FAN DE DAVID BOWIE

bowie 6Bueno, hoy se murió David Bowie y fue un día TAN AMARGO para mí. Lloré cada vez en que me acordé. En el baño, durante el trabajo. En la calle, ante el horror de los otros mortales (algunos). En el auto, en la bici, y en el metro. En la universidad, antes y después de dar un examen de final de trimestre (y casi durante). En el supermercado. En todos los lugares,  todo el tiempo. Y no soy el tipo de persona que llora cuando mueren famosos… no soy, en realidad, el tipo de persona que llora cuando muere nadie a no ser que, claro, sea muy trágico, porque la muerte es parte de la vida, y blablablá, y qué le vamos a hacer, y yo también me voy a morir un día.

PERO DAVID BOWIE.

Este hombre fue tan talentoso, y tan impresionante, y tan increíblemente estimulante y creativo… qué manera de volar con él. Un artista como pocos, y creo que el más importante que haya partido desde que tengo memoria… realmente importante, y personalmente no creo que se le tome el peso hasta un tiempo, pero lo que más me conmueve de él no es esa mera genialidad (que es bacán), sino que EL AMOR con que la expresó.

bowie 5Es que tenía TANTO AMOR. Todas sus canciones REBOSABAN aceptación y amor. Por ejemplo, cuando grita “Oh no, love, you’re not alone. Give me your hands, ‘cause you’re wonderful”, en Rock and Roll Suicide… es terapéutico. La primera vez que lo oí me impresionó profundamente. Sentí como si me dijera, personalmente y sonriendo, que yo era importante. Me dio tantas fuerzas, cuando no las tenía, y tanta inspiración, cuando sí. Me concedió tanto valor, y hermosura, y dignidad, y me hizo no solo amarme a mí, sino que también a todos los demás. El mundo cobró significado, se llenó de colores. Me volví buena, santa, merecedora, pura, y también, otra vez, conmigo todos los demás.

Cosas parecidas me pasaron con muchas canciones, y estoy segura de que no soy la única. Es cosa de ver los homenajes.

Muchos dicen que Bowie era el representante de los geek y de los freak y etcétera pero, a mi parecer, era el representante de todos. Porque todos eran bienvenidos. Todas las razas. Todas las edades. Todos los estilos. Todos los sexos, e incluso la falta de ellos (si se puede), y su estilo era tan emocional y tan directo. Él escribía pensando en mí. Escribía pensando en ti, y uno podía encontrar de vuelta el camino al propio corazón, tan solo transitando por los caminos de su música. Porque su corazón era el tuyo.bowie 7

Y era tan bacán aparte de eso. Escribía canciones tan absolutamente locas y perfectas, coloreando con gracia más allá de TODOS LOS MÁRGENES, pero igual nunca se sintió, por ello, superior al resto. Con la misma facilidad con que podía componer hits delirantes, podía hacer covers de otros artistas, como God Only Knows de los Beach Boys, sin caer en el despotismo del divo, del miedo a “mezclarse con la chusma”. Ni siquiera necesitaba ser siempre el protagonista. Por ejemplo, en I am a Passenger, de Iggy Pop, hizo simplemente los “lalala” de fondo, y en Sorry, de Tim Machine, la voz secundaria, sin sentirse reducido por ello (diría yo).

Cómo no me iba a gustar. Era todo lo que yo quería ser, en mi propia versión. El talento hecho acción, dibujando sus propias (casi inexistentes) barreras. Y, a la vez, simplemente un ser humano. Aunque, por supuesto, debe haber tenido un montón de defectos, posiblemente ocultos para el baboso público, en especial el día de su muerte.

Ah, y se vestía tan, pero tan bien. Incluso sus disfraces tenían planeado hasta el último detalle. Y más encima era mino. QUÉ ELEGANCIA, DIOS, QUÉ GARBO, QUÉ…

Adiós, David Bowie. Siento tanto que hayas sufrido así tus últimos años, que te hayas visto obligado a partir, y también lo siento por tus seres queridos. Tu canción de despedida (ver Lazarus, llevar pañuelos) me rompe el corazón, y realmente espero que ahora seas libre del dolor, tal cual rezan tus versos. Al final, pese a toda tu no tan buscada gloria, tenías el derecho y el deber de partir, como también haremos nosotros… pero tus canciones son inmortales así como tal vez seamos en el cielo, y yo las llevaré siempre en mi ya no tan atribulado corazón, porque éste construyó tejidos completos alrededor de ellas, como esos árboles que crecen y absorben carrocerías enteras. En tu caso, de cristal y pura preciosura.

