Blow my mind

Tenía sólo unos 5 años cuando me amigué con la oscuridad.

Era Concón, en enero de 1987. Mi hermano grande y yo compartíamos una pieza en la playa, y a la hora de dormir él apagó todas las luces cercanas y cerró la puerta, viendo por primera vez yo una oscuridad absoluta, que aunque lloré en contra, mi calidad de hermana chica la convertía en una imposición irrevocable.

En mi concentrado e irritante llanto, creí incluso que mi hermano gozaba, de esa forma maliciosa pero cuidadosa en la que gozan los hermanos grandes cuando molestan a las chicas… pero entonces él me sorprendió diciéndome, en el tono más didáctico posible para sus 9 años y con la suavidad de quien comparte un secreto: “Oye, pero no llores po…”, y la olla de oro: “Fíjate bien, que la oscuridad nunca es completa… uno siempre puede ver figuritas de colores….”, y ante mi sollozada incapacidad para encontrarlos, “Siempre se ven, pero si aprietas los ojos va a ser más fácil… y después vas a poder verlas sin arrugarlos”…

¡Y así era en verdad! Pequeñas figuritas de colores que muchos años después supe que sucedían por la estructura del ojo mismo y el líquido que lo baña, pero que aún así me ahorraron muchas ocasiones de llanto ya que el consuelo persiguió a mis ojos, y ellos siempre estuvieron conmigo, otorgándome lucecitas aún en las noches más oscuras, de ser buscadas.

Y eso no fue lo único que mi hermano me dijo entonces. También me habló de un zumbido que uno siempre podía escuchar, aún en el silencio más profundo y que me hizo ver que, tanto como no había oscuridad completa, tampoco había ese tipo de silencio. Y así no sólo me hizo sentir protegida, sino que también abrió mi mente: El mundo era algo amplio en lo que convenía fijarse, porque en general había mucho más de lo que uno ve a simple vista… Con paciencia uno podía no confundirse, y dejar de temer cosas a las que uno había temido sin ni siquiera haberse detenido a mirarlas… como la oscuridad.

… Años después leí en una revista científica que los colores en la ya tan mencionada oscuridad no es que no se vean, ¡sino que no están! (una forma innovadora de exponerlo), como también leí que ese zumbido distante que siempre puede escucharse, ¡es el eco del Big Bang!… y desde entonces puedo pasear por los lados más oscuros con la tranquilidad e intuición de un gato, sabiendo que en lo oscuro está lo mismo que en lo claro, y que el mundo es tan amplio y maravilloso que en el día diario uno puede oír lo que fue el origen, hace ya millones de años.

Pero, gracias a mi hermano, me paseo con la gracia de quien sabe eso ya desde los 5 años.

 

Las tonteras que uno habla por MSN II

Hace días, con mi hermano chico. Yo desde la casa de una amiga, y él desde la nuestra, nos encontramos en línea y decidimos improvisar una teleconferencia con nuestra hermana que vive en USA. Claro que después se nos olvidó (en parte porque ella nunca contestó) y terminamos hablando de cualquier cosa jejeje…

No corregí ninguna falta de ortografía de ninguno para dejar más natural el diálogo.

Él viene a ser “SIR PABLO GREENE” y yo “¿Quién eres?… soy TÚ“.

¿Quién eres?… soy TÚ dice: HOLA MI AMOR
SIR PABLO GREENE: donde tai?
SIR PABLO GREENE: ay mi cielo
SIR PABLO GREENE: jaja
¿Quién eres?… soy TÚ dice: jajja
¿Quién eres?… soy TÚ dice: estoy donde la kika
¿Quién eres?… soy TÚ dice: hagamos una teleconferencia con la constanza?
SIR PABLO GREENE dice: jaja ooh uwua

Se agregó a Constanza a la conversación.

