíz de los sucedido el 11 de septiembre gringo, para ayudar a botar el mito de que todos los afganos son malos. El autor es doctor, pero cuando le fue bien con la escritura, dejó la medicina en pos de ella. El libro toca el tema de la guerra, y de la forma más eficiente posible, a través de lo personal: la historia de dos niños muy distintos, el hijo del amo, y el hijo del empleado, que crecen como hermanos y sufren todos los estragos del propio crecimiento junto con el de la guerra. Es una historia triste y lindísima, que tiene momentos tan admirables que hasta el lector queda empapado de heroísmo. Uno la termina creyendo más en el ser humano, así que recomiendo leerla, aunque con muchos – muchos – pañuelos.

 

velo

El velo pintado, W. Somerset Maugham. Esta novela es de 1925, por lo que podemos decir que es una de esas excelentes capaces de traspasar el tiempo. Ha tenido tres adaptaciones al cine, y probablemente llegó con tanta facilidad a mis manos por la moda en que la puso la última, en 2006, protagonizada por Edward Norton y Naomi Watts (y en los ’50 la protagonizó la estilosa Greta Garbo). Se trata de una mujer muy superficial, que se casa apurada solo porque no soporta que su hermana chica se case antes. El afortunado (o “afortunado”) es un doctor, que la ama con todo su corazón, pero que a ella no le gusta, y siguiéndolo debe irse a vivir a un país difícil y recóndito: la China de los años ’20. Bueno, no quiero contar más, porque se pone muy sabroso, sin nada que envidiarle a las telenovelas colombianas, pero adelantemos (spoiler) que habrá otro hombre involucrado y que, para su sorpresa, la heroína lo pagará caro. El desenlace no es demasiado hollywoodense (=predecible), lo que le da puntos extra y, bueno, a leerlo, aunque no se me hace que sea de los indispensables (pero sí es chori).

 

ladrona

La ladrona de libros, Markus Zusak. Este libro lo escribió un australiano joven (del ’75), y es absolutamente lacrimógeno, pero está tan bien escrito que no se puede dejar, así que dejémoslo en una tortura feliz, porque la verdad es que yo lo gocé, entre sollozo y sollozo. Se supone que este australiano cuenta la historia de sus ancestros, otros prófugos más de la segunda guerra mundial, y algo interesante es que el narrador es la mismísima muerte. El título va en honor de la protagonista, que es una niñita a la que le encanta leer, pero que no tiene ni uno, así que se roba los libros de una señora cuica para la cual limpia o algo así (aunque más bien digamos que la señora se los regala de forma sutil). Este sí lo recomiendo fehacientemente, aunque a mí misma me impresione la cantidad de matices y diferentes historias que pueden sacarse del tema de la guerra. Supongo que es cierto que los períodos de crisis sacan lo peor y lo mejor de nosotros mismos.

 

abuelo

El abuelo que saltó por la ventana y se largó, Jonas Jonasson. ¡Qué buen libro!, aunque traspasa todos los albores de la realidad. Es de un autor sueco de unos 50 y tantos que fue un empresario importante hasta el 2005, cuando tuvo que vender su empresa por problemas médicos (stress) y entonces se dedicó a escribir. La verdad es que lo hace de lo más bien y que se nota que es bastante culto. La novela trata de un viejito que escapa de un asilo, justo al cumplir sus 100 años, y pensaríamos que es un viejito muy normal, si no fuera porque, mientras huye de una manera increíblemente hábil (y con el medio botín), se cuenta en flashbacks su historiaza, mientras cada vez va quedando más la escoba con la historia actual. Yo pegué hasta grititos de excitación y nerviosismo.

Es particularmente interesante que, al parecer, el señor está en todos los lugares de paso y con todas las personas precisas del desarrollo del siglo XX, pero igual se perdona la irrealidad – y la irreverencia – porque la mayoría de los encuentros son encantadores y además enseñan un montón de historia. Al final todo pasa volando, y pese a todos los personajes de gran alcurnia, siguen reinando los más normales, como cualquiera de nosotros. Lo recomiendo porque es divertido, porque es una sorpresa, y porque calla a todos los que dice que son muy viejos para hacer algo, a veces incluso cuando ni han llegado ni a la flor de la edad.

 

infierno

Saliendo del infierno, Diana Rincón. Lo leí mientras viajaba por Colombia en el verano. Cuando agarro la mochila, no me llevo libros desde Chile (o desde Santiago), porque encuentro que parte del viaje es vivir la experiencia y tomar lo que venga, así que espero a ver qué dejó alguien más en el hostal de turno, y allí estaba éste. Es de una niñita que tenía anorexia. Lo escribió en parte para recuperarse, pero al final (spoiler) murió. Tenía menos de 20 años y sufría todas las consecuencias de una enfermedad que es muy difícil revertir una vez dentro de ella, todo lo que son los trastrojos de un cuerpo herido, osteoporosis por la destrucción previa, etcétera, etcétera. Bastante terrible, en especial si recordamos la esperanza con que puso el título, apuntando a aquella meta  a que no logró llegar en vida (aunque tal vez sí en el otro plano).

Lo llamativo son los detalles. El papá de ella era cristiano, pero de esos cristianos aterradores que juzgan y castigan en vez de ayudar, pero no porque sean malos, sino que porque al ser criados con la culpa no se les ocurre ser de otra manera (por supuesto, no son todos así), y como muchas anoréxicas, ella era muy perfeccionista, al punto de dejar de pensar en ella misma y no saber detenerse. Otra cosa llamativa, es que pese a su bajísimo peso, tenía un poco de guatita, y eso lo atormentaba, y es que hay cierta forma natural del cuerpo que nunca se puede modificar. Así que, chiquillas, si estando en su peso todavía tienen un poco de pancita, quiéranla. Es probable que ustedes se vayan antes que ella.

Me gustó leer el libro, porque siempre me han llamado la atención ese tipo de casos… de cómo personas normales se entrampan y luego no pueden salir. Podría pasarle a cualquiera, en muchos más ámbitos que la anorexia, y por eso los encuentro importantes. Además, si luchó de esa manera, lo mínimo era que alguien leyera la historia. Lo recomendaría solo para quienes se interesan en temas así, porque además se nota que el libro lo escribió ella: no está arreglado ni mejorado por escritores fantasmas y el dolor que siente es reiterativo, obsesivo y no está “licuado”. Eso sí, dudo que sea fácil de encontrar en Chile, en todo caso (o en cualquier país que no sea Colombia).

 

tunel

El túnel, Ernesto Sábato. Este libro me lo comí en dos tardes en una de esas playas tropicales y calientes del norte de Colombia. Lo había leído en el colegio y solo me había quedado la sensación de que era de lectura fácil Claro, es cierto, pero en mi etapa adolescente creo que no me había dado cuenta de lo desquiciado que es el protagonista (el mundo entero es un lugar muy desquiciado para el adolescente) y de la calidad con que se describen sus procesos. Es un libro realmente excelente, y fácil de leer, y cortito, una verdadera obra de arte, que además fue escrita por un ilustre vecinillo argentino. La recomiendo total y completamente, porque además es como habitar por un momento la mente de un lunático (qué miedo cómo llegó a escribirla ese señor Sábato, ¿habrá sido como Jack Nicholson que, para hacer el papel de El resplandor, se dedicó a comer pan con queso?).

 

maravilloso

Un tipo maravilloso, Christine Anthony. Si no me equivoco, ese debe ser un libro del año uno. La carátula era viejita, con una pareja casi besándose, lo robé de un hostal panameño, ahí estaban a punto de partirse con la ventolera sus hojitas amarillo oscuro. Sí, es viejito, lo acabo de buscar, del ’76, al parecer edición única. Al principio se muestra como la típica historia romántica, de una mujer rica e incomprendida que se enamora de un rapaz (jaja). Francesa, había transcurrido su infancia bastante sola, y el único al que quería era su abuelo, que no sabía bien como quererla (pero que la quería, tal vez, a su manera). Se casa con un gallo que no ama, y quien tampoco la ama (o sea cree que lo hace, pero en verdad no la conoce, porque ella no se ha dejado conocer), y lo acompaña a un viaje de negocios  a Estados Unidos, de puro parqueada, y allí conoce a alguien más, un tipo sencillo, quizá sencillísimo. Luego la historia se pone menos típica.

Lo cierto es que disfruté el libro. Está lleno de recovecos, suceden cosas impredecibles y tiene un final insospechado, lo que me sorprendió mucho, y está muy bien escrito, además de que toca temas sociales y conflictivos para la época, como la segregación negra, y una forma de pensar un poco previa a la nuestra, pero no es una historia imperdible (tuve que usar esa palabra, qué snob es, ¿cierto? jaja). Aún así, si hay fácil acceso (como por ejemplo, si ustedes la ven en un hostal), la recomiendo.

 

burbuja

Una burbuja en el limbo, Fabián Dobles. Este libro es del terror. Ya, qué mala, no del terror, pero sí aburrido, y reiterativo, y aghgjhjahg. Lo encontré en un hostal en Costa Rica, todavía viajando, contenta porque el mismo autor es costarricense y al parecer un ícono. Es un libro viejo – aunque en edición nueva – que narra toda la historia de una familia. Publicado por primera vez en 1946, para ser precisos.

La verdad es que la novela me aburrió horrores, pero la terminé de todos modos. Es que encontré que se lo debía al autor, y a la cultura local, intentarlo un poco más, así que al final me lo comí pedacito tras pedacito (no era tan largo), generalmente cuando se me habían acabado las otras lecturas. Al final tenía solo como dos partes buenas. El protagonista era un exagerado, el típico rebelde incomprendido que al final es “mejor” que todos los otros, un acierto quizá para esas épocas donde era difícil ser distinto, una lata hoy en día en que el especial es el que no es rebelde (acá exagero, jaja). La verdad es que solo de leer sus apariciones me dieron ataques de sueño fulminante (muy eficiente para los largos trayectos en bus), tan pero tan predecible.

Así que no lo recomiendo, excepto para los historiadores o interesados en la cultura centroamericana, que al final es la misma que en Chile (casi). Tal vez eso último no tuvo tanto éxito conmigo, porque desde el colegio que me andan machacando con lecturas patrimoniales y a veces se hacen un poco repetitivas.

 

bob

A Street Cat Named Bob, James Bowen. Este libro es una pequeña maravilla verídica que agarré en el último hostal de mi viaje. Me lo devoré, en parte porque la historia es real y está escrita de forma sencilla, en parte porque tengo una debilidad hacia los animales. La escribió un gallo llamado James, inglés, que tenía unos 30 años y era drogadicto y que tocaba la guitarra para ganarse sus monedas, cuando un gato callejero se autoadoptó por él. Aunque le encantan los animales, al principio se resiste, porque siente que no está en condiciones de ser responsable de él mismo, así que menos de otro ser vivo, pero al final el gato lo va conquistando y entremedio ese amor ayuda a James a recomponer su vida. Aunque hay partes que son un poco dulzonas, la sinceridad y el detalle con que él escribe su historia es tan didáctico como enternecedor. Como dicen los Beatles, “All you need you is love”, y en ese caso nuestro protagonista lo recibe (y lo da) de un animalito, y es interesante no solo la conexión que tiene con él, sino que la descripción de cómo se convierte antes en drogadicto, y cómo queda entrampado en ello. Hasta Bob (el gato), claro.

Lo recomiendo, pero solo a los que están interesados en historias de adicción o superación, y a los que aman a los gatos (el resto yo creo que se muere de monos y/o de aburrimiento). Hay que tener en cuenta, también, que el autor no es realmente un escritor literario, así que es no está escrito de la manera más estética, ni en fondo ni en forma, por lo que los puristas también aléjense.

 

alambre

Las chicas de alambre, Jordi Sierra. De autor español y bastante reciente (’99), este libro tuve que leerlo porque me tocó evaluarlo en mi curso de octavo básico. Lo tomé al principio con un poco de miedo porque algo fome que suele pasar en las lecturas que se dan a los niños en el colegio, es que son de lo más dicotómicas. Todo es blanco o negro y eso me agita, porque retrasa el proceso de entender los matices que tiene la vida. En otras palabras, ¿es inteligente mostrar algo inflexible a adolescentes que son, por principio, todavía así (porque aún no han aprendido a ser de otro modo)? Se supone que lo hacemos de esta forma porque aún no tienen el criterio formado y no entienden los vericuetos de la vida, pero ¿cómo los van a entender si no se los mostramos? Todos vivimos en un mundo de matices, lo sepamos o no, desde el primer momento.

En fin, que esta novela hace justamente esto. Se trata de tres amigas modelos, pero anoréxicas (de ahí el título) que viven el lado oscuro de la vida. Hay un reportero quien las admiraba en su infancia y quien, años después de esta fama, debe investigar al respecto: Dos han muerto, una por drogas y otra por SIDA, y la tercera se cree que murió. Por supuesto que todas han tenido vidas infantiles previas bastante terribles, porque nadie que se precie a sí misma y que tenga un nivel alto de autoestima, puede dedicarse a esa profesión, ¿cierto?

Este libro me cargó porque, primero, ¿es necesario que digamos que todas las modelos son drogadictas o anoréxicas? ¨Porque no es cierto, y hablar así de ellas es menoscabar una profesión que es honesta y sana, al menos en algunos casos. Segundo, ¿cuál es la idea de ofender al cuerpo humano? Sí, hay gente que se mata de hambre haciendo dieta y no está bien, y es cierto que hay agencias que obligan a sus empleadas a adelgazar más de la cuenta. Lo hemos visto en las noticias, y yo misma tengo una prima que fue modelo y se salió porque se aburrió de que todo el día le dijeran que tenía que adelgazar aún más, pero ¿qué pasa con esas personas que genéticamente tienen un cuerpo muy delgado? También existen, yo tengo una tía que es así, y que odia que le digan flaca, y se pasa comiendo postres el día entero – o eso dice – para que no la “celebren”, ¿no es eso también un caso de discriminación?

Sin embargo, estos dos puntos no son tan importantes, como el tercero (SPOILER: voy a contar el final): Resulta que la única sobreviviente de este trío de modelos anoréxicas, Vania, al final no estaba muerta sino que se había ido a vivir a un país exótico y lejano, cambiándose de nombre y todo. Había huido, con la única persona que la quería en su vida, su nana (otra posible exageración) para poder “sobrevivir”, y ojo que cuando el periodista la encuentra, no le dice a nadie para “seguir protegiéndola”.

