WE´RE NOT AFRAID!!!!

Cuando pasó el atentado a Londres, algunos decidieron no dejarse descorazonar. Decidieron erradicar el miedo y creer que podían (y pueden) decir que no. Decidieron que eran más fuertes que esa tragedia y que nada les haría creer otra cosa.

Así nació la página http://www.werenotafraid.com/. Ella promueve la idea de que el mundo es un mejor lugar sin miedo y pretende demostrar, a través de expresivas fotos, que no se dejarán vencer por él. Todas esas fotos son una manifestación viva de la esperanza y la vida. De la fe en la verdadera naturaleza del ser humano y en su porvenir.

Cualquier persona puede mandar su foto, incluso TÚ, a pics@werenotafraid.com. Yo ya estoy pensando en cuál podría mandar yo… Hay provenientes de todas las partes del mundo y con todas sus caras, incluida una familia chilena posando con el slogan traducido a “no estamos asustados”.

Hoy le estuve echando una mirada, aprovechando mis vacaciones, y al verlas decidí que tenía el deber de exportar algunas. SE VAN A EMOCIONAR TANTO: son realmente.. ufff… correctas. Un mensaje de amor pintados en tantos colores y formas como vasto es el mundo. Original, además… Indescriptible hasta que vemos las fotos y ellas hablan por sí mismas.

Las puse chiquititas para que no les colapse el pc pero creo que si las eligen con el mouse, pueden verlas completas.

Hay MUCHAS más en la página.


A little respect

A mí me gustan los Backstreet Boys. Y Supernova. Y algunos hits de “Mazapán”, como también otros de algunos musicales, o de la Britney Spears, o de los Venga Boys, o incluso del Topo Gigio. Y la Avril Lavigne, por ejemplo, encuentro que es seca, que tiene una calidad pasmosa que puede descubrirse a lo largo de todos sus singles, si se da la atención necesaria para escucharlos, claro: sin prejuicios.

Supongo que esto podría horrorizar a alguna gente, como ya otras veces lo ha hecho… ¡pero lo cierto es que hay entre esa música aportes realmente buenos! Y los prejuicios sobre que una es tonta, otra direccionada a tal parte, otra chatarra… ¡alejan de la posibilidad de sentirla! De darle, realmente, una oportunidad… que a veces la merecen más que ampliamente, ya que no en vano han tenido éxito… porque, sí, es cierto que hay grupos que se basan en pura imagen, pero esos grupos nunca duran demasiado, a no ser que sean una leyenda (y no de las buenas) como Milli Vanilli y el megachascarro que protagonizaron, o eso de preguntarse cómo Xuxa puede haber sido mi ídolo infantil (aunque, para ser sincera, no fue el mío).

Como a mí me gusta tanto la música, y conozco bastante, muchas veces mis amigos me piden que lleve mis CDs para ponerlos en los carretes, o en las fiestas. Yo siempre accedo gustosa, ya que para mí siempre es un placer, en vista de que toda la música que ando trayendo claramente me gusta… pero sigue pasándome que los prejuicios musicales me cortan la inspiración y a veces incluso el ánimo. Me ha pasado tantas veces tener que sacar a alguien de la radio porque (léase como un grito escandalizado, acompañado de una mirada atónita) “¡cómo poni a (a elección)!“, siendo que los habitantes en cuestión jamás han escuchado realmente a tal personaje musical, y por ende, ni siquiera saben de verdad cómo se siente. Reaccionan con una velocidad impresionante, rechazando toda vinculación a él, como si pudieran mancharse con la imagen que alguien dijo que vendían… y ahí es cuando puedo ver con tanta claridad que hoy, la venta de la música, también se entiende como la venta de un modo de ser, de un estilo de vida, de una imagen.