¿Quién eres?… soy TÚ dice: hola hermana
¿Quién eres?… soy TÚ dice: estamos haciendo una teleconferencia
SIR PABLO GREENE dice: hhhhhhhooooooolllllllaaaaaaaaa heeeeeeerrrrrrmmmmmmmmaaaaaannnnnnaaaaaaaaaa
¿Quién eres?… soy TÚ dice: no nos pesca parece
SIR PABLO GREENE dice: no nos quiere
¿Quién eres?… soy TÚ dice: me llamó alguien?
SIR PABLO GREENE dice: si, la reina de argentina y el gobernador de pakistan
¿Quién eres?… soy TÚ dice: pero como? si están acá tomando té inglés conmigo
SIR PABLO GREENE dice: chucha entonce era una pitanda
SIR PABLO GREENE dice: pitansa
¿Quién eres?… soy TÚ dice: pitanza NERD
¿Quién eres?… soy TÚ dice: anda a culturizarte y nos haces un bien a tu familia
¿Quién eres?… soy TÚ dice: puedo vender tu bateria para comprar unos libros de estudio
¿Quién eres?… soy TÚ dice: qué buena idea, cierto!?!?!
SIR PABLO GREENE dice: TENGO FAMILIA??
SIR PABLO GREENE dice: osea no soy adoptao?
SIR PABLO GREENE dice: o la zorrraaaaaaaaaaaa
¿Quién eres?… soy TÚ dice: eres hijo mio, amor

SIR PABLO GREENE dice: aaahh vale tonce partiste a trabajar vieja fea
SIR PABLO GREENE dice: ja
¿Quién eres?… soy TÚ dice: jajaja
SIR PABLO GREENE dice: jaja
¿Quién eres?… soy TÚ dice: ya, dejemos las bromas pornas que la constanza puede leerlo
SIR PABLO GREENE dice: jajaja poooornografiiicaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!
SIR PABLO GREENE dice: o verda q la hermana mayor q nos dio a los dos la vida esta aqui
SIR PABLO GREENE dice: jaja
¿Quién eres?… soy TÚ dice: jajajajaaj
¿Quién eres?… soy TÚ dice: correccion: nuestro hermano
¿Quién eres?… soy TÚ dice: solo que despues tuvo un problema de sexos y decidio convertirse en mujer
SIR PABLO GREENE dice: noonono ese es el q vivia en el atico y se mudo a california para empesar a vivir su vida de artista y q ahora llaman britney spears
SIR PABLO GREENE dice: jaja
¿Quién eres?… soy TÚ dice: no era ese el que una bruja convirtió en el gato?…
¿Quién eres?… soy TÚ dice: cuantos somos entonces??
SIR PABLO GREENE dice: no po, ese no, ese es otro… cuantos somos .. como… 8, si 8, acuerdate d esos 2 q se los comieron las hormigas por no lavarse la cara antes d dormir
SIR PABLO GREENE dice: hajaa
¿Quién eres?… soy TÚ dice: jajjajaja
¿Quién eres?… soy TÚ dice: esa fue buena!! jajajaja
¿Quién eres?… soy TÚ dice: me voy ahora, chao!!
SIR PABLO GREENE dice: dale chao jaja

I wish, I wish…

La primera vez que anoté metas para el año a por venir, fue hace mucho tiempo. Era esa época preadolescente, donde con mi prima Nicole pasábamos el día en las plazas, calles y malls, haciendo puras tonteras, y hablando casi todo el tiempo de “hombres” que, generalmente, eran todavía mucho más bajos que nosotras. En uno de esos veranos, creo que del ’94, durante una de esas noches de aire fresco, cartas, juegos e interminables conversaciones, tuvimos la brillante idea de anotar todo lo que queríamos vivir y lograr durante el año siguiente.

Al principio era una humorada, sólo una de tantas listas que hacíamos, entre la de “cosas que nunca quiero hacer” (como recibir un lavado de guata, cosa que le tocó mi prima y a mí no), y la de “gestos que me gustan” (jeje, por decir algunas), así que aunque pusimos cosas normales, también agregamos otras muy fabulosas y fantásticas, o que no dependían para nada de nosotras, como tener una piscina, o ganarnos el raspe millonario, o ya ni me acuerdo bien qué.