¿Qué significa eso, que solo puedes huir para sobrevivir? Si Vania realmente quería ayudar a las niñas que piensan que todo es miel sobre hojuelas cuando se es modelo, ¿por qué no apareció para contar su historia? Además, cuando Vania deja de ser modelo entendemos que recupera una forma normal, entonces ¿por qué sigue escondida? Es como castigar la belleza. Vania se presenta inmadura, eternamente vulnerable, con ni siquiera ganas de hacer nuevos amigos, y/o de conocer a algún hombre. Su único mundo es su nana, que es un ser entrañable y definitivamente parte de su familia, pero solo una persona ¿y qué pasará con Vania el día en que ella muera? ¿Cuán sano puede ser eso? Todo está escondido y, otra vez, castigado. Me parece de lo más cobarde y un pésimo ejemplo para las lectoras, y además, ¿alguien pensó si la nana quería irse a vivir a un lugar exótico para siempre con ella, si quería ser toda su vida?

Bueno, tal vez deba agregar que todas mis alumnas amaron el libro y que en general tiene gran aceptación, y que quizá la estoy embarrando yo por mirarlo con ojos adultos, pero aun así no lo recomiendo, porque encuentro que contribuye a aumentar la idea de que las modelos son seres inertes y débiles, que o mueren o tienen que ir a esconderse a un lugar exótico y hacerse las muertas si las encuentra la prensa. Además, reduce en una sola idea lo que es la belleza, porque también hay modelos XL, o incluso esta agencia inglesa de gente “fea“, y mucho más que eso (podría profundizar más, pero ya me estoy yendo por las ramas).

 

conejo

Cuando Hitler robó el conejo rosa, Judith Kerr. De autora alemana y publicado en el ’71, es otra historia sobre la segunda guerra mundial, y otra autobiografía, aunque en realidad semi-biografía esta vez. Este libro también lo leí para el colegio, y está dirigida a niños aún menores, pero es positivo, y tragicómico, y está lleno de matices. Se trata de una niña que debe irse de Suiza, con sus papás y su hermano, por la persecución creciente a los judíos, y describe cómo viven en Francia, antes de instalarse definitivamente en Inglaterra, como sucedió con la autora misma, e incluye todos los pequeños deliciosos detalles. Está escrito de una manera bastante ingenua, que me recuerda un poco a Las cenizas de Ángela (ése sí que es un libro bueno) y lo único que no me gusta es el título, que hace demasiada referencia a Hitler, cuando ni siquiera se menciona. El conejo rosa, por supuesto, representa a la infancia que ella debió dejar atrás, al comenzar la huida, pero cuando uno lee el libro se da cuenta de que los niños, pese a las dificultades, siguen siempre siendo niños., y siempre está esa cosa refrescante. Ah, y ella tenía un conejo rosa de peluche que no alcanzó a empacar cuando huyeron, de ahí la referencia.

Sí, lo recomiendo, y no solo para niños, sino que para adultos. Es chori y deja una sensación dulce.

 

lunatico

El lunático y su hermana Libertad, Paul Kropp. De autor estadounidense, no es un libro ni viejo ni nuevo (’92). También tuve que leerlo para el colegio, y también tiene temas juveniles. Se trata de una niña llamada Libertad, cuyos papás se separan y de cómo debe vivir con el papá que está un poco enfermo del chape, y con su hermano, y de cómo va a un colegio donde le hacen bullying porque el papá tiene una librería y a veces vende cosas porno. Como todas las niñas de su edad, quiere ser amiga de las más populares, pero al final descubre en las más normales a mejores personas (otro arquetipo inexacto que usan las novelas juveniles, pero que no es tan malo como otros), y también surgen cambios con su familia, blablá. Es sencillo y entretenido, trata temas importantes en la adolescencia, y aunque tiene hartos clichés, conserva cierta originalidad, así que la recomiendo, a los niños y jóvenes, para ir amigándose con la lectura. Para adultos, hay cosas más interesantes.

 

abrigo

El abrigo verde, María Gripe. De autora sueca, este libro es más viejo que yo (por un año, jeje) (de 1980) y me lo hicieron leer en el colegio. Entonces me encantó y me hizo ir en busca de más novelas de ella. Luego, este año tuve que evaluarlo en el colegio, y lo leí de nuevo, porque me acordaba más de que me había gustado, que de lo que se trataba.

Bien, todavía me gustó, pero no tanto. Se trata de una niña excéntrica, sin muchos amigos, fuerte de carácter, a quien su mamá le compra el abrigo verde que tiene otra niña más popular, para que se hagan amigas entre ellas (no funciona), pero en vez de hacerse amiga de ella, se va acercando a otra y entremedio pasan muchas más cosas más. Como todos los libros de María Gripe, abraza una diversidad que no es común a las novelas infantiles/juveniles, y que está llena de dulzura y de presencia, y además está muy bien escrito, así que sigo recomendándolo (a niños y jóvenes, más que a adultos), pero creo que quizá haya libros que los niños de ahora entiendan y/o aprecien mejor que éste. Es que este año se lo recomendé a mis alumnas y a ninguna le gustó, jaja.

 

balzac

Balzac y la joven costurera china, Dai Sijie. El autor es un chino, nacido en el ’54, que desde sus años universitarios vivió en Francia, y en el 2001 publicó este libro que, en realidad, es una autobiografía, y que tuvo tanto éxito que se convirtió en película el 2002, aunque tal vez haya que agregar que, además de escritor, es cineasta. Antes de estos avances universitarios/literarios a Sijie, como adolescente y por ser hijo de médico, le tocó la revolución cultural (Gran Revolución Cultural Proletaria), que fue una técnica social que Mao llevó a cabo en esos tiempos, de hacer que los hijos de personas importantes y “amigas del capitalismo”, fuesen enviadas al campo a hacer labores obreras que, por así decirlo, les “bajaran los humos” y los acercaran a la otrora identidad igualitaria del país (igualitaria hasta por ahí nomás, porque no digamos que Mao mismo vivía con demasiada modestidad). Hasta los libros fueron prohibidos en esos tiempos, para mantener menos pensante y más tranquila a la gente, porque todos sabemos que información es poder.

El libro narra la historia de dos jóvenes que son enviados a un lugar muy recóndito a hacer justamente ese tipo de trabajos, entre ellos el autor (aunque nunca se identifica), y allí se envuelven en la realidad de la gente y viven toda clase de experiencias. Las más llamativas y más tiernas son las que tienen que ver con los mismos dramas humanos de siempre: el amor, el compañerismo, la superación personal, y la existencia de oportunidades aún en las situaciones más insospechadas. La parte de Balzac de la que habla el título, hace alusión a un tercer adolescente que tenía una maleta llena de libros, y que ellos sacaban a escondidas porque eran todo un tesoro: a escondidas porque quien los tenía nunca les había contado y nunca lo haría, en parte porque era un acaparador egoísta, y en parte porque era ilegal.

Lo recomiendo. Es entretenido y permite valorar el maravilloso acceso que tenemos hoy a los libros y a la cultura universal. Además, describe muy bien las miserias y felicidades de la gente, gente que sabemos que en realidad sí conoció, hace un testimonio histórico y ni siquiera es largo. Y el autor no intenta dictar cátedra con su experiencia, sino que la narra desde afuera y sin emitir jamás juicio alguno.

 

primos

La soledad de los números primos, Paolo Giordano. ¡Qué libro terrible! Me hizo pasar una gran vergüenza cuando vociferé un cinematográfico “nooooooo” en medio del Starbucks, donde lo empecé inocentemente sin imaginarme lo que se venía. O sea, prepárense para sufrir. Es de un (guapo) joven escritor italiano, nacido en el ’82, que lo publicó el 2008  y después se convirtió en peli el 2010. Se trata de las horrorosas (sí) infancias de dos niños, cada uno con una experiencia bastante traumática distinta, dos niños que se conocen en el colegio y que en cierto modo hilan sus vidas, pasando luego a ser adolescentes y adultos jóvenes, y todo lo que esto implica (o debería implicar). Se van siguiendo sus historias.

No sé si me gustó tanto. O sea, además de hacer sufrir y de en cierto modo liberar con una catarsis, es sensible, está bien escrito y hace pensar, pero es demasiada miseria (para mí). Todo es malo, todo es terrible, se narran penurias tras penurias, y además al final se desinfla un poco, quizá por eso mismo de que es como si fuese un único gran tema: la soledad (y la tragedia), y de que los personajes no evolucionan, y es que después del impacto de las primeras páginas, todo parece suceder con cierta inercia y convierte al escrito en una sola gran descripción emo. Así que no la recomiendo, excepto para a quienes les gusta leer cosas lacrimógenas aunque, por supuesto, es solo mi opinión.

 

dioses

¡Por todos los dioses!, Ramón García Domínguez. Otro libro de los que tuve que leer para el colegio, en este caso uno que recopila algunos de los mitos griegos más importantes. Uno de las cosas más creativas que tiene, es que éstos se los va contando a un niño cualquiera el mismo Homero en un diálogo, pero aunque los mitos griegos son una cosa jugosa e inmensamente creativa el libro no me gustó tanto, principalmente porque es para niños entonces muchas veces censuran, cortan o simplifican gran parte de ellos. Además, es mucha información, tanto que cuando lo evalué con prueba, la mayoría de mis alumnas se habían olvidado de la mitad y les fue mahometano. Tal vez, para introducir el tema, sea mejor usar un libro menos ambicioso, que cuente menos cosas, pero con más profundidad, y que elija siempre mitos que sigan siendo buenos cuando se le ha quitado la parte sabrosa.

 

robado

Verano robado, María José Viera-Gallo. Este libro me lo sugirió mi amiga bibliotecaria del colegio y yo caí altiro, porque me gustó que la autora fuera esta compatriota que tantos recordamos como la que escribía en la Zona de Contacto. Un poco más de ella: nació el ’71, pero se fue después del golpe a vivir a Italia, hasta los 13 años. A los 22 se hizo famosa con esa columna bacán de la Anita Santelices de la que hablé antes, y ésta, publicada en el 2006, es su primera novela. Se trata de una galla, una jovenzuela, que pasa el verano en Santiago, porque no le funciona irse de vacaciones con su papá separado y tampoco quiere irse con su mamá, así que a cada uno le dice que se va con el otro, y permanece feliz en su casa con el hermano chico, muriendo de calor, teniendo total libertad, y viviendo tanto lo curioso como lo cotidiano.

Está bien escrita, es liviana, interesante, y además enternece con eso de que describe lugares chilenos que una (yo) conoce, sin embargo me recordó un poco a las novelas de Bayly, que también son buenas, pero que exageran un poco con la parte de la rebeldía adolescente, las drogas, la promiscuidad, la rabia política, etcétera, etcétera, encontré que a veces se le pasaba la mano, aunque sus personajes de algún modo u otro seguían conservando su dulzura. Aún así lo recomiendo, para apoyar a la literatura chilena y porque me entretuve harto leyéndolo.

 

oliver

Oliver Twist, Charles Dickens. ¡Qué librazo! También tuve que (re)leerlo para el colegio y la verdad es que gocé con cada una de sus páginas, y que mis alumnas también lo gozaron. De hecho, es de las pocas cosas que leyeron sin alegar e incluso celebrando (jejeje). Aunque fue escrito en 1838, por un inglés posiblemente muy meticuloso, tiene una pluma extraordinariamente ligera y es de esos textos que, aunque tocan temas serios, son divertidos, y que terminan de una manera en que nos alivia a todos. Se trata de la vida de Oliver Twist, un niño que crece maltratado en un orfanato en Londres. El niño escapa, vive un rato en la calle, conoce a un montón de gente y no quiero contar el final, pero vale la pena leerlo. Además de todo lo dicho, tiene la gracia de que describe inintencionalmente toda una sociedad y una cultura, la pobreza y las condiciones de una época especialmente dura para las clases bajas, y que los personajes, pese a sus claros papeles, conservan (la mayoría) ciertas sutilezas.

Lo recomiendo completamente. Hay varias versiones de película, pero igual leánse el libro. Como dato freak, agregaré que Dickens también es quien escribió Cuento de Navidad, el que hoy es más conocido como Los fantasmas de Scrooge, y David Copperfield, de donde sacó su seudónimo ese mago de los ’90 que pololeaba con la Claudia Shiffer (jaja). Todo un crack, Dickens.

 

vuelta

La vuelta al mundo en 80 días, Julio Verne. Otro libro genial, que tuve que leer para el colegio y del que no me arrepiento para nada, ¡cómo lo disfruté! Lo escribió Julio Verne, un célebre escritor francés del siglo XVIII, que tiene también el extraño título de haber predicho muchas cosas del mundo real con sus novelas. Fue publicada en 1873, y se han hecho mil películas y mini series basadas en él desde apenas los ’50.

El libro es realmente una aventura. Se trata de un señor rico que, por aburrido en la vida, apuesta con sus amigos del Club Reformista que puede recorrer el mundo en 80 días, en una época en donde no habían ni aviones. Se va con su mayordomo, a quien apenas conoce, y entremedio se le acusa de un robo, que no es cierto, pero se le persigue alrededor del globo porque como se ha ido y no hay mail ni celular, creen que huye, así que no solo se describe el viaje de él (Phileas Fogg), sino que también de sus detractores. Pasan un montón de cosas divertidas, andan en buque, trineo, elefante, ferrocarril, y todo el recorrido no hace más que desafiar a la imaginación y causar suspenso hasta el más ultérrimo momento. Además, Verne describe a los personajes de una manera tan clara que llega a ser graciosa. No es ambicioso en cuanto a ellos, cada uno es lo que es, piensa lo que piensa, y eso es suficiente. No intenta encerrar en ellos todas las complejidades del universo, no da la lata tratando de ser profundo o crítico solo por serlo. Totalmente recomendado.

 

chips

¡Adiós, Mr. Chips!, James Hilton. También para el colegio, es una novela publicada en los años ’30, escrita por un británico, y que ha tenido varias versiones en película y en general muy buena fama. Se trata de un profesor, el Sr. Chipping y  de cómo dedica su vida la enseñanza, y así lo vemos ser joven, madurar, envejecer, ser expulsado por viejito, ser llamado otra vez por tiempos de carencia, etcétera y etcétera. Es un libro interesante y emotivo pero, a mi parecer, la forma en que está escrito no es tan sublime como la idea que, vamos, es una idea genial. Una vez vi una película que sospecho pudo haber sido una adaptación de este libro, y era excelente.

