FAN DE DAVID BOWIE

bowie 6Bueno, hoy se murió David Bowie y fue un día TAN AMARGO para mí. Lloré cada vez en que me acordé. En el baño, durante el trabajo. En la calle, ante el horror de los otros mortales (algunos). En el auto, en la bici, y en el metro. En la universidad, antes y después de dar un examen de final de trimestre (y casi durante). En el supermercado. En todos los lugares,  todo el tiempo. Y no soy el tipo de persona que llora cuando mueren famosos… no soy, en realidad, el tipo de persona que llora cuando muere nadie a no ser que, claro, sea muy trágico, porque la muerte es parte de la vida, y blablablá, y qué le vamos a hacer, y yo también me voy a morir un día.

PERO DAVID BOWIE.

Este hombre fue tan talentoso, y tan impresionante, y tan increíblemente estimulante y creativo… qué manera de volar con él. Un artista como pocos, y creo que el más importante que haya partido desde que tengo memoria… realmente importante, y personalmente no creo que se le tome el peso hasta un tiempo, pero lo que más me conmueve de él no es esa mera genialidad (que es bacán), sino que EL AMOR con que la expresó.

bowie 5Es que tenía TANTO AMOR. Todas sus canciones REBOSABAN aceptación y amor. Por ejemplo, cuando grita “Oh no, love, you’re not alone. Give me your hands, ‘cause you’re wonderful”, en Rock and Roll Suicide… es terapéutico. La primera vez que lo oí me impresionó profundamente. Sentí como si me dijera, personalmente y sonriendo, que yo era importante. Me dio tantas fuerzas, cuando no las tenía, y tanta inspiración, cuando sí. Me concedió tanto valor, y hermosura, y dignidad, y me hizo no solo amarme a mí, sino que también a todos los demás. El mundo cobró significado, se llenó de colores. Me volví buena, santa, merecedora, pura, y también, otra vez, conmigo todos los demás.

Cosas parecidas me pasaron con muchas canciones, y estoy segura de que no soy la única. Es cosa de ver los homenajes.

Muchos dicen que Bowie era el representante de los geek y de los freak y etcétera pero, a mi parecer, era el representante de todos. Porque todos eran bienvenidos. Todas las razas. Todas las edades. Todos los estilos. Todos los sexos, e incluso la falta de ellos (si se puede), y su estilo era tan emocional y tan directo. Él escribía pensando en mí. Escribía pensando en ti, y uno podía encontrar de vuelta el camino al propio corazón, tan solo transitando por los caminos de su música. Porque su corazón era el tuyo.bowie 7

Y era tan bacán aparte de eso. Escribía canciones tan absolutamente locas y perfectas, coloreando con gracia más allá de TODOS LOS MÁRGENES, pero igual nunca se sintió, por ello, superior al resto. Con la misma facilidad con que podía componer hits delirantes, podía hacer covers de otros artistas, como God Only Knows de los Beach Boys, sin caer en el despotismo del divo, del miedo a “mezclarse con la chusma”. Ni siquiera necesitaba ser siempre el protagonista. Por ejemplo, en I am a Passenger, de Iggy Pop, hizo simplemente los “lalala” de fondo, y en Sorry, de Tim Machine, la voz secundaria, sin sentirse reducido por ello (diría yo).

Cómo no me iba a gustar. Era todo lo que yo quería ser, en mi propia versión. El talento hecho acción, dibujando sus propias (casi inexistentes) barreras. Y, a la vez, simplemente un ser humano. Aunque, por supuesto, debe haber tenido un montón de defectos, posiblemente ocultos para el baboso público, en especial el día de su muerte.

Ah, y se vestía tan, pero tan bien. Incluso sus disfraces tenían planeado hasta el último detalle. Y más encima era mino. QUÉ ELEGANCIA, DIOS, QUÉ GARBO, QUÉ…

Adiós, David Bowie. Siento tanto que hayas sufrido así tus últimos años, que te hayas visto obligado a partir, y también lo siento por tus seres queridos. Tu canción de despedida (ver Lazarus, llevar pañuelos) me rompe el corazón, y realmente espero que ahora seas libre del dolor, tal cual rezan tus versos. Al final, pese a toda tu no tan buscada gloria, tenías el derecho y el deber de partir, como también haremos nosotros… pero tus canciones son inmortales así como tal vez seamos en el cielo, y yo las llevaré siempre en mi ya no tan atribulado corazón, porque éste construyó tejidos completos alrededor de ellas, como esos árboles que crecen y absorben carrocerías enteras. En tu caso, de cristal y pura preciosura.

No tengo más que decir. No creo que jamás pueda escribir esto con la elocuencia que querría. Solo puedo agregar gracias. Gracias, gracias, gracias. GRACIAS.

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MIS FAVORITAS (en orden alfabético):

As the World Falls Down

Absolute Begginers

Ashes to Ashes

Bring me the Disco King

Cygnet Committee

Dance Magic

Five Years

Modern Love

Rock and Roll Suicide

Space Oddity

Wild is the Wind (cover)

 

Oh, no, not love, you are not alone!!

Los famosos que me gustan

El miércoles iba con un amigo por el centro, cuando nos encontramos con esa tonelada de revistas hot en los kioscos que hay. “¿Por qué todas las porno son para hombre?”, le pregunté yo. “O para los gays”, agregó él. “Apuesto que si hubiera una de hombres para mujeres, alguien la compraría”, continué, medio acariciando la idea de un nicho de mercado. “Lo dudo”, refutó él, “porque la mujer es más auditiva y menos visual y blablablá. Y mas romántica”

Bien, tal vez tenga razón, pero igual me dieron ganas de escribir un post que funcione como un pequeño espacio de admiración y de homenaje a lo que es el hermoso sexo masculino, que no siempre es tan celebrado como debiera. Aunque mi post no será un post porno, sino que algo más delicado y elegante, propio de una servidora respetable como ésta, que además tiene que cuidar su imagen pública, jaja.

Así que hoy vengo acá a compartir mi top 10 de hombres que encuentro guapos, ¡sí, señor! ¡10 guapotes! A ver si se les alegra un poco el día a otras admiradoras (y admiradores), en especial en estos estresantes tiempos pre-navideños. A mí sin duda me lo alegró bastante, al elegir sus fotos. No fue una elección fácil, dicho sea de paso, y varios se me quedaron en el tintero, pero había que priorizar. También puse varios bonus track graciosos, que hacen que al final sean mucho más que 10. Tómenlo como un regalo de pascua, que va también para mí misma, jojojo.

Y, por supuesto, son muy bienvenidos de comentar sus propias preferencias, si quieren compartirlas..

No llegaremos a este nivel de exposición.

 

Mi top 10 (todo en orden alfabético):

1. David Bowie.

Sí, sé que tiene como 100 años (64, para ser exactos), pero lo encuentro espectacular, en todo sentido. Tiene un ojo por el que apenas puede ver, por una mocha que tuvo con un amigo cuando eran chicos, a causa de una niñita que a los dos les gustaba, y siguen siendo amigos después de eso. Cuanto todavía estaba en el colegio lideró un movimiento estudiantil para que los dejaran usar el pelo largo (se puede encontrar en youtube), y luego, cuando se convirtió en cantante, fue el primer hombre en atreverse a usar maquillaje, lo cual aparece en su video “Rebel Rebel”, que justamente habla de eso.

Es un rebelde y uno de los buenos, porque usó su fuerza creativa para crear cosas positivas y no solo para andar alegando por la vida. Pasó por su etapa de drogas, pero la superó, y aunque no le funcionó su primer matrimonio, está casado hace rato con una somalí y tiene incluso una hija chica. Y escribe una música realmente buena, hasta hoy en día. Sigue vigente y hasta hace cosas como ir a ese show gringo de la Ellen De Generes. Y podría continuar, describiendo, y babeando entremedio.

Yo lo encuentro un ave fénix. Estimulante, pero también mino. Tenía unos dientes horribles, y se los arregló, pero yo lo encontraba mino aún entonces… porque lo más sexy que tiene es pasión. Es un tipo con pasión y se nota en todos sus videos y canciones. Eso es lo que más me gusta de él, porque claramente no es una belleza, aunque sí derroche estilo.

Jejeje.

 

2. Asier Etxeandía.

A éste solo lo he visto en una película (“Gordas y mentiras”), en la que más encima hace de gay, pero lo encontré tan pero tan guapo. Tiene unos ojos límpidos, y un estilo medio chilensis, y ese acento tan sexy que tienen los españoles (es español). Además, en su papel es un tipo muy atractivo, aunque vaya por el otro lado.

Cuando vi la película me picó el bicho de la curiosidad y así descubrí que por ahí dicen que quizá sea gay también en la vida real. En ese caso, a quién le importa. No es como que vaya a casarme con él. Todavía podemos soñar.

