En una calle de mi sueño

Anoche soñé con una ella. No la veía desde hace mucho y se suponía que ya no la iba a ver más, que nuestros últimos recuerdos habrían quedado en el comerse el jugo en polvo, la hora de Pipiripao y furiosas comparaciones sobre quién tenía el tatuaje de mentira más bacán.

Pero ahí estaba. Iba por la calle con una bufanda de plumas negrísimas, como de halcón o de ángel. Era la bufanda más poderosa que yo hubiera visto nunca, tanto así que ella parecía una posesión suya más que su dueña. La saludé y me saludó, sonreía de una forma rarísima, le habían crecido los rasgos de la cara, pero seguía siendo ella. Nos abrazamos rápidamente y conversamos un rato, de nada realmente. Fue cómodo y agradable porque dentro de mis sueños no hay tiempo, todo es posible y jamás hay máscara o recriminación alguna. Soy libre de absolutamente todo y a veces, cuando me concentro, soy capaz de modificar y elegir lo que pasa, hasta en lo que hacen las otras personas o en el clima.

Después me fui de esa calle de dentro de mi sueño, y me fui también del sueño, pero hoy he pensado todo el día en esa sustancia plumífera… Quiero tener una igual, exactamente igual, pero no hay nadie fuera de los laberintos de mi mente que pueda darme el dato, si es que existe realmente. Mi amiga parecía un ángel, pero uno algo oscuro y poderoso y yo también quiero parecer un ángel y tener plumas de halcón de ese color oscurísimo como de petróleo, para ser igual de poderosa e invadir sueños ajenos sin ni siquiera saberlo.

Uno de esos angustiantes sueños

Anoche.

Estoy con otras personas en una ciudad nocturna. Llevo una chaqueta entallada y mi físico es audaz y poderoso, pero a la vez dulce. Deambulamos y alguien nos dirige, nos dirigen de un lado a otro, nos distraen todo el rato, inventan panoramas y carretes. Los que están conmigo ríen y yo les devuelvo esa risa, pero luego de un tiempo sospecho que me ocultan algo y hablo con una de las dirigentes y le pregunto qué pasó conmigo… me doy cuenta de que estoy en un estado alterno de conciencia, como si durmiera, que parte de mi yo me espera en otra parte. Puedo sentirlo con toda claridad.

Ella se escurre con el tema y sigue dejando correr tiempo, pero eso me asusta más y luego de algunos intentos me dice que tuve un accidente, que estoy en estado deplorable, que no sabe si podré volver. Yo insisto en que podré mejorar las cosas, que puedo arreglarlo: quiero intentarlo al menos y necesito hacerlo. Es tan doloroso, siento que me han arrebatado hasta el alma. Ardo en deseos de sanar y quiero estar ahí para abrazarme. Sé que puedo volver. Ella acepta muy dudosa y despierto en la vida real.