Pero el libro no lo es tanto, es un poco tedioso y triste. El profesor nunca se casa porque (spoiler) muere su único amor, y además su vida entera eran los niños y ¿es realmente sano eso para el señor? ¿es justo pedir eso para alguien? Aunque el profe era feliz, e incluso muere horas después de ser visitado por unos alumnos (de ahí el título), pero ¿es necesario que sea tan dramático? La soledad del profesor duele, aun si muere rodeado de niños. A mis alumnas no les gustó nada, aunque más que no gustarle, no lo entendieron. El lenguaje es difícil y las emociones que busca traspasar sobre el reconocimiento y la satisfacción del fin de la vida, algo ajenas a mis muy jóvenes estudiantes. Aún así no es malo que lo lean, a ver si les permite apreciar mejor a sus profesores (jaja).

No lo recomiendo fehacientemente, pero sin duda es un libro interesante, aunque probablemente más para adultos y en especial profesores, que para niños. Tiene, además, unas partes muy interesantes en cuanto a la política y los cambios sociales, que describen no solo la evolución de un hombre, sino que también de una época.

 

bibiana

Bibiana y su mundo, Luis Olaizoa. Otro más para el colegio y, al igual que El abrigo verde, otro que leí yo también cuando chica. Es un libro bueno, que cuando chica me gustó mucho y me gustó de nuevo ahora que tuve que releerlo. Lo escribió un español y fue publicado en 1985, y el hecho de que siga usándose como texto escolar grafica, a mi parecer, su calidad. Se trata de una niñita llamada Bibiana, cuya mamá murió al nacer, y que es criada por su papá que es un alcohólico. Tiene una profesora, la señorita Tachi, que vive en conflicto con el papá y lucha para que se la quiten, porque la quiere y nota que la cabra no solo ordena la casa sino que también paga las cuentas (haciendo babysitting) y etcétera, pero el papá es muy simpático y además es amigo del cura y del alcalde del pueblo, así que es bastante intocable, y ahí vemos los vaivenes de todos los personajes y cómo luchan e entre ellos y también consigo mismos.

Una gracia de este libro es que los que debieran llamarse “malvados” siguen siendo queribles, y es que el autor sabe transmitir la complejidad y el fondo dulce de las personas, la idea de que en la vida no todo es blanco y negro, y la responsabilidad mutua que tenemos con los otros. Por supuesto, pasan muchas otras cosas, que no quiero contar, para no echarle a perder la fiesta a quien quisiera leerlo, y puedo decir que son descritas no solo por el lado dramático, sino que también por el cómico. La verdad es que, aunque sea para niños, yo lo disfruté, y lo recomiendo para quienes estén abiertos a volver a los libros de infancia. Tiene un montón de cosas interesantes, permite conocer un poco mejor la naturaleza humana, es una historia inteligente y positiva a la vez que – relativamente – realista, y además se lee en un suspiro.

 

impar

Impar, Marcelo Carneiro da Cunha. El último de la tanda para el colegio, es del 2002 y fue escrito por un brasilero. Se trata de un niño que tiene un accidente y pierde una pierna, y que, con toda razón, está muy enojado con el mundo. Se cambian de ciudad para que él pueda hacer rehabilitación, pero él no está ni ahí con hacerse cargo de sí mismo, hasta que se hace amigo de otros niños con sus propios problemas del tipo, que tienen un club llamado “Impar”, en honor a que son distintos al resto. Tiene la gracia de que intenta ser juvenil y chilensis con el lenguaje, se nota que pensaron en los niños al traducirlo y eso se aprecia, pero el problema es que no lo hicieron con todas las palabras, entonces es divertido – e ineficiente – porque hablan de “pinchar” y entremedio usan algún término completamente fuera de moda, como “botica” (exagero, pero no tanto), que lo deja a uno tan colgado que deja de concentrarse en la historia. A mí no me gustó tanto, pero mis alumnas lo amaron, y creo que fue su libro favorito porque algunas me lo comentaron hasta semanas después, así que podría recomendarlo solo por eso, y porque habla de la resiliencia y de la necesidad de ayudarnos con todos los demás, y también porque tiene un mensaje predominantemente positivo (ya pueden imaginarse el final).

¿Por qué no me gustó tanto? (spoiler). Porque, en su afán de salir adelante, los niños del grupo “Impar” se aislan de los que no los son, y a veces hasta los tratan un poco mal, y tienen un resentimiento que nunca se trata o discute. Me imagino que ha de ser muy importante buscar un lugar nuevo y seguro para salir adelante en situaciones como esas, y desgraciadamente la separación de los demás fortalece al grupo (de hecho así se definen los países: los que no somos “los otros”, qué terrible), pero tampoco hay que discriminar a un niño que tiene todos sus piernas y brazos, justamente por eso. Como adulto uno entiende a qué va la cosa, pero los niños a veces después se sienten culpables por estar sanos y cosas por el estilo y además una real historia de superación tiene que ver con volver a integrarse al total del mundo, no con algunos (cosa que el protagonista al final igual logra, he de decir). Además, sí, me perturba esa traducción dudosa.

 

perfume

El perfume, Patrick Süskind. Bien, volvemos a los libros adultos, y ahora con un clásico recomendado por los siglos de los siglos, amén. Bueno, no tanto, jiji, pero sí me lo han recomendado desde mi adolescencia, aunque antes no pude leerlo, se me hizo pesado, no me agarró, y no tengo la costumbre de obligarme a leer algo que no me gusta. Lo escribió un alemán, que además es cineasta, que lo publicó en 1985 y tuvo tanto éxito que fue traducido a más de 46 idiomas. Es la historia de un psicópata, y al parecer las personas aman las historias de los psicópatas, considerando el éxito que tienen películas como El silencio de los inocentes y Hannibal, que no he visto.

A mí, en general, aunque me atraen las enfermedades de la mente, no me atraen temas como el que trata el libro, de criminales astutos que al final es como que fueran moralmente mejores que todo el resto, pero es tan original y está tan bien escrito, que me gustó harto. Se trata de un gallo que tiene un olfato superdesarrollado, pero que aún así no es capaz de expeler un aroma propio (ironía). Eso causa desde su primera infancia el rechazo de las otras personas, por lo que con el tiempo usa sus talentos olfativos no solo para crear todo tipo de perfumes extraordinarios, sino que también para crear uno que huela simplemente a ser humano, cosa de que él pueda usarlo y así ir por la calle sin levantar sospechas. Ojo con que el protagonista es un huérfano, así que no digamos que comenzó por el lado alegre de la existencia., y es que hay que tener cuidado con los libros de huérfanos, porque en o son mucho mejores o mucho peores que el resto (en la literatura, no así en la vida real).

En fin, que la cosa va poniendo cada vez más interesante, y llega a un punto especialmente sensible cuando al protagonista se le ocurre hacer un perfume de las mujeres más hermosas. Sí, de ellas, no para ellas ni con ellas… de ahí los asesinatos. ¿Cómo? Mejor que lo lean ustedes, si no lo han leído ya todavía. Yo lo recomiendo. No solo es original de más maneras que las necesarias, sino que también es capaz de describir la Francia de la Edad Media (cuando transcurre la historia) con tanto detalle que  uno siente como si realmente estuviera allí, caminando como uno más entre las calles, es como si uno pudiera ver la ciudad, y los campos, y la ropa de la gente, y oler el aroma que expelen. Es un libro bueno, aunque caiga en el viejo cliché de sutilmente endiosar a los psicópatas.

 

amantes

Las amantes de mi marido, Bridget Asher. Este libro es relativamente nuevo, y sospecho que la autora es estadounidense, aunque es tan joven y su éxito es tan reciente, que no pude corroborarlo por internet. Es un libro livianito y fácil de leer, que no deja demasiado ruido, pero que se disfruta. Se trata de una mujer, Lucy, que tiene un marido infiel y encantador, algo mayor, que se está muriendo, y entonces decide que si las otras mujeres lo compartieron en los momentos buenos, deben hacerlo también en los malos, así que las llama a todas, en parte para despedirlo, en parte para castigarlo, porque entremedio obvio que se pica y le hace la ley del hielo (spoiler).

El resultado es un cúmulo de conversaciones interesantes, y temas polémicos pero muy corrientes en lo cotidiano: el perdón, el cuidado, la superación. También está, por supuesto, lo divertido, porque obvio también que las mujeres se hacen amigas entre ellas, y al final el tema parecen ser más las mujeres y el cómo lidian con sus asuntos – sus hombres incluidos – que mera la enfermedad del señor. Yo lo leí tan rápido que ni lo interioricé y sospecho que podría ser más profundo que a lo que a primera vista me pareció. Lo recomiendo para quienes tienen sentido del humor y busquen – por así decirlo – una lectura liviana pero a la vez desafiante. Es como ver una de esas películas de Hallmark Channel que son distintas al resto pero, al mismo tiempo, iguales.

 

cristal

El castillo de cristal, Jeanette Walls. Este año cumplí un sueño nerd de la infancia, el de unirme a un club de lectura, donde leamos lo mismo y comentemos al terminar, un grupo en donde haya gran diversidad, compuesto el mío entre primas y tías, y compañeras de trabajo, y blablá. Este libro fue el primero. Algo bueno de unirse a un club de lectura, es que una leerá cosas que no siempre le interesarán, y puede agarrar una fibra sensible, y hacer que uno aprenda algo. Ése, en todo caso, no fue mi caso, porque El castillo de cristal es una autobiografía y a mí me encantan las autobiografías, pero igual quería comentarlo a ver si se animan a hacer su propio club de lectura.

Volviendo al libro, fue publicado en el 2005, y narra la historia de la vida de la autora, una mujer estadounidense nacida en 1960, a dos papás que tenían recursos pero que no gustaban de apegarse a las cosas y así deambulaban, como gitanos, con la familia a cuestas, viviendo cada vez en mayor pobreza. El poco sentido práctico y la aversión al sistema, daña cada vez más a Jeanette y a sus hermanos, que terminan huyendo a la ciudad, a estudiar y a trabajar y justamente a unirse al sistema, apenas tienen la oportunidad. Es una historia triste, pero muy interesante, que combina lo cómico, con lo trágico, como lo tragicómico, al igual que la vida misma. Además, enseña más sobre los homeless o “sin casa” que deciden vivir de esa manera no por falta de oportunidades, sino que por opción propia, y cuenta un montón de anécdotas interesantes sobre cómo crece una persona y por qué decide ser como ser. El título apela a la promesa que el papá de la autora le hizo de construirle un castillo hecho de cristal, cosa que nunca cumplió porque siempre estaba perdido o borracho (pero sí le regaló una estrella). Yo lo recomiendo, aunque con el club de lectura discutimos la total veracidad del relato (pero, ¿qué relato será totalmente veraz?).

 

bestias

La ciudad de las bestias, Isabel Allende. De vuelta a los libros del colegio, éste fue escrito por la compatriota especialmente para los jóvenes y admito que yo no le tenía mucha fe, porque había leído – o intentado leer – Paula, y otros, y todos me parecieron ultra detallados e interminables (a diferencia de Marcela Serrano quien, con un estilo parecido, gusto de leer), pero resulta que al final me gustó mucho. Se trata de un niño, Alex, cuya mamá tiene cáncer, así que lo mandan a  vivir con una abuela hippie media loca, a quien le toca ir reportear a la Amazonas sobre unas bestias perdidas, y se lo lleva.

La historia es ágil y entretenida, está llena de sorpresas y en general se pasa volando. Lo único que no me gustó (spoiler) es esa tendencia a catalogar a las personas que viven a la selva siempre como intrínsecamente más puras y mejores que las que viven en la ciudad. Es una exageración, una generalización y no nos ayuda mucho a superarnos a nosotros mismos. También tuve que leer El reino del dragón de oro que es la continuación, y allí van a los Himalayas en vez de a las Amazonas, y es entretenido también. Recomiendo ambos libros a quienes les guste leer de aventuras aunque, sí, tal vez sea infantil para el común de las personas. Pero igual es (son) choro(s). De hecho hay una tercera y final parte, El bosque de los pigmeos, que bajé a mi kindle para leer quizá en algún momento de las vacaciones (pero porque ya estoy metida).

Como dato freak, ¿sabían que la Isabel Allende también es media esotérica? O sea, tiene sus rituales. Se pone a escribir siempre el mismo día del año, 8 de enero, con una vela prendida, sin saber completamente adónde la historia la llevará y al parecer es motivada a hacerlo por una fuerza que la dirige. Choro, ¿no? Para que también lo intenten, aunque no sé si el 8 de enero: no queremos sobrecargar la fecha.

 

jeans

Cruzada en jeans, Thea Beckman. También para jóvenes, lo escribió una holandesa nacida a principios del siglo XX, que murió a los 80 el 2004. Fue publicado en 1973, y tuvo mucho éxito, lo suficiente como para ser todavía leído por escolares que son de otro continente y de otro siglo. Se trata de un niño, Rodolfo, a quien dicen Dolf, que a los 15 años prueba una máquina del tiempo que hacen unos tíos locos y llega a una cruzada de niños. Esto tiene cierta veracidad histórica (discutida), porque en el siglo XIII parece que efectivamente mandaron infantes a hacer cruzadas, pensando que solo necesitarían su inocencia y su cercanía a Dios para salir adelante, niños que podemos imaginar que fueron masacrados.

El libro es ágil y entretenido, tiene un protagonista que usa jeans porque viene del siglo XX y que usa disimuladamente sus conocimientos modernos para ayudarlos a todos, y hay corrupción, y emoción, y compañerismo, y las emociones humanas de siempre, y son interesantes los parajes medievales que se describen y a mí me gustó harto. Pero no sé si recomendarlo porque a mis alumnas no les gustó nada y los adultos tal vez prefieran leer versiones más elaboradas de este tema (de haberlas).