¡Y qué tontera!, opino, todo ese juego de identificaciones… ¡porque uno es tan móvil como la música misma! ¡uno puede tener toda la que le guste! ¡nadie puede decirle a uno: no mires, no disfrutes eso! ¡nadie debería limitar a nadie, ni amenazar con aguar su fiesta!… pero ahí están quienes tienen tanto miedo de proyectar una imagen que creen inadecuada para sus fines generalmente “mejores”, “más sabedores” (debería poner sabihondos, pero la palabra no coincide con la imagen de la que hablo jeje), o “más cool”, que despojan esa música no sólo de ellos mismos, sino que de todos quienes son influenciados por ellos, que, por supuesto, luego tampoco quieren tener nada que ver con el músico paria, ¡cuando hay música que es un aporte tan grande! Y esa música no es siempre la que no se imaginaría en primera instancia, principalmente por esto mismo de los prejuicios.

Que no se me malinterprete. Tampoco soy de esas personas sádicas que andan tratando de obligar a la gente a escuchar música que no quieren. De hecho, estoy muy a favor de que cada quien escuche a quien se le antoje, ya que también he pasado por la desagradable actividad de tener que sobrevivir horas enteras escuchando música que no es de mi agrado, sólo porque alguien – con anhelos de iluminado, y no en el buen sentido – se ha autoimpuesto la misión de educar a los presentes, sin importar si ya el largo rato sin poder agarrarla signifique que probablemente ¡no hay futuro! (aunque otras veces he descubierto en sospechosas novedades el mejor de los futuros)… pero, los prejuicios de los que hablo primero son realmente otra cosa, me refiero a eso de dar la espalda sin ni siquiera mirar a qué se le dio. Es casi como esas películas gringas donde los niños huyen del que tiene anteojos, sólo porque no es conviente para su imagen, cuando el niño de anteojos luego de unos años, además de ser simpático y buen amigo, puede llegar a ser ¡el sucedáneo del mismísimo Brad Pitt!

Quizá estoy exagerando sólo por molestia a la entrevista que leí el otro día en la Revista Ya Joven. En ella aparecía la Elisa Montes, ex Supernova, como una de las chicas de la radio, diciendo que jamás daría cabida en su programa a música proveniente del Club de Mickey (el cual, en USA, fue el que dio a luz a cantantes como Christina Aguilera, Justin Timberlake y la Britney Spears). ¡Qué patudez más grande! ¡Si ella viene de la versión más parecida a ese Club que existe en el medio chilensis!

Más que eso (a final de cuentas, es la conductora, y tiene derecho a elegir), lo que podría decir que me indignó realmente, fue cuando salía que, a la última persona que llamó pidiendo reggateón, ¡le cortó!¡Cómo tanta falta de educación!… Es cierto que los medios no la ayudan mucho, porque lo contaron casi como una gracia natural de gente cool, entonces quizás ella lo encuentre muy choro, pero igual no hay que olvidar que, si en el pasado, otra que se las diera de alternativa hubiera estado recibiendo llamadas, ¡a la primera persona que le hubiera cortado habría sido a quien hubiera pedido Supernova! Eso se llama morder a la mano que se alimenta (por mucho que ella diga que le debe la carrera a su ex-grupo), y se llama también pretensión divina, o algo así parecido, y nada menos que eso. Además, ¿quién es ella para andar criticando los gustos de la gente, para decir si el reggaetón es malo o bueno? ¿quién es ella para cortarle el teléfono a alguien, cuando podría haber dicho, por último, “hey, acá no escuchamos eso, que te vaya bien”?

Si a mí no me gustara Supernova, concluiría esto diciendo, que antes ella justamente complacía al peor de los gustos¡pero a mí todavía me gusta! aunque en exceso sea irritante (al menos para mí)… todavía escucho “Disco Groove”, “Tú y yo”, “Sin ti soy un fantasma”, y “Maldito amor”, entre otras (teniendo incluso versiones karaoke de algunas canciones), aunque ahora cuando lo hago a veces pienso que esa música no es realmente de quienes la cantaron, ya que, habiendo leído el reportaje, no parece ser algo que a la Elisa le haya salido del corazón (no por lo que dice de su pasado musical, sino que por cómo trata a otros grupos de música popular), sino más bien un cúmulo de muy benefactoras circunstancias, y así el lazo con Supernova aparece como una deuda más que una vinculación, lo que me molesta bastante, porque siento que le quita a las canciones el alma que les dio forma entonces…

Pero, por otro lado, yo no perderé la música por unos tontos prejuicios, aún cuando quienes la protagonizaron pudieran hacerlo.