Luego, no fue solamente lo deliciosa de esa sensación de poder dibujar la propia vida con unos simples lápices scripto, sino también el hecho de que, al anotarlas, las recordábamos y, al mantenerlas en la mente, estábamos más orientadas a ellas, y las cumplíamos más, por lo cual, se convirtió en una costumbre. Así fue como, al final de cada año, revisábamos las metas en conjunto, descubriendo que, aunque algunas no iban, otras, muchas veces las más inesperadas, se habían logrado de forma sorprendente.

Era muy útil porque veíamos el año en perspectiva, y además lo pasábamos bien, riéndonos de lo bacanes o charchas que éramos (generalmente las dos cosas al mismo tiempo), y luego inventando unas nuevas, para el nuevo año pilucho… aunque lo mejor de todo, era que siempre quedábamos de lo más enfocadas y optimistas. Una verdadera inyección de energía, que ilustrábamos hasta con horarios, mapas, indicaciones escritas y todo tipo de entusiastas implementos.

A los 13 años (11 de ella) ya éramos partícipes de nuestros destinos.

Luego perdimos la costumbre, pero por todas las cualidades ya dichas, yo volví a retomarla tan sólo unos años después, y de ahí nunca la dejé. Aunque sea algo inusual y, quienes me han capturado teniéndolas, a veces se ríen, siempre es una buena forma de engolosinarse, para luego sumergirse, en el año que se viene casi entero en blanco, y de, además, acumular alegría por, entre lo de peso, anotar pequeños sueños puramente embalados y placenteros que también son un motivo para vivir (como tirarse en parapente, dedicarle a alguien una canción, o aprender a chiflar). Además, funciona.

Hace algunas semanas, estuve releyendo las metas para el año 2001, unas metas tan elevadas, embaladas, impresionantes y hasta deschavetadas, que incluso mientras las escribí, encontré que eran demasiado… ¡pero se habían logrado y cumplido todas! No durante ese mismo año, eso sí, sino que, el total, más bien un par más allá (y con algunos sueños del tipo parapente pendientes), pero igual me quedé con la boca abierta, casi helada, paralizada de admiración por el método… porque eran muchas y muy increíbles, para mí… me sentí tan agradecida y tan feliz…

Desde entonces he creído que hay que soñar todo lo que uno pueda, por lo cual mañana mismo empezaré a construir el armazón para los sueños que se me cumplirán durante el magnífico 2006… aunque siempre se vengan algunos que uno ni se esperaba.

¡FELIZ AÑO NUEVO!

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Música, pasión y remolino

Cuando era chica mi mamá me dijo “si tocas el piano, entonces después puedes tocar cualquier cosa”. Me gustó la idea de esos límites abiertos, así que entré a clases de él, en la Escuela Moderna, pero no duré más que un semestre. Tenía cerca de 10 años y ninguna paciencia, lo que no significa que el piano no me emocionara profundamente.

Supongo que no siempre somos pacientes con lo que nos gusta…

En mi casa consideraron que esta fue mi puerta de entrar a la música (o de la música para entrar en mí), pero tanto antes como después toqué todos los instrumentos musicales posibles que se me cruzaron, desde el más elemental y colegial xilófono, hasta la guitarra, pasando por la armónica, la flauta, la batería y la ocarina, incluyendo incluso un par de notas de saxofón, robadas furtivamente del de mi hermano (quien siempre me descubría porque mordía y rompía sin querer las lengüetas), y en fin, todo lo que pudiera alcanzar. Ninguno pasó inadvertido ante mí, y hasta un charango intenté comprar, hace un par de años, en un viaje, cosa que al final no logré porque justo entonces me asaltaron… un charango que compraré alguna otra vez, ya que hasta en mis recuerdos me cierra un ojo con magnética fuerza.