 

otelo

Otelo: el moro de Venecia, Shakespeare. Esta obra es del brillante de Shakespeare, que no solo fue autor de un montón de otras obras buenísimas, sino que también de gran parte de las palabras inglesas. Otelo fue estrenada por primera vez en Londres, 1604, hace ya más de cuatro siglos y sigue vigente porque habla de lo más meramente humano: el anhelo de poder, los celos, la vulnerabilidad. Su protagonista, Otelo, es un moro con un cargo político importante, que es mortificado por las intrigas que le hace su alférez, celoso de que haya nombrado a otro como teniente (un cargo que es más importante). La joyita, Yago, es tan hábil en su venganza que logra que éste se vuelva loco de celos y que al final deje la escoba mayor aunque, admitámoslo, nadie obligó a Otelo a creerle y es que al final era un ser inseguro. La historia es buena, porque explora con audacia las debilidades humanas, y además tiene la particularidad de que el protagonista, siendo un moro, es retratado como un ser bondadoso, en una época en donde eran muy discriminados… aunque al final, ya dije, Otelo deja la escoba, pero no porque fuera moro, sino que porque era humano.

En el colegio, con mis octavo, nos tocó cerrar el año con obras teatrales, de Moliere (tan astuto, ligero y divertido) y Shakespeare (más complicadete). Otelo era la única obra que no recordaba bien, así que debí releerla. ¿Mi veredicto? Es una obra muy difícil, en especial para octavo básico, tiene un lenguaje retorcidísimo, y usa términos de lo más sexual y/o violentos, como cuando hablan de “putas”, “rameras” y de “la bestia de dos espaldas” (y esa me costó cachar qué significa, jaja, muy inocente). La verdad es que batallamos un poco con él, y aún peor es que, para tratar de ayudar a la comprensión de mis alumnas, les recomendé como complemento una versión cinematográfica hecha en el 2002, que es un poco más moderna, y muy buena, pero que era tan violenta como la obra misma, así que tuvimos que discutirlo después para no quedar como una mal-educadora, jeje.

En fin, yo recomiendo Otelo, pero no para niños, al menos no para niños de octavo básico. Además, por la época y lo florido del lenguaje shakespereano, y la cantidad de versiones cinematográficas que hay (miles), creo que no es tan descabellado ver la película en vez. Es que es un texto difícil, así que lo recomiendo para los que realmente aman la literatura y también la retórica (pucha que se dan vueltas para decir algo). Hay obras de Shakespeare mucho más amables para la lectura.

 

hambre

Los juegos del hambre, Suzanne Collins. Aquí en verdad hablaré de los tres libros que publicó, con tanto éxito, la estadounidense Collins. En 2008, Los juegos del hambre, en 2009, En llamas, y en 2010, Sinsajo. Es que leí los tres seguidos.

Los tres se tratan de lo mismo en diferentes etapas, de un mundo distópico, es decir que intentó ser utópico (ideal) y les salió el tiro por la culata. Es una sociedad del futuro, situada en los restos apocalípticos de Estados Unidos, donde vive un capitolio millonario, que se mantiene gracias a 12 distritos, que cultivan su comida y al final les hacen todo. Para mantenerlos controlados, las autoridades del capitolio cada año hacen una cosa llamada “juegos del hambre”, donde eligen a dos jóvenes de cada distrito y los encierran en un bosque hasta que quede el último. En otras palabras, los obligan a convertirse en asesinos – o en desertores – en pos de sobrevivir, con el único fin de sembrar el pánico y así recordarles “quién manda”.

Los tres libros giran en lo que sucede con Katniss, una niña que toma el lugar de su hermana chica y compite. Es un poco como Harry Potter, una persona normal que no quiere la fama que recibe, pero que le hace frente, y es que cuando vence (spoiler) van cambiando las cosas y se acerca la revolución, y creo que es todo lo que puedo contar si no quiero aguar la fiesta literaria a los que vengan después de mí.

Yo no pensaba leer la saga, pero vi la película de la primera en la tele, y me gustó mucho, y luego vi la segunda en el cine y también, así que decidí terminar con el asunto ya, y leer los tres. Y me entretuvieron mucho. Tiene tanto suspenso que cuesta dejarlos y es como si uno dejara el mundo real mientras se sumerge en ellos. Así que los recomiendo, aunque no me parece que sean de un nivel literario muy alto. No hay demasiada exploración de los personajes y todo se sugiere más que se dice, y siento que muchas cosas quedan a medias, pero igual se consume y se disfruta. Es como leer una película de acción.

 

crónicas

Crónicas marcianas, Ray Bradbury. Hace cerca de un mes, decidí invertir en un Kindle, y el gallo que me lo vendió, de pura buena onda, me dejó este libro. Yo lo había leído en mis primeros años universitarios y me habían tantas pasado cosas con él… me pareció tierno, y melancólico y crítico sin criticar, y conciso, y realmente bien escrito. Abrió ciertas ventanas en mí, como si me enseñara a volver a sentir, aunque nunca había dejado de hacerlo. La verdad es que me impresionó mucho.

Abrí el archivo del libro solo para echarle una ojeada, pero me pasó lo mismo: fue como si me cayera adentro y entonces tuve que leerlo entero y es que es una verdadera poesía. Lo escribió el nortamericano Bradbury en los años ’50 y trata sobre la sociedad del futuro (que viene a ser de estos años, de hecho la historia comienza en 1999) (calculo, no tengo el libro aquí), que va a colonizar Marte, y está escrito en cuentos cortos, todos bastante independientes uno del otro, aunque juntos hagan una historia. Es escueto y deja con gusto a poco, pero a la vez dice justo lo suficiente y la deja a uno soñando, envuelta en una dulzura que no es normal tras leer cosas tan – en algunas partes – terribles. Ah, y también hace apreciar aún más a la preciosa Tierra. Yo lo recomiendo encarecidamente.

 

azkaban

Harry Potter y el prisionero de Azkabán, J. K. Rowling. Otro libro que venía con mi kindle, y que abrí solo para hojear (u “hojear”; después de todo es un kindle), y que después tuve que (volver a) terminar. Todos hemos oído la saga de la inglesa J. K. Rowling (a propósito, ¿sabían que la K. de su nombre es pura invención para hacerlo más estiloso) y todos hemos visto – queramos o no – al menos alguna de las películas. Están basadas en los siete libros que fueron publicados casi cada año desde el 2001. El que releí ahora es el número 3, publicado en 2004, no mi favorito, pero tan bueno como cualquier otro.

¿Cómo podría decirlo?: Las películas masacraron Harry Potter. Eso no pasa siempre, en todas las películas que se hacen basadas en libros (no quiero parecer snob), pero sin duda pasó con estos. Los libros de Harry Potter son increíbles. Les doy a cada uno cinco estrellas más estrellas bonus track, incluso a los primeros dos que son más infantiles. Son una maravilla de libros, y las películas no son capaces de retratar esto, porque no pueden filmarse ni los pensamientos ni los sentimientos de los personajes, ni sus esperanzas ni angustias, y tampoco se puede utilizar bien el suspenso porque se nota desde antes para donde va la micro. J. K Rowling tuvo el mérito de devolver el amor por la lectura a los niños (¿y a algunos adultos?), y ese mérito ya no corre tanto, porque se hicieron las películas que hacen que “no sea necesario” leerlo, ¡lo que en realidad no es cierto! Porque no se comparan. Justo, por esas cosas de la vida, haciendo zapping encontré en la tele del de Azkabán que acababa de (re)terminar y huácala. La vi con curiosidad, solo para saber cómo habían hilado todo y no, definitivamente no lo lograron. Fue como ver un trabajo de autopsia, pero uno físicamente doloroso.

Recomiendo todos los libros de Harry Potter, a niños y a adultos. Todos. Exploran las mayores grandezas humanas y además son divertidos, creativos, hacen reír, hacen soñar, y hacen que uno ni siquiera pueda dormir. Yo me los leí todos al hilo, cuando los descubrí hace un par de años, casi me muero de insomnio, eran demasiado buenos. A la vez, anti-recomiendo a las películas porque, en este caso, realmente matan la lectura Me recuerdan un poco a lo que pasó con la peli de Papelucho. Uf. Quise llorar. Papelucho es buenísimo y la película fue un bodrio. Alguien que no haya leído Papelucho pero sí haya tenido la mala suerte de verla, probablemente nunca abrirá uno de sus ejemplares.

 

tokio

Tokio Blues, Haruki Murakami. Otra vez una autobiografía, en esta ocasión de un japonés que narra su juventud en Tokio y las cosas que pasaron. Fue publicado en el ’87 (el autor es del ’49) y en el 2010 salió una versión en película. Algunos la tratan como una novela para jóvenes, porque habla de la juventud y de las felicidades y alegrías que conlleva, pero lo cierto es que su obra es mucho más compleja que eso. El protagonista, Watanabe (probablemente el autor) tiene (spoiler) un mejor amigo que se suicida y ha de vivir con esa carga. La polola del suicida y él son muy cercanos, y tratan de consolarse mutuamente, pero a la vez él intenta seguir viviendo, y conoce a otras mujeres, y come comida japonesa, y pasea por lugares de nombres raros para nosotros, mientras conserva las costumbres de todos los adolescentes (estudiar, salir, conocer personas del sexo opuesto, etcétera), que en su mayoría son costumbres inherentes a todos los seres humanos. Y le pasan muchas cosas curiosas, posiblemente a raíz de que tiene la capacidad de escucha, y entremedio hay diálogos excelentes.

Es un libro interesante, que trata temas especialmente difíciles, como los manicomios, el cuidado de un pariente con enfermedades terminales, mientras toca temas livianos y alegres como la música de los Beatles o los pequeños viajes de placer. Yo lo recomiendo. Su título es considerado también Norwegian Wood, en honor, justamente, a una canción de los Beatles. Otra referencia en la que vale la pena detenerse es la que sucede cuando el protagonista habla de que la vida es “como una caja de galletas” y uno “nunca sabe lo que le va a tocar”, así que mejor asumirlo desde ya, para poder ir después a la siguiente galleta. Ésta es muy parecida a Forrest Gump, quien dice más o menos lo mismo aunque con bombones, sin embargo Murakami no lo sacó de allí ya que Tokio Blues fue publicado tres años antes (y tal vez el autor de Forrest Gump – que también es un libro – se la copió a él).

 

 

¡Y esos son los libros leídos durante el año! Acabo de empezar La montaña mágica, de Thomas Mann, un libro viejote y al parecer importante, solo porque el protagonista de Tokio Blues lo cita toodo el rato y me dio curiosidad, pero llevo la nada.

¡Hasta la próxima! Que mejor será en seis meses, para que sea más constante y más corto.

 

 

Los que no terminé:

 

orgullo

Orgullo y prejuicio, Jane Austen. Este libro fue publicado en 1817, por la célebre inglesa en Austen, que nunca se casó y dedicó su vida a la escritura, lo que entonces era increíblemente polémico. Tiene varias versiones en el cine, y destaco esa en que actuó la Keira Knightley, que es muy buena, y que me gustó mucho. Sin embargo, debo decir que el libro me pareció una lata. Luché por avanzar, pero no me entretuve en ninguna parte, me pareció tedioso, aburrido, reiterativo, intrascendente y latero, y al final lo dejé en menos de la mitad. Es que sentí como si me hundiera en somníferas arenas movedizas y hasta ir a lavar los platos me parecía más emocionante. Me sorprende que haya tenido tanto éxito porque ¿quién quiere leer de algo así? ¿Son realmente tan llamativas las costumbres sociales? Quizá para la época fue un verdadero boom, y sí se hubo excitación al discutir por qué tal señor usó el gorro ladeado a la derecha en vez de a la izquierda, pero yo no tuve conexión alguna con él (pero sí con la película).

 

grey

500 sombras de Grey, E. L. James. Todos sabemos que estos libro han causado verdadera conmoción el último tiempo, que son tres tomos (o una saga) y que han estado – o estuvieron – semanas entre los más vendidos. De autora inglesa, se van a convertir en película y ha habido gran polémica en internet por quiénes serán los protagonistas, porque no es como que pudiera ser cualquiera. Se supone que incluso han elevado las tasas de natalidad.

Bien, pero a mí no me gustó. El primero, porque no alcancé a llegar a los otros. No me gustó naaada. No sé si realmente no me atrae la gente atormentada, pero a nadie, opino. Se trata, como ya deben saber, de un tipo rico y joven, Christian Grey, que se enamora de una dulce chica virgen y la agasaja con regalos. Luego, la convence de hacer sadomasoquismo y todo es justificable porque tuvo una infancia mala (es adoptada), así que la tontona tiene que rescatarlo de sí mismo (ew). Las escenas sexuales son descritas con lujo de detalle, pero casi de modo técnico. No hay verdadera sensualidad, no hay magia, no hay insinuación, y además a mí no me gusta el sadomasoquismo.

Yo respeto a quienes les gustó, pero lo encontré aburrido, así que lo dejé en la mitad, y no porque no me gusten los libros subidos de tono, ya que admito que de vez en cuando me da por leer esos que tienen a Fabio en la portada, y que hablan de los pechos turgentes, la lengua rosada y la virilidad encumbrada (jaja). Son buenos y también los de Corín Tellado, y ni siquiera son esos los únicos buenos, hay libros no orientados exclusivamente a lo erótico, que tienen partes que lo son mucho, como el libro de la estaounidense Jean Auel, El valle de los caballos, que es la continuación a su célebre Clan del oso cavernario. Con esos uno sí tiene que cuidarse de no leer en público.

 

flaubert

Madame Bovary, Gustave Flaubert. Libro ícono, me avergüenzo un poco de no haber logrado terminarlo, pero fue como subir un Everest volcánico que crecía cada vez que sentía que iba llegando a la punta. Lo escribió Flaubert, un francés famosísimo, por entregas en revistas en 1856, porque así se hacía entonces, como hoy se emiten las series de televisión, semana a semana. Tiene la gran gracia de que se describe el mundo de una mujer, lo que entonces era novedad, y más encima de una mujer que se da el lujo de ser arribista, que no es feliz con lo que tiene y no le parece suficiente, que se siente vacía, no quiere a su hija (súper tabú) y se deja secar y morir por su gran desidia (el final es más trágico que eso, quizá lo único emocionante, pero no quiero contarlo).

Pucha, yo lo intenté, pero no. A los tres cuartos aborté y leí resumen de internet. Pero la idea es buena, tal vez con un lenguaje menos excesivamente detallado. Uno siente que no pasa nada, pero en El guardián en el centeno tampoco pasa nada y es un libro entretenidísimo, así que no creo que sea eso.