El viejo y la luna

Shó con el pelo al viento, 1999

Verano de 1999, trabajos. Tenía 17 años y estaba en un bosque de película en lo más alto de Curarrehue (IX Región), junto a toda mi cuadrilla, haciéndole la mediagua a un viejo ermitaño que llevaba tanto tiempo solo que ya no sabía bien hablar porque se le habían ido olvidando las palabras.

El sector era precioso. El viejo nos mostró su huerta, sus 4 perros, algunas ovejas, y el río que cortaba con su fuerza el cerro. Su casa era de una madera oscurísima por toda la lluvia, y estaba media podrida, pero ayudaba al misticismo del lugar, muy cercano a un centro mapuche donde hacían nguillatunes para llamar a la lluvia (por el cual también pasamos uno de esos días).

Con el tiempo, que igual fue bastante corto, el viejo cada vez se comunicaba más, y de forma menos arisca, como el lobo del principito. De vez en cuando sacaba palabras muy grandes y rebuscadas lo que nos extrañaba, hasta que un día finalmente nos contó su historia. Venía de una familia con plata y educación, de Talcahuano. Había vivido bien, con bastante lujos (incluso había ido a la universidad cuando nadie iba), y sido feliz. Tenía una vida hecha y hecha en alegre paz, hasta que un día encontró a su hermano con su futura mujer… Entonces él simplemente no lo soportó, se sintió destruido, y ahí fue cuando decidió que todas las personas en la Tierra eran mentirosas, y se fue. Nunca llamó a nadie y ni siquiera sabía si su familia seguía viva en alguna parte: había perdido toda confianza en el ser humano. Sus amigos desde entonces fueron las plantas y los animales, a los que le hacía cariño mientras hablaba.

Fue impactante, pero no tratamos de decirle demasiado, después de todo, el remezón había sido hace unos 50 años, el daño ya estaba hecho, y él ya se veía bien y había encontrado su manera. Eso sí, después de la impresión, no nos resistimos a discutirle el que toda la gente fuera mentirosa, y el que fuera razón lo sucedido para alejarse de todo el mundo, por horrible que haya sido. Queríamos traer un poco de descanso, justicia, visión o esperanza, pero él insistía en la maldad básica del ser humano, la explicaba como una realidad, un concepto, con actitud dulce y didáctica, y daba argumentos y argumentos para apoyarse, los que nosotros contestamos, ágiles y motivados, inmersos en la discusión. Todos estábamos interesados y cómodos (viejo incluido), disfrutando la conversación.

Y entonces pasó lo inesperado. Se acordó de algo que le iluminó los ojos, probablemente el argumento final, tragó aire, levantó la mano y dijo, triunfante, algo así como: “Cachen lo mentirosa que es la gente que una vez escuché por la radio que el hombre había llegado a la luna… A la luna!!… Cómo alguien podría llegar alguna vez a la luna!! Mentirosas personas, nunca más escuché la radio.” y sonrió orgulloso, concluyendo lo que él pensó que era la demostración definitiva de que había ganado la discusión. Le faltó poco para hacer la reverencia.

Nosotros nos quedamos callados.

¿Cuál es el problema de la gente?

Todavía no puedo creer que el proyecto Pascua Lama haya sido aprobado. Aunque este proyecto logra extraer reservas de oro y plata, que están bajo algunos glaciales importantes del norte chileno (también en la región argentina), y aunque puede dar trabajo a mucha gente, lo cierto es que su ejecución provocará un desastre mayor ecológico en toda la zona del Valle del Huasco, un desastre mucho más duradero y real que toda la plata que pueda llegarnos de esto, y sobretodo un desastre mucho más valórico.

Todos los que lo han escuchado lo saben, pero los medios se han ocupado de tener este asunto tan importante bastante fuera de la conciencia pública, pues lo mencionan con bastante brevedad y recordando siempre que se tomarán medidas y restricciones al hacerlo, así medio disfrazándolo… pero tales precauciones probablemente no ayudarán nada al lado de lo que dañará el proyecto de forma global, porque además lo que se hará ahora, nunca se ha hecho antes, así que nadie puede predecir realmente qué pasará. Son sólo experimentos y a costa de nuestro

país y de su propia abrumadora salud y belleza, y experimentos que, además, nunca otorgan resultados demasiado claros a nosotros los chilenos, en el sentido de que nunca se dice qué se hará exactamente con toda esa riqueza que tan cara nos va a costar… mucho más de lo que vale.