No tengo más que decir. No creo que jamás pueda escribir esto con la elocuencia que querría. Solo puedo agregar gracias. Gracias, gracias, gracias. GRACIAS.

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MIS FAVORITAS (en orden alfabético):

As the World Falls Down

Absolute Begginers

Ashes to Ashes

Bring me the Disco King

Cygnet Committee

Dance Magic

Five Years

Modern Love

Rock and Roll Suicide

Space Oddity

Wild is the Wind (cover)

 

Oh, no, not love, you are not alone!!

FAN DE SEBASTIÁN ERRÁZURIZ

El año pasado aluciné con Sebastián Errázuriz. Uno de los conciertos a los que me había abonado en el Municipal (con el clásico bono de estudiantes), empezó con un trabajo suyo, Historia del tiempo. Fue una sorpresa para mí, ya que no estaba indicado desde antes. Me encantó que fuera creado por una mente joven y además chilena, y también me encantó que la orquesta del Municipal lo ejecutara. Sentí que Chile estaba protegiendo a sus artistas.

El mismo Sebastián Errázuriz explicó su obra antes de ser tocada. Sencillo, directo, espontáneo y sonriente, con un aspecto como el de Mozart en la película Amadeus, aunque algo más serio, y moreno. Alegre. Contó que la había escrito inspirado en el libro de Stephen Hawking, del mismo nombre, y que cuenta de la historia del universo, desde el Big Bang hasta el Big Crunch. Que se lo había imaginado todo y luego lo había transformado a música.

Cabe decir que el Big Crunch es aquella teoría que dice que todo lo que empezó en un punto condensado de energía, volverá a serlo. Es decir, que este universo en expansión, en algún momento dejará de expandirse para detenerse y luego retroceder hasta el principio, como un latido, podría decirse: el latido vital (así justamente lo imaginan las viejas teorías religiosas/orientales y también algunos científicos). Sin embargo, el que el universo llegue al Big Crunch depende de su masa inicial: si no hay suficiente de ella, no se provoca suficiente gravedad (atracción) como para luego atraerse lo que se necesita para lograrlo (la masa causa esta gravedad).

El punto aquí es que las muy últimas investigaciones han concluido que a este universo no le toca Big Crunch, sino que simplemente expandirse para siempre, hasta ser una mesa congelada y paralizada, y aunque yo no la dictaminaría como definitiva, éso es lo que está en boga y supone ser indiscutible, al menos según mis recientes conocimientos sobre astronomía. Entonces, la obra de Errázuriz estaba, desde el punto de vista científico, basada en algo erróneo.

El estar al tanto de esto no aminoró para mí la fuerza de este arte desplegado. Yo volé. La obra fue cortita, y emotiva, y muy entretenida de imaginar, y más tarde, en el interludio del concierto (compuesto de varias obras de distintos autores), me tocó ver al compositor conversando con otros dos estudiantes. Como estaban muy cómodos y riéndose, decidí acercarme. Entonces lo felicité, y agregué sonriendo, aguafiestas pero con la mejor intención (o quizá simplemente ganas de copuchentear): “pucha, no quiero ser mala onda, pero por si acaso, los últimos descubrimientos van contra todo el tema del Big Crunch”. Él me miró a la cara y me contestó, sonriendo: “¡Síii, ya había cachado!, ¡y estos dos vinieron a decirme lo mismo!” (eran estudiantes de Astronomía), con tal que se rieron otra vez, pero entonces yo con ellos, y luego hasta nos quedamos conversando, todos juntos, un rato más.

La verdad es que lo encontré adorable, porque además de ser genial, era aterrizado y simpático, y eso es algo que siempre se aprecia y que a veces cuesta encontrar en los artistas. Se nota que le interesa el mundo, tanto que de hecho ahora está por lanzar Viento blanco, una ópera sobre Antuco, en un par de días más, para la cual ya compré entradas. No sé cómo será, pero estoy dispuesta a cachar: Yo también protejo a los artistas, en especial si son buenos, y en especial si tienen empatía, y si pueden así compartir, no sólo su talento, sino que también la emoción profunda que logra que éste pueda realmente significar algo.