 

Maquetaci—n 1

Operación dulce, Ian McEwan. Este libro lo leímos (o “leímos”) con mi club de lectura, es de un novelista inglés que se ha ganado hartos premios, y fue publicado en el 2012. Lo encontré aburrido y logré llegar – creo – que solo al capítulo cuatro, pero mis compañeras de club lo amaron y dijeron que lo mejor de todo era el final. Es de una galla, hija de religiosos, que es buena para las matemáticas, pero al final se convierte en espía (creo, ni siquiera llegué a esa parte). Lo cito porque me imagino que a otros les puede gustar mucho.

 

Y eso es todo por hoy, opiniones o aportes que quieran dar son muy bienvenidos :)

¡Y feliz navidad!

 libros pasuc

El 2012 y los mayas

Así que la próxima semana empieza el 2012, ¡qué nervios! ¡Qué nervios el 2012! Ya no creo que el mundo se vaya a acabar o algo así, pero igual me dan ganas de que el asunto pase luego para no tener que vivirlo, solo por si acaso.

Para los desinformados, los mayas hicieron un calendario que termina en esas fechas. Eso no importaría si fuesen una cultura despistada, pero fueron tan exactos para marcar las cosas, que no solo elaboraron el calendario más preciso hasta la aparición de la ciencia moderna, sino que en él hasta supieron marcar la venida de un extranjero, que pensaron que sería el regreso de su dios Quetzacoátl, pero que en realidad eran los españoles.

Algo interesante es que tanto su dios como los españoles son barbudos… lo que llama mucho la atención si recordamos cómo los nativos americanos son lampiños y cómo no tendrían porqué imaginar a otras razas de seres humanos que se supone que jamás han visto. Y además los mayas originales ni siquiera estaban allí cuando esto pasó, sino que dejaron todos esos acertijos y enunciados curiosos y luego se borraron de la faz de la tierra. Muy dramático.

Cuando uno lo ve así, se asusta, y no ayuda mucho cómo la cultura popular usa esta fecha para hacer libros y películas, quizá con el propósito de divertir, pero asustando a varios y abusando del tema, a través de un conveniente sensacionalismo. Yo igual creo que podría haber un tipo de suicidio masivo en las vísperas a ese día, el 21 de diciembre del próximo año, si los ha habido por cosas mucho menores, en especial luego de ese terror colectivo que son capaces de promulgar los medios… a veces estos medios olvidan el efecto que tienen en las personas.

Tal vez mi reacción parezca exagerada, pero es un tema que igual está metido en la gente, y que le llega especialmente a los más desinformados o más débiles. Suceden conversaciones inusitadas, como me pasó en un segundo medio donde estaba haciendo clases, hace unas pocas semanas. Entonces, tocó la campana para el recreo y un niño me preguntó de la nada, con cara de angustia, “miss, ¿usted cree que el mundo se va a acabar el 2012?”. “Claro que no”, dije titubeando de la pura sorpresa, “aún si fuera cierto que va a pasar algo especial, los mayas no hablan de un cambio físico, sino que de uno de ciclo y de conciencia”, expandí. “Loco, te apuesto 5 lucas que se acaba”, le dijo otro que se unió a la conversación. “Bueno, ya”, contestó el primero “aunque yo también creo”. “¿5 lucas?”, inquirí yo, “¿eso es lo que vale para ustedes el mundo?” y nos reímos un poco de lo tonto de eso, pero igual estaba esa tensión entremedio. A mí me dio una angustia atroz, aunque la disipé con una sonrisa adulta y profesoril. Tenía que mantenerme profesional, por supuesto, profesional y sobre todo contenedora.

Hay que recordar que esto fue con niños de segundo medio, no con infantes que aún creen en el viejo pascuero. Niños de segundo medio que, por lo demás, tienen suficiente pega de por sí empezando una de las fases más difíciles de sus vidas… la querida adolescencia, jeje.

O tal vez la situación no fue tan tensa, y yo lo sentí de esa manera solo porque alguna vez me fue un tema delicado, y todavía gatilla cierto temor primitivo en mí. Es que, cuando yo tenía 6 años, mi hermano grande que era mi Dios, me dijo que el mundo se acababa el 2000. Aterrada, en una forma retorcida – o no tanto – de encontrar control, investigué e investigué, durante mucho tiempo. Así fue cómo fui tranquilizándome con la mayoría de estas profecías, porque encontré que tienen varios puntos discutibles y que además se cumplen poco, pero igual fue doloroso y duro, y yo pasé mucho miedo, leyendo. No fue una odisea fácil ni agradable de traspasar, siendo una niña.

Tampoco lo sería para un adulto.

Entonces, cuando veo esto que pasa ahora y recuerdo cómo fue para mí… siento una especie de angustia por los otros que pueden estar pasando por lo mismo. El ser humano es sensible, y yo no soy la única impresionable. La gente está viva, y por ende tiene curiosidad, y vulnerabilidad y miedo. Nos importa nuestro destino, en especial si parece amenazado por unos sabios antiguos que se desvanecieron de la tierra sin previo aviso, y que entonces tienen la posición de causar una aprensión especial.

Y esta inquietud apocalíptica (por así decirlo) no se remite solamente a los niños. Hace algunas semanas, fui con un amigo a una charla en el Amanda, que hizo un sacerdote maya. Fui por curiosidad, y también porque siempre sigo en la búsqueda, y creí que habría solo un puñado de personas, como pasa en ese tipo de eventos no tradicionales… pero había por lo menos doscientas, y en un día de semana a las 7 de la tarde, posiblemente corriendo de su trabajo. Y todos personas adultas. Me llamó mucho la atención.

Lástima que el sacerdote era más o menos (para mi particular gusto). Me pareció forzado y hasta me dio un poco de pudor, la situación. Pero el trasfondo del evento era bueno: conversar, preocuparse de lo que podría suceder (o no), compartir, y hubo mucha felicidad en ello, y una especie de cohesión social. La gente estaba contenta, no sé si del mensaje, que esta vez se transmitió de un modo positivo, o de simplemente encontrarse.

Muchos están buscando respuestas. 

Así que compartiré el par aplicable que yo encontré. Son bienvenidos ustedes de compartir las suyas.

La primera: el mundo puede acabarse en cualquier momento, pero nada dice que vaya a hacerlo justo ahora. Y con mundo me refiero al planeta Tierra como lo conocemos, porque el universo es mucho más grande que eso, y continuará su existencia de modo natural hasta unos buenos millones de años más. En la Tierra, sí podrían haber desastres naturales, que en general no podemos controlar, y también podría haber algún desastre bélico, que sí estaría en nuestras manos, y ambas cosas significarían que hasta ahí nomás llegamosLa primera: el mundo puede acabarse en cualquier momento, pero nada dice que vaya a hacerlo justo ahora. Y con mundo me refiero al planeta Tierra como lo conocemos, porque el universo es mucho más grande que

Sin embargo, en cuanto a los desastres naturales, no tiene sentido preocuparse porque si vienen, vendrán igual y entonces como dice la Mafalda, sonamos. Y en cuanto a los desastres bélicos, solo hay una cosa que podemos hacer: sembrar nuestro grano de paz, y para eso siempre es mejor no esperar estar en la capilla. Solo hay un número limitado de cosas que puede hacer un ser humano, y no podemos juzgarnos a nosotros mismos por no ser Dios.

Así que, si llegara a haber una guerra masiva – que sería terrible – no nos quedaría más que encontrar la paz interna de dar de nosotros lo mejor que podamos para resolverlo, apechugar como podamos nomás y listo. Solo podemos ser responsables de ciertas cosas: no está en las manos de nadie salvar el destino de la humanidad, por mucho que las películas gringas lo digan. No de modo individual, al menos.

Sin embargo – y esto es lo bueno – como dije antes, si algo aprendí de esa búsqueda a través de las profecías varias, en el tiempo esotérico de mi vida, es que no hay nada que sugiera que algo así vaya a pasar ahora. Nada confiable, al menos. Los profetas no le achuntan, ni Nostradamus, ni Cayce, ni tantos otros (ni Salfate, jaja), así que podemos dejar el tema apocalíptico y seguir adelante, tratando de todas maneras de hacer un mundo mejor. Tal vez, irónicamente, la falta de presión nos ayude a ir más rápido en ello.

La segunda: los mayas nunca dicen que el mundo vaya a acabarse el 2012. Por si acaso. Es lo que se ha divulgado, por el sensacionalismo, pero en realidad lo que estos mayas dicen, como le comenté a estos alumnos míos, es que habrá un cambio de conciencia, y un cambio de mundo, según el concepto que es para nosotros ahora. Esto, dejando el hecho de que es lo que dicen que sucederá, no es lo que necesariamente pasará al final.

Pero si aún así algunos tienen susto, y creen que en verdad sí seremos castigados, conviene tener en cuenta tres cosas:

Una, que los mayas tienen muchos calendarios, y este 2012 marca el fin del ciclo de la llamada “cuenta larga”… pero esta cuenta larga solo es una parte de ciclos aún más largos que van mucho más allá en el tiempo. 

Dos, que hay quienes discuten la veracidad de este calendario (dicen que se corrió, como se corrió el cristiano con el supuesto nacimiento de Jesús).

Tres, que los mayas a final de cuentas tampoco eran dioses, sino que solo seres humanos. Pese a la precisión que en ocasiones demostraron… no eran realmente el pueblo santo que se cree que era: eran guerreros y caníbales, y hacían unos sacrificios horrorosos – horrorosos. Así que ¡que no hinchen estos mayas! Gran parte de la gloria que tienen se la hemos dado nosotros, aunque tengan sus logros, especialmente astronómicos, por si apuesto. Tal vez ni eran tan bacanes después de todo, jaja.

Además, si a la NASA el tema no le preocupa, ¿por qué a nosotros debería hacerlo?

Y eso sería por hoy… ¡y hasta el 2012! ¡Así que feliz 2012, adelantado!

Y a ver si nos vemos el 2013… 5 lucas a que sí, jejeje. Tal vez, como en 31 minutos, sí se acabe el mundo… pero solo para que inmediatamente aparezca uno completamente igual.

findelmundo

 

 

 

Dónde me pilló el terremoto

Era febrero del 2010 y yo figuraba en el lago Tinquilco, cerca de Pucón. Me había inscrito a un retiro de yoga que había organizado un centro alternativo que hay en Puerto Varas, y que habían decidido hacer allí. No conocía a nadie. El retiro me lo había recomendado mi prima, que entonces vivía en el sur, aunque ella no iría. Yo llevaba mucho tiempo con varios kilos de más, tratando de bajarlos y sin pasar nada, por lo que pensé que quizá mi cuerpo estaba enojado conmigo y que con la ayuda del yoga, tal vez se desenojaba. Además, me parecía una experiencia interesante, así que decidí ir de todas formas.

Nunca había hecho yoga antes.

El grupo era chico y diverso. Unas 10 personas en total, de todas las edades, entre ellas un par de australianos que estaban viajando por Chile. La cabaña donde alojamos era preciosa y sencilla, con un jardín enorme, terracita, muelle con kayaks y – lo mejor de todo – un hot tub en el que nos metíamos en las noches, con las estrellas casi estallando sobre nosotros. Y una comida muy rica. Vegetariana, pero quien la  cocinaba – un loco que tiene un restorán en Varas – sabía tan bien cómo hacerlo que, además de que nunca echamos en falta ningún tipo de carne, cada ocasión comestible llegó casi a ser una experiencia religioza.

Todo fue curioso, y diferente, para mí. Nos despertábamos antes del amanecer y cantábamos mientras sucedía, mantras y cánticos en un idioma extraño. Hacíamos distintos tipos de yoga varias veces al día, en unas posiciones nada de fáciles, que logré – relativamente – más por dignidad que por capacidad. Hicimos algunos juegos, muy entretenidos, de baile y movimiento, como también fuimos a caminar al Parque Huerquehue, al lado. La verdad es que fueron un montón de cosas, y que la mayoría fueron absolutamente nuevas para su servidora.

Y la gente era amable, y en general fue algo positivo… aunque no me gustó el tono pesimista y algo condenatorio común de algunos místicos que se preocupan tanto de “trascender” el mundo cotidiano, que lo dañan en su mente… encontrándolo sucio, burdo, insuficiente. O así siento yo. Le dieron mucho al tema de la mente como algo horrible a lo que temer y a lo que hay que dejar – como si su existencia fuese un error – y a la raza humana como la mayor plaga de la tierra. Sí, es cierto que causamos problemas, pero ¿cómo vamos a cambiar alguna cosa si nos odiamos así a nosotros mismos? 

Yo no me quiero odiar a mí misma.

Además, por algún motivo venimos a aparecer en esta tierra, y a estar en el aquí y el ahora.

La verdad es que los místicos a veces me parecen de lo más pretenciosos. El mundo es de todos. Solo podemos hacer cambios con nosotros mismos, y sugerirlos a los otros… pero obligar a otros a cambiar, es un acto de agresión. Creer que sabemos más que los demás y que podemos elegir por ellos, también una agresión. Discriminar a los otros, también. Todos merecemos respeto.

Cuando a mí me hablan de iluminar a los demás, se me vienen a la mente todas las torturas que los hombres (y mujeres) han hecho en pos de obligar a otros a seguir a su ideología. Las ideas intolerantes – y el hecho de creer que está bien imponerlas – han matado a más gente que cualquier enfermedad. Y no es violento solo en las guerras porque ¿quiénes somos para decir cómo otros deben vivir? 

Así que yo voy por Gandhi con su “sé el cambio que quieres ver en el mundo”. Eso me parece mucho más adecuado… y duro. Porque empezar por uno mismo suele ser lo más difícil, y abre muchos más caminos de lo que en primera instancia se imaginaría.

Bien, volviendo al tema del retiro, organizamos entre los cuatro días, uno entero de silencio. Eso significaba no poder hablar con nadie, en 24 horas. Ah, qué felicidad. Estar simplemente compartiendo el espacio, sin tener – ni poder – que hablar en absoluto. Fue como un descanso compartido. Yo lo encontré de lo más simpático y, pese a los mordaces comentarios que tal vez se estén guardando, no me costó nada. Tampoco creo que le haya costado a los demás. Era todo muy fluido y natural.