Todo esto de Pascua Lama tiene tantas fallas a largo plazo, y es tan obvio el daño que provocará que me dan ganas de vomitar (excúsenme mis amables lectores). Encuentro retorcido, ignorante y poco visionario que se ejecute este asunto que herirá a las futuras generaciones (y también a las presentes) de una forma en que la plata nunca podría sanar ni menos validarla, pero al parecer los que tienen el poder, en su mayoría, o al menos los que toman las decisiones finales, siguen sin ver más allá de su nariz, priorizando a la generación vigente y sin siquiera mirar lo que todo esto significa a largo plazo.

Yo estoy realmente indignada. ¿Cómo pueden las personas hacer decisiones tan importantes, y a nombre de todos, si no capturan ni la mitad del cuadro completo? O quizá sí lo hacen, y se dan cuenta, pero no les importa, y eso justificaría bastante la poca información que se maneja en el común de la gente al respecto. Así que, en conclusión, o no entienden nada, o no les importa, y ambas opciones me parecen horrorosas.

Por favor, quienes tengan poder al respecto, hagan algo. Yo seguiré haciendo lo que pueda. No podemos permitirnos perder la esperanza… porque si, esta vez no alcanzamos, tiene que ser la próxima, ya que es probable que, mientras no nos impongamos, sigan inventando hacer este tipo de barbaridades… por comodidad y falta de visión principalmente, no una maldad intencionada como sería a veces mejor creer.

La otra opción es esperar a la evolución de la conciencia, pero podría ser demasiado arriesgado, y venir cuando ya no haya nada más que defender.

 

 

Cambio evolutivo

No se puede negar que la sociedad ha evolucionado en su forma de juzgarse a ella misma, y también de tratarse. Una forma muy clara de notarlo es cómo ha cambiado la forma de hablar de sus propios integrantes, siendo ésta cada vez más respetuosa.Es más fácil notarlo en la diferencia, como hace unos tres días cuando, en El Mercurio, apareció una noticia rescatada de 150 años atrás: del 12 de febrero de 1856, y ella decía: “En el río Chile se encontró el cadáver de un joven, con ropa de persona decente“.

“¡Ropa de persona decente!”… Es agradable saber que hoy en día se levantarían las masas por hacer ese tipo de distinción tan poco delicada, más encima en una situación en donde tales personas ni siquiera se presentan… de alguna forma insultándolas a la distancia, sin ninguna empatía ni consideración y sin ni siquiera imaginar que pudieran sentirse mal, o incluso sentir algo.

La forma en que se han ampliado los conceptos de las cosas, en que se han aceptado visiones menos rígidas, y más abrazadoras, es un fenómeno de amor y tolerancia que apenas ha estado viendo la luz durante estos últimos 50 años.

Ese proceso ha sido propulsado en mayoría justamente por quienes fueron despreciados, como Marthin Luther King, las mujeres dejadas al margen de la sociedad, Gandhi, o los familiares de los incapacitados… pero lo cierto es que al final es tema de todos y que las colaboraciones de ellos han hecho mejor y más feliz a la sociedad entera.

Eso, en el fondo, lo sabemos todos pero a veces nos es más cómodo dejar que reaccionen primero quienes están siendo más perjudicados… algo que, felizmente, cada vez pasa menos puesto que la globalización de la Tierra permite ver cada vez con más facilidad que sí estamos todos conectados… y que un problema en cualquier parte, es un problema de todos.

La misión de conciencia está cumplida cuando, ya de forma social, como en un diario, son presentados los asuntos de una forma nueva (algo que ya podemos apreciar)… porque la forma en que hablamos del mundo viene directamente de cómo lo estamos mirando, y porque, esa forma en que lo vemos, termina por modificarlo.

Por eso hay que cuidar siempre la diversidad y la belleza.