 

3. Heath Ledger.

Ledger tenía esa cara tan masculina y ese espíritu tan particular. Yo creo que es especialmente inolvidable para la mayoría de las mujeres, en esa escena en “10 cosas que odio de ti”, donde su pose de macho man revelaba un tipo sensible. Aww, sí, el sueño femenino, es veldá.

Además, era un actor muy bueno. Una lástima que se haya muerto.

4. James Marsden.

Sé que es el prototipo de hombre mino, pero eso no me desincentiva (muchas encuentran eso un defecto, lo que viene a ser simplemente otro tipo de prejuicio). Alto, moreno, bien formado, ojos azules, sonrisa encantadora. Lo que más me gusta es el aura que irradia… esa mirada tan brillante.

Casi siempre lo ponen en papel de mino, y muchos creen que basta solamente por ser mino, pero es también un buen actor. Creo que le pasa lo que le pasa a Rob Lowe, que siendo espectacular, no siempre fue tomado con seriedad (aunque no hay que olvidar que el mismo Brad Pitt empezó siendo un chico medio gigoló, en “Thelma y Louise”).

Sea como sea, yo disfruto viéndolo en las películas. En “Hairspray”, cuando hacía al tipo perfecto que al final cedía en ayudar a los afroamericanos… aunque más en “27 bodas” en donde hacía de este tipo sencillamente espectacular, todo un sueño de hombre y además tan reacio, jaja.

Casi me estoy ruborizando.

5. Ewan McGregor.

McGregor es uno de mis máximos favoritos, aunque nunca he visto “Trainspotting”, su peli clásica. Sé que objetivamente no es demasiado mino, y que ya no es tan jovenzuelo, pero… oh… qué tipo espectacular. Es otro de los que irradian pasión, y no solo en las películas románticas, como Moulin Rouge, sino que también en las más serias, como en Star Wars cuando es el joven Obi Wan Kenobi y tiene que dejar al futuro Darth Vader medio muriendo entre la lava… esa escena donde le grita es para pararse los pelos. El solo hecho de recordarla ya me saca una lagrimita.

Sin embargo, cuando me “flechó”, fue en esa película que hizo con la Cameron Díaz hace millones de años, cuando es un cobardica que la rapta para ganar plata y luego no tiene el coraje de cobrar la recompensa (ella termina haciéndolo, porque se enamora de él). Hay una escena en donde supuestamente van a matarlo y él llora como una niñita, corriendo, y gritando, y cayéndose, haciendo un ridículo total (lamentablemente no la encontré en youtube, porque es genial).

Sí, sé que va completamente contra lo que se espera de las mujeres, un hombre llorón, pero en esa escena apareció tan espontáneo y tan absolutamente encantador. Ninguna dignidad. McGregor totalmente entregado a su personaje llorica. Me hizo reír y llorar también. Lo encontré de lo más refrescante y de algún modo, en medio del desastre, se las arregló para seguir viéndose de lo más hot, en parte por estar vivo, y tener instinto de supervivencia, y sentimientos.

El guapo en la vida real está casado hace años de años, y tiene entre sus hijos un par que son adoptados. Sí, qué me debería importar a mí… pero en cierto sentido me hace admirarlo más.

Y aparte canta que da gusto.

6. Brad Pitt.

Sí, me gusta Brad Pitt y qué. Jejeje. A veces la belleza convencional está muy bien. Es un tipo totalmente masculino, de mandíbula cuadrada, y con esos brazos y esos pectorales… y aparte tiene cierta dulzura, y actúa muy bien. Y no tiene miedo de verse mal, como en Benjamin Button, cuando empieza siendo muy pero que muy requeteviejo. Ponerse en papeles así denota cierta seguridad que siempre es atractiva de encontrar.

Debo admitir que a veces veo películas solo porque sale él, aunque menos que antes (quizá porque simplemente veo menos tele que antes). Sin embargo, no creo que nadie que se lo haya encontrado en “Leyendas de pasión” la haya olvidado porque… ¡Dios!. O en esa en donde tenía un hermano mayor e iban a pescar juntos. Eso sí, hay que admitir que en ambas películas le dio duro al papel del “bello indomable”, siendo mino y rompiendo a toda la gente a su paso, convirtiendo a esta belleza incluso en algo peligroso.

Más adelante hizo películas más serias y fuertes, donde hizo otro tipo de papeles. Pero eso lo digo para dejarlo bien a él, porque a mí no me importa. Que actúe de lo que actúe: para mí, con verlo a él es suficiente: A Brad Pitt, un modelo actual y a la vez clásico de belleza masculina.

Además, he visto películas suyas de tan chica que casi siento que lo conozco (la patuda, jaja).

7. Paul Rudd.

Éste me gusta porque encuentro que tiene de los ojos más dulces de la Tierra. Y es otro que no tiene problemas en hacer papeles donde queda mal él: ha hecho de histérico, de nerd, de tipo sin amigos, de tipo fracasado, del “perfecto” que al final no quieren, etcétera y etcétera… simplemente va y hace su trabajo.

El primer papel conocido que hizo, eso sí, lo deja bien parado. Éste fue en “Clueless”, donde es el hermanastro mayor empollón (jaja) de la Alicia Silverstone y terminan juntis. Sí, empieza como el tipo del que se ríen, pero al final se queda con la chica cool.

Rudd además tiene una cara muy linda, y a pesar de eso es de lo más varonil. Y no siempre está flaco y espectacular, lo que lo hace en cierta forma más abordable. Y en la vida real también está casado con la misma mujer desde hace años (sí, qué me importa a mí, pero de algún modo lo hace).

Pero lo que más me gusta de él, otra vez, son sus ojos. Aún cuando grita o tiene que parecer totalmente mala onda, tiene esa dulzura que cae chorreando de ellos. A mí casi me dan ganas de llorar cuando lo veo (ya, me embalé, jaja) (pero es cierto).

 

8. Dan Stevens.

El heredero improvisado de la serie “Downton Abbey”. Quien lo representa es un actor inglés de unos 28 ó 29 años (la otra vez lo busqué, pero ahora me da lata corroborar). Y a mí me parece guapísimo.

Tal vez mi fascinación tenga que ver con que esta serie está ambientada en la época antigua, por lo que el tipo aparece siempre vestido medio elegantoso y hablando en modales refinados (jeje), siendo además misterioso pero tierno, en su papel.

Pero lo que más me gusta de Stevens es que parece un hombre. Con sus manos y su porte, e incluso el par de kilitos de más que tiene, que se van directamente a una incipiente doble pera. No a todos le sientan bien esos kilitos extra, pero a él lo hacen verse saludable, y aparte me recuerda un poco a mi abuelo noruego, que tenía su propia generosa poncherita. Tanto Stevens como mi abuelo eran señores antiguos, rubios, de ojos claros y con cierto tinte de misterio, enmarcado en tenida de frac.

Sin embargo, me corrijo: lo que más me gusta de Dan Stevens no es que sea un hombre… es que parece completamente contento de ser quién es y de cómo es, sin interés alguno de copiarse a los demás. No se parece a los otros actores de Hollywood, porque no es físicamente perfecto (aunque sí es bastante guapo). Y también tiene unos ojos muy especiales.

Además, según vi la otra vez en youtube, sabe cantar, ¡y en alemán! A quién puede no gustarle eso.

9. Jim Sturgess.

Éste es otro que encuentro sexy, sexy, sexy. Aunque no es feo, tampoco es objetivamente una belleza. Es solo un tipo regular, de ojos redondos, alto pero no tanto, de cara agradable… pero con una expresividad en esa cara y unos gestos que son para morirse. Además, tiene un look chilensis (el pelo medio desordenado, el usar canguro) que me acerca a él, en especial considerando que tiene mi edad, por lo que luego de verlo en la tele se me hace que me lo voy a encontrar en la calle, o en el carrete de turno.

Lo vi por primera vez en el musical “Across the universe”, en donde cantaba de esa forma tan emotiva. Su contraparte, la Rachel Evan Wood (seca), lo hacía de un modo totalmente perfecto, como saliendo de clases de canto, y le salía agradable, pero él, con la voz un poco más ancha y menos cuidada… lograba cierta autenticidad y cierto destello de esos que no se pueden explicar, que se comía todo el escenario y aún más allá. Mi prima y yo nos quedamos perplejas (lo vimos juntas), y terminamos fans absolutas.

Luego de eso, solo lo he vuelto a encontrar en una película de apostadores, donde salía tan guapo como la vez pasada, aunque sin el cool efecto musical.

Es una pena que desde entonces no lo he visto más.

 

10. Jorge Zabaleta. 

Jorge Zabaleta es el mino número uno de la televisión chilena, tanto así que lo usan y abusan de él en los comerciales, y a una no le importa… todo sea por el placer de verlo, vendiendo mayonesa, tratando a la gente de maricón, o lo que sea.

Qué puede decirse: es guapísimo. Tiene buena altura, una cara agradable… pero lo mejor son la nariz que tiene y esos ojos tan brillantes. Y el modo de usar la voz. Hasta puede darse el lujo de tener las cejas juntas (creo que en un momento se las depiló, pero no estoy segura), de lo mino que es.