Y llegó la noche, y habíamos cantado mantras (eso podíamos) y ya estábamos de vuelta en la cabaña. Era una cabaña de dos pisos, donde nos habíamos instalado con saco de dormir y colchonetas en el suelo, repartidos. El suelo era de madera y se podían oír los árboles del bosque cimbreando con el viento. Y entonces el rumor subterráneo, y ese vaivén, indistinguible del resto de los ruidos, al comienzo.

Como buena chilena, yo estoy acostumbrada a los pequeños temblores… y este empezó suavecito pero constante, porque no paraba nunca. Se mecía, se mecía el suelo, y yo en él, el bosque crujía lentamente, y era como si la Tierra misma nos estuviera acunando. Era bastante tarde, y yo estaba desvelada y los demás durmiendo a pata suelta… pero ahí yo, sintiendo esos movimientos desde mi espalda, la cabaña sacudiéndose lentamente como una hamaca gigante, lenta, lentamente… pero de poco cada vez más fuerte…

Hasta que se lanzó. Se lanzó, como un auto que al fin arranca, y no pasó mucho antes de que todos nos levantáramos y saliéramos afuera por precaución.

¡Es que era un temblor muy fuerte! ¡Todo sonaba y se movía! Incluso costó ponerse de pie.

Aún así, nadie se salió del retiro de silencio, así que me calmé. Algunos se pusieron a hacer cánticos en aquel idioma extraño, y todo era surrealista y hasta un poco apocalíptico, pero donde fueres haz lo que vieres, y me uní… aunque luego me callé porque quería escuchar el rumor subterráneo.

Y así también hicieron los otros, y ahí descubrimos algo tan obvio como sorprendente: que la naturaleza sabía. El temblor/terremoto iba como a trompeticones, un remezón, un momento de quietud, otro remezón, otro momento de quietud… pero cada vez que el nuevo sacudón estaba por empezar, era algo más que esa quietud corriente: los insectos dejaban de chirriar y se podía oír hasta un alfiler caer… y ojo con que esto pasaba antes de que el sacudón llegara. Como preparándose a ello.Y preparándonos. Así, cada vez en que todo se detuvo, nos miramos unos a los otros con cara de circunstancias, sabiendo lo que se venía. Hasta que el movimiento cesó totalmente. Por ahora.

Luego de eso, el retiro continuó con normalidad. En algún lugar recóndito de mi mente una voz decía “esto puede haber sido realmente fuerte en alguna parte”, pero todos parecían tan serenos que me relajé. No teníamos señal, así que no supimos más. Y cuando acabaron las 24 horas de silencio, y teníamos aún un día más, lo comentamos casi como algo casual. Más que preocupados del terremoto mismo, ganaron nuestra atención los australianos… que como no los tienen en su país, nunca cacharon que habíamos pasado por uno, sino que creían que el guía había movido la cabaña para ponerlos a prueba con lo de la promesa de no hablar. Gracioso, ¿cierto? ¿Qué tipo de poder creen que tenía aquel, si pensaban que no solo tenía la fuerza para mover una cabaña, sino que también para mover todo el bosque y silenciar a sus insectos? Debe ser un alivio creer tanto en alguien. Y también una condena.

Moisés poniendo a prueba al amigo.

Pero en todo caso, para defender los australianos… más que ingenuidad, yo creo que les jugó en contra – por así decirlo – que no sabían lo que un movimiento telúrico de esas magnitudes era. Entonces, no pudieron reconocerlo… lo que grafica cómo, en cierto modo, estamos condicionados a ver solo lo que esperamos.

Los australianos estaban muy amargados de haber estado cabalgando en medio casi de la debacle, y de no haberlo sabido. Eran de lo más encantadores.

Y llegó el día de la partida, y nos separamos con cariño y algunos conocimientos nuevos (para mí, muchos), y cuando llegamos a Pucón, desde donde habíamos salido… los titulares, ¡oh! ¡qué titulares! Del terror. Y mi celular recobró la señal y aparecieron un montón de mensajes de texto. Me sentí tan popular. Por suerte, todos estábamos bien, y además nadie había temido por mí, porque sabían donde estaba, y un bosque es lo más seguro que hay en los terremotos, ya que sus árboles agarran la tierra. Aunque igual hubo un derrumbe (pero chiquiturri), y se habían caído los muelles de Pucón, y otra vez el casino. Pero nada comparado con otros lugares.

Tuve que quedarme allí más de una semana, por los caminos cortados. Sola, porque los del retiro eran de Puerto Varas y ellos podían volver. No me causó mayor drama: a otros le pasaron cosas peores. Además, había más como yo en el hostal donde me quedaba, y nos hicimos muy cercanos, casi como una familia, todos esperando que se volvieran a habilitar los caminos, e inevitablemente haciendo nexos en esa espera.

La verdad es que fue toda una experiencia.

La plata

A mí me gusta la plata. Ojalá tuviera mucha más de la que tengo. Tiene un montón de cosas buenas: Da seguridad, da libertad y, cuando se gana limpiamente, da también una alta noción de valor personal. Por eso, no querría este auge solo para mí, sino que también para los demás… pero es difícil decirlo, porque resulta que la plata tiene mala fama, y que hablar de ella es de “mal gusto”.

Qué nerd, ¿cierto?, esa relación clandestina, tan intensa y a la vez tan disimulada. Porque hacemos estrategias para ganar lo más posible, dentro de las propias circunstancias, pero luego ni siquiera podemos preguntar con facilidad cuánto gana el otro. Hay pocas cosas más personales que compartir las cifras del sueldo, y aún más personal es expresar que uno quiere, saberlo. Si uno es “educado” y respetuoso, claro. Tener curiosidad por cuánto gana alguien es tener intereses ocultos, no quererlo de verdad, y eso que ni siquiera tiene que ver con el otro, sino que con el mapa del mundo que uno necesita construir para ubicarse en él… y expresar curiosidad sobre cuánto uno mismo va a ganar tampoco es fácil, porque significa “desconfiar” del jefe o de sus pareceres y eso sin duda es empezar con el pie izquierdo.

Mi pregunta es ¿cómo podemos luchar por tener remuneraciones adecuadas si ni siquiera nos atrevemos a hablar del tema? Sí, se habla a veces en las protestas, o en las discusiones públicas, ¿pero se habla entre los colegas? ¿los amigos? ¿la familia? En general no (con excepciones), porque es “feo”, o al menos delicado… pero luego vemos cómo quienes son capaces de discutirlo, en vez de hacerse invasivos y débiles, se hacen asertivos y fuertes, dado que por eso mismo logran detectar potenciales injusticias, mostrar seguridad, y sí, mejorar sus ingresos.

Y esto nos lleva a otra pregunta, la gran pregunta implícita: ¿Qué tiene de malo la plata, que es tan complicada de tocar? ¿Por qué escondemos cuánto ganamos (y cuánto gastamos)? ¿Acaso es algo sucio? Así lo parece, cuando uno siente como si no se pudiera ser una persona altruista y de buenos sentimientos, si exige un sueldo generoso por sus labores… cuando resulta que todos merecemos sueldos generosos por hacer un trabajo honesto y que incluso, para los más débiles, es el modo de mantenerlo honesto.

Especial mención tienen quienes trabajan en temas relacionados con el servicio… profesores, asistentes sociales, carabineros, y para qué decir los bomberos (gratis en Chile), porque son los que más sufren con este prejuicio de que la plata “mancha”. Uno puede regatear un sueldo de ingeniero o de abogado, pero si uno trabaja con las personas de ese modo más directo… es como, si al querer lucrar con ello, se ensuciara la nobleza del fin, como si no fuera de verdad, y eso hace que las cifras se mantengan bajas… lo que a su vez provoca que muchos eviten laborar en esos ámbitos. Lo más curioso es que ese castigo monetario a veces se lo autoimponen los mismos implicados, como los bomberos que no quieren cobrar porque sienten que eso desvalorizaría, “pervertiría” su trabajo.

¿Qué dice esto de cómo miramos la plata? ¿Tan mala nos parece que nos haría malos, recibirla? Todos hemos visto cómo la palabra “lucrar” en estos últimos tiempos se ha convertido casi en un garabato, en un insulto ya, por definición misma (algo con lo que no estoy de acuerdo, dicho sea de paso).

Pero el que tiene plata es “malo” (porque se “mancha”)… pero también es “bueno” (porque lo vale), en otra notable contradicción del mundo humano, y así es cómo los que se quedan trabajando en esos ámbitos, pese al mal sueldo, son desvalorizados por los ignorantes que siguen el principio económico de que “lo que vale harto, es bueno”, y que concluyen que si a alguien se le paga poco, entonces lo que hace no es tan importante. Este argumento, mirado con distancia, sería bastante razonable… si se pagara siempre justamente, y si – más elevado – pudiéramos realmente ponerle precio al valor de una persona. Pero resulta que no pagamos siempre justamente, y que no podemos – por definición – ponerle precio a una persona: solo a su labor, y a eso solo podemos ponerle precio, jamás valor. Entonces, no podemos hacer comparaciones que tengan que ver con “cuánto vale” cada quién, y menos desvalorizar al respecto.

Una persona no tiene precio.
Y entremedio damos a luz a un tipo que vive en una contradicción injusta: Es “bueno” (porque es noble) pero “malo” (porque no es lo suficientemente valioso como para que le paguen bien). No tiene plata pero tampoco – en general – prestigio. ¿Quién querría ser esa persona, entonces, ese profesor, asistente social, carabinero o bombero (y otros)? Solo gente con mucha vocación, que la hay, y con la holgura suficiente como para no obligarse a buscar algo “mejor”… y así es cómo escasean los buenos profesionales – o técnicos – del área. Aunque no siempre es así, claro.

Qué loco es este modo de pensar, opino, y cómo nos perjudica porque, independiente de si lo demostramos o no, y de si queremos que nos importe o no, a todos nos gusta la plata. Y no me refiero a que nos guste como un fin, lo que vendría a ser el querer tenerla solo por tenerla, porque eso no es algo tan común (ni sano), sino que me refiero a que a todos nos gusta la plata, como un medio… porque ella trae holgura, seguridad y libertad, y también la oportunidad y el poder de ayudar más fácilmente al mundo y a la sociedad, ¿y a quién no le iría a gustar eso? Al que no… bueno, es raro, y me trae a la mente un chiste de los Simpsons donde un niño pregunta en las clases de catequesis algo como: “Si una persona es masoquista, ¿no es un premio mandarla al infierno?”… jejeje.

Así que yo opino que deberíamos sacar el tabú de este tema monetario, los “uuuy” y los“aaay”… para poder conocer lo que pasa, y entonces ser capaces de cambiarlo. Y como primera iniciativa, opino que deberíamos visibilizar estas platas. En otras palabras, deberíamos poder saber no solo los sueldos de los que trabajan en el gobierno, sino que los que tiene cualquier hijo de vecino, en cualquier lado y lugar, y también la estructura real de todo tipo de transacciones… cuánto valió realmente el producto, cuánto está ganando cada uno de los eslabones que constituyen la venta, y ojalá todo, todo lo que queramos saber. Que lo escondido salga a la luz, para que podamos trabajarlo. Para los interesados, claro, la idea tampoco es aburrir a quienes no les importa… aunque igual todos deberíamos manejar cierto concepto general, como parte de ser habitantes en el mundo, y la responsabilidad compartida que eso supone.

Este destape al principio causaría un montón de controversias y una decena de señoras (y señores) desmayados… pero eventualmente haría que todo fuese más justo. Luego 

del escándalo, mejoraría la perspectiva, entenderíamos mejor de lo que estamos hablando, replantearíamos las cosas, y entremedio evitaríamos las situaciones inmorales como lo que fueron las indemnizaciones multimillonarias que tan famosas fueron hace un tiempo y algunas otras que de seguro existen y que por ahora siguen ocultas. Dejaría de ser un tema delicado, emocional y personal, para convertirse en una conversación sobre hechos y realidades, que por lo demás siempre pueden cambiar y que ciertamente lo hacen, en este mundo móvil, y es que la plata al final no es buena ni mala: es impersonal. Su valor radica en lo que pensamos de ella, y en cómo la usamos… pero lo que no cambia es que es una herramienta, y que por lo mismo conviene aprender a usar lo mejor que podamos. Es muy poderosa y está muy bien que la deseemos.

Con todo esto no sugiero que todos deban ganar lo mismo, porque claramente hay carreras de más riesgo, y también hay profesiones que requieren mucho más estudio, por lo que es lógico que merezcan más ingresos. Cuando un doctor hace una operación, el alto valor no es porque la operación misma sea tan cara, sino más bien por la gran preparación y largos años de estudio que tuvieron que aprobar él y todos sus ayudantes, y eso me parece correcto.

Pero sí pienso que las otras labores han de pagarse bien también (para lo que ofrecen) y en especial recibir justicia y respeto. trab

En la vida real pasa demasiado lo del chiste del gásfiter, típico de internet (aunque no lo encontré). Por si no lo han escuchado, trata de un gásfiter que va a arreglar una llave que está obstruida: la soluciona el asunto de un solo golpe de martillo y a continuación cobra 100 dólares. El que recibe el servicio lo encuentra muy caro y alega que para eso lo hacía él mismo, así que le pide una boleta con el detalle… en la que el gásfiter pone algo así como “saber dónde y cómo dar el golpe: 90 dólares, dar el golpe: 10 dólares”… jejeje.

A mí me encanta Chile y me patea un poco cuando la otra gente habla de las maravillas de los países desarrollados… como si su éxito fuese algo genético e inevitable, y no una consecuencia lógica de cambios que también podemos hacer nosotros. Pero es un hecho que en países como Australia o Nueva Zelanda (en los que he vivido), labores técnicas como las del gásfiter reciben un sueldo suficientemente respetable como para vivir en paz. Tal vez también deba mencionar que tengo a un amigo inglés que es bombero y vive de eso, y vive muy bien.

El descontento no es algo ajeno a la sociedad actual chilena, lo hemos visto no solo en lo sencillo y pequeño del día a día, sino que también en protestas masivas como ocurrieron por las isapres y la educación, y aunque no estemos de acuerdo entre nosotros en la forma exacta de hacer las cosas para transformar este descontento en contento… sí hay un consenso general de que hay que hacer algo. 

Y para esto lo primero es poder hablar de la plata.

(Aunque preferiblemente no como Mr. Burns).