El voto estratégico

Hay veces en la vida en que uno no debe tener compasión.

A mí me pasó una vez, pero no ser la que no la tuvo, sino que ser a la que no se la tuvieron… lo que, curiosamente, luego encontré correcto.

Estábamos en tercero medio, en marzo, en el momento de elegir a las presidentas de cursos. Yo nunca he sido muy líder, sino que más bien alguien alejada de los espacios de comando, pero unas compañeras me animaron para que me presentara. “¿Y si…?”, me pregunté yo, en un impulso, medio emocionada, y entonces me puse entre las nominadas sin pensarlo mucho.

En ese curso tenía 4 muy buenas amigas, además de algunas otras, por lo que pensé que, aunque de más que perdería, al menos lo haría de forma digna… pero cuán horrible fue mi sorpresa cuando, a la hora de ir contando los votos, tachándolos en la hora de Consejo de Curso en el pizarrón, sólo resulté sacar 2!! El mío y el de otra amiga, contra los 37 restantes… una vergüenza. Una hora entera de humillación.

Yo me quería morir… no por no haber salido presidenta, sino que por el hecho evidente de que ni siquiera mis más amigas habían votado por mí, a vista y presencia de todo el curso… fue como si ni la gente que más me conocía y quería, confiara en mí realmente, y me traicionaran al revelarlo frente a todos. Aunque no soy mucho de querer recibir caridad y compasión, en ese momento habría aceptado más que feliz votos de esos!…

Luego del mal rato, mis desertoras amigas me explicaron que, habían votado por una tal, para que no saliera otra tal, que les caía mal. Según ellas habían “tenido que hacerlo”… Éramos tres postulantes y recién entonces me di cuenta de que yo nunca había tenía mucho que hacer en la pelea. Al parecer no tenía mucho ojo clínico. También me pasó que entendí, por primera vez, lo que era un voto estratégico, un voto que además funcionó porque al final no salió la otra que no querían… a costa de mi dignidad, claro, pero qué importaba al final. Simplemente, no me tocaba, y eso pesaba más.

Igual fue horrible, y no se lo deseo a nadie, pero luego olvidé la humillación porque el suceso fue tan vergonzoso que simplemente lo borré de mi mente, y además nadie volvió a recordármelo…

Sin embargo, estos últimos días, con las elecciones, he vuelto a pensar en el tema, y quizá me haya vuelto un poco dura, pero, recordando esa ocasión, he creído que todas estas estrategias están bien, y que, si alguien sale herido en el camino… es el riesgo que se toma. Hay que ser más fuerte y apañar nomás…

Sé que pararse frente a 38 compañeras, no es lo mismo que hacerlo frente a todo Chile, pero en ese entonces me sentí como si lo hiciera. También sé que, nuestras vidas no habrían cambiado demasiado si hubiera salido cualquiera otra de las postulantes, pero al final logré encontrarle la justicia.

Hoy no intento compararme con los políticos ni nada, sino que sólo decir que, recordando esto, he creído que es válido herir los sentimientos de alguien, si es inevitable para lograr un futuro reunido mayor.

Al final, si era lo correcto, ese mismo alguien está de acuerdo.

Los heroicos vocales de mesa

A mi papá le tocó ser vocal de mesa. Todos se rieron de él pero yo lo encontré divertido, así que fui la única que, en vez de reírme, le levanté los brazos en señal de burlesca emoción cuando lo vimos aceptar, galantemente, su deber cívico, yendo a las reuniones previas y todo lo demás… Encontré que era lo máximo, y lo defendí hablando pomposamente sobre todas las nobles razones de tal deber, y también sobre la supuesta emoción de ser parte de donde se escribe la historia, cada vez que alguien osaba volver a reírse de él, lo que fue, básicamente, cada vez que volvió el tema.

Luego fui yo a votar, a eso de las 3 de la tarde, al colegio Pedro de Nolasco. Sabía que mi mesa era la 113 o 114, pero empecé a confundirme sobre cuál. Entonces recordé a una amiga, con quien siempre discutimos, por ella estar segura de que votamos en la misma mesa, mientras yo no, y decidí hacerle caso, para ahorrarme el cacho de andar preguntándole a la gente de la entrada, e ir nomás a la que ella dijera. “113”, fue el veredicto, y así partí de lo más gustosa bajo el delirante calor, a una sala escolar en donde estaban justo ambas mesas.

