La amenaza fatal

Sólo cito, sobre las Vírgenes del Sol, jóvenes incas consagradas al dios Inti:

“Para la monja que delinquiese contra su virginidad, su castigo era que la enterrasen viva y al cómplice mandaban ahorcar… mandaba la ley matar sus parientes y todos los vecinos y moradores del pueblo y todo su ganado, derrumbaban el pueblo, y lo sembraban de piedras, el sitio quedaba maldito y excomulgado” (Garcilaso de la Vega, “Comentarios Reales”: el origen de los incas).

Y ojo con que: “La virginidad a nivel de los runas (gente normal), no tenía ninguna importancia, más bien no tenerla, era signo de prestigio. Después del período de prueba si todo funcionó bien, se lleva a cabo el matrimonio definitivo.”… o sea, teóricamente, eran bastante liberales.

¿No es comprensible, entonces, que haya tal controversia hoy en día a la hora incluso de hablar – a veces – de un beso?

Después de todo, esto fue parte de nuestra historia, y nuestras ascendientes, en teoría, culpables por un sólo acto arrebatado de quemar hasta pueblos enteros… como así las mujeres de casi todas las culturas antiguas del mundo.

Arrurrú, arrurrú…

No sé si alguien se ha fijado mucho en esto, pero la mayoría de los cantos que se le hacen a los niños son realmente sangrientos. Desde en el más elemental arrurú: “Duérmete niño, duérmete ya, que viene el cuco y te comerá”, hasta en las canciones más modernas como la de la chinita que se pierde en el bosque y SE PIERDE, hay cierto inconfundible toque de tragedia, tan claro que llega a ser gracioso (cuando uno es más grande) y que ya ni siquiera se toma en cuenta. Parecido pasa con los mitos clásicos, como el viejo del saco, el diablo u otros seres temibles que luego asedian a los niños en sus sueños (y a algunos aún después).

Y también sucede con los cuentos de hadas. Son horrorosos. Ninguno de los personajes tiene una vida cómoda o ni siquiera relativamente segura: todos, si no son perseguidos por ogros, son abandonados por sus padres, reciben amenazas de muerte, pasan hambre, frío, torturas, y a veces todo esto al mismo tiempo, y aunque casi siempre triunfan (siempre, en la cultura occidental), a veces mueren en el intento, como pasa en el soldadito de plomo quien, es cierto, termina fundido junto con su amor para toda la eternidad, pero igual ¿no es esto excepcionalmente trágico? ¿qué tipo de universo pretendemos presentar?

En estudios sociológicos de este fenómeno se ha dicho que, todo este bagaje, todas estas tradiciones, se han escrito de esa forma para enseñarle al niño a ser autónomo. Se le muestra un mundo en donde hay dolor, y en donde igual se puede ser un héroe; en donde hay evolución, contradicciones, sufrimiento, pero también fe y recompensas, y así entre juegos se les presenta la vida real. La historia del protagonista se hace la del niño propio y se convierte en inspiración. Todos los niños son Juanito de las habichuelas mágicas, la Blancanieves, el chanchito prudente, o la Cenicienta; ninguno es el gigante, ni la bruja mala, ni el chanchito flojo (para qué decir el lobo), ni las hermanastras malas, y eso deja cierto patrón. Además, aprendemos a ser resistentes y a creer que, aunque todo parezca desfavorecedor, si hacemos lo que tenemos que hacer al final estaremos a salvo.

Lo cierto e interesante es que todas las influencias que recibimos quedan dentro de nosotros, sin importar cuáles sean sus épocas. Un buenísimo ejemplo es el que pasó con Pac-Man. Alguien, al ver el fanatismo que producía, criticó que afectaba la mente de los niños, a lo que el creador contestó, indiferentemente y sin pensarlo demasiado, algo como esto: “Si eso fuera cierto, en 20 años más estaríamos encerrados en piezas oscuras, escuchando música electrónica y tomando bebidas energéticas”!!! JAJAJA… Hay que admitir que es divertido!