 

No al estepaisanismo

Me carga que la gente hable de Chile como de “este país”. Que “en este país todo funciona como el ajo”, que “en este país no hay cultura”, que “en este país no hay justicia”, ni derecho, ni decencia, ni creatividad, ni nada bello o bien hecho, casi. Así, al menos, hablan los estepaisanos.

A mi parecer estos estepaisanos son los despojadores de Chile. Les encanta dictaminar tragedias. A veces me da la impresión de que hasta sienten cierto placer denunciando las supuestas miserias. Cuando algo realmente sale mal, o funciona de forma nociva, pareciera que se relamen en la desgracia, se empapan de ésta, se alegran secretamente (o a veces ni tan secretamente) de haber tenido razón. En ocasiones pienso que lo peor que les podría pasar es que todo salga como las velas. Botaría al suelo todas sus excusas. Tal vez hasta los dejaría sin tema, Dios no lo quiera, sin superioridad injustificada.

Yo encuentro que, con tal mirada pesimista, no aportan en nada. Las clásicas discusiones son como las siguientes: “En Europa o incluso en Argentina la gente es tan culta. Uno va a las plazas y es otra cosa. Siempre hay algún mimo, o alguien haciendo algo. La creatividad les sale hasta por los poros. Aquí, yo haría panoramas culturales, pero, claro, en este país no hay cultura”.

¡Cómo no va a haber cultura! Es cierto que no hay personas haciendo peripecias en cada esquina… pero buscando un poco ¡uno encuentra de todo! Sin embargo, los estepaisanos prefieren criticar antes que actuar realmente, que ser parte. Lo cierto es, además, que el que la cultura crezca, ¡depende de todos! incluyéndolos a ellos, que si dicen sentir tanto amor por la cultura, ¿por qué no la incitan, y se suben a la micro simplemente? ¿Por qué no dejan de atacar las carencias (muchas veces supuestas), y apuestan por el sueño? ¿Por qué no se la juegan, y dejan las excusas? ¿Por qué no entran en el asunto en vez de mirarlo desde afuera, para así poder juzgarlo? Y evitar ponerse realmente la camiseta.

Este caso de la cultura puede aplicarse con cualquier otro de los temas de los que adoran quejarse los estepaisanos, y es que es mucho más fácil andar mirando al de al lado que a uno mismo. También es fácil encontrar al pasto de al lado más verde, aunque no siempre lo sea. Todas esas explicaciones sobre la supuesta naturaleza de las cosas, a mi parecer, en realidad son una flojera mental. Pretenden eximir de la responsabilidad personal, ¡pero no la eximen realmente!

Es cierto que hay trabajo a por hacer, pero la mejor forma de lograr cualquier tipo de cambio es simplemente empezando, y lo primero que hacer para que algo salga de la nebulosa y Yo encuentro una patudez que, porque estos estepaisanos no tengan ganas de realmente tomar cartas en el asunto, ¡lo atribuyan a una característica inamovible de “este país”, y nos metan a todos en el saco! Cuando, además, dicho sea de paso ¡todos los países, empezaron desde lo más básico! ¡ninguno empezó siendo culto! porque la cultura se construye… Y no sólo encuentro que sea una patudez hablar así por su propio evadirse, ¡sino que por llegar y manchar con su negatividad un proyecto que muchos sí tenemos la intención de amar y de sacar adelante, en el que muchos sí creemos y por el que muchos sí estamos luchando! Vienen y niegan la belleza con sólo dos palabritas sentenciosas “este país”, que no tiene arreglo porque “es el que es”, ¿y entonces qué pasa con el trabajo hecho, qué pasa con el espíritu, qué pasa con las avances? ¡No nos despojen de esa belleza! No se despojen tampoco a ustedes mismos de ella. Además, estamos juntos en esto, inevitablemente.

empiece a ser real… ¡es atreverse a nombrarlo!… para poder soñarlo, y así con planos más claros construirlo… Decir que sí hay cultura en Chile, y justicia, y derecho, y decencia, y creatividad, y belleza, y todo lo que podamos darnos… aunque esté escondido o atrapado o demorándose, ¡apostar por ello! ¡potenciarlo, expandirlo, darle cauce y posibilidades de crecimiento! Y si en medio de ello hablamos de Chile como “este país”, que sea con una connotación positiva, y no terrible… la más positiva y maravillosa que podamos darnos.

Se ha dicho que “cada quien vive en el universo que es capaz de imaginar” y yo opino que hay que imaginar el universo más grandioso que podamos concebir.

Luego será mucho más fácil llegar.

FAN DE LOS LENTOS

Estoy absolutamente fascinada con que Doritos haya empezado la campaña a favor de los lentos, porque yo ¡amo los lentos!

Teniendo alguno que otro amigo DJ y yo misma poniendo música de vez en cuando, mi requerimiento siempre era el mismo: que volvieran. Pero, aunque siempre estábamos de acuerdo en que sí, a la hora de ponerlos las personas alegaban, o uno mismo se inhibía. Así que no había éxito.Es curioso, igual. Cuando uno está recién conociendo a alguien, se pone nervioso de llegar y abrazarlo, ¡alegando cuando incluso a veces se desea secretamente! por miedo a demostrarlo primero. Luego, cuando uno está emparejado o pinchando, puede bailar lento aunque toquen heavy metal, así que tampoco opina mucho, y, por último, cuando uno está simplemente partuzeando, pasa que baila en grupo, y emparejarse para abrazarse es hasta una complicación… entonces, pese a que muchos igual querrían volver a ellos, si alguien se lanza con tocar alguno, acusan de que éste baja el nivel de movimiento de la fiesta… ¡cuando en realidad es el instante del suspenso! El instante de la revelación incluso, a veces.

Al final es un problema de organización, opino. Por eso estoy feliz de la posibilidad de que nos organicemos otra vez a favor de ellos. A mí me encantan los lentos y para mí eran indispensables a la hora de la conquista. Recuerdo que mis amigas y yo teníamos calculadas las horas exactas en que los daban, en los diferentes locales, y que nos preocupábamos de acercarnos al tipo que nos gustara unos 15 minutos antes, para que si la conversa no se nos daba tan bien, alcanzáramos a ser invitadas al baile igual: no podía ser menos tiempo tampoco, porque eso lo podría hacer incómodo. Además, tenía que ser “casual”.
Como se ve, todo estaba muy calculado, y no sólo eso, sino que las relaciones que no queríamos desarrollar más amorosamente: Nos preocupábamos de bailar con aquellos amigos que no nos gustaban y cuyos sentimientos no queríamos herir, notoriamente antes o después de eso. Así no había real posibilidad de ofenderlos, y además alcanzábamos a estar cerca de los que nos gustaban a tiempo. Este lenguaje oculto parecía pasar desapercibido para los hombres. Aunque no para las mujeres.

Creo que todas o casi todas hacíamos lo mismo. La hora del lento era la hora de la acción, y sabíamos cómo manejarla truculentamente. Facilitaba tomar la iniciativa de una forma camuflada, efectiva y también graciosa (bastaba, en general, con situarse cerca del objeto del deseo, y luego “oh, me encanta esta canción”). A veces en ella lográbamos lo que de otra forma nos tomaba semanas, y con esto me refiero no sólo al baile y al acercamiento físico, sino que al mero compartir y conversar de una manera audible, en medio de fiestas estruendosas. El lento aceleraba las cosas y además era excitante.

Así que, yo los reclamo de vuelta. Por eso y porque son ricos (cuando a uno le gusta el compañero de baile, claro). Tengo recuerdos divertidos, además, al respecto. No sólo de noches gloriosas en donde el cálculo funcionó perfectamente, ni de veces en que todo se dio, sin ni siquiera pensarlo, de modo espectacular (porque no siempre andamos calculando o a veces en realidad sí son ellos quienes calculan)… sino que de noches más tragicómicas, en esas muy primeras fiestas, en donde a una la sacaban a bailar en los lentos, para luego pararla cuando volvían los rápidos. Eso para los parámetros de entonces ¡era casi violento!, ¡indignante! ¡una aberración total!… y hería total y completamente nuestras dignidades de mujeres aún a medio hacer. Y es que aún no nos dábamos cuenta que ese tipo de situaciones las deseábamos tanto como ellos. No conocíamos nuestra propia calentura, porque estábamos demasiado ocupadas defendiéndonos de la que nuestras madres nos contaban de los otros. Para nosotras, eran trincheras. Excitantes y todo lo demás, pero trincheras al fin y al cabo. Entonces un simple lento era todo un tema. Lo mejor y lo peor de la noche. Como dije antes, el momento de la revelación.

Todo eso me divierte ahora recordar… el remolino excitante de esas primeras ocasiones, la secreta expectación y el viejo juego del tira y apriete, ¡con descarados ya incluidos! que aunque entonces apenas nos llegaran a los hombros, ya estaban en el juego, apostando con todo. Con una amiga siempre recordamos a cierto ser que en séptimo básico le tocaba partes prohibidas con la excusa de que, como era más bajo que ella (que lo era) ¡”se cansaba poniendo las manos tan alto”! Mi amiga terminó agotada esa noche de tanto correrle las manos de vuelta… cosa muy incómoda considerando, que, pese a todo ¡se bailaba a medio metro de distancia! Y así fue cómo hubo situaciones muy cómicas, entre las excitantes.

Esos fueron los primeros lentos, muy distintos ya a los últimos (últimos exceptuando matrimonios y alguna que otra ocasión especial), que para mí fueron hace unos 3 ó 4 años atrás, en una fiesta que hice en mi casa. En ella me di en huelga y sí puse algunos (anduve de DJ), y advertí a mis amigas, desde antes, con que unos 15 minutos antes de hacerlo, iba a dar una señal camuflada (repartir la challa entre la gente), ¡para que pudieran organizarse!

Fue tan divertido ver cómo, aún pese a la falta de práctica, todas se movieron de modo supersónico y con absoluta pericia… ¡sabiendo qué hacer, con tanta exactitud, como si nunca hubieran dejado de hacerlo! Porque al parecer no se olvida, como cuando uno aprende a andar en bicicleta. Todas supieron aprovechar sus momentos de camuflado poder y todas otra vez fuimos cómplices de eso.Lo cierto es que los lentos eran divertidos y, si vuelven, ¡volverán a serlo! Así que yo me declaro pro campaña y estaría hasta dispuesta a practicar los pasos correspondientes si no fuera porque un lento es simplemente un lento ¡y no tiene regla alguna! si no que sólo el mero dejar fluir el movimiento.

Abre loz ojoz

Hay comerciales que real realmente me indignan.

Uno de ellos es ese que sale sobre el Preuniversitario Pedro de Valdivia. En él aparece un papá conversando con su hijo, en un futuro muy tecnológico, ambos muy bien vestidos y muy bien educados. Entremedio de lo que supone ser una amena y relajada tertulia familiar, el hijo le pregunta al papá, con admiración, sobre el porqué estudió veterinaria. Entonces éste le contesta, con la voz más tierna y nostálgica de la Tierra, que todo empezó “el día en que adoptó a dos cachorritas”.

Cuando llegó a esa parte, yo incluso ingenuamente pensé, sin saber y casi suspirando, “ay, qué señor más dulce”, pero luego veo que aquellas dos cachorritas de las que hablaban, ¡eran dos mujeres! ¡¡”Adoptadas” del calle por el flaite juvenil (el papá, varios años antes, en el hoy en día se supone), con aro en la lengua que perrea a todo cachete al son de la música reggaetón!!

Debo decir que me cayó como patada en la guata. Inmediatamente pasó de ser un señor dulce a un viejo verdísimo y el hijo un barsa. Es que no tengo nada contra el perreo ni contra el reggaetón ni contra nada por el estilo, ¡pero sí contra el que las mujeres seamos vendidas de esa forma tan escandalosa como objetos sexuales! ¿Cómo puede ser que sea tan poco el respecto que incluso se hagan tallas de nosotras con que somos animales? ¿Qué onda esos productores, acaso no tienen hermanas, mamás, señoras, mujeres? ¡Y cómo pueden prestarse las mujeres mismas a hacer un comercial así! Es que lo encuentro sencillamente del terror. Una falta de respeto, total y absoluta.

Más encima ni siquiera es el primer comercial del Preuniversitario Pedro de Valdivia que he visto del tipo. Hay otro, también muy irritante, en que un cabro, también medio enclenque y flaite, baila con dos mujeres semivestidas, por supuesto guapísimas y más altas que él, y que por supuesto lo están pasando chancho, y cuando la mamá entra a la pieza (porque están en la pieza), él le contesta ¡que está estudiando Anatomía! ¡y la señora se va feliz! ¡Creo que en algún momento hasta bailan todos juntos, o pasa algo del estilo!

Sin comentarios.

¿Qué pretenden vender con eso? ¿La complicidad? ¿Decirle a un cabro promedio (es decir, ni más guapo ni menos guapo que la mayoría, ni tampoco ni más ni menos inteligente) ven para acá y vai a tener mujeres? Facilísimas, por supuesto. Es tan descarado que las personas se compren una imagen tan artificial de éxito (y a costa de las mujeres), que me sorprende saber que tal preuniversitario sea, efectivamente, el mejor de Santiago. Yo opino que será muy bueno a nivel académico, pero que la forma en que se vende es realmente indecente, y no es que yo sea una moralista, pero es que hay cosas que son tan descaradas ¡que no puedo dejar de notar!

Esto me recuerda a un comercial de salchichas (cuyo nombre olvidé) al que le dieron en mala durante muchos años en la tele (y creo que todavía). En ella una señora joven, linda, aparece cocinando con sus hijos chicos (ni rastro del papá de ellos en la escena), que le preguntan cosas como “¿quién te enseñó a andar en bicicleta?”, “¿quién te enseñó a… (ya ni me acuerdo)?”, muchas pero muchas cosas… y la mamá, con los ojos brillantes de admiración a su inalcanzable padre (que tampoco aparece), contesta, a cada una de ellas, que él se las ha enseñado todas.