A little respect

A mí me gustan los Backstreet Boys. Y Supernova. Y algunos hits de “Mazapán”, como también otros de algunos musicales, o de la Britney Spears, o de los Venga Boys, o incluso del Topo Gigio. Y la Avril Lavigne, por ejemplo, encuentro que es seca, que tiene una calidad pasmosa que puede descubrirse a lo largo de todos sus singles, si se da la atención necesaria para escucharlos, claro: sin prejuicios.

Supongo que esto podría horrorizar a alguna gente, como ya otras veces lo ha hecho… ¡pero lo cierto es que hay entre esa música aportes realmente buenos! Y los prejuicios sobre que una es tonta, otra direccionada a tal parte, otra chatarra… ¡alejan de la posibilidad de sentirla! De darle, realmente, una oportunidad… que a veces la merecen más que ampliamente, ya que no en vano han tenido éxito… porque, sí, es cierto que hay grupos que se basan en pura imagen, pero esos grupos nunca duran demasiado, a no ser que sean una leyenda (y no de las buenas) como Milli Vanilli y el megachascarro que protagonizaron, o eso de preguntarse cómo Xuxa puede haber sido mi ídolo infantil (aunque, para ser sincera, no fue el mío).

Como a mí me gusta tanto la música, y conozco bastante, muchas veces mis amigos me piden que lleve mis CDs para ponerlos en los carretes, o en las fiestas. Yo siempre accedo gustosa, ya que para mí siempre es un placer, en vista de que toda la música que ando trayendo claramente me gusta… pero sigue pasándome que los prejuicios musicales me cortan la inspiración y a veces incluso el ánimo. Me ha pasado tantas veces tener que sacar a alguien de la radio porque (léase como un grito escandalizado, acompañado de una mirada atónita) “¡cómo poni a (a elección)!“, siendo que los habitantes en cuestión jamás han escuchado realmente a tal personaje musical, y por ende, ni siquiera saben de verdad cómo se siente. Reaccionan con una velocidad impresionante, rechazando toda vinculación a él, como si pudieran mancharse con la imagen que alguien dijo que vendían… y ahí es cuando puedo ver con tanta claridad que hoy, la venta de la música, también se entiende como la venta de un modo de ser, de un estilo de vida, de una imagen.

¡Y qué tontera!, opino, todo ese juego de identificaciones… ¡porque uno es tan móvil como la música misma! ¡uno puede tener toda la que le guste! ¡nadie puede decirle a uno: no mires, no disfrutes eso! ¡nadie debería limitar a nadie, ni amenazar con aguar su fiesta!… pero ahí están quienes tienen tanto miedo de proyectar una imagen que creen inadecuada para sus fines generalmente “mejores”, “más sabedores” (debería poner sabihondos, pero la palabra no coincide con la imagen de la que hablo jeje), o “más cool”, que despojan esa música no sólo de ellos mismos, sino que de todos quienes son influenciados por ellos, que, por supuesto, luego tampoco quieren tener nada que ver con el músico paria, ¡cuando hay música que es un aporte tan grande! Y esa música no es siempre la que no se imaginaría en primera instancia, principalmente por esto mismo de los prejuicios.

Que no se me malinterprete. Tampoco soy de esas personas sádicas que andan tratando de obligar a la gente a escuchar música que no quieren. De hecho, estoy muy a favor de que cada quien escuche a quien se le antoje, ya que también he pasado por la desagradable actividad de tener que sobrevivir horas enteras escuchando música que no es de mi agrado, sólo porque alguien – con anhelos de iluminado, y no en el buen sentido – se ha autoimpuesto la misión de educar a los presentes, sin importar si ya el largo rato sin poder agarrarla signifique que probablemente ¡no hay futuro! (aunque otras veces he descubierto en sospechosas novedades el mejor de los futuros)… pero, los prejuicios de los que hablo primero son realmente otra cosa, me refiero a eso de dar la espalda sin ni siquiera mirar a qué se le dio. Es casi como esas películas gringas donde los niños huyen del que tiene anteojos, sólo porque no es conviente para su imagen, cuando el niño de anteojos luego de unos años, además de ser simpático y buen amigo, puede llegar a ser ¡el sucedáneo del mismísimo Brad Pitt!

