Luces curiosas

Cuando estaba en el colegio, en segundo medio, una noche me desperté por un extraño resplandor. Una de las murallas de mi pieza, que entonces compartía con mi hermana, refulgía de rojo. Era un color vivo y muy fuerte, que se movía, como la sombra del fuego. Mi hermana estaba nerviosísima porque se casaba como en tres días más, así que sin despertarla me levanté cautelosamente a mirar. De a poco me acerqué, hasta tocar la muralla, y vi que no estaba caliente… Era sólo una luz. Una rarísima y enorme, pero extrañamente tranquilizadora. Tan tranquilizadora que pasé un rato metida en ella hasta que me vi de lejos y me encontré un poco loca. Entonces me fui a dormir y se mezcló con mis sueños porque al día siguiente, al recordarlo, pensé que había sido solamente eso. Y me olvidé… hasta que un mes después me pasó lo mismo.

Esta vez la luz estaba en otra parte de la casa: en el living. La había visto, muy tarde, al mirar al jardín desde la pieza de mis papás (mi casa tiene forma de “L”) y entonces me saltó a la vista. El living estaba completamente rojo por dentro, y la luz tenía la misma presencia como de fuego. No me inmuté porque la recordaba, pero por deber cívico fui a corroborar que no se estuviera quemando: No lo estaba. Otra vez me fui y otra vez extrañamente tranquila. No comenté nada aunque ya sabía que no era un sueño. Si esas luces querían aparecer en mi casa, que aparecieran nomás. No le hacían mal a nadie.

Después no volví a ver de esas luces. Nunca supe tampoco qué eran y porqué aparecían en mi casa, pero lo que sí supe después fue que yo no fui la única que las vio. Un par de semanas después, todavía en 1997, mi nana me contó la misma escena: el descubrimiento suyo de una luz roja que se movía, esta vez en la pieza de mis papás. Había ido a la cocina en la noche y vio un refulgar que siguió al living, desde donde las vio bien. Ella tampoco se asustó, sólo estaba extrañada. También había pensado que era un sueño. Yo no le había dicho nada antes, pero se lo dije entonces y más nos sorprendimos, y así, más que asustadas, estábamos intrigadísimas con qué era, pero también era tan obvio que no íbamos a poder averiguarlo bien, que nos relajamos y lo dejamos entre nosotros.

En todo caso fueron esas las únicas luces que he visto, pero sí las únicas así. En el 2001 vi otra en la casa de mi amiga Maqui. Yo estaba alojando allá después de un carrete en el entonces Café Vallarta, en su pieza, y ella dormía en otra. En medio de la noche (siempre es en medio de la noche) me desperté porque algo me molestaba a los ojos… Al abrirlos vi una luz dorada, enorme e intensa parecía salir del techo. Llegaba a la cama directamente, como construida a propósito. La luz tenía toda la pinta de ser una buena (el color era mucho más piola), y tejí teorías sobre algún ángel de mi amiga que, equivocado, me mandaba luz pensando que era ella quien estaba durmiendo ahí, como las otras noches. Nunca supe y tampoco importaba, así que al final sonreí y me dormí dichosamente. Bienvenidos sean para mí todos los ángeles y mi amiga no podría enojarse por pedírselo prestado una sola noche.

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