Así que, quizás sea más seguro atenernos a los cuentos de hadas…

Prejucios lingüísticos

La gente, en general, acá en Chile, tiene un miedo horrible a pronunciar la “sh”. Yo entiendo (y apoyo) que esto pase a la hora de mostrar un lenguaje pulido, correcto, más útil a la hora de encontrar posiciones y trabajos, pero cuando la gente empieza a decir “chow” en vez de “show”, “suchi” en vez de “sushi”, y así consecutivamente, lo encuentro un poco preocupante.

Hace un par de días fue especialmente impresionante. Estaba yo en mi electivo Lengua Quechua, y empezamos a pasar unos verbos que, en su forma informal, llevan la “sh”. Teníamos que repetirlos de uno en uno y aunque el profesor insistía, muy amablemente, que debía pronunciarse con ella, de los 40 alumnos habremos habido sólo unos 5 que lo hicimos… y ni siquiera creo que haya sido por una mala intención, sino que porque, inconscientemente, muchas personas automáticamente transforman cualquier “sh” en un “ch”, como se haría con algún tipo de peligro del cual hay que siempre alejarse rápido, antes de que incluso exista.

Es una locura porque esas “sh” son partes del patrimonio nuestro, de lo que fueron nuestros ancestros en Sudamérica, y al cortarlas, cortamos parte de la cultura y el cuento que nos heredaron… Lo mismo pasa con palabras invitadas de otras lenguajes, como “show” o “sushi”, que son degeneradas al encapsularlas en el modo en que acá creemos que es correcto de decir para gente culta e impresionante. Es decir, sin la temida “sh”.

Lo curioso es que, al final, todo lenguaje es una degeneración del anterior. Todas las lenguas de origen latín, en su comienzo eran un error, un latín mal hablado… pero luego, en la medida en que la gente las usaba y vivía, se fueron haciendo actuales y correctas, e incorrecto el latín previo. Así mismo podría pasar con las “sh”… si las personas dejamos de usarlos cuando deben usarse, terminarán erradicadas del lenguaje porque ya no correrían para nosotros. ¿Y es eso lo que queremos? ¿Podar el lenguaje por un mero temor?…

Es cierto que al final el lenguaje es vida, y por eso movimiento, y que siempre estará cambiando… pero todas estas omisiones ¿están ocurriendo por las razones correctas?

Lo tragicómico es es que esto lo dice alguien que dice “suchi” y que dice “chow”, pero al menos alguien que a veces se cuestiona sobre todo esto… (y que cita los verbos quechuas lo más fielmente que puede… jaja..)

Providencia 2002

Enero de 2002. Mientras yo andaba de parranda en Pucón, mi amiga Trini figuraba en Santiago, trabajando en un local del Drugstore de Providencia para así juntar los pesos que le faltaban para el viaje que nos pegaríamos, junto a más amigas, en ese mismo verano, a Ecuador.

Admirándola un poco y también apoyándola, le escribí un mail contándole de mi vida, y preguntándole cómo estaba la suya urbana. Hoy encuentro que lo que me contestó no sólo es divertido sino también interesante, un testimonio sociológico incluso (aunque uno más charcha), así que quise incluir su mail en este blog.

He aquí:faro 007

Martes 8 de enero 2002.

E-mail de Trini Reyes.

Tema: Vida urbana.

Mi vida urbana, como tú la llamas, es más que un zoológico. No te podrías imaginar la gente que se ve aquí (cómo se nota que apenas he cruzado la cordillera), es como estar en otro mundo o en muchos mundos, con una amplia gama de colores y una visión bastante entretenida, por no decir menos.

Mientras yo, vanidosa, me abanico contra el inagotable calor, observo cómo un guachito, como tú dices, en la vereda de enfrente se engrupe a cada mujer que pasa, tratando de sacarle unas monedas a cambio de unos poemas más gastados que tú sabes quién.

Muchos seres raros pasean por acá, cada uno tratando de llamar la atención.

Lo más alternativo es venir en bicicleta, mientras más vieja mejor, estacionarse, pasearse un poco y obvio: no comprar nada, porque el 80% de los que vienen para acá, no compran absolutamente nada, vienen sólo a posarse y ser posados. Los únicos que compran son los gays que vienen con la pareja, con el pelo parado y teñido de mechas rubias, polerita ajustadas y un cuero increíble, a gastarse lo que no tienen en tiendas exclusivas como Ona Saez y Zaza Dorali.