Los instrumentos musicales realmente me posesionan, me llaman la atención de una forma que podría definirse incluso como indecente: siento como si me quemaran, y como si una fuerza invisible me empujara hacia ellos. Para mí son túneles seguros a las más indescriptibles, pero claras emociones, y a exóticos estados espirituales y mentales, que están tanto afuera como adentro de uno mismo. Al tocarlos a ellos, toco también las propias fibras de mi alma, domestico y me domestican y llegamos juntos a algo mayor, que no puede encerrarse y que lo inunda todo de una forma innegable, chorreando por todos lados, de arriba a abajo y de abajo a arriba, y también de lado a lado.

En mi recorrido por la música, he conocido a muchos instrumentos musicales, y pretendo conocer más, pero de todos ellos, para mí no hay ninguno más gratificante que el propio canto… porque es entonces cuando una misma se hace música, y las vibraciones armónicas rebotan hasta la más mínima punta de los pies, hasta el punto más interno del pecho, y lo llena todo, a la vez que lo convierte. Desde el centro del propio cuerpo se da origen a los remolinos más impresionantes. Todo alrededor es eléctrico, lleno de energía pura y liberada, lleno de posibilidades.

Es casi como brujería, como si uno se confundiera con el espacio indefectible y echara chispas por todo alrededor, y eso, juntado con más instrumentos puede ser realmente alucinante… aunque también puede serlo sin ellos, porque cada pedazo de música es la música misma, y así cada instrumento vale por sí mismo.

… Cuando pienso en todo esto, estoy segura de que habría llegado a la música de cualquier forma, aunque no hubiera jamás tocado un piano… pero también es cierto que mi primer feliz recuerdo de un regalo de Navidad, fue justamente uno de ellos, plástico, rosado y pequeñísimo, y que desde el primer momento me abalancé sobre él con mis dedos que en ese momento eran tan pequeños como el pianito (proporcionalmente, claro), y de lo más regordetes.

Quizá fue entonces cuando empezó el sueño, la aventura y la fantasía, por encontrarme con uno de los grandes amores de mi vida, y por vivir borracha de él desde ese primer entonces.

Lo cierto es que llevamos por lo menos 20 años de romance puro.

Lo cierto es que es para siempre.

Lo infinito

Una mujer abrazando a sus niños. La mujer, la misma. La pieza y la cama, las mismas. La sensación, la misma. La sangre que corre por los niños, la misma… Sólo una nueva generación de ellos, y casi unos 20 años de diferencia… ínfimos.

El enemigo invisible

Era el año 1994 y con mi prima Nicole nos pasábamos la vida metidas en el Club de Golf que limitaba (y aún limita) con su casa: el Sport Francés. Pasábamos los días enteros vagabundeando por las canchas de hockey, haciendo picnics en el cerro de los conejos, buscando sapos en las lagunas de las canchas de golf, recolectando y comiendo almendras silvestres, tirándonos por las pendientes con bolsas de basuras, y así sucesivamente, libres y curiosas, bien cabras chicas, insoportables e insistentes, olisqueando y entrando felices en todas partes.

Al mismo tiempo, durante ese mismo año, en el techo de la casa de ella, nacieron muchos gatitos de una gata callejera que se había instalado a vivir allí. Uno de ellos, que era blanco con manchitas grises, era nuestro favorito, ya que era el único que nos dejaba tocarlo. Lo apachurrábamos cada vez que podíamos, por el puro placer de sentir que nos pertenecíamos, y de que éramos lo suficientemente especiales como para hacer un vínculo con un animal salvaje, así como en las películas.

Fue muy poco después de eso cuando, en un día cualquiera, y durante alguno de nuestros paseos, empezamos a notar que, en la soledad de las canchas, estaba lleno de pájaros muertos, vacíos por dentro, como si alguien les hubiera sacado el corazón. Probablemente fueron esos pájaros grandes y oscuros, que se comen a los canarios, y dejan los restos, cuyo nombre justo ahora no recuerdo, pero nosotras creímos que era gente satánica, que hacía rituales en el Club a escondidas, y que tenía que matar a los animales para poder hacer esos rituales.