Yo una vez me lo encontré en un carrete en Bellavista y creí que me moriría de un infarto múltiple, jaja. Casi ni me atrevo a mirarlo, por miedo a quemarme ante la respuesta de su propia mirada. Qué exagerada en realidad, jaja, pero así fue y mis amigas estaban igualito a mí, muy groupies, y groupies in love.

Por supuesto que también influye el hecho de que sigue casado con su mujer, a la hora de ganar puntos. Sí, estuvo separado durante años, pero luego volvieron y sumaron un segundo hijo (creo) al primero. Aunque el amor a veces no depende de uno, y no se puede juzgar a quienes ya no están juntos… uno lo mira de todas las formas románticas posibles, cuando suceden los reencuentros. Además, queda claro que él debe haber luchado por eso, en algún plano. Y que pudo haber tenido a mil mujeres más (que quizá las tuvo) pero luego eligió otra vez a la misma.

Sí, es personal y no tenemos que meternos, pero igual me parece muy, muy romántico.

 

 

Los feítos y/o Old School con los que también me pasan cosas:
 
1. “Gandalf” de “El señor de los anillos”.
Jajaja, sí, sé que me voy en mala porque cómo tan curioso mi gusto, ¡pero de verdad le encuentro algo! Tal vez tenga que ver con eso del poder y de la atracción que produce. Cada vez que aparece a salvar a la gente en la película, siento una oleada de agradecimiento y felicidad que fácilmente puede ser confundida con amor. Aprendan, chiquillos.

 

2. El doctor “Taub” de “House M.D.”.

Sí, sé que a nivel objetivo no se le pueden otorgar muchas gracias físicas: Es bajito, regordete, pelado, narigón, y más encima envidioso y gorrero. O sea, un desastre.

Pero hay algo en sus ojos que lo hace tan humano, y que me atrae. No sabría decir qué. Lo he ido encontrando mino, aunque obviamente el dr. Chase (y el mismo dr. House) se roben la película.

Es una confesión, jaja. Una confesión pública.

 

3. “Sayid” de “Lost”.

La voz melódica. Y la capacidad de ser un hombre hecho y derecho, abriéndose paso a las dificultades. Y esos ojos soñadores y tan negros. Y otra vez esa voz melódica, tan suave y delicada, a la hora de hablar. Con lo primero ya era suficiente.

La verdad es que lo encuentro de lo más apuesto. Tal vez mi favorito de “Lost”, otra confesión inesperada, jeje.

4. Robert De Niro.
Ay, es que tiene una de las sonrisas más dulces de mundo, y esa forma torcida de poner la boca. Todo lo que tengo para decir. Me da lo mismo que pudiera ser mi papá. O mi abuelo precoz.
5. Alec Baldwin.
Sí, también está mayorcito y medio carreteado, pero me gusta el porte que tiene, y su modo de moverse y de vestirse, y muy en especial, su voz. Encuentro que tiene mucho pero mucho estilo. Es como un hombre de verdad.
6. Eli Wallach.
Sí, éste sí que tiene como 100 años y esta vez en serio (¡96 años!), pero tiene una mirada tan especial. Sé que ni de joven era tradicionalmente mino (acabo de investigarlo), pero tiene esa sonrisa lindísima también, con una energía muy llamativa haciéndola nacer.

Captó mi atención en la película “Te amo, Nueva York”. Se veía tan compuesto y elegante, además, en su terno, pese a estar llegando a la centena. Además, me agrada el hecho de que siga haciendo películas, siendo tan viejo: es una lección para mucha gente, y una inspiración segura. No digo que me haya gustado, pero sí me pareció un hombre muy atractivo, en especial para su edad.

En un arranque de curiosidad, también tuve que sapearlo, y caché que está casado con su única mujer desde el 48. Eso también me emocionó un poco, admítolo, aww.

7. Daniel Day-Lewis.

¡Éste se me había olvidado! Lo agregué después. Es de mis FAVORITOS, aunque también medio Old School, pero una vez lo vi en una película donde se puso medio incestuoso con la hija y de ahí lo bloqueé un poco (jaja).

No sé qué pueda describir de él. Es mino (¡sí!), pero también tiene algo especial… una especie de misterio o tal vez solo el viejo “qué se yo”, o el “je ne sais quoi”, si nos ponemos más romanticonas.

Ahora está más viejo y está aún más guapo, pero anda con unos aros gigantes y a mí me gustan los hombres sin, así que voy por mis preferencias personales.

Mención especial para:

1. Los abdominales de Ryan Gosling.



2. La sonrisa de Dustin Hoffman.



3. El estilo de Steve McQueen.

Me confunden (sí, pero no):

1. Johnny Depp.

Nunca me gustó Johnny Depp, pese a ser el favorito de hermana, primas y amigas varias. Pero en la película de “Charlie y la fábrica de chocolate”, algo le encontré. ¡Raro! ¿cierto? Porque tal vez sea su papel más loco, riéndose con esos dientes inmaculados de una forma extrañísima. Heavy yo.

Tal vez sea que la primera vez que lo vi en la tele, con “El joven manos de tijeras”, causó cierto terror en mí, y que por eso no lo encontré guapo antes. Yo era muy chica y encontré a la historia tristísima y durísima a la vez. Era una representación ilustrada de lo que significaba ser diferente. No quería ser como él, matar a todos los que había querido, vivir en un castillo de hielo soñando con el pasado, existir solo a la hora de que cuenten mi trágica historia.

Luego de su papel en la fábrica de chocolates, he tenido más ojo con él. Y debo admitir que en la última, “El turista”, con la Angelina Jolie, pude entender lo que otras ven en cuanto al magnetismo que lleva. No es mino, no es alto, no tiene nada demasiado especial, e incluso la misma Jolie se ríe de eso al final de la película, si alguien se acuerda (spoiler)… pero definitivamente tiene algo.

2. Zac Efron.

Bueno, en realidad seamos claras, ¡sí me gusta Zac Efron! Pero me siento un poco pedófila porque en las únicas películas suyas que lo he visto, aparece como de 18 años (aunque tiene más). Sin embargo, ¿debería sentirme pedófila, si pongo a tipos de 96 años en mi ranking? No debería, siendo un simple manual de admiración a la belleza masculina, jaja. Así que aquí voy.

Este Zac es mino. Hace buenos papeles, con mucha seriedad, llevando a todos ellos su facha apolínea y esos ojos amistosillos. Es un agrado mirarlo. Además, si sirve de consuelo, muchas veces ha hecho papeles estando con mujeres mayores, como fue en esa en que su yo adulto volvía al pasado (¡qué buena era!) y le coqueteaba a su señora de 40 y tantos, teniendo su yo joven apenas 18. Y en la nueva, “Año nuevo”, parece que anda pinchoteando con la Michelle Pfeiffer.

Aunque en realidad da lo mismo. Uno, yo aún no soy tan mayor y dos, aunque lo fuera, las posibilidades de estar en cualquiera de esas dos situaciones son muy bajas.

Ah, y también sabe bailar, y hay pocas cosas más atractivas que un hombre que sabe bailar.

3. Josh Hartnett.

Era guapísimo en esa película de “Pearl Harbour”, todo vulnerable y a la vez masculino, aunque luego lo encontré medio barsa en la película de “40 días”, donde era un tipo que tenía que esperar todo ese tiempo para acostarse con la polola. Como que en esa última exageró un poco su posición de mino. No era una historia tan interesante, aparte. Hay gente a la que le toca esperar mucho más.

De todos modos, no me ha tocado verlo en ningún otro film. Y ya ni me acordaba de él, hasta que para revisar mi lista propia de minocos, me metí a internet a ver qué pensaban los demás. Así que no era tan memorable después de todo, dado que mi papá vio a la Marylin Monroe en el cine por primera vez a los 15 años y sigue hablando de eso, siendo que nunca más – o casi nunca más – ha vuelto a ver una película suya.

Pero igual tiene ese porte distinguido y esos lindos ojos chinos.

4. Robert Pattinson.

No le encontraba nada, tal vez porque está demasiado de moda y etcétera (prejuiciosa), pero la semana pasada llevé a mi sobrina de cumpleaños a ver “Amanecer parte 1”, donde sigue haciendo de vampiro y… ¡le encontré algo! Básicamente en su modo de sonreír, como apretando los ojos, y en su manera de decir nada cuando debía decirlo todo. Me recuerda a alguien que una vez conocí.

Además, es un buen actor y agradable de ver, y como no es tann guapo, es más realista también.

Eso sí, mi sobrina/ahijada me dijo que era bien sucio en la vida real y que nunca se lavaba el pelo (ésa salió más sapa que yo) y en la foto se nota, jajaja.