Uno de los seres más curiosos y especiales son los que vienen con la mamá o la abuelita, de esos también se ven hartos, son los más rústicos y maleantes, y ellas unos angelitos caídos del cielo.

… En general todos se creen artistas, eso lo tengo más que claro, y el artista va por dentro, pero ellos lo tratan de sacar lo más posible… qué ganas de preguntarles ¿cómo representan su arte?, en estos casos el arte sería igual para todos porque son puros clones, nada más que aportar, se me acabaron la pilas de la radio,

trini.

(publicado con permiso de ella – que me costó conseguir así que aprovéchenlo jaja…)

Años vs. edad

Era una preciosa mañana de primavera, 2003. Inocentemente le contesté el teléfono a una desconsolada amiga que procedió a contarme de las asquerosidades de la vejez. Porque resulta que ella, A LOS 22 AÑOS, ya era una vieja, y una de las indiscutibles. Generosamente me describió las mínimas posibilidades de ese mundo, en donde ni los carretes, ni el modo de vida, ni la actitud, ni el propio cuerpo podían ya ser lo mismo. En donde NADA podía serlo, porque todo el universo disponible de aventuras, libre de cambiar, y precioso de ser estaba destinado para los jóvenes, y nosotros, A LOS 22 AÑOS, según ella, ya no lo éramos… Nosotras, según su adorable visión, estábamos ya condenadas a comernos nuestros sueños y pasiones, para entrar en una estructura rígida, en un mundo prehecho, “adulto”, en donde no había locura ni libertad, sino sólo obediencia y deber, pero al que igual “había que entrar”. Desde allá nos esperaban para que nos casáramos y lo antes posible tuviéramos hijos, para así alcanzar a darles esa última gota de juventud, antes de sentarnos a esperar la muerte. La cual, según sus pintorescos cálculos, bien podía ser en unos 4 o 5 años más. Al menos la espiritual, la social, la divertida.

Fue así como mi amiga nos mató a las dos, porque claramente yo era tan espantosamente vieja como ella.

Yo al principio no había creído mucho su discurso, porque siempre he visto que la gente que vive con pasión y hace lo que le gusta, crea, vibra, siente, conoce y VIVE hasta el último día de su vida, sea a los 22 (jaja) o a los 110, que esa gente siempre es joven… Pero a medida que escuchaba su idea, expresa con indiscutible seguridad, empecé a marearme, cayendo en ella con fuerza centrífuga.

¿Será posible? me pregunté, ¿que realmente esté vieja?… Ya no estoy en el colegio. Ya no puedo estudiar muchas carreras más. Ya he vivido algunas cosas. Ya he formado algo… Quizás ya esté condicionada por todo eso, quizás ya tenga la vida decidida por lo que he sido, quizás ya he sido marcada y tatuada definitivamente… quizás nunca pueda cambiar, o elegir algo realmente nuevo, o jugar, y nunca sea más que esto, nunca más algo sorprendente o perturbador: UPS, QUIZÁS REALMENTE ESTOY VIEJA… Sentí cierta frialdad en mi espalda, pero no dije nada… si era cierto, era demasiado horrible; tener las alas cortadas a los 22 años y estar condenada a vivir unos 50, 60 o hasta 70 más petrificada y silente como tras un escaparate. Me quedé callada, si era así, era mejor pasar desaparecibida a ver si el horroroso destino se olvidaba de mirarme y me absolvía. Era mejor que no se supiera que ya habían tomado mi vida de mi propia mano.