Quizá estoy exagerando sólo por molestia a la entrevista que leí el otro día en la Revista Ya Joven. En ella aparecía la Elisa Montes, ex Supernova, como una de las chicas de la radio, diciendo que jamás daría cabida en su programa a música proveniente del Club de Mickey (el cual, en USA, fue el que dio a luz a cantantes como Christina Aguilera, Justin Timberlake y la Britney Spears). ¡Qué patudez más grande! ¡Si ella viene de la versión más parecida a ese Club que existe en el medio chilensis!

Más que eso (a final de cuentas, es la conductora, y tiene derecho a elegir), lo que podría decir que me indignó realmente, fue cuando salía que, a la última persona que llamó pidiendo reggateón, ¡le cortó!¡Cómo tanta falta de educación!… Es cierto que los medios no la ayudan mucho, porque lo contaron casi como una gracia natural de gente cool, entonces quizás ella lo encuentre muy choro, pero igual no hay que olvidar que, si en el pasado, otra que se las diera de alternativa hubiera estado recibiendo llamadas, ¡a la primera persona que le hubiera cortado habría sido a quien hubiera pedido Supernova! Eso se llama morder a la mano que se alimenta (por mucho que ella diga que le debe la carrera a su ex-grupo), y se llama también pretensión divina, o algo así parecido, y nada menos que eso. Además, ¿quién es ella para andar criticando los gustos de la gente, para decir si el reggaetón es malo o bueno? ¿quién es ella para cortarle el teléfono a alguien, cuando podría haber dicho, por último, “hey, acá no escuchamos eso, que te vaya bien”?

Si a mí no me gustara Supernova, concluiría esto diciendo, que antes ella justamente complacía al peor de los gustos¡pero a mí todavía me gusta! aunque en exceso sea irritante (al menos para mí)… todavía escucho “Disco Groove”, “Tú y yo”, “Sin ti soy un fantasma”, y “Maldito amor”, entre otras (teniendo incluso versiones karaoke de algunas canciones), aunque ahora cuando lo hago a veces pienso que esa música no es realmente de quienes la cantaron, ya que, habiendo leído el reportaje, no parece ser algo que a la Elisa le haya salido del corazón (no por lo que dice de su pasado musical, sino que por cómo trata a otros grupos de música popular), sino más bien un cúmulo de muy benefactoras circunstancias, y así el lazo con Supernova aparece como una deuda más que una vinculación, lo que me molesta bastante, porque siento que le quita a las canciones el alma que les dio forma entonces…

Pero, por otro lado, yo no perderé la música por unos tontos prejuicios, aún cuando quienes la protagonizaron pudieran hacerlo.

Fly me to the moon

Aunque todas las Cuatro Estaciones de Vivaldi son buenas, hay una parte sublime que suena como si se cayera el cielo.

Escuché aquella parte (3er Movimiento del Verano) hasta rayar el CD de oferta de mall en donde lo tenía; incontables veces, a todo volumen, siempre levantando los brazos, cerrando los ojos y sintiendo ráfagas de indomesticada energía bajando por mi espalda… invocando como una chamana, expresándome como una bailarina, sometiéndome como una súbdita, hechizando como una bruja, jugando como una niña, implorando como una esclava, debatiendo como una abogada, riendo como una enamorada, soñando como una visionaria, sintiéndolo como una artista…Maravilloso.

Después anduve un tiempo huérfana de esa música, hasta que el domingo pasado supe de un concierto a luca (luca para estudiantes) en la Casona de la Universidad Andrés Bello. Sin pensarlo dos veces, fui incluso elegante; expectante y nerviosa, como quien se arregla para encontrarse con un amante perdido que vuelve a casa.

Al llegar vi que las personas casi no cabían en la sala, pero aún así, al iniciarse el concierto, no hubo entre los espectadores más que un completo silencio, dejando así a la música inundar la habitación entera… Me sentí tan traspasada de sentimiento como si no hubiera nadie más que yo ahí, todos los extremos del universo convergiendo en mi propio latir, en mi propio sentir… hasta que miré las caras de los otros presentes, y se veían tan transportados y a la vez tan unidos, como un engranaje perfecto en un perfecto reloj musical, que no sólo pude sentir mi propia emoción, sino que también reverencia por la comunión de todos juntos sintiendo, y por la fuerza del sometimiento cuando algo cala adentro para todos… cuando ese algo es universal, como la música.