Era cierto que estaba lleno de plumíferos cadáveres, pero más cierto era que el poder de nuestra imaginación era realmente grande, muy útil, también, a la hora de hacernos la vida más interesante. Mi prima y yo empezamos a pasar horas elucubrando oscuras teorías que nos asustaban y excitaban a la vez… Nos mostrábamos horrorizadas, pero hoy podría admitir que, aunque nunca lo aceptamos, la verdad es que nos gustaba la idea del satanismo tan cerca de nosotras, porque nos hacía sentir importantes, y en el meollo mismo de la verdad y del movimiento… nos convertía en visionarias, en personas especiales, que debían salvar a los pájaros, y por eso cuando nos preguntábamos si empezarían a matar gente en vez de a ellos, asustándonos una a la otra, se sentía como si lo quisiéramos realmente aunque a la vez, claro, era sólo un juego infantil de pasarse el rollo, de jugar con realidades que uno no querría de verdad, porque además tampoco creíamos realmente que existiera…

Hasta que pasó algo que nos hizo creer que realmente nos habían fichado: El gatito blanco que tanto nos gustaba apareció atropellado en la calle, justo frente a la puerta de casa de mi prima, como dejado a propósito. Estaba paralizado y completamente rígido. Fue muy triste pero también un poco divertido, casi surrealista, carnavalesco. Lo bueno fue que, pese a ser una muerte indeseada, era un ticket para entrar en la película… La Nicole y yo recogimos al gatito, y luego lo enterramos con muy pomposa parsimonia, en el Club, poniéndole encima una enorme cruz de madera hecha por nosotras. Creo que hasta le pusimos flores… pero no teníamos tanta pena porque, desde el momento en que lo vimos muerto, supimos que ya se había ido: no era ya esa masa rígida.

Luego, al día siguiente, la sorpresa fue enorme cuando descubrimos que alguien había dado vuelta la cruz y la había vuelto a plantar, pero boca abajo, así como las satánicas…!!! Hoy pienso que probablemente fue algún chistosito, pero entonces nos quedamos heladas… aunque también felices: ahora sí que estaban jugando con nosotras… El enemigo se había manifestado y era invisible. El cuento que habíamos inventado mostraba vestigios de realidad. Quizás éramos visionarias después de todo.

Esa tarde, cuando ya no había nadie, por no saber qué más hacer, nos metimos en el Club y desordenamos todo lo que pudimos; botamos las gradas, sacamos las redes de las canchas de tenis, y escribimos tonteras con la máquina de tiza que raya esas canchas. Les hicimos nudos a las mangueras, dimos vuelta las máquinas limpiadoras, los arcos de fútbol, y todo lo que encontramos. Estábamos felices. Nunca fuimos de ese tipo de personas tan escandalosas, pero la lucha contra el satanismo nos daba tarjeta para hacer cualquier cosa. Nos sentíamos heroicas y poderosas y que la labor hecha era necesaria… aunque en el fondo sabíamos que no y que, aún si existiera, estáríamos actuando como quien da espadazos en el aire… sin ver realmente.

Luego nunca más vimos pájaros muertos ni supimos nada.

Hoy recuerdo todo lo que pasó y me pregunto si de verdad no habrá sido una película. También me da un poco de gusto y un poco de risa, porque de verdad nuestra imaginación nos abría unos mundos muy multicolores. Acontecimientos comunes eran toda una manifestación de profecía y verdad. Vivíamos de una forma muy intensa.

Hoy también encuentro que lo pasábamos chancho.

Lávate los dientes / No quiero, mamá! (Mazapán).

Cuando era chica me cargaba lavarme los dientes. Me daba una lata horrible y hacía todo lo posible por evitarlo. Gracias a Dios me tenían en la mira y no me lo hacían fácil, pero luego eso no hizo más que acentuar mi mente truculenta cuando me sentía muy rebelde y no le veía el porqué.