5. Milo Ventimiglia.

Éste me encantaba cuando hacía “Gilmore Girl”. Actuaba como el pololo/ex pololo de una de las protagonistas, y era todo oscuro y misterioso, pero siempre tan mino. Aunque al final hacía puras tonteras y tenía el típico drama adolescente de “te quiero, pero como no me atrevo a quererte te voy a destrozar la vida”, yendo y viniendo de la vida de la pobre Rory y pagando ella todos los platos… era de ella mi pololo favorito.

Luego, simplemente dejó de gustarme. No sé porqué. Lo vi en otras producciones (no muchas) pero no gatilló lo mismo. Tal vez me gustaba más el personaje que él mismo, aunque sigue teniendo esos ojos tan intensos y oscuros, y ese aire entre griego e italiano.

Como dato freak, pololeó en la vida real con la de Gilmore Girls. Loco, ¿cierto? Tal vez eso explicaba algo de su química.

6. Ian Somerhalder.

¡Qué guapo que es este hombre! Aunque es tan lindo que a veces parece niñita.

Lo vi por primera vez en una serie que creo que se llamaba “Young Americans” (no estoy segura) donde se asustaba porque se enamoraba de un compañero y creía que era gay. Más tarde, se daba cuenta de que el compañero en verdad era un ella, y entonces eran de lo más felices.

Ese papel le resultó absolutamente encantador, en especial porque pese a su tormento interior y a tener que sufrir lo difícil y distinto que debe ser jugar para el otro equipo… al final lo aceptaba y trataba de darle un beso en el baño de hombres, ¡qué escena espectacular! Ella huía y luego él la buscaba y le decía que debían aceptar que ambos eran gays, jajaja.

Luego actuó en “Lost”, aunque ahí duró poco. Y de ahí no lo he visto más. También fue rico verlo entonces, aunque como típico mino le dan papeles bien tontos a veces.

7. Viggo Mortensen.

Viggo Mortensen aparece en esta parte de los “sí pero no” básicamente porque solo me gusta de moreno, cuando actúa en la saga de “El señor de los anillos”. Cuando está rubio, ¡no me pasa nada con él! Simplemente le queda mal, opino. Un poquitín desabrido.

Superficial, ¿no? Eso luego explicaría porqué es tan importante cuidarse el pelo (cosa de la que me olvido a menudo) aunque, claro, imagino que tampoco lo encontraba tan guapo si cambió tan rápido mi opinión.

Mortensen, como dato freak, es mitad argentino (creo) y además habla castellano, así que querido Viggo, si algún día lees esto, ¡soy tu admiradora igual! Y te mando un gran saludo chileno, ejeje.

Me gustaban pero ya no.

1. Gustavo Cerati.

Me gustaba hasta que se metió con la ex señora, o ex polola, del compañero de banda. Sí, sé que uno no tiene idea de la vida de la gente, ni sabe porqué pasan las cosas, pero esto me pasó cuando más chica y me impresionó bastante. Lo encontré poco confiable. Tanto como lo encontraba espectacular de adolescente, dejé de encontrarlo. No era alguien con quien conviniera soñar.

Además, nunca me gustó demasiado la música que hace, excepto hits como “Música ligera”, “La ciudad de la furia” y “Prófugos” (creo).

De todos modos, no le deseo para nada lo que le pasó con el derrame y espero que se mejore pronto, si es posible.

2. Alejandro Sanz.

Con este me pasó parecido. Me encantaba hasta que salió a la luz que, siendo casado y con una hija chica, había tenido otro hijo con la maquilladora. Ella le puso Alexander (un poco causando presión) y él no quería reconocerlo, hasta que su conductor lo chantajeó con que él mismo le iba a contar a los medios, y entonces salió a la luz todo esto.

Sí, no debiera meterme, pero de pronto todo ese romanticismo infinito de las canciones pareció trunco. Fue un poco como cuando se supo que Ricardo Arjona le pegaba a la mujer y entonces uno encuentra que sus canciones son todas mentiras, aunque no sea lo mismo (dicho sea de paso, no sé si es cierto lo de Arjona o un mito urbano… lo averiguaría, pero parece que no me interesa tanto).

Además, Alejandro Sanz se fue poniendo físicamente menos guapo, y con la voz más chillona y etcétera. Pero creo que no me habría importado de haberlo admirado más, como me pasa con algunos vejetes old school que siguen siendo parte de la lista (¡aunque nunca antes había hecho una lista!).

Esto no significa que él haya pasado a ser un peor músico, porque sigue siendo muy bueno. El último álbum “Paraíso perdido” es de mis favoritos. Es solo que como hombre ya no “califica” para mí como antes.

Guapos populares que por algún motivo nunca me hicieron tilín (aunque algunos me caen bien, sea lo que eso signifique en relación a alguien que uno tiene 0,0001% posibilidades de conocer, jaja).

 

1. Ben Affleck.

Lo encuentro un poco fome, aunque admito que no es nada de feo. Además, se parece mucho a mi vecino con quien nos llevamos mahometano.

En todo caso esta foto que encontré casi cambia mi opinión.

2. Antonio Banderas.

En la película del zorro sale muy mino, pero cuando hizo el papel del gato de Shrek perdió todo su sex appeal para mí (¿quién quiere pinchar con un gato?). Además, tengo en mi mente pegada la escena de “Átame”, una de sus primeras películas, donde es un muchachito español muy simpático, pero medio violento y con unos pantalones tan ajustados que creo que mí no me caben.

3. George Clooney.

Nunca he entendido qué le ven, la verdad. Me van a decir que “en E.R.”, pero entonces tampoco sentí ni una cosa. Tal vez era muy chica.

Sí reconozco, eso sí, que tiene unos dientes blancos muy lindos, y que sabe llevar el estilo elegante. Pero hasta ahí nomás llegamos con el amigo.

4. Tom Cruise.

Entiendo qué le han visto, pero siempre he encontrado que su sonrisa es media falsete. Pero igual, aunque no me gusta, encuentro que los medios de comunicación son bien malos con él. Es simplemente un hombre haciendo su vida. No la he hecho nada malo a nadie, a diferencia de Mel Gibson que hace películas sobre la santidad de Dios y luego anda gorreando a la señora, y teniendo hijas con supermodelos ucranianas (aunque no debiéramos juzgar, Mel Gibson es un hombre también).

Así que yo digo “Tom, I don’t think you are so cute, but I do respect you”. Por si algún día lo lee. Uno nunca sabe.

5. Matt Damon.

Encuentro que es medio pavo, pero hermana y amigas mueren por él. En todo caso sí encuentro tiernis que, según he visto en revistas de moda, está casado con su maquilladora o algo así, desde hace años, y son muy felices.

6. Patrick Dempsey.

Sí, reconozco que tiene una sonrisa especial, ¡pero el papel que hace en Grey’s Anatomy… ! Ahora está mejor, pero al principio encontré que era bien poco hombre y debilucho de carácter. No mi tipo. Y aunque ahora el personaje me gusta más… no me gusta tanto él.

La mejor escena que he visto suya, fue en una en una peli na que ver, donde se enamora de una compañera de curso (que en la vida real tiene como 10 años menos que él) y Dempsey le dice una tontera en el fono, de tanto que le gusta, jaja, algo relacionado con el monstruo del lago Ness (por si alguien más lo vio). Eso me pareció mucho más real y masculino que ese papel emo de McDreamy. Si seguía en esa línea, de más que llegaba a gustarme.


7. Leona
rdo Di Caprio.

Hubo un tiempo en que sí fue mino, como en la época de “Titanic”, o “Romeo y Julieta”, aunque a mí nunca me gustó demasiado. Sin embargo, hay que aceptar que es un actorazo. Empezando con cuando hace de retardado en “¿A quién ama Gilbert Grape?”, hasta las pelis de hoy. Así ni se necesita ser guapo, aunque no es como que a la gente le moleste, serlo.

8. Ashton Kutcher.

Nah, no me provoca nada, tal vez por culpa de lo tonto que era en su papel de “That 70s show”. Además, físicamente, me recuerda un poco a mi hermano chico, lo que es un poco incestuoso. Pero admito que en “Two and a Half Men” sale de lo más adorable, aunque debería cortarse el pelo (igual que mi hermano, jaja).

Esta es otra foto que podría cambiar mi opinión, jeje.

9. Jude Law.

Tengo un par de amigas que lo aaaaaman, pero a mí maní. Sí, me gusta el acento británico, pero hasta ahí nomás llegamos con Jude. Tampoco me gusta que en la vida real se haya metido con la babysitter, pero antes de eso igual no le encontraba mucho. Aunque igual actúa bien, en especial en “Alfie”, donde hace un poco de sí mismo.

10. Matthew McConaughey.

Lo encuentro simpático, pero nada más. Tal vez demasiado prototipo, y demasiado gringo, aunque en su estilo es auténtico y eso me parece valioso.

Eso sí, sus abdominales no están de más de ver en una película. O en cualquier parte.