Así, no hay nada que pueda decir yo, ya que tal sentimiento no lleva palabras, sino sólo concluir que, a mi parecer, la música siempre será una bendición: Lo saca a uno de sí mismo, y es como si le ordenara la cabeza… Todo ese rato que estuve ahí el domingo, quedó en mi memoria como una sola mancha colorida de placer y de paz, sin nada más que bendición y encanto. No pensé en nada. No recordé nada. No planeé nada. No hice más que estar ahí, recibiendo el arte y suavizando mi alma. Limpiándome. Disfrutando. Y sin ni siquiera darme cuenta de eso, porque ni me detuve a pensar en mí…

Fue sólo después del concierto, cuando, esperando que desocuparan el estacionamiento, al ir a caminar un rato por los jardines del lugar, llenos de árboles y de pasto, me di cuenta de lo bien que me había hecho, ya que realmente me sentía como si estuviera drogada, y como si en cualquier momento pudieran aparecer duendes entre los matorrales y las callampas…Creo que si hubiera pasado lo último, habría intentado hacer caer el cielo con mis dotes de orquestista imaginaria.

Mi viejo y adorado amigo Cat

Una de las razones por las cuales me encanta la canción “Land O’freelove & goodbye” es que, cuando Cat Stevens, el autor, canta “and the God I love loves me” (y el Dios que yo amo me ama), pronuncia – y estira – la parte de “I love” (yo amo) con mucha más emoción y fuerza que la de “loves me” (me ama), haciendo de su voz, en la primera, un chorro de alegría y de gozo puro; libre, poderoso y palpitante, que vive por sí mismo, sin casi ni fijarse en la correspondencia de tal amor… el cual aparece casi como un detalle.

Por pequeño que esto parezca, creo que resume una innovadora, compleja y muy alegre visión de universo, donde se es más feliz porque se ama que porque se es amado; un universo en donde la gloria del amor radica justamente en poder sentirlo, del propio corazón hacia fuera, sin dudas, impedimentos ni miedo… porque es ahí donde es de uno.

A mí me encanta.

Música, pasión y remolino

Cuando era chica mi mamá me dijo “si tocas el piano, entonces después puedes tocar cualquier cosa”. Me gustó la idea de esos límites abiertos, así que entré a clases de él, en la Escuela Moderna, pero no duré más que un semestre. Tenía cerca de 10 años y ninguna paciencia, lo que no significa que el piano no me emocionara profundamente.

Supongo que no siempre somos pacientes con lo que nos gusta…

En mi casa consideraron que esta fue mi puerta de entrar a la música (o de la música para entrar en mí), pero tanto antes como después toqué todos los instrumentos musicales posibles que se me cruzaron, desde el más elemental y colegial xilófono, hasta la guitarra, pasando por la armónica, la flauta, la batería y la ocarina, incluyendo incluso un par de notas de saxofón, robadas furtivamente del de mi hermano (quien siempre me descubría porque mordía y rompía sin querer las lengüetas), y en fin, todo lo que pudiera alcanzar. Ninguno pasó inadvertido ante mí, y hasta un charango intenté comprar, hace un par de años, en un viaje, cosa que al final no logré porque justo entonces me asaltaron… un charango que compraré alguna otra vez, ya que hasta en mis recuerdos me cierra un ojo con magnética fuerza.

Los instrumentos musicales realmente me posesionan, me llaman la atención de una forma que podría definirse incluso como indecente: siento como si me quemaran, y como si una fuerza invisible me empujara hacia ellos. Para mí son túneles seguros a las más indescriptibles, pero claras emociones, y a exóticos estados espirituales y mentales, que están tanto afuera como adentro de uno mismo. Al tocarlos a ellos, toco también las propias fibras de mi alma, domestico y me domestican y llegamos juntos a algo mayor, que no puede encerrarse y que lo inunda todo de una forma innegable, chorreando por todos lados, de arriba a abajo y de abajo a arriba, y también de lado a lado.