Luego, como a los 10 años, fui a mi primer campamento scout. Ahí estuve con otras niñas que también odiaban lavarse los dientes, y con las cuales compartíamos, riéndonos, secretos para evitarlo. Recuerdo que entonces una de las guías, de unos 16 años, al escucharnos nos contó que ella había sido igual y que luego se había dado cuenta de que era malo, pero no supo decirnos el porqué era malo. Más nos rebelamos entonces. Nos sentíamos poderosas, al hacer lo prohibido y al creernos incólumes al hacerlo. Si habían repercusiones, no las veíamos, que era lo mismo que si no existieran. Y así, gozamos esos días sintiéndonos tan peligrosas y desafiantes como si hubiéramos traficado drogas, robado un auto o quién sabe qué. Éramos personas independientes, importantes, diferentes. Libres. Habíamos desobedecido y nada terrible había pasado.

Hasta la vuelta. Entonces, al ver que no era la única y al sentirme tan bacán, le conté a mi mamá. Ella me dijo que yo mentía, porque yo siempre me había lavado los dientes y que las otras niñas me habían corrompido o algo así. Pero no. Y así, orgullosísima le conté cómo lo hacía para engañarla (las veces en que lo hacía): echar a correr la llave, dejar pasar un rato, echarle un poco de pasta de diente al cepillo y otro poco a mi boca, para quedar con el olor a frutilla. Y listo. Todo un procedimiento.

Mi mamá se río, y luego me dijo: “Con tanto trabajo, ¿no sería mejor que te los lavaras nomás? Te demorarías lo mismo, o hasta menos.”

Aunque después también me dio risa, al principio me quedé callada de humillación, y eso que mi mamá ni siquiera lo dijo en mala onda, sino que estaba realmente divertida con todo mi anhelo de independencia y la tontera incluida. Todavía me acuerdo de la enorme sonrisa. Entonces todo quedó claro, y cuando pienso en esa sonrisa he creído, que ella entonces también lo vio así y supo que con su respuesta me había convencido sin obligarme, pero lo más probable es que no… Yo era tan chica… ella igual sabía que iba a tener que seguir vigilándome por un tiempo más, instándome a hacer las cosas, empujándome, educándome y todo lo demás, y no precisamente en lo elevado sino que en algo tan básico como la historia de una niña y su cepillo de dientes, casi siempre vestido de rosado.

Lo seguro es que mi orgullo herido pesó más que cualquier razón sanitaria, porque fue desde ese entonces y no antes, que empecé a lavármelos por iniciativa propia. Lo otro es que, una razón clara, comprensible, lógica y visual es siempre más rápida y útil que un argumento de los “porque sí”, porque cuando vemos por nosotros mismos el porqué de algo, es mucho más probable que lo hagamos… como también es útil el amor y que la gente se ría de nuestras locuras, en especial los que están más cerca… porque todo se vuelve un juego, entonces, y en los juegos es mucho más fácil ceder, además de que uno lo pasa mucho mejor.

Backup

Me encanta esta foto. Son mi hermana con su hijo (por ahora) menor: Pedrito.

Me encanta porque cada vez que la miro pienso en Dios. Me imagino que debe ser así, como mi hermana con su hijo, mirándole la espalda mientras él anda con la maña y tomándose de frustración las propias manitos. Mientras pasa eso, ella se queda ahí y se sonríe, mientras sigue cuidándolo. Pedrito anda con expresión de sentirse solo en el mundo, y podría simplemente darse vuelta para mirarla, pero no lo sabe. Tampoco importa realmente, porque en el fondo tiene que saberlo…

Y ella simplemente espera, a que él decida lo que quiera decidir, y se mueva adonde quiere moverse. No interrumpe aunque mantiene una expresión brillante. Está simplemente contemplándolo en silencio. No tiene ningún apuro por irse a ningún otro lado y ni siquiera le importa si Pedrito no lo sabe. La foto inspira al acto de amor más involucrado y a la vez más anónimo.

Y él se ve tan exquisito, aún en medio del llanto y la confusión, como debemos parecerle a Dios cada uno de nosotros.

Conociendo a mis sobrinos

La mañana hace unos tres días. Mi sobrina Javiera, de 6, preguntándome en qué trabajaba yo. Estoy en el “college” – le dije, porque, como viven en USA la mayor parte del año, manejan mejor el inglés. ¿Y de qué es tu degree? – preguntó. Literatura… literature, y journalism con el tiempo, es largo de explicar. No es como allá – le contesté.