Una señora venía caminando un par de metros detrás de mí, pero en vez de ir a la mesa 113, fue a la 114… “Le tenemos malas noticias”, le dijeron las vocales, sonriendo con cara de consternación, cuando vieron que la señora ya se había presentado y no podría escaparse, mientras yo trataba de buscar, sin éxito, mi nombre entre los votantes de la 113. “Necesitamos una vocal más para contar los votos, así que… ya sabe”… “Bueno”, dijo la pobre señora, la cual tenía toda la pinta de estar haciendo un paréntesis en algún asado familiar, luego de un resignado silencio, encogiendo los hombros en gesto tragicómico y sonriendo heroicamente.

“¡Qué suerte la mía!” me descubrí pensar, mientras me sonreía a mí misma y controlaba mis ganas de saltar de felicidad, cuando caché que al final, efectivamente, me tocaba la 114, y que me habría tocado a mí lo que a esa señora… “¡Si no fuera por mi amiga, habría tenido que quedarme acá toda la tarde!”, estaba tan pero tan contenta… y luego, casi tan rápido como me di cuenta de mi libertad y felicidad, me di cuenta de mi verdadera y clarísima falta de sentido cívico, pues el panorama del asado, donde esa misma amiga, con piscina y tele para ir viendo los avances, me cerraba el ojo con mucho más magnetismo que el conteo de votos, y ser vocal no tenía ni cómo competir contra eso… ¡no tenía ningún interés en serlo! Desde el momento en que realmente estuvo cerca, perdió todo el atractivo.

La verdad es que lo deberes cívicos, más allá de las palabras y teorías, pueden ser una verdadera lata, y yo lo descubrí hoy de la manera más indigna posible, porque fui descaradamente feliz por haberme escapado, y también feliz en ese descaro.

Por eso, me saco el sombrero ante mi papá y ante todos los demás que aperraron (algunos obligados eso sí, jaja), sobretodo ahora que se viene el repechaje, probablemente pero ojalá que no, en un día tan caluroso como fue éste.

 

vocal

La amenaza fatal

Sólo cito, sobre las Vírgenes del Sol, jóvenes incas consagradas al dios Inti:

“Para la monja que delinquiese contra su virginidad, su castigo era que la enterrasen viva y al cómplice mandaban ahorcar… mandaba la ley matar sus parientes y todos los vecinos y moradores del pueblo y todo su ganado, derrumbaban el pueblo, y lo sembraban de piedras, el sitio quedaba maldito y excomulgado” (Garcilaso de la Vega, “Comentarios Reales”: el origen de los incas).

Y ojo con que: “La virginidad a nivel de los runas (gente normal), no tenía ninguna importancia, más bien no tenerla, era signo de prestigio. Después del período de prueba si todo funcionó bien, se lleva a cabo el matrimonio definitivo.”… o sea, teóricamente, eran bastante liberales.

¿No es comprensible, entonces, que haya tal controversia hoy en día a la hora incluso de hablar – a veces – de un beso?

Después de todo, esto fue parte de nuestra historia, y nuestras ascendientes, en teoría, culpables por un sólo acto arrebatado de quemar hasta pueblos enteros… como así las mujeres de casi todas las culturas antiguas del mundo.

FAN DE GREENPEACE

Me encanta Greenpeace. Encuentro que es de las asociaciones más aperradas, cuerdas, alegres y motivantes que existen. Desde chica me he maravillado viéndolos en la tele; tapándole el paso a barcos petroleros en mal estado, protestando contra la guerra, contra la extinción de los animales, contra el uso de sprays que rompen la capa de ozono, y contra todo lo que al final del camino resulta que sí hiere. Me encanta no sólo por ser una reacción sana contra los problemas del mundo, sino que por ser una que funciona, ya que ha logrado algunas transiciones, y con ellas un respeto creciente en la humanidad a la vez que una profunda impresión en mí.