En mi recorrido por la música, he conocido a muchos instrumentos musicales, y pretendo conocer más, pero de todos ellos, para mí no hay ninguno más gratificante que el propio canto… porque es entonces cuando una misma se hace música, y las vibraciones armónicas rebotan hasta la más mínima punta de los pies, hasta el punto más interno del pecho, y lo llena todo, a la vez que lo convierte. Desde el centro del propio cuerpo se da origen a los remolinos más impresionantes. Todo alrededor es eléctrico, lleno de energía pura y liberada, lleno de posibilidades.

Es casi como brujería, como si uno se confundiera con el espacio indefectible y echara chispas por todo alrededor, y eso, juntado con más instrumentos puede ser realmente alucinante… aunque también puede serlo sin ellos, porque cada pedazo de música es la música misma, y así cada instrumento vale por sí mismo.

… Cuando pienso en todo esto, estoy segura de que habría llegado a la música de cualquier forma, aunque no hubiera jamás tocado un piano… pero también es cierto que mi primer feliz recuerdo de un regalo de Navidad, fue justamente uno de ellos, plástico, rosado y pequeñísimo, y que desde el primer momento me abalancé sobre él con mis dedos que en ese momento eran tan pequeños como el pianito (proporcionalmente, claro), y de lo más regordetes.

Quizá fue entonces cuando empezó el sueño, la aventura y la fantasía, por encontrarme con uno de los grandes amores de mi vida, y por vivir borracha de él desde ese primer entonces.

Lo cierto es que llevamos por lo menos 20 años de romance puro.

Lo cierto es que es para siempre.

"Putita" – Los babasónicos.

Es increíble lo que hace la melodía de una canción. En esta, por ejemplo la letra no es nada de agradable y aún así una la canta de forma soñadora, casi romántica. Es, incluso, una canción dulce.

¿Qué poder tendrá la música? Alguien dijo una vez que las pirámides fueron construidas ayudados por ella. Sólo al repetir ciertas notas musicales lograron mover las piedras enormes, mediante la vibración. Es una teoría bastante controversial, y, además, imposible de comprobar, pero no deja de ser interesante, sobretodo cuando uno recuerda cómo en las culturas antiguas, las personas repetían sonidos monótonos para caer en ese estado de trance … y esto todavía pasa… ¿acaso nadie ha creído alguna vez que se va a volver loco escuchando esos sonidos?… a veces en el mismo caer constante y repetitivo de una sola gota de una cañería. O cuando un CD se queda pegado y repite y repite incansable el mismo sonido. Uno cree que va a perder el control.

Los nazis sabían de todo este poder cuando usaron música clásica para incentivar a los judíos de los campos de concentración. Lástima que luego quedó manchada mucha de esa música por el dolor, de la misma forma en que a todos se nos han manchado canciones de vez en cuando, que alguna vez hicieron reír, luego llorar, y, en general, cuando pasa el tiempo y vuelve a haber perspectiva, otra vez reír… a excepción de casos muy horribles, como fue para estos judíos.

Yo creo que hay que tener mucho cuidado con la música que uno escucha, porque tiene un poder superior al que podríamos creer. Tengo la impresión de que se mete bajo la piel, y que aunque sea invisible es PODEROSA, como el aire o quién sabe qué más… porque lo llena todo. En todo caso, con tener cuidado no me refiero a censurar canciones como “Putita” porque yo encuentro que EN LA MÚSICA TODO CABE. Es la oportunidad para traspasar límites y decir cosas que no se dirían de ordinario, de forma suave o escandalosa… Es siempre un desahogo, poder decir lo que se antoje y dibujar como a uno se le ocurra el universo, es alucinante.

Además, aunque las palabras puedan herir o sanar, nunca son tan fuertes como la música. Eso es fácil de comprobar. Basta con hablarle a alguien que no sepa qué decimos, como a un perrito. Uno puede decirle cosas horribles con una voz melódica y tierna, y el perro feliz mueve las colas. Al mismo tiempo, uno puede gritarle horriblemente puras preciosuras y el pobre animalito agacha sus orejas y huye, confundido.

Alguna vez leí que, en una conversación, las palabras sólo influyen máximo en un 15% (y eso que ahora hablo de seres humanos). El resto se compone de tono de voz, la forma en que se dice, y la posición corporal.

Parecido pasa con la música.

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