Ah – dijo pensativa – yo cuando grande voy a hacer un degree of Art

¿Y tú? le pregunté al otro, Gonzalito, de 5 años, y me contestó algo medio gritando que jamás entendí qué era (maldito inglés). Parecía ser algo terriblemente excitante.

¿Y tú? le pregunté, por último, al tercero, Pedrito, que acaba de cumplir 3, y él me contestó (también gritando)… “Yo quiero ser un LION!!!”

OH MY GOD!!!

El secreto de la eterna juventud.

Era una noche cualquiera en Cachagua de este verano. Yo estaba alojando en la casa de mis tíos, y como ellos habían salido, figuraba entretenida acompañando a sus nietas. Sentada como india junto a la Jacinta, de 4 años, sobre el suelo de madera y escuchando el mar, jugábamos con unos monos plásticos mientras conversábamos de lo que yo haría esa noche.

Es que la Jacinta quería saber todo sobre el mundo de “las chicas” (por así decirlo)… Con sus enormes ojos pardos, brillantes de excitación, me preguntaba cómo era pinchar, cómo se hacía para coquetear, cómo era “ser grande”, porqué las mujeres tenían que quemarse en verano cuando a veces dolía, entre toda otra gama de verdades y secretos, como si yo los supiera y dominara a la completa perfección. A su vez, me contaba cómo iba a ser su marido, cómo se habían conocido sus papás y qué colores en la ropa le gustaba usar. La Jacinta sabía exactamente lo que quería, y me lo decía sin dudar ni un poco, y así se nos pasó el tiempo de lo más entretenidas porque al parecer las mujeres, tengamos la edad que tengamos, siempre seremos mujeres y siempre disfrutaremos de ese tipo de conversaciones.

Hasta que llegamos al tema del pelo. En algún momento se llevó la sorpresa de saber que habían personas que se teñían no por querer cambiar de color, sino que por esconder canas. ¿Y porqué le salen canas a la gente? preguntó. Porque se les acaba el color cuando se ponen más viejos, contesté tranquila, mirando el suelo, un poco distraída.

¿Y por qué la gente se pone vieja? otra vez preguntó, y yo estaba lista para comenzar un discurso biológico espiritual cuando ella me interrumpió y me preguntó a mí, impactada de mi ignorancia: “¿tú no sabes cómo no ponerte nunca vieja?”…

¿Cómo? – le pregunté yo, y entonces ella abrió la boca para dar su fórmula como quien enseña a otra persona a abrocharse los zapatos o a abrir una tapa complicada. Es decir, con una simpleza combinada de enorme seguridad, para decir: “Mira… si no quieres ser vieja… tienes que querer mucho, mucho, muuuucho a toooda la gente y a tooodos los animales, y entonces nunca vas a ser vieja”.

CHAZUM, 4 años y la fórmula para la felicidad perfecta.

Se la había dicho alguien más pero ella tenía esa percepción ya inmersa en lo más profundo de su ser y así ya me la decía desde su propia experencia, de ella misma… Entonces entendí que, cuando había preguntado porqué le salían canas a la gente, su pregunta en realidad fue porqué la gente elije tener canas cuando puede no tenerlas. Y lo mismo con envejecer.

Creo que ni ella misma se dio cuenta de lo increíble que fue lo que estaba diciendo y yo no dije nada aunque lamenté que no hubiera nadie más ahí para codear. No dije nada porque el momento había sido perfecto y completo… Luego seguimos soñando como Susanitas, cantando canciones curiosas y jugando con los monos, hasta que sus papás y abuelos llegaron, yo salí a bailar, y se fue ese día.

Aún así, no lo he olvidado, y creo que probablemente no lo haré nunca, porque fue uno de los mejores momentos que tuve durante ese verano.

La Jacinta con mis sobrinos Javiera y Gonzalo en USA (la más a la derecha).

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