Hace algunos meses me inscribí como voluntaria, para ser otra más de quienes se oponen a grito pelado a las barbaridades que se hacen de cuando en cuando, pero aún no me ha salido el evento. Espero que lo haga eventualmente, aunque más que vivir mi manifestación tras la etiqueta de Greenpeace quisiera vivirla tras la de meramente un ser humano, y que así también lo viviéramos todos, porque al final es justamente de todos la responsabilidad.

Supongo que puede ser difícil tener conciencia de eso, armar el cuadro y darse cuenta de que todo llega a todos, como la piedra que cae en el charco saca ondas que lo afectan entero; darse cuenta de que el mundo al final sí puede ser inimaginablemente frágil, pero aunque sea difícil creo que es necesario lograr esa conciencia, porque si todos la tuviéramos no dejaríamos que el mundo esté donde está.

Mientras, yo espero el día en que no encuentre el goce en la idea de protestar por lo que es prioritario, como la naturaleza y la vida, sino que lo encuentre en el simple vivir de un mundo ya ordenado y responsable, en donde ni siquiera se imagine la posibilidad de usar un spray que dañe a la capa de ozono, por ejemplo… aunque más que esperar por ese día intento trabajar por él.

Greenpeace ya está trabajando.

Arrurrú, arrurrú…

No sé si alguien se ha fijado mucho en esto, pero la mayoría de los cantos que se le hacen a los niños son realmente sangrientos. Desde en el más elemental arrurú: “Duérmete niño, duérmete ya, que viene el cuco y te comerá”, hasta en las canciones más modernas como la de la chinita que se pierde en el bosque y SE PIERDE, hay cierto inconfundible toque de tragedia, tan claro que llega a ser gracioso (cuando uno es más grande) y que ya ni siquiera se toma en cuenta. Parecido pasa con los mitos clásicos, como el viejo del saco, el diablo u otros seres temibles que luego asedian a los niños en sus sueños (y a algunos aún después).

Y también sucede con los cuentos de hadas. Son horrorosos. Ninguno de los personajes tiene una vida cómoda o ni siquiera relativamente segura: todos, si no son perseguidos por ogros, son abandonados por sus padres, reciben amenazas de muerte, pasan hambre, frío, torturas, y a veces todo esto al mismo tiempo, y aunque casi siempre triunfan (siempre, en la cultura occidental), a veces mueren en el intento, como pasa en el soldadito de plomo quien, es cierto, termina fundido junto con su amor para toda la eternidad, pero igual ¿no es esto excepcionalmente trágico? ¿qué tipo de universo pretendemos presentar?

En estudios sociológicos de este fenómeno se ha dicho que, todo este bagaje, todas estas tradiciones, se han escrito de esa forma para enseñarle al niño a ser autónomo. Se le muestra un mundo en donde hay dolor, y en donde igual se puede ser un héroe; en donde hay evolución, contradicciones, sufrimiento, pero también fe y recompensas, y así entre juegos se les presenta la vida real. La historia del protagonista se hace la del niño propio y se convierte en inspiración. Todos los niños son Juanito de las habichuelas mágicas, la Blancanieves, el chanchito prudente, o la Cenicienta; ninguno es el gigante, ni la bruja mala, ni el chanchito flojo (para qué decir el lobo), ni las hermanastras malas, y eso deja cierto patrón. Además, aprendemos a ser resistentes y a creer que, aunque todo parezca desfavorecedor, si hacemos lo que tenemos que hacer al final estaremos a salvo.

Lo cierto e interesante es que todas las influencias que recibimos quedan dentro de nosotros, sin importar cuáles sean sus épocas. Un buenísimo ejemplo es el que pasó con Pac-Man. Alguien, al ver el fanatismo que producía, criticó que afectaba la mente de los niños, a lo que el creador contestó, indiferentemente y sin pensarlo demasiado, algo como esto: “Si eso fuera cierto, en 20 años más estaríamos encerrados en piezas oscuras, escuchando música electrónica y tomando bebidas energéticas”!!! JAJAJA… Hay que admitir que es divertido!

Así que, quizás sea más seguro atenernos a los cuentos de hadas…

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