Incógnita

Era la noche y

estábamos afuera,

y los perros aullaban,

con el viento.

Y yo no sabía dónde

empezaban mis manos,

ni dónde se hundía

la esquina

de tu chaleco.

Yo no sabía dónde

comenzaba

la fragancia nocturna

de los aromos,

y dónde terminaba

tu cuerpo.

y el mechón que salía

de mi nuca,

no sabía

si era el viento

quien estaba

rozándolo

o si eras tú

al fin

intentando

alcanzarme,

porque tuve miedo

de tocar

y descubrir

que solo eran

el viento

y los ecos

de los perros,

y que tu chaleco aún

te separaba

de los kilómetros

de mi tiempo

y que al final la noche

solo existía

para los que soñamos.

MOMENTO

Con ojos felinos

llenos desde dentro

de alucinante luz

amarillenta

dijiste

palabras enormes que

no recuerdo,

sino sólo

el temblor de tu boca

camuflado

y otra vez el precipicio

cayendo

de esos ojos.

(1999)

GAVIOTA

Una gaviota

revuela

en mi interior…

 

Tiene hambre.

 

Yo ya no puedo mantenerla

y le he dicho que se vaya

que hay mejores lugares

en donde pueden

cuidarla.

 

Pero ella se limita a voltear su mirada,

gorjeando lentamente

con su estómago minúsculo.

(2000)

LA NOCHE INMENSA

Es la noche inmensa.

“¿De dónde vienes?” – me pregunta –

“¿Qué has sentido, qué has hecho…?”

Pero en la noche inmensa yo sólo soy

silencio.

(2006).

PÁJAROS

Pájaros huyendo de ti,

los pájaros huyendo

aterrados,

como una nube de nieve manchada

y un sonido latente a lo lejos.

 

Tu cabeza ladeada

sin éxito buscando

un susurro certero

que te hable de aquellos pájaros,

de sus plumas exiliadas que en la prisa caen

desde el cielo.

 

Entonces mis manos,

pájaros naranjos de suavidad única,

voladores en potencia que se hubieran ido lejos

voladores en potencia que detuvieron su viaje

voladores en potencia que ya no cantan desde el cielo

pero sí la ducha y en

felices

paseos

terrestres…

 

Voladores que te amaron y bajaron del cielo

para enredarlo suavemente

entre los dedos

de tus manos.

(2002).

ASÍ ES

El verano entero

cabe

en mi ombligo

sólo porque

alrededor de él

giran

TODOS

los océanos.

(2005)

TESTIGO

Al menos mis palabras quieren ser testigo.

el sol altivo de la tarde.


Pasará esta vida

y tal vez yo sin ella,

trastocarás mi interior

y no haré ya nada por seguir

evitándolo.

 

No me gustan mi heridas nuevas,

más me gustaría poder mostrártelas.

Las horas pasan

y no logro concentrarme.

Pasas distraído y lleno de encanto,

y te apoderas a la distancia

de todo flujo

de mi cuerpo.

Sin tocarme me pinchas

y siento que podría desmayarme

sin destino y ya

sin vuelta.

 

Desgraciadamente,

esta herida que me has hecho

no es de muerte.

Tendré que aprender a vivir con

prótesis,

calmantes,

marcapasos,

en el corazón nuevo

que construiré en base

de lo que ahora dejes.

 

No entiendo cómo los demás no te ven,

cómo no te aman

con ese amor

que me lleva.

Cómo no caen derretidos a tu paso,

cómo no comparten esta inevitabilidad mía.

 

No comprendo por qué

me sigues atando,

y colapsando cada poro

de ternura viva,

y rompiendo mi vida

sólo por tu encanto,

y por tantas cosas que no quiero nombrar.

 

Sin embargo,

aquí sigo,

bajo plena luz del día

(ya no hay fantasmas)…

atrapada en tu aliento

que no me tocó cuidar,

empapada en tu dulzura

que no me tocó vivir…

cautivada en tu silencio

que sí me tocó imaginar.

 

Me veo planeando tu vida sólo a metros de tu cuerpo.

Para ti,

es el silencio natural de alguien que conoces…

y que debiera estar pensando en antropología

o en cisnes.

 

No en ti,

no en el latir bullicioso de tu ser,

no en las tardes marchitas con el sol en tu piel,

no en la vida que he guardado para ti.

 

NO EN TI.

No en lo que sé sobre nosotros que me he guardado.

(2001).

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