Pasó un día

Quiero vivir lo inenarrable.

Como ahora, el gato y yo, tendidos en las baldosas, el calor tierno del contacto.

Y luego eso de pasearse cantando, pensando en los teléfonos, en los accidentes que enmudecen, en el Dios que se cita al final de un largo y oscuro relato.

(2000).

El caleidoscopio

17 de mayo 200

A veces pienso que si alguien pudiera situarse detrás de mis ojos y ver toda mi vida como un retroproyector, quedaría asombrado por la cantidad de colores, de innumerables secretos, de verdad absolutamente bella siempre presente en cada espacio, de humanidad inevitable.

Increíble.

Creo que eso también pasaría si se viera a través de los ojos de todos los demás.

Qué difícil irse sin herirse

Virginia está por romper un noble corazón.

Le ha costado asumir esa tarea, le ha costado instalarse, prepararse a la conversación que será seguida por los ya pensados argumentos sentimentales, algunos sinceros, otros no tantos. Y después el desgarro.

A Virginia nunca le ha gustado hacer esta tarea, es delicada y sensible, puede sentir cómo destruye cada célula, cada poro impregnado de aquello que antes tan suavemente sembró, y que ahora saca y quema para no dejar huellas. Se le revuelve el estómago.

Es ver el dolor en los ojos de él, el temblor de la voz, y lo peor de todo es cuando se ha quedado por un instante observando sus entorpecidos labios luchadores, que tan de pronto han naufragado y no precisamente entre besos, como una música que de pronto se corta.

De pronto, como un chispazo, ve en aquella imagen a la niña enamorada que ella también fue. Ve en esos ojos aquella angustia propia del amor, que impulsa a su cuerpo – el de él – ya abandonado de cualquier sentimiento ajeno a éste. Sabe que con esto tiene que crecer, pero preferiría irse lejos, donde ni “te quiero”s, ni rupturas la alcancen.

Y él que se sintió herido…

(1998).

Del cajón de recuerdos de mi mamá

Encontré hoy revolviendo unos cajones de mi mamá (aprovechando el tiempo libre ya que salí de VACACIONES) esta poesía pelacable y se me ocurrió ponerla aquí!! Es que me reí, igual (ojo con el “boche” y la mamá osa).

La escribí en 1991, con tal que tenia 9 o 10 años. Mi mamá la tiene guardada, parece que era un trabajo de castellano, y lo traspasé literal con faltas de ortografía y todo, es cierto que “almohada” aparece inusualmente bien escrita, pero probablamente porque la saqué del pizarrón (era uno de los temas).

 

Mi almohada.

 

Yo les voy a presentar a mi almohada

es muy grande y anaranjada

y aunque dicen que es malvada

no es nada de pesada.

 

Me aconseja por las noches

¡no hagas tanto boche!

porque el niño está durmiendo

en el coche.

 

A mí me gusta mi almohada

porque es cariñosa y revoltosa

pero un poco molestosa

pero es muy hermosa

porque la hiso la mamá osa

 

Quando digo que es mala

me vota de la cama

y yo ruedo en pijama

y corro a mi almohada

que queda perdonada.

 

(1991).

Lucidez nocturna

5:30 am, amaneciendo el 14/08/03

No sé quién soy. Sigo azotando maremotos contra las paredes, de vez en cuando, y no alcanzo a ver quién soy, quién es esa mujer que dialoga o calla, que dibuja caminos dentro de su mente para poder respirar.

Quizá aprenda a respirar en ambientes que no creería, y quizás siempre pude, pero ¿quién es esa mujer? ¿qué universos habitan en su corazón?

Fuerzas en mi interior me empujan a todas partes, me incitan a vivir. A veces cuando hay calma puedo escuchar esos susurros en mi corazón y girar con ellos. Otras me debato… A veces no dicen cosas que me agraden pero jamás han negado la belleza de mi alma.

¿En quién me convierten las circunstancias de la vida? ¿La posibilidad, la energía, el amor y el abandono? ¿Por qué me ocurren unas cosas y no otras? ¿Es mi alma quien se ofrece de puente o simplemente tales situaciones usan mi nombre?

Casi amanece y pienso que podría decir cualquier cosa, que yo podría elegir cualquier enfoque, ¿pero hasta qué punto se puede hacer eso? ¿dónde comienzan a ser excusas? ¿hasta qué punto vive la realidad en mí?

Puedo aprender casi cualquier cosa, pero ¿cómo saber qué debo aprender y qué clase de mujer es aquella que se enseña de la frialdad y la fuerza del acero? ¿qué clase de mujer es también la que se deja morir? ¿en quién me convierto?

Una sola cosa tengo más clara y es que sólo yo lo sé. Sólo yo tengo acceso directo a esa naturaleza… aunque yo misma a veces no me conozca… sólo yo sé en qué he trabajado. No puedo convencer a nadie…

Pero a veces aparece un giro y aparecen heridas desnudas que no quiero mirar, y que si miro convertiré en otra cosa… ¿cómo puedo no decirme mentiras? ¿y qué me hace mejor? ¿vale la pena tanto exhaustivo análisis? ¿no puedo amarme simplemente?

Los maremotos siempre vuelven y yo no puedo poner a la vida en un vaso, como tampoco al océano… ¿Puedo confiar en la vida igual? ¿Puedo defenderme? ¿Puedo tener amor? ¿Puedo salvarme?