Luego salí a la calle, enfundada en un sentimiento de tedio. Me había dado hasta sueño la conversación por ser una tan mortífera. Entonces pasó en su auto mi vecina que también estaba saliendo. Una mujer joven, aunque de hijos grandes, de pelo rubio y crespo pero al modo hippie, no al modo de las clientes frecuentes de la peluquería decolorante. Risueña. Me preguntó si me llevaba. Le dije que sí. “¿Adónde vas?” me preguntó. “Al paradero, ¿y tú?”. “Yo tengo un almuerzo con mis amigas, y estuve a punto de no ir, porque aunque las quiero y todo, se pasan el tiempo hablando de los vieeeejas que somos, tan pero tan cagaaadas y vieeeejas. Yo no estoy de acuerdo, pero al final igual salgo deprimimida”, me contó. Me volví a mirarla, secretamente para comprobar si sus amigas tenían razón (y para sentirme mejor yo), y entonces la encontré jovencísima. Luego me miré a mí misma, y me encontré aún más joven. Me sonreí. Así que no estábamos condenadas… Ya relajada, y dichosa le dije, “no te preocupes, a mi me pasa lo mismo!!”, todo para luego pasar riéndonos el resto del camino de las barbaridades que a veces dice la gente y cómo pueden afectar tanto. Pelamos maravillosamente bien.

viejos

Así vi que es tan fácil descubrir esa juventud , y en especial, esa VIDA en uno, pero es casi como si la sociedad no lo quisiera. Muchos nos enseñan a vivir como si alguna vez pudiera ser realmente tarde para empezar algo, para entrar a alguna parte, para contar y mover. Como si tuviéramos fecha de vencimiento. Y no nos ayudamos mucho a nosotros mismos. En todos los comerciales salen personas jóvenes y en los programas también. No se habla de viejos exitosos, sino que de jóvenes, y mientras más precoces sean, mejor considerado es su éxito. La juventud es un regalo y la vejez una condena, por lo cual se evita, se tapa y se esconde: no se aprovecha. Picasso pintó hasta los 91 años, Anthony Quinn actuó hasta sus últimos días, e incluso tuvo sus últimos hijos a los 80, pero nadie se acuerda de ellos, ni de otras personas maduras que se cambian a sí mismos o que cambian al mundo. Pocos saben y pocos nombran. Y a veces ni nos damos cuenta de que nos estamos perdiendo de algo, por aceptar una forma de ser preestablecida que nos hiere a todos, y esa es la verdadera locura, no el andar corriendo por las praderas a los 22, 57, o 97 años, lo que es pura gozosa libertad. Y si aparecen personas como Fito Páez o la Björk, que ya no son tan jóvenes, haciendo de las suyas, se les excusa con que son artistas, cuando la verdad es que todos somos artistas, y que nadie debería nunca renunciar a su felicidad, por nada en el mundo, y menos porque otra gente lo diga, gente que, por lo demás, en general, lo que tiene es un temor gigantesco de vivir, y lo que hacen es disfrazar ese miedo tras una supuesta realidad que excusa su parálisis.

Esa idea de que podemos establecernos y paralizarnos de una forma para nunca cambiar es mentira, esa idea de que podemos escudarnos del mundo también es mentira, porque él, aunque a veces sea desnudo y peligroso, siempre se está moviendo y siempre está total, absoluta, maravillosamente VIVO. No se puede negar esa vida, no se puede limitar, no se puede esconder realmente… Hay quienes lo saben y lo aprovechan, personas de todas las edades que no se resignan, salen a recorrerlo por dentro y por fuera, viajan, conocen, preguntan, abren su corazón, su mente, y su cuerpo. Se entregan a esa vida y ENTRAN. Creo que ellos son los más felices, y que todos lo sabemos, porque LA VERDADERA FELICIDAD SIEMPRE ES INCONFUNDIBLE, y se nota aún cuando uno no está adentro. Y es cierto que el cuerpo envejece, pero creo que la verdadera edad se lleva por dentro. O al menos así lo parece y a mi parecer vale la pena comprobarlo, mucho más que el entregar la maravillosa pasión para entrar a vivir como un robot programado. O peor, un ser humano vencido. Asustado. Escondido. Infeliz. Huérfano de sus propios milagros. Desconectado de las maravillas del universo. Desconectado de sí mismo.

… Por lo demás hoy cumplo 24 años y me siento perfectamente bien. Amante de casi todo lo pasado e intrigada de todo lo que vendrá… pero, lo más importante: presente. Todas las gotitas de mi vida pasarán por mí antes de entregarlas.

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