11. Ryan Reynolds.

Yo creo que tiene tanta fama de mino solo porque estuvo casado con la Scarlett Johanson, porque yo no le encuentro mucho. Aunque sí parece muy simpático en sus películas.

Ahora que lo miro bien, en realidad sí es mino.

12. Justin Timberlake.

Tampoco entiendo cuál es el mote con él, pero sí lo respeto como artista y en especial como actor en la película de “Red social”. Tal vez le pasó a él lo que pasa ahora con Bieber, que todas las cabras encuentran tan guapo y en realidad, físicamente, es más bien discutible. Aunque, como se ha dicho tantas veces, y esta lista un poco confirma: de gustos no hay nada escrito.

Excepto esto, claro, jeje.

¡Y ahí estamos! Ejalé. Creo que logramos cubrir múltiples áreas, jaja.

¡¡Feliz pascua!!

FAN DE LAS MATEMÁTICAS

A mí me encantan las matemáticas. Me parecen tan claras y tan entretenidas, si se las aplica en la vida diaria… Todo puede predecirse y entenderse y eso siempre me ha dado, no sólo cierta noción de control, sino que también de diversión.

Desde muy chica, aprendí a usarlas con destreza, como un cuchillo. Aprendí a amarlas como un modo de amar a la precisión: porque las matemáticas no mentían, y eso me daba seguridad. Además de seguridad, vi que podían darme creatividad, por abrir más perspectivas para mirar al mundo. Con ellas, se podía jugar. Dar vuelta las cosas. Expandir la mirada.

Algo que hacía – y que todavía hago – era ordenar la plata en unidades específicas, usando como moneda de cambio Coca Colas Lights, o CDs para grabar, o cualquier cosa que comprara frecuentemente. Al ser un valor que entendía bien, también entendía cómo una Coca Cola Light de 1.5 litros (considerando que valiera 800 pesos) significaba casi 8 viajes en transporte público con mi pase escolar, o cómo esa chaqueta nueva significaba 30 de esas Coca Colas. Muy, muy gráfico. Sé que mucha gente hace lo mismo con paquetes de cigarro. Como se ve, no soy la única que ama a las matemáticas.

Y es que con ellas, no sólo se puede descifrar el asunto monetario, sino que cualquier otro… fechas, kilómetros, edificios, incluso estadística: todos son lugares amistosos a los que entrar. Con ellas se puede tallar cualquier cosa que a uno se le ocurra, usándolas como esa veraz y poderosa herramienta que es. Da luz a otros matices y además es indiscutible.

Todo esto, además de revelador, siempre me ha resultado placentero. Me ha causado gracia. Me ha causado tanta gracia que invertí en varios cumpleaños pedir de regalo una calculadora de esas power, para hacer más rápido los procesos, y digo varios años, porque con tanto uso no me duraban demasiado y como esto pasaba tenía que cubrir el reemplazo.
Esos cumpleaños incluyeron a algunos muy adolescentes que debieron haberme dotado de chapitas de colores, ropa a la moda del último grito, pósters del galán de la teleserie, o cualquier cosa menos la calculadora: pero, como dije, me causaba gracia y eso era suficiente para mí (además, no exageremos, tampoco era lo único que me llegaba para mis cumpleaños).

Esta pasión hacia las matemáticas a veces me ha abierto ventanas de complicidad arrebatada y compartida, con otros entusiastas, con el gozo evidente de cuando dos personas están viendo lo mismo. En el 2002 fue una de las mejores ocasiones. Estaba con mi amiga Kika, carreteando por la vida, y después de quedarnos pegadas horas en un bar decidimos partir a la ex Eve, a partuzear y a hacerle al dancing como Dios manda. Para cuando llegamos, ya eran las 4 de la mañana, pero entramos de todas formas, sin considerarlo demasiado, porque el entusiasmo aquella noche estaba a cargo de nuestros pies.


Y he ahí que la Kika y yo figurábamos apoyadas sobre esa baranda que mira desde el segundo piso hacia la pista de baile del primero. Estábamos simplemente mirando a la gente, muy tranquilas, y tomándonos todo el tiempo del mundo para bajar a bailar, aunque la música estaba espectacular. Entonces yo, distraídamente, me puse a analizar el asunto en voz alta con ella, diciendo algo así como: “A ver: si cada canción dura, en promedio, unos 3:30 minutos, pero la ponen unos 3 minutos para dejarle sólo la parte más movida… y la hora nos salió… 4 lucas (porque entramos a las 4 y cerraban a las 5, y eso valía la entrada)… emm… cada canción nos sale… ¡¡200 pesos!!

“¡¡Kika, vamos a bailar, que nos está saliendo 200 pesos la canción!!” (imagínese esto vociferado, y con cara de fingido terror).

Mi amiga, luego de dedicarme una mirada horrorizada (no por el precio de las canciones, sino que por escuchar un análisis como ése en medio de una fiesta), soltó la carcajada – a ella también le gustan las matemáticas – , con los ojos redondos exclamó “¡¡es cierto!!”, y partimos sopladas como dos rayos al dancing.

Pd: Quise usar para ilustrar alguna foto del Mago de las Matemáticas de la película “The Phantom Tollbooth”, pero no lo encontré en ninguna parte. Dicho sea de paso, ¡recomiendo esa película! Aunque tiene por lo menos 50 años y es difícil de conseguir. Lo que sí encontré fue la película completa (bonus track):

FAN DE LOS LENTOS

Estoy absolutamente fascinada con que Doritos haya empezado la campaña a favor de los lentos, porque yo ¡amo los lentos!

Teniendo alguno que otro amigo DJ y yo misma poniendo música de vez en cuando, mi requerimiento siempre era el mismo: que volvieran. Pero, aunque siempre estábamos de acuerdo en que sí, a la hora de ponerlos las personas alegaban, o uno mismo se inhibía. Así que no había éxito.Es curioso, igual. Cuando uno está recién conociendo a alguien, se pone nervioso de llegar y abrazarlo, ¡alegando cuando incluso a veces se desea secretamente! por miedo a demostrarlo primero. Luego, cuando uno está emparejado o pinchando, puede bailar lento aunque toquen heavy metal, así que tampoco opina mucho, y, por último, cuando uno está simplemente partuzeando, pasa que baila en grupo, y emparejarse para abrazarse es hasta una complicación… entonces, pese a que muchos igual querrían volver a ellos, si alguien se lanza con tocar alguno, acusan de que éste baja el nivel de movimiento de la fiesta… ¡cuando en realidad es el instante del suspenso! El instante de la revelación incluso, a veces.

Al final es un problema de organización, opino. Por eso estoy feliz de la posibilidad de que nos organicemos otra vez a favor de ellos. A mí me encantan los lentos y para mí eran indispensables a la hora de la conquista. Recuerdo que mis amigas y yo teníamos calculadas las horas exactas en que los daban, en los diferentes locales, y que nos preocupábamos de acercarnos al tipo que nos gustara unos 15 minutos antes, para que si la conversa no se nos daba tan bien, alcanzáramos a ser invitadas al baile igual: no podía ser menos tiempo tampoco, porque eso lo podría hacer incómodo. Además, tenía que ser “casual”.
Como se ve, todo estaba muy calculado, y no sólo eso, sino que las relaciones que no queríamos desarrollar más amorosamente: Nos preocupábamos de bailar con aquellos amigos que no nos gustaban y cuyos sentimientos no queríamos herir, notoriamente antes o después de eso. Así no había real posibilidad de ofenderlos, y además alcanzábamos a estar cerca de los que nos gustaban a tiempo. Este lenguaje oculto parecía pasar desapercibido para los hombres. Aunque no para las mujeres.

Creo que todas o casi todas hacíamos lo mismo. La hora del lento era la hora de la acción, y sabíamos cómo manejarla truculentamente. Facilitaba tomar la iniciativa de una forma camuflada, efectiva y también graciosa (bastaba, en general, con situarse cerca del objeto del deseo, y luego “oh, me encanta esta canción”). A veces en ella lográbamos lo que de otra forma nos tomaba semanas, y con esto me refiero no sólo al baile y al acercamiento físico, sino que al mero compartir y conversar de una manera audible, en medio de fiestas estruendosas. El lento aceleraba las cosas y además era excitante.

Así que, yo los reclamo de vuelta. Por eso y porque son ricos (cuando a uno le gusta el compañero de baile, claro). Tengo recuerdos divertidos, además, al respecto. No sólo de noches gloriosas en donde el cálculo funcionó perfectamente, ni de veces en que todo se dio, sin ni siquiera pensarlo, de modo espectacular (porque no siempre andamos calculando o a veces en realidad sí son ellos quienes calculan)… sino que de noches más tragicómicas, en esas muy primeras fiestas, en donde a una la sacaban a bailar en los lentos, para luego pararla cuando volvían los rápidos. Eso para los parámetros de entonces ¡era casi violento!, ¡indignante! ¡una aberración total!… y hería total y completamente nuestras dignidades de mujeres aún a medio hacer. Y es que aún no nos dábamos cuenta que ese tipo de situaciones las deseábamos tanto como ellos. No conocíamos nuestra propia calentura, porque estábamos demasiado ocupadas defendiéndonos de la que nuestras madres nos contaban de los otros. Para nosotras, eran trincheras. Excitantes y todo lo demás, pero trincheras al fin y al cabo. Entonces un simple lento era todo un tema. Lo mejor y lo peor de la noche. Como dije antes, el momento de la revelación.