Como los niños siguen preguntando sobre quién le había enseñado tal o cual cosa, y siempre, siempre, había sido el papá, uno de ellos (tan inquieto como yo al respecto) va al grano y le pregunta, “¿y qué te enseñó tu mamá?”… Y ahí pasa algo que yo sencillamente no puedo creer… Se pone una música media lenta, y como romántica, y ella al fin deja de cocinar (todo el resto del tiempo se muestra muy atareada), para mirar al hijo a los ojos y, con voz altamente emocionada contestar, como quien revela un secreto: “¡¡¡¡”MI MAMÁ ME ENSEÑÓ A HACER (las mejores) SALCHICHAS!!!!”

Ah, y luego agrega “y que los hijos son lo más importante de la vida”, como si esa dosis de ternura familiar fuera suficiente como para hacer pasar piola una imagen de las mujeres tan llena de limitaciones y de estupidez. Yo vi tan probable pasar el mal trago con eso, como lo es comerse medio kilo de estiércol y pretender endulzarlo con un solo dedo de tequila (o jugo natural, si estamos en el tema familiar). Y ojo que lo de los hijos más encima viene en segundo lugar. Primero, las salchichas, luego ellos. Las mejores salchichas, eso sí. Muy importante.

Y lo peor es que tales salchichas (cuyo nombre no recuerdo) seguramente son muy famosas, ya que si han dado ese comercial tanto tiempo, es porque seguramente vende. Y entonces yo me pregunto, ¿quiénes son las que compran esas salchichas, las mismas mujeres a las que el comercial insulta? Y tal vez ni se dan cuenta, la mayoría, de que lo hacen, porque lo venden tras la dulzura del hogar y la familia, y entonces si no se fijan tal vez podría pasar piola… cuando además la familia está formada por parte masculina y femenina y… bueno, no creo que tenga que adentrarme realmente en analizar eso, ¿cierto?

Mi pregunta es ¿acaso los que hicieron el comercial creyeron que las mujeres realmente nos sentiríamos identificadas? Y lo peor es que probablemente yo misma he comido, muchas veces, de esas salchichas, aunque como no recuerdo la marca, no sé exactamente en cuáles ocasiones. Por suerte.

A mí me indigna. Ver que a las mujeres, en los comerciales, no sólo nos tratan de objetos sexuales sino que también de tontas. ¿Qué tipo de mujeres quiere incentivar la sociedad aquí? ¿Realmente quieren degradarnos de esa forma, y luego hacernos perder el compañerismo entre ambos sexos? Porque uno no puede tener real relación ni real compañerismo con objetos puramente sexuales ni con personas limitadas. Siguiendo el modelo, dejaríamos a los hombres solos, y también a nosotras solas de ellos. Y luego no tiene sentido la vida así, de lo solitaria, sin poder realmente entre ambos sexos comprenderse.

Tal vez a algunos les parezca exagerada mi reacción, pero es que yo lo encuentro grave. Toda esa información deambulante, si no se mira con cuidado, es capaz de meterse en el subconsciente colectivo, y luego simplemente nos convertimos en lo que vemos. Luego uno se sorprende de que los hombres (algunos) la traten a alguna de esas formas, ¡cuando hace años que es así en la tele! Es lo mismo que pasó en USA, cuando – si alguien recuerda – pasó toda esa controversia de Janet Jackson mostrando una pechuga, siendo que los gringos ¡venden sexo (implícitamente) en todas sus portadas! (como casi todos los países). Y luego se sorprenden de que alguien lo encuentre divertido, venderse, e incluso lo condenan. Eso es desconocer a la misma creatura a la que se ha dotado de vida. Además, la pechuga de la Jackson no es nada al lado de otras cosas que han pasado en USA (y en otros lados). Visto en perspectiva, es un detalle. Una broma, casi.

Entonces yo opino que tenemos que dar a luz a una creatura mejor, ¡una que nos haga mejores y no más degradados! A veces hasta me da miedo mirar los comerciales, porque algunos son tan descarados en cuanto a eso, que ya ni sé con qué me voy a encontrar, y no es porque éstos establezcan diferencias entre hombres y mujeres (que las hay) sino que es por las que dicen que hay, y por cómo las muestran.

Yo he visto comerciales sencillamente excepcionales que sí se ríen de forma adecuada (opino) de las diferencias entre los sexos. Por ejemplo, hay uno de toallitas femeninas (cuyo nombre tampoco recuerdo), en donde una loca dice algo así como: “qué tal si los hombres pudieran estar en nuestro lugar por un día”, y entonces, uno ve a los tipos pasando todas las situaciones con las que una suele vivir (dígase, sensible en días especiales, complicados con simplemente soltar la toalla y correr en la playa, etcétera), pero con cara de stress y dando la impresión de estar ejecutando peripecias. ¡Es muy divertido! Y está muy, muy bien hecho, y ni siquiera es un comercial para el que uno vea que se haya usado mucho presupuesto. Yo diría que ese comercial, más que acentuar las distancias, acentúa la complicidad entre los sexos. Ese es un comercial buena onda.

¡Así que la creatividad positiva existe!, y a esa encuentro que conviene fomentar, mucho más que al comercial del flaite con las “cachorritas” (por mucho que sea jerga aceptada del reggaetón), porque aunque a algunos les parezca divertido llegar a esos extremos, al final hacerlo nos hace daño a todos.

O al menos es esa mi humilde opinión.

Hablo tonteras, y qué

A mí me gusta Sergio Lagos, como animador. Encuentro que en general es chispeante y que dice cosas divertidas. No veo mucho los programas que hace, pero a veces en el mero zapping me encuentro con comentarios divertidos, como hace varias semanas, cuando en en el programa de concursos de karaoke, celebró al público, contestando a un arrebato de entusiasmo suyo, “cuando tenga un hijo le voy a poner Público”. En honor a ellos, claro.¡Fue muy divertido!

Igual también me ha tocado escuchar cosas que me han molestado un poco, como cuando, en ese mismo programa, concursaba una loca llamada Natalia e incitó a que el público la animara diciendo “Wena, Naty”, como ese caso tan conocido de la pobre cabra chica, cuyo supuesto video porno personal pasó a estar en el conocimiento de todo el mundo. Sergio Lagos no lo dijo directamente, pero sí fue implícito al sugerirlo, y verlo no me gustó nada. Yo me imagino que lo hizo para lograr complicidad con el público (cosa que efectivamente logró), pero personalmente encontré que echaba más leña al fuego de un asunto que, como dije en mi post de Britney Spears, creo mejor abordar de otra forma. Lo encontré una falta de respeto, debo decir, porque detrás de todo ese tema hay un ser humano y uno bastante joven y desprotegido. Me cayó mal.

En fin, lo que intentaba hoy no era hablar realmente de Sergio Lagos mismo, sino que de algo que dijo una vez ¡que me gustó mucho! Por allá por el 2003, cuando daban ese reality de Protagonistas de la fama, que admito que entonces veía con verdadero y adolescente fanatismo. Una vez alguno de los críticos contra el programa dijo que lo peor de éste era que nunca había visto a gente tan pero tan tonta. Cuando se le preguntó el porqué de tal opinión, el argumento que dio fue que éstos no solían usar sus horas hablando de economía ni de religión ni de política, ni de ninguno de esos temas elevados e “inteligentes”. Sergio Lagos entonces defendió el asunto contestando algo así como : “¿Y quién habla todo el día de esas cosas? ¡Ni los personajes más reconocidos en esos ámbitos lo hacen!: Nadie lo hace.” Y tenía razón.

A mí me encantó que dijera eso. Además, sobretodo en ese programa iba a pasar así, porque para juntarse socialmente, iban – como todo el mundo – a tocar los temas que los reunieran y no los que los separaran, en especial si se estaban conociendo, ¡y en especial si estaban en la mirilla nacional! Y tales temas suelen ser, sobretodo en los inicios, los más livianos, los más inofensivos. Es después cuando se va profundizando; si aparece la onda o el interés para eso, claro.

De todos modos, ¿quién era el crítico para decir que los del reality eran tontos? El término “ser inteligente” o “hablar de cosas inteligentes” es mucho más complejo que eso. Es cierto que los del programa no solían tocar precisamente los temas más profundos, ¿pero acaso eso los convertía en personas limitadas?

Ah, me cargó leerlo (tanto como me agradó la defensa de Lagos), porque me carga esa forma de dictaminar, ya que es justamente la que luego hace que hayan personas que tienen tanto miedo de que otros los encuentren tontos, que no pueden jugar ni ser libres de nada ¡y eso sí que no es inteligente! La falta de sentido del humor es un problema mucho mayor que la falta de títulos, y causa mucho más problemas en el mundo. Nadie nunca debiera renunciar a su derecho de jugar, y de relajarse, y de poder expresarse a sí mismo, ni tampoco renunciar al derecho de decir “tonteras”… ¡porque esas tonteras muchas veces son diversión!, y si no lo son, sólo al ser expresadas pueden ser convertidas – mediante el diálogo y no el aislamiento – en otra cosa.

Con esto no me refiero a que las personas debamos ser irresponsables y no ponernos las pilas con nada. Me refiero a que es natural decir “tonteras”, y además, a que experimentando se aprende. Jugando se llegan a entender muchas cosas y también a disfrutarlas. Los más exitosos suelen ser los que no censuran ninguno de sus pensamientos, ya que ¡en cualquiera de ellos puede estar la perla escondida! Además, cuando uno piensa que tiene que ser “perfecto” desde el principio, es mucho más difícil atreverse a pedir ayuda… cuando, además, limitar lo “perfecto” a sólo un ámbito delimitado de cosas que son “apropiadas” de decir o de ser… ¡es limitar también la vida!

¿Y quién, por lo demás, tiene la posición o el derecho de hacer un listado de lo que es o no apropiado? Yo pienso que quienes hablan absolutamente todo el día de cosas elevadas son mucho más sospechosos y necesitan mucha más ayuda que los que no, porque no es natural vivir siempre sólo en esos ámbitos… y no soy sólo yo quien piensa así. Tanto en la universidad como en el colegio me ha tocado ver cómo alumnos con impecable promedio 7,0 han sido citados al orientador del establecimiento, ya que los profesores temían que tal nota fuese a costa de otras cosas importantes: como el vivir la propia vida. Ellos querían asegurarse de que, en medio del seguir reglas y lograr notas, no se hubieran perdido a sí mismos… Eso no significa, claro, que haya algo en contra de las personas con notas muy altas y muy exitosas en esos ámbitos, ¡porque eso está muy bien!… sino que resultaría poco sano lograr eso a costa de asuntos más importantes, como lo es del desarrollo – y el disfrute – de uno mismo: No habría sentido así.

Yo estoy a favor del compromiso, el trabajo y el deber (más que un derecho, a mi parecer) de entender el mundo, para poder así amarlo y mejorarlo… pero insisto en que, disfrutando el proceso, se hace mucho más efectivo, y que poder soltar la mente – en especial si es en momentos fuera del trabajo – ¡es perfecto para ello! Soltar la mente es esencial para liberar la creatividad contenida. Además, ¡es divertido! Y en su relajo ayuda al equilibrio, el que es crucial para amar lo que uno hace, lo que me parece ¡esencial! ¡porque es esencial encontrar un sentido en el trabajo diario! al menos si se quiere realmente proseguir con ello, y de paso ayudar a convertir el mundo en un lugar en donde sí vale tanto la pena vivir. ¡Es esencial amar lo que uno hace! Así que, si uno no logra sentir eso por lo que está haciendo, a otra cosa mariposa. Uno no puede realmente trabajar en algo en lo que no cree, y tarde o temprano la experiencia se encarga de demostrarlo.

Por último, quiero acotar que Protagonistas de la fama era un reality y por eso, quienes lo veíamos, teníamos curiosidad de centro de madres, y no de interés científico (exceptuando, tal vez el tema sociológico, pero hasta por ahí nomás, jeje): sabíamos que para ello también hay programas. Así que, si el crítico quería ver cosas “inteligentes”, lo mejor es que hubiera sintonizado a uno de esos, que hay buenos y bastantes, y dejara de pedirle peras al olmo y luego más encima alegar por ello, ¡sobretodo si algunos disfrutamos el fruto de ese olmo! (aunque en la práctica ni sé si se coma).

Mi opinión del fenómeno Britney Spears

Estoy chata de que la gente se pase todo el día pelando a la Britney Spears. ¿No es como mucho que el referente de la tal llamada “juventud perdida” sea una artista pop que vive a miles de kilómetros de distancia, en el otro hemisferio? Una que al parecer nadie tiene interés de ayudar, empezando por los periodistas y los paparazzi. ¿Es que no se dan cuenta de que, gran parte de su conducta colapsada, es gracias a ellos? Pero ellos parecen preferir que le vaya pésimo: así tienen más tema y más ganancias.

Si yo fuera la Britney Spears tal vez habría caído en la clínica psiquiátrica mucho antes que ella…. Tener que ver todo el día cómo en la tele y en las revistas te usan de ejemplo negativo unas personas que no están realmente bajo tu piel… ¡personas que al final parecen querer que una caiga más y más hondo para tener más tema para juzgar y comentar! Que no ayudan en nada, sino que más bien se sienten mejores y más importantes viendo tu desgracia.

En este momento la Britney Spears es una mascota de la farándula. A pocos les importa realmente qué le pasa. Hay hasta un sitio web en donde se hacen apuestas sobre cuánto más va a pasar antes de que se suicide. O sea: diversión a costa de un ser humano.Yo lo encuentro de pésimo gusto, y pienso que los periodistas y paparazzis y los que consumen sus productos se llenan la boca hablando de moralidad y de las buenas costumbres, y se olvidan de ver la maldad con la que están atosigando a esa pobre mujer.

No es que yo sea fan de ella, ni a nivel musical (aunque tiene algunas canciones bien buenas) ni personal… ¡pero simplemente es una mujer! ¡Dejen en paz a esa pobre mujer! Tal vez en algún momento se metió en la farándula con intenciones de utilizarla a su favor, pero luego claramente le salió el tiro por la culata.Nadie debería tener que sufrir tal falta de privacidad… dando justificaciones a un ejército de personas que al final no hacen más que abusar de ella… viviendo a través de ella o simplemente sacándole monedas al asunto. Apuesto a que si la atención mediática se detiene, ella es capaz de mejorarse… pero es difícil que lo haga con cómo lo están las cosas… ¡porque es dejar de complacer a todo un público que estaría más tranquilo si ella termina de autodestruirse!

Hay que recordar que lo que le estamos haciendo a la Britney Spears es lo que le estamos haciendo a nuestra sociedad, y con ella, a nosotros mismos.

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