Todo eso me divierte ahora recordar… el remolino excitante de esas primeras ocasiones, la secreta expectación y el viejo juego del tira y apriete, ¡con descarados ya incluidos! que aunque entonces apenas nos llegaran a los hombros, ya estaban en el juego, apostando con todo. Con una amiga siempre recordamos a cierto ser que en séptimo básico le tocaba partes prohibidas con la excusa de que, como era más bajo que ella (que lo era) ¡”se cansaba poniendo las manos tan alto”! Mi amiga terminó agotada esa noche de tanto correrle las manos de vuelta… cosa muy incómoda considerando, que, pese a todo ¡se bailaba a medio metro de distancia! Y así fue cómo hubo situaciones muy cómicas, entre las excitantes.

Esos fueron los primeros lentos, muy distintos ya a los últimos (últimos exceptuando matrimonios y alguna que otra ocasión especial), que para mí fueron hace unos 3 ó 4 años atrás, en una fiesta que hice en mi casa. En ella me di en huelga y sí puse algunos (anduve de DJ), y advertí a mis amigas, desde antes, con que unos 15 minutos antes de hacerlo, iba a dar una señal camuflada (repartir la challa entre la gente), ¡para que pudieran organizarse!

Fue tan divertido ver cómo, aún pese a la falta de práctica, todas se movieron de modo supersónico y con absoluta pericia… ¡sabiendo qué hacer, con tanta exactitud, como si nunca hubieran dejado de hacerlo! Porque al parecer no se olvida, como cuando uno aprende a andar en bicicleta. Todas supieron aprovechar sus momentos de camuflado poder y todas otra vez fuimos cómplices de eso.Lo cierto es que los lentos eran divertidos y, si vuelven, ¡volverán a serlo! Así que yo me declaro pro campaña y estaría hasta dispuesta a practicar los pasos correspondientes si no fuera porque un lento es simplemente un lento ¡y no tiene regla alguna! si no que sólo el mero dejar fluir el movimiento.

FAN DE SEBASTIÁN ERRÁZURIZ

El año pasado aluciné con Sebastián Errázuriz. Uno de los conciertos a los que me había abonado en el Municipal (con el clásico bono de estudiantes), empezó con un trabajo suyo, Historia del tiempo. Fue una sorpresa para mí, ya que no estaba indicado desde antes. Me encantó que fuera creado por una mente joven y además chilena, y también me encantó que la orquesta del Municipal lo ejecutara. Sentí que Chile estaba protegiendo a sus artistas.

El mismo Sebastián Errázuriz explicó su obra antes de ser tocada. Sencillo, directo, espontáneo y sonriente, con un aspecto como el de Mozart en la película Amadeus, aunque algo más serio, y moreno. Alegre. Contó que la había escrito inspirado en el libro de Stephen Hawking, del mismo nombre, y que cuenta de la historia del universo, desde el Big Bang hasta el Big Crunch. Que se lo había imaginado todo y luego lo había transformado a música.

Cabe decir que el Big Crunch es aquella teoría que dice que todo lo que empezó en un punto condensado de energía, volverá a serlo. Es decir, que este universo en expansión, en algún momento dejará de expandirse para detenerse y luego retroceder hasta el principio, como un latido, podría decirse: el latido vital (así justamente lo imaginan las viejas teorías religiosas/orientales y también algunos científicos). Sin embargo, el que el universo llegue al Big Crunch depende de su masa inicial: si no hay suficiente de ella, no se provoca suficiente gravedad (atracción) como para luego atraerse lo que se necesita para lograrlo (la masa causa esta gravedad).

El punto aquí es que las muy últimas investigaciones han concluido que a este universo no le toca Big Crunch, sino que simplemente expandirse para siempre, hasta ser una mesa congelada y paralizada, y aunque yo no la dictaminaría como definitiva, éso es lo que está en boga y supone ser indiscutible, al menos según mis recientes conocimientos sobre astronomía. Entonces, la obra de Errázuriz estaba, desde el punto de vista científico, basada en algo erróneo.

El estar al tanto de esto no aminoró para mí la fuerza de este arte desplegado. Yo volé. La obra fue cortita, y emotiva, y muy entretenida de imaginar, y más tarde, en el interludio del concierto (compuesto de varias obras de distintos autores), me tocó ver al compositor conversando con otros dos estudiantes. Como estaban muy cómodos y riéndose, decidí acercarme. Entonces lo felicité, y agregué sonriendo, aguafiestas pero con la mejor intención (o quizá simplemente ganas de copuchentear): “pucha, no quiero ser mala onda, pero por si acaso, los últimos descubrimientos van contra todo el tema del Big Crunch”. Él me miró a la cara y me contestó, sonriendo: “¡Síii, ya había cachado!, ¡y estos dos vinieron a decirme lo mismo!” (eran estudiantes de Astronomía), con tal que se rieron otra vez, pero entonces yo con ellos, y luego hasta nos quedamos conversando, todos juntos, un rato más.

La verdad es que lo encontré adorable, porque además de ser genial, era aterrizado y simpático, y eso es algo que siempre se aprecia y que a veces cuesta encontrar en los artistas. Se nota que le interesa el mundo, tanto que de hecho ahora está por lanzar Viento blanco, una ópera sobre Antuco, en un par de días más, para la cual ya compré entradas. No sé cómo será, pero estoy dispuesta a cachar: Yo también protejo a los artistas, en especial si son buenos, y en especial si tienen empatía, y si pueden así compartir, no sólo su talento, sino que también la emoción profunda que logra que éste pueda realmente significar algo.

FAN DE LA ASTRONOMÍA

Hace un par de días tuve el gozo de ver en la Revista Mujer una entrevista al astrónomo argentino Dante Minniti, y digo gozo porque el año pasado tomé con él un ramo de astronomía en la universidad, y fue ¡de las mejores experiencias que he tenido allí!, por lo que me encantó encontrármelo publicado, y así recordarla.

A mí siempre me gustó la astronomía, pero tomarla con él acrecentó mi amor hacia ella. No sólo fue siempre capaz de contestar a cualquier pregunta, sino que también de ampliarla, de modo tan claro y espectacular, que la mente parecía expandirse a la velocidad del universo mismo. Además, le interesaba lo que pensábamos y era capaz de abrir su mente a cualquier respuesta.

En una de las primeras clases, cuando hizo un resumen de la historia del universo hasta ahora, preguntó cómo imaginábamos que sería el futuro y nosotros contestamos absolutamente de todo, desde viajes espaciales hasta personas que leían la mente y Dante simplemente anotó todo en el pizarrón, sin censurar a nadie. Además, ponía puntos por traer noticias a clases, y fue buscándolas como me di cuenta de que en realidad la astronomía sí era una ciencia en claro desarrollo, ya que siempre habían muchas. No sé si fue porque se suspendieron los viajes (con naves habitadas) a la luna o qué, pero antes de eso yo tenía la impresión de que se había vuelto una ciencia más bien teórica, de que no había pasado nada muy nuevo.

Pero no. El profesor Minniti no sólo nos enseñaba de lo más básico, sino que mostraba los nuevos descubrimientos astronómicos (con fotos incluidas), videos con las simulaciones sobre cómo se deposita con seguridad un aparato que saque fotos en planetas cercanos (los airbag son el secreto para no ser destruidos al caer), como también sobre toda clase de información complementaria que él tenía gracias a sus propios estudios y relaciones con la NASA y a su propio – como bien dice en su entrevista – estar enamorado de la astronomía. Porque el hombre simplemente irradiaba cuando hablaba, y eso era evidente. Una vez en clases acompañó a las ilustraciones de cuerpos celestes con la canción de Pink Floyd, Shine on, you crazy diamond, aludiendo implícitamente a ellos y empapándolo todo de su romance. Y no olvidemos aquella vez en que, para mostrarnos cuánto debía elevarse uno en un salto normal en la luna, intentó realmente graficarlo en una deportiva y colosal demostración, saltando muy, pero muy alto (en talla, claro). El hombre realmente se divertía (y, dado lo que leí en la entrevista, aún lo hace).

Gran parte de lo que Minniti enseñaba podía aplicarse a la vida diaria. Aprendimos cómo medir grados en la bóveda celeste usando cosas que tendríamos a disposición, como nuestras manos. Un pulgar, 2 grados. Un puño, 10. Una mano completamente abierta, 20. Eso convertía al universo en algo que uno podía realmente aprehender de alguna forma, o incluso escuchar: En una de las clases más emocionantes a las que he ido en mi vida se puso a hablar de cómo se puede analizar a una estrella, en cuanto a su edad, masa y materiales, según cómo suena en onda de radio. Acto seguido y para ilustrar, puso cómo sonaban ¡tres de ellas! El sol, una de las de Alpha Centauro (que de lejos se ven como una, pero en realidad son tres) y otra más que no me acuerdo (una gigante roja). Y se oyó como si latieran.

Ah, fue tan espectacular… Nos dejó mudos. Eran tan distintas unas de otras, pero su ritmo seguía siendo constante, como pequeños fetos escuchados por ultrasonido, con la diferencia de que en vez de ser guaguas eran estrellas calientes. Yo creí que lloraría de pura reverencia. Es de las cosas más hermosas que he presenciado jamás. Sentí que se nos había dado a probar parte de un elíxir prohibido, que se nos había desnudado la cálida intimidad de habitantes galácticos del universo. Sentí, como nunca creí que podría sentir, que el interior de una estrella sí podía ser igual al interior de un corazón humano. Así fue, al menos, cómo lo escuché…

Yo quedé tan flechada del asunto, que empecé a ir a las charlas de astronomía fuera de la universidad. Una de ellas, en la ESO, la hizo el mismo Minniti y se trataba, justamente, sobre el descubrimiento de los nuevos planetas. Ahí me llamó mucho la atención ver cómo en el lugar no habían sólo astrónomos o estudiantes dedicados, sino que también amateurs como yo, y también muchos pero muchos niños. Sus papás los habían llevado para que aprendieran del tema. Supongo que ellos también estaban enamorados del asunto y querían compartir con los niños esa belleza.

Ahí me tocó ver algo interesante, que recalcó mi percepción sobre cómo Minniti es, a final de cuentas, un científico: siempre con la mente abierta. Alguien preguntó por las posibilidades de vida en otros planetas dentro de este Sistema Solar, y cuando él dijo que no era posible, el que preguntó cuestionó la definición sobre lo que era “vida”. Ahí fue cuando vi cómo Minniti, sin sentirse ni atacado ni nada parecido, simplemente contestó, como quien ayuda a resolver un acertijo, algo así cómo: “claro, si otros compuestos como el azufre o (no me acuerdo cuál) evolucionan como los que nos conforman a nosotros, sí que podría haberla”.

Pocas veces me pareció que la ciencia fuese algo tan libre. No tenía tendencias antropocéntricas. No tenía limitaciones. Y todo lo que tocaba rebosaba de posibilidades.

Ya a finales del semestre, fuimos en grupos pequeños al observatorio de Santa Martina y allí pudimos ver cosas tan sorprendentes como Saturno con sus anillos, cúmulos de estrellas lejanas (por morir y por nacer), y también la luna desde muy, muy cerca. Escudriñando la esfera celeste sentimos que escudriñábamos el alma del ser, y en vez de sentirnos más pequeños, nos sentimos más grandes.

Ir al observatorio fue muy bueno para mí, porque debo admitir que hubo varios momentos, durante el ramo, en que me sentí ahogada y mareada ante tanta inmensidad, hasta llegar a angustiarme – bastante – en ocasiones… pero a la hora de simplemente contemplarla, como fue en Santa Martina, todo pasó a ser paz, todo pasó a ser armonía. Fue algo que más que pensarse, se sintió, aunque haya sido abrumador también… era la potencialidad misma de la belleza.

Ese sentimiento nos hizo cómplices entre los alumnos (y el ayudante: allí no fue Minniti), maravillándonos en conjunto, y conversando embalados de eso, en una helada noche de viernes, que para mí fue el mejor carrete del semestre. Ahí estábamos, abrigados hasta la punta de los dedos, motivados y expectantes. El universo no sólo se dejaba ver, sino que nos contestaba con su paz, y también con su alegría. Fue tan fuerte, que recuerdo que cuando llegué a mi casa, tipo 11:30 de la noche, me sentía tan llena por dentro que, pese a tener una fiestaza buenísima, me quedé simplemente en mi cama, soñando (con los ojos abiertos, y bueno, después con los ojos cerrados). Quería ayudar a que ese sentimiento se quedara en mí el mayor tiempo posible… pero tal vez no era necesario, ya que todavía lo recuerdo.

Para terminar el semestre, siguiendo la línea de convertir en práctico lo teórico, Minitti de examen final ofreció varios experimentos que podían hacerse desde lo cotidiano. Observación de meteoritos, algo con la hora en que sale y se pone el sol, etcétera. Con unos compañeros (los trabajos eran grupales) elegimos el que tenía que ver con la curvatura de la Tierra, y es que, gracias a ella, midiendo la sombra en dos lugares separados por un número respetable de kilómetros, se puede medir el perímetro del planeta. Esto fue bastante fácil (aunque, un amigo que se manejaba más, hizo gratuitamente la mayor parte del trabajo) y tuvo una exactitud sorprendente (la diferencia entre el perímetro obtenido por nosotros y el establecido era mínima, y además se esperaba por factores que sería muy largo nombrar acá) y lo mejor fue el poder aprender sobre cosas tan grandiosas con elementos tan pequeños, y darse cuenta de que realmente la mente puede viajar, y encontrar respuestas acertadas, si uno encuentra los canales apropiados.

Yo aluciné. Y sigo alucinando. Y una de las cosas que más me gusta de salir de Santiago es que allí se puede ver – y sentir – el gran cielo estrellado… Sólo que hoy, cuando lo miro, sé mucho más de él que antes… lo que me parece muy natural, porque me imagino que es lo que uno quiere cuando ama a algo: conocerlo, y adentrarse en sus profundidades, hasta llevarlo dentro de uno mismo. Y si no ha podido lograrse, seguir intentando y mientras… sentirlo.

Porque sintiendo muchas veces se llega al camino.

Los pajaritos

Siempre he sido buena para pasar de largo. Las noches se extienden como manteles medievales para mí, como un gran panel en donde poder pintar. Algunas veces ni sé qué anduve haciendo en ellas, pero siempre estoy consciente de que fui muy feliz, dibujando sueños o proyectos de esos sueños, tanto si salí como si no salí, conectada, sonriendo, palpitando muy mía y muy libre… Simplemente se me pasa el tiempo, en esas veces, son horas enteras para mí, en las que puedo ver y entender mi mundo con tanto amor y claridad… Soy tan vasta y tan ilimitada y tan poderosa y tan profunda entonces. No hay sueño que no pueda alcanzar, sobre el cual no pueda planificar un encuentro. No hay empresa que desde esa tranquilidad no sienta que pueda acometer. No hay barreras para mí. Siento con tanta fuerza que me olvido de quién soy, olvidando incluso mi voz y mis facciones.

pajarot

Hasta la hora de los pájaros. Vienen para salvarme de mi propia intensidad y de aquel chupador estado absoluto, siendo por piedad mi llamado a dormir. Aparecen chillando casi histéricos, poco antes de verse azulino tras las ventanas, advirtiéndome sobre la moderación y sobre un probable poco eficiente día siguiente… Sus silbidos me despiertan, me reconectan con la realidad, me impiden pasarme demasiado, y siempre de la misma forma. Primero, el sobresalto, y luego el recordarme de que yo soy yo, y de que hay un mundo real y contante, tan real que si me miro a un espejo podré ver mi reflejo dotado de ojos, y de pelo, y de colores, y formas propias. La naturaleza ha seguido existiendo todo el tiempo, y yo en ella, como sólo una rama de las tantas, aunque una rama conectada, un fragmento de conciencia, una chispa tan llena de impresiones propias y de pasión personal que a veces quisiera morirse. Todo ha continuado respirando. Todo, a la vez, espera.

Los pajaritos así no sólo cierran, sino que también coronan, con sus alegres y exaltados cantos matutinos, el trabajo o el carrete de mis noches, siendo mi banda sonora a la vez que mis cómplices… Un ejército de ellos apañando mi vida, aunque por ahora incitándome a las indicaciones opuestas de las que deberían, indicaciones que probablemente seguiré de aquella forma adecuada en el ya no tan lejano futuro laboral, cuando los escuche para despertarme antes que para dormirme.

Aún así, siempre una maravilla.

FAN DEL MAGO DE OZ

¡Me encanta El Mago de Oz! Cuando chica la veía con mis primos todos los fines de semana, en los almuerzos familiares. Mi abuelo tenía una colección enorme de películas BETA, y nosotros siempre elegíamos la misma, sin importar cuánto otro cine replegásemos en eso.

Luego pasaron muchos años sin poder verla, porque aunque sabía que estaba en video y luego en dvd, simplemente se me escapaba. Supe que la daban harto en TV Cable pero ahí tampoco tuvimos éxito.

Hasta hace un par de semanas, cuando arrendé el DVD all inclusive.

Entonces fue increíble y me emocionó hasta la médula. Volví a sentir la historia con la misma fuerza en que lo hacía entonces, y de paso me di cuenta que me sabía todas las canciones de memoria, aún cuando hace muchos años que no las cantaba, volviendo entonces a cantarlas de nuevo… También pude darme cuenta de muchos errores de concepto que entonces no había notado, al mirarla ahora con ojos más experimentados que en esa época, y probablemente menos inocentes, como esto de que, al final, los que buscaban corazón, cerebro y coraje los obtienen sólo porque se les ha validado a través de trofeos. ¿Qué consejo es ése, que uno sólo vale con aprobación y títulos de otros? ¡Pareciera! Ah, pero en todo caso no me importa, sigo siendo fan de la película y al parecer no me causó ningún daño tal enseñanza, así que filo.

Son las preguntas que me hacía de niña, y que ese día volví a hacerme las que me llaman la atención entonces:

1. ¿Por qué a la bruja se le encogen los pies cuando les sacan las zapatillas rojas?

2. ¿Por qué si la bruja del norte era buena, no mató ella misma a la bruja antes?

3. ¿Por qué si la bruja del oeste puede hacer magia, no se hace con ella unas zapatillas rojas, en vez de tener que heredar las de su hermana? (Esa es parecida a porqué el Coyote no se compra simplemente un Correcaminos en vez de comprar productos ACME… jeje).

4. Si la bruja del norte dice que sólo las brujas malas son feas, ¿por qué le pregunta a la Judy Garland qué tipo de bruja es? ¿acaso la encuentra fea?

5. ¿Qué hubiera pasado si Dorothy hubiera seguido el camino rojo en vez del amarillo? ¿Y adónde iba ese camino rojo? (hoy creo que tuvo que ser el amarillo para que pudieran contrastarse sus zapatillas rojas).

6. Dorothy encuentra al espantapájaros cuando llega a una bifurcación del camino. ¿Cómo es que después eso deja de ser un tema? Se van juntos y nunca muestran por cuál camino, ni por qué ese. Ah, y nunca se les pasa por la cabeza que pudieran no llegar.

7. ¿Por qué el espantapájaros tiene corazón, y el hombre de lata, cerebro?

8. Si el hombre de lata se oxidaba cada vez que lloraba, tenía agua adentro en alguna parte. En ese caso, ¿cómo es que su interior no estaba ya oxidadísimo?

9. ¿Por qué el león cobarde aborda a los caminantes, si no tenía intención alguna de comerse al perrito Toto?

10. ¿Y qué come el león cobarde? Pareciera que nada, y en ese caso ¿cómo está de tan buen humor si pasa a dieta toda la película?

11. ¿Cómo nacen seres vivos como los espantapájaros y los hombres de lata, si no hay espantapájaras ni mujeres de lata?

12. ¿Por qué todo en la ciudad Diamante es verde, cuando en el caso de aclimitarse todos debiera ser en blanco?

13. Si la bruja mala del oeste es mágica, ¿por qué tiene que darse el trabajo de subirse a su escoba para dibujar en negro la amenaza a Dorothy? ¿no puede simplemente hacerlo con magia?

14. Si la bruja mala sabía que el agua iba a matarla, ¿cómo es tan tonta de tenerla ahí al alcance de cualquiera? ¿acaso tenía anhelos suicidas?

15. ¿Y para qué querría agua? Si claramente no podría ni tomarla, ni bañarse con ella, y su castillo no era precisamente un monumento a la limpieza.

16. ¿Por qué el mago de Oz se va de vuelta a Kansas justo cuando llega Dorothy? ¿Acaso no era feliz viviendo como un rey? ¿O es que justo cuando llegó Dorothy se acordó de sus orígenes?

17. ¿Por qué la gente no se enoja cuando ven que el Mago de Oz no es un mago, y en vez van todos a despedirlo?

18. ¿De dónde saca el tal Mago el globo aerostático si se suponía que se lo habían requisado al llegar?

19. ¿Por qué Dorothy tenía como preferido al espantapájaros, cuando el hombre de lata, y el león con su permanente y lacito rojo, eran también tan exquisitos?

20. Y por último, ¿por qué tanto apuro de Dorothy de volver a casa, cuando en el mundo de Oz pasó las aventuras de su vida y encontró “a los mejores amigos que alguien puede tener”? ¿no podía tampoco alguna vez volver como se supone que lo hizo el mago de Oz en su globo? Si no, ¿por qué la magia funcionaba sólo para algunos?

Jejeje… probablemente no todos sepan tantos detalles, pero ¡tenía que poner estas preguntas! Por lo demás, mi intención no es desarticular su magia… ya que me parece tan increíblemente mágica como la primerísima vez.

Toto… I’ve got the feeling we’re not in Kansas anymore…

PD: al parecer no fui la única que se vio influenciado por ellos :p

FAN DE GREENPEACE

Me encanta Greenpeace. Encuentro que es de las asociaciones más aperradas, cuerdas, alegres y motivantes que existen. Desde chica me he maravillado viéndolos en la tele; tapándole el paso a barcos petroleros en mal estado, protestando contra la guerra, contra la extinción de los animales, contra el uso de sprays que rompen la capa de ozono, y contra todo lo que al final del camino resulta que sí hiere. Me encanta no sólo por ser una reacción sana contra los problemas del mundo, sino que por ser una que funciona, ya que ha logrado algunas transiciones, y con ellas un respeto creciente en la humanidad a la vez que una profunda impresión en mí.

Hace algunos meses me inscribí como voluntaria, para ser otra más de quienes se oponen a grito pelado a las barbaridades que se hacen de cuando en cuando, pero aún no me ha salido el evento. Espero que lo haga eventualmente, aunque más que vivir mi manifestación tras la etiqueta de Greenpeace quisiera vivirla tras la de meramente un ser humano, y que así también lo viviéramos todos, porque al final es justamente de todos la responsabilidad.

Supongo que puede ser difícil tener conciencia de eso, armar el cuadro y darse cuenta de que todo llega a todos, como la piedra que cae en el charco saca ondas que lo afectan entero; darse cuenta de que el mundo al final sí puede ser inimaginablemente frágil, pero aunque sea difícil creo que es necesario lograr esa conciencia, porque si todos la tuviéramos no dejaríamos que el mundo esté donde está.

Mientras, yo espero el día en que no encuentre el goce en la idea de protestar por lo que es prioritario, como la naturaleza y la vida, sino que lo encuentre en el simple vivir de un mundo ya ordenado y responsable, en donde ni siquiera se imagine la posibilidad de usar un spray que dañe a la capa de ozono, por ejemplo… aunque más que esperar por ese día intento trabajar por él.

Greenpeace ya está trabajando.

FAN DE LA GUERRA DE LAS GALAXIAS.

Me encanta la Guerra de las Galaxias. Considero que es una verdadera tragedia griega en versión moderna, de un mundo imaginado pero muy imaginable, en que, como toda tragedia, los personajes no pueden escapar a su destino… sólo que esto en vez de convertirlos en seres miserables, los convierte en unos inocentes, furiosos, adorables y sobretodo heroicos. Todos y cada uno de ellos.

Es un espectáculo digno de observar, lleno de fuerza e inevitables sentimientos (además de entretenido).

Así es como me ha remecido cuando la he visto, no sólo por los fabulosos efectos especiales, las increíbles escenografías o los chistes entre los robots – que es una de las cosas que más me gustan -, sino que por las escenas que sacuden cuando uno ve que, sin importar lo moderno de los trajes espaciales, lo poderoso de los personajes, o incluso, la posición de ellos según el famoso lado Claro o Oscuro, al final todos ellos tienen sentimientos, y son vulnerables, frágiles a la vez que fuertes y libres para decidir. En otras palabras: todos ellos son seres humanos…

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También es rico darse cuenta, al verlos a ellos como un espejo, que es esa misma sensibilidad propia de nosotros la base de toda nuestra fuerza, porque sólo quienes sienten profundamente terminan siendo poderosos…

Alguna vez leí que cuando George Lucas sacó el primer tomo, le preguntaron de qué se trataba, y al no saber qué decir, decidió resumirlo con “una historia de un chico, una chica, y el universo”. Muy sencillo. Esto luego se recordó como un dato divertido, porque pasan muchas más cosas, pero lo cierto es que igual al final todos los vértices, todas las guerras, todas las traiciones y todos los amores nacen de lo más íntimo y personal de la historia: el corazón humano. Y que él es el propulsor inicial de todo lo que pasa.

Yo hasta la fui a ver al cine, el capítulo final de la saga, sola para poder llorar como una cualquiera. Salí maravillada por todos los mundos que pueden caber en la mente de una sola persona, y también por las mentes de quienes ayudaron a ilustrarlos, pero se entiende porque un sueño verdadero al final es un sueño de todos… Luego volví a mi casa con la cara hinchada y mi mamá me preguntó que porqué había llorado si había ido a ver una película bélica… olvidando por un instante que la vida misma es, a veces, una guerra y que no por ello está exenta